Buscaron de quebrantarme
de matarme sin piedad,
y como bandera al viento
volví de nuevo a flamear.
No saben que me engendraron
fuegos de eternidad,
cadenas de puño en alto
y gritos de libertad.
Que mi madre me parió,
con la explosión de una bomba,
y el paño que me envolvió
llevaba una estrella roja.
Que La Internacional aprendí,
en mil lenguas diferentes,
desde oriente hasta occidente,
desde el desierto a la mar.
Que las lágrimas del mundo
saciaron mi propia sed,
y a treinta mil enterré
llorándolos como a hermanos.
Que el pintor me dio su luz
en una paleta oscura,
y con rosas rojas cubrí
esa tremenda negrura.
No saben que me engendraron
los vientos de un temporal,
el amor de un guerrillero,
en la revolución mundial.
* Argentina admiradora de Cuba.






