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Archive for 16/05/08

Existen muchísimas palabras con doble acentuación; pueden serAcento usadas indistintamente con tilde o sin esta. A continuación relaciono algunas:

aeróbic-aerobic
aerostato-aeróstato
áloe-aloe
amoniaco-amoníaco
anémona-anemona
alvéolo-alveolo
areola-aréola
balaustre-balaústre
bereber-beréber
cantiga-cántiga
cardíaco-cardiaco
celtíbero-celtibero
cenit-cénit
cóctel-coctel
chófer-chofer
demoníaco-demoniaco
dinamo-dínamo
electrolisis-electrólisis
élite-elite
exegesis-exégesis
exegeta-exégeta
fútbol-futbol
gladíolo-gladiolo
helíaco-heliaco
hemiplejia-hemiplejía
ibero-íbero
icono-ícono
ilíaco-iliaco (lo mismo referido al íleon, que a Ilión o Troya)
isotopo-isótopo
maníaco-maniaco
médula-medula
meteoro-metéoro
misil-mísil
naíf-naif
oftalmia-oftalmía
olimpiada-olimpíada
omóplato-omoplato
orgía-orgia
pabilo-pábilo
paradisíaco-paradiasiaco
paraplejia-paraplejía
pecíolo-peciolo
pelícano-pelicano (ave)
pentagrama-pentágrama
período-periodo
policíaco-policiaco
polígloto-poligloto
quiromancia-quiromancía
reptil-réptil
reuma-reúma
rubeola-rubéola
Sahara-Sáhara
tetraplejia-tetraplejía
tortícolis-torticolis
triglifo-tríglifo
varice-várice
utopía-utopia
video-video
zodiaco-zodíaco

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manga raglánAntes solamente podía decirse manga de raglán a la que empieza en el cuello y cubre el hombro, pero ya podemos referirnos a ella como ranglan. Aunque raglán también es la especie de gabán de hombre, holgado y con una esclavina corta, que se usaba a mediados del siglo xix.

 

La palabra procede del inglés raglan, y este de F. J. H. Somerset, lord Raglan, 1788-1855, almirante británico, que en la guerra de Crimen disimulaba con esa adaptación en la manga de su abrigo su brazo amputado en la batalla de Waterloo.

 

Ahora bien, en Cuba siempre se ha dicho ranglán (¿?).

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Ernesto Che Guevara 

Caminamos algo así como una hora efectiva,
que para mí fueron dos por el cansancio de la yegüita;
en una de ésas,
le metí un cuchillazo en el cuello abriéndole una herida (…)
yo soy una piltrafa humana y el episodio de la yegüita prueba
que en algunos momentos he llegado a perder el control.

                                 

(Diario del Che)

Quien pudo abrir así tu cuello ni le temió al cielo de tus cascos,
ni a la profunda noche de tus ojos,
ni a la frustrada primavera de tu vientre.
Temió por la dispersión de sus instintos,
por la desesperación brutal del gesto,
que hizo brotar la fina sangre de tu inocencia
altiva.
Sostenedora del jinete, eras la fuerza,
eras la pureza en cuatro patas radiantes y
sencillas.
eras el verbo,
eras la hermana menor de Rocinante
galopando interminable por los ásperos
c
aminos de la historia.
El que cabalga entrega parte de su sueño a la
cabalgadura.
Así, dulce yegua de la espesura andina,
quién conoció de tu alegría en el dolor de
aquella hora,

cuando tu lomo fue por unos días el sitio

de la gracia,

el duro asiento del martirio,

el umbral para el conquistador de la esperanza.

Mañana el guerrillero dispensará tu gesto,

juzgará su descontrol severamente.

Pero ya

la pena de tu herida está en el inventario

de los quebrantos y las dichas del guerrero.

es también, a tu modo, pequeña guerrillera,

una mínima rosa de sangre por la vida.
 

Carlos Galindo Lena, de Últimos viajeros en la nave de Dios. Premio de la Crítica 1997.  

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Carlos Galindo Lena

Creo que nunca supo cuánto lo admiraba, fue el único profesor al que no podía tomarle notas de clase, no porque hablara rápido o no lo entendiera, qué va, al contrario, sucede que nos remontaba a la época de las obras y los autores literarios de una forma fascinante, no quería que la clase terminara, ni mis compañeros tampoco. Es que su alma de poeta la volcaba en sus extraordinarias clases.
No existen palabras para describir aquellos momentos en el aula. Era como vivir un sueño maravilloso. Lamentablemente ya no está con nosotros, pero dejó una honda huella en todos los que lo conocieron, los que tuvimos la dicha de ser sus alumnos, los que leyeron sus poemas, los que lo escucharon alguna vez.
Hace un tiempo presenté un trabajo en la maestría de Edición de Textos de la Universidad Central de Las Villas, que es parte de una pequeña guía que incluye algunos literatos de mi provincia de Villa Clara. A continuación, una síntesis de su vida y obra.
Galindo nació el 22 de mayo de 1928 en Remedios y murió en Santa Clara el 20 de marzo de 2003.
Mientras estudiaba en el Instituto de Segunda Enseñanza de Remedios fue presidente de la Juventud Socialista de Caibarién, y publicó sus poemas en El País Gráfico y Archipiélago (Caibarién). Fundador del periódico remediano La Idea y de Ediciones Belic, en La Habana.
Fue maestro voluntario y profesor de la Escuela de Formación de Maestros de Topes de Collantes. Estudió en la Universidad Central de Las Villas y desde entonces fue profesor de Español y Literatura en diversos institutos preuniversitarios de Villa Clara. Integró desde sus inicios las Milicias Nacionales Revolucionarias, permaneció movilizado cuando el ataque a Playa Girón, la Crisis de Octubre, y participó en la limpia del Escambray.
Sus poemas y críticas literarias han sido publicados en Mañana, Unión, Mujeres, Islas y Contacto, Brotes, Umbral, Huella, Cartacuba, entre otras. Poemas suyos han aparecido en Antología de jóvenes y viejos (1964), Poemas para el Moncada (1974) y La Generación de los años 50 (1984).
Miembro de la UNEAC y formó parte de la dirección de Literatura de su filial en Villa Clara. Vicepresidente (1982-1984) y presidente (1987) de la Asociación de Escritores de la UNEAC en Villa Clara.
Obtuvo el premio José María Heredia, convocado por la filial de la UNEAC en Santiago de Cuba, con «Mortal como una paloma en pleno vuelo» (1984), y el de la Crítica en 1996. Candidato al Premio Nacional de Literatura en 1998. Mereció las distinciones: Orden por la Cultura Nacional, Aniversario 300 de la Ciudad de Santa Clara, Hijo predilecto de Caibarién e Hijo Adoptivo de Holguín, y en 1997 recibió el Diploma por el 95 Aniversario del natalicio de Guillén, entregado por la UNEAC Nacional. El número 131 (enero-marzo, 2002) de la revista Islas está dedicado íntegramente a él.
Publicó los poemarios: Ser en el tiempo, Hablo de tierra conocida, Mortal como una paloma en pleno vuelo, Rosas blancas para el Apocalipsis, Siempre es bueno recordar a Tebas, Últimos pasajeros en la nave de Dios (Premio Nacional de la Crítica 1996), Aún nos queda la noche y Vientos de cuaresma sobre la piel del mundo.

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