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Archive for 30/09/09

Hoy el mundo literario se viste de luto por la pérdida de Rafael Arozarena, quien supo llevar a la par la creación narrativa y la poesía. Acreedor al Premio Canarias de Literatura, supo poner en alto las letras de las islas:

rafael_arozarena_escritor_2009Ha muerto uno de los grandes de la literatura canaria, Rafael Arozarena

Con él, tradición, mito y renovación literaria se dieron la mano como signos de la narrativa de este canario universal, encumbrado para siempre con su obra Mararía

SB-Noticias.- Rafael Arozarena, premio Canarias de Literatura, nació en Santa Cruz de Tenerife el 4 de abril de 1923. Después de sus primeros años escolares inicia los estudios de Bachillerato en 1935. Tiene como profesor de literatura al poeta y quien fuera uno de los redactores de Gaceta de Arte, Agustín Espinosa. En el año 1947 se traslada a Lanzarote y en 1950 fija su residencia en Santa Cruz de Tenerife. Su cuerpo se encuentra en la sala número 6 del cementerio de Santa Lastenia y será enterrado este jueves a partir de las 10:30 horas.
En los años de la posguerra, Canarias muestra y padece una deprimente situación sociocultural que se prolongará por la década de los cincuenta. Los escritores se hallan sometidos a las penosas circunstancias del momento hasta el punto de que algunos críticos los han reunido bajo las elocuentes expresiones de Generación del bache o Generación escachada. Rafael Arozarena queda incluido en ese conjunto, y conforma, además, junto a Isaac de Vega, Antonio Bermejo y José Antonio Padrón, el grupo fetasiano. La revista Mensaje publica las primeras muestras poéticas de Rafael Arozarena. Algunos de esos poemas serán incluidos en el libro Romancero Canario (1946). Con la breve colección de romances A la sombra de los cuervos, recurre en 1947 al modelo anterior. Será Alto crecen los cardos (1956) el libro que apunte una personal concepción poética; la prosigue con Aprisa cantan los gallos (1964). Estas dos últimas publicaciones se definen por un comedido tono existencial y corresponden a un estilo poético que contrasta con los poemarios que se publicarán a partir de la década de los setenta.

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Hoy les propongo una décima, para mí genial, de nuestro emblemático poeta villaclareño Leoncio Yanes, genuino representante de nuestra literatura.

 Amor

Bésame, pero tu boca
debe aprender a besar
como las olas del mar
sobre la desnuda roca.
El beso que leve toca
la piel, sin ningún calor,
nunca es un beso de amor
que nos pueda impresionar:
es un reflejo lunar
en la boca de una flor.

Bésame, pero te ruego
un beso fuerte, sentido,
arrebatado, encendido,
como una llama de fuego.
Ese beso, ese despego
de boca que apenas arde,
es un beso muy cobarde
que no hiere, que no abrasa:
es un celaje que pasa
por el cielo de una tarde.

Bésame, pero procura
que tu verso intenso vibre
como el relámpago libre
que rasga la noche oscura.
Ese beso sin frescura
que se da sin ardimiento,
que no sabe a ser violento
no es un beso, es una gota
de agua débil que se agota
al leve soplo del viento.

Bésame, pero que sea
tu beso deslumbrador
como el solar esplendor
que en los montes centellea.
Bésame como desea
el afán del alma mía,
si te falta la energía
para darme un beso entero,
no me interesa, no quiero
un beso de cortesía.

Otros enlaces a Leoncio Yanes:

Centenario del poeta y repentista Leoncio Yanes Pérez

El sinsonte de la sierra. Leoncio Yanes  Guajira enamorada. Leoncio Yanes
 

Un árbol por Leoncio Yanes

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Conocí a TOM hace muchísimos años, creo que desde niña. Compartí gratos momentos con él y su esposa en Educación, donde trabajábamos ambas. Sentí una tristeza infinita al saber que había fallecido, me parece estarlo viendo con su cámara al hombro o en acción por las calles de Santa Clara, tan afable con todos, tan conocido. Te extrañamos, TOM, y Luis Machado Ordetx me ha enviado este homenaje para ti.

TOMTOM, ¡EL FOTÓGRAFO!

—Tal vez no miento cuando afirmo que no quedó un espacio de la geografía y el acontecer social villaclareño que escapara de la mirada escrutadora y de la recopilación impresa en papel o en pruebas de negativo tomadas por el fotógrafo López Godoy, recién fallecido el pasado martes en Santa Clara, su ciudad natal. 

José Antonio López Godoy (TOM) se escapó de la vida cuando menos lo pensaba; como el agua en las manos dejó su último tiempo sobre la tierra después de cumplir siete décadas de existencia y más de medio siglo en la reconstrucción de la realidad; con cámaras en ristre y trajines de composición de imágenes fotográficas, estuvo allí justo donde las instantáneas adquieren la acabada dimensión artística o informativa.
Todo el talento surgió en el estudio “La Luz”, a un costado del antiguo café “Parisién”, en la esquina de Marta Abreu y Máximo Gómez,  ocasión en que todavía adolescente, se unió al equipo que organizó Raúl Cabrera del Valle, el propietario del inmueble, enfrascado en ofrecer servicios comerciales que postergaran a la memoria documental aquellos instantes familiares de una boda, un cumpleaños; sencillamente un recuerdo o un trámite oficial.
En esa fecha adquirió las dotes de impresor junto a las labores de tono y acabado fotográfico, impuestas al papel impreso —en blanco y negro, sepia o coloreado— que conseguían José Ramos Pichaco y José Hernández Mesa; luego cada uno, en el primer lustro de la década de los años 60 tomó otros lugares para el ejercicio de la profesión.
La satisfacción por las cámaras analógicas, las sesiones de laboratorio; el intercambio ameno con otros artistas del lente —Roberto Busto Santiago y Juan José Fernández—, lo vincularon al naturalista Alfredo Nieto Dopico, quien en más de una ocasión, en investigaciones de campo, lo precipitó a la búsqueda del exotismo de la flora y la fauna en los humedales y cayerías de la costa norte o sur del centro cubano. Por ahí están, en libros y diapositivas, cientos de fotos que tomó TOM de las colonias de flamencos rosados, cocodrilos, palomas y zunzuncitos.
Semanas atrás, previas a este martes cuando lo sorprendió la muerte provocada por un insospechado mal hepático,  recordamos en un banco del Parque Vidal los momentos finales de los años 80, cuando junto a José Ramón de Lázaro Bencomo (Delarra en las artes contemporáneas), tomó las imágenes de cada uno de los procesos originales de la escultura del Che Guevara que tutela el Memorial en Villa Clara, y de la mano del escultor buscó afanosamente aquella portada de la revista Renacimiento en que aparecía un fotograbado del “Niño de la Bota Infortunada”; ambos creadores estaban enfrascados en reconstruir, cada uno en cofradía, una réplica del original de la escultura en calamina enclavada en la plaza central en 1927.
Tanta información oral o documental encontraron que, al fin consumaron el propósito el sábado 15 de julio de 1989, aniversario 300 de la fundación de la ciudad, y el “Niño de la Bota” dejó de ser un recuerdo inexistente para convertirse en una realidad escultórica.
También los monumentos de la ruta invasora del Generalísimo Máximo Gómez por territorio villaclareño llevaron la impronta de TOM; de ese modo el recreo de la memoria histórica, la disposición y la evocación por el periodismo, y el sentido escrutador del artista, jamás se apagaron en la inquieta mirada que, desde un tiempo atrás, juramentó en estremecido soliloquio no tomar más entre las manos una cámara; esa fue su voluntad y el tiempo le concedió la gracia de situarse junto a los curtidos fotógrafos de nuestra época.

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David Cortés Cabán, poeta puertorriqueño radicado en New York, ha tenido la gentileza de enviarme el libro Grito y otros poemas, de Fernando González Alberty, al cual le hizo el prólogo. Mucho le agradezco la deferencia, no es el primer libro que me regala, anteriormente me había obsequiado Ritual de pájaros y El libro de los regresos, de su autoría, y de los que ya he publicado poemas.

Grito
En esta ocasión me presenta a un poeta, cuentista, ensayista y periodista, puertorriqueño también, natural de Yabucoa, uno de los fundadores del Atalayismo y de los más originales poetas vanguardistas de Puerto Rico.
En el prólogo señala Cortés Cabán: “Hay en Grito una visión de la realidad social, y otra que parece desentenderse del entorno para sostener un diálogo con el cosmos. El título puede entenderse como una protesta social y como el compromiso de un poeta que quiere hacer sentir una voz diferente entre las nuevas generaciones. […] La obra total de Fernando González Alberty, además de la poesía, abarca sus cuentos u artículos periodísticos; géneros significativos para establecer rasgos comunes y peculiaridades y espacio, sólo quise hacer una apreciación personal del lenguaje y los motivos que configuran la estructura de Grito, libro que en nuestra tradición literaria proyecta una expresión humana y sincera del importante movimiento atalayista.”
Su amor por América lo encontramos, entre otros, en “Hostos”, y Cuba no está ausente:
Cuba royó de tu civismo
Y tu hermano Martí amoló la espada
Con la lima rebelde de tu ensueño—
De este libro seleccioné algunos poemas:

HOSTOS

Fue una segunda Navidad
cuando tu barro de luceros
—coeficiente de gloria—
floreció en e pigmeo Puerto Rico,
que se soñó Goliat olímpico
cuando inyectóse tu animismo bélico—

Las hermanitas Antillas
—colegas de ilotismo—
sonaron crótalos de esperanza—

El Archipiélago mordió tu grandeza
y se sintió continente, universo—
bebió de tu cerebro
y se sintió sabio, filósofo—
soñó de tu corazón
Y se sintió —Quijote, héroe—

El cordero se hartó de tu infinito
y cuando quisiste arrancarle el corazón
e incrustarle el de Marte
para que hurtara su piltrafa de derecho,
perros de presa aullaron
a tu locura libertaria
y acosándote hasta la costa
te echaron del mapa de la patria—

(El astro borinqueño
rayó de luz la esmeralda del piélago
y descargó el bajel de sueños redentores
en cielos menos turbios y serviles—)

(Hubo derrumbamiento de horizontes
en las patriotas perspectivas
y en las pupilas del Cordero
tembló un gota de azabache—)

Cuba royó de tu civismo
y tu hermano Martí amoló la espada
con la lima rebelde de tu ensueño—

Desde el avión de las edades
tú y tu padre Bolívar
disparan cohetes subversivos
Que estallan en promesas aurorales—

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