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Archive for 30/12/09

Se acaba el 2009 y recibimos el 2010. ¿Qué podría desear a todos? A aquellos que me quieren mucho, a los que me quieren tanto, a los que conozco personalmente y a los virtu@les, a mis fieles lectores, a los que me escriben a diario, a quienes lo hacen a veces, a los que me escribían a diario y ya no lo hacen —porque sus razones tendrán—, a los adolescentes, a los jóvenes y no tan jóvenes…  No los relaciono porque la lista sería infinita, y quizás me falte algún nombre sin querer…

Les deseo a TODOS lo fundamental: salud, paz, armonía, amor, solidaridad, éxito… en fin, todos los deseos de cada terrícola. Y aunque ya señalé la paz:

¡QUE TERMINEN LAS GUERRAS! 

A todos: ¡Feliz año 2010! Y nos encontraremos pronto.

Feliz Año Nuevo

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He terminado de leer A orillas del río Piedra me senté y lloré, de Paulo Coelho , ese magnífico novelista, compositor de canciones populares, periodista y dramaturgo brasileño. De hace un tiempo acá me gusta publicar en mi blog fragmentos que me hayan impresionado de los libros que leo y disfruto. Esta vez solamente pondré uno, que aparece en el capítulo llamado jueves, 9 de diciembre de 1993, y al que lo mismo pudiera llamar “¡Rompe el vaso!” que “Aquel minuto de beso”. ¡Sencillamente conmovedor! Mi propuesta: lean esta novela.

A orillas del río Piedra me senté y lloré

Calló de repente.
—No quiero hablar de eso —dijo—. Quiero hablar de otro tipo de amor.
Sus manos tocaron mi rostro.
El vino hacia las cosas más fáciles para él. Y para mí.
—¿Por qué te has callado de repente? ¿Por qué no quieres hablar de Dios, de la Virgen, del mundo espiritual?
—Quiero hablar de otro tipo de amor —insistió—. Aquel que comparten un hombre y una mujer, y en el que también se manifiestan los milagros.
Le cogí las manos. Él podía conocer los misterios de la Diosa, pero de amor sabía tanto como yo. Por mucho que hubiese viajado.
Y tendría que pagar el precio: la iniciativa. Porque la mujer paga el precio más alto: la entrega.
Estuvimos cogidos de las manos durante largo rato. Leía en sus ojos los miedos ancestrales que el verdadero amor coloca como pruebas a ser vencidas. Leí el recuerdo del rechazo de la noche anterior, el largo tiempo que pasamos separados, los años en el monasterio en busca de un mundo donde esas cosas no ocurrían.
“Leía en sus ojos los millares de veces que había imaginado aquel momento, los escenarios que había construido a nuestro alrededor, el corte de pelo que yo debía de llevar y el color de mi ropa. Yo quería decir “sí”, que sería bienvenido, que mi corazón había ganado la batalla. Quería decirle cuánto lo amaba, cuánto lo deseaba en aquel momento.
Pero continué en silencio. Asistí, como en un sueño, a su lucha interior. Vi que tenía ante él mi “no”, el miedo de perderme, las palabras duras que había oído en momentos semejantes, porque todos pasamos por eso, y acumulamos cicatrices.
Sus ojos empezaron a brillar. Sabía que estaba venciendo todas aquellas barreras.
Entonces solté una de sus manos, cogí un vaso y lo puse en el borde de la mesa.
—Se va a caer —dijo él.
—Exacto. Quiero que tú lo tires.
—¿Romper un vaso?
Sí, romper un vaso. Un gesto aparentemente simple, pero que implicaba miedos que nunca llegaremos a entender del todo. ¿Qué hay de malo en romper un vaso barato, si todos hemos hecho eso sin querer alguna vez en la vida?
—¿Romper un vaso? —repitió—. ¿Por qué?
—Podría dar algunas razones —respondí—. Pero la verdad es que es sencillamente por romperlo.
—¿Por ti?
—Claro que no.
Él miraba el vaso en el borde de la mesa, preocupado de que fuese a caerse.
“Es un rito de pasaje, como tú mismo dices —tuve ganas de decirle—. Es lo prohibido. Los vasos no se rompen adrede. Cuando estamos en los restaurantes o en nuestras casas, procuramos que los vasos no queden en el borde de la mesa. Nuestro universo exige que tengamos cuidado para que los vasos no caigan al suelo”.
Sin embargo, seguí pensando, cuando los rompemos sin querer, vemos que no era tan grave. El camarero dice “no tiene importancia”, y nunca en mi vida he visto que en la cuenta de un restaurante hayan incluido el precio de un vaso roto. Romper vasos forma parte de la vida y no nos hacemos daño a nosotros ni al restaurante ni al prójimo.
Moví la mesa. El vaso se bamboleó, pero no cayó.
—¡Cuidado! —dijo él, instintivamente.
—Rompe el vaso —insistí.
Rompe el vaso, pensaba para mí, porque es un gesto simbólico. Trata de entender que yo rompí dentro de mí cosas mucho más importantes que un vaso, y estoy feliz de haberlo hecho. Mira tu propia lucha interior, y rompe ese vaso.
Porque nuestros padres nos enseñaron a tener cuidado con los vasos, y con los cuerpos. Nos enseñaron que las pasiones de la infancia son imposibles, que no debemos alejar a hombres del sacerdocio, que las personas no hacen milagros, y que nadie sale de viaje sin saber adónde va.
Rompe el vaso, por favor, y libéranos de todos esos conceptos malditos, de esa manía de tener que explicarlo todo y hacer sólo aquello que los demás aprueban.
—Rompe el vaso —pedí una vez más.
Él clavó su mirada en la mía. Después, despacio, deslizó la mano de la mesa hasta tocar el vaso. Con un rápido movimiento, lo empujó al suelo.

El ruido del vidrio roto llamó la atención de todos. En vez de disfrazar el gesto con alguna petición de disculpas, él me miraba sonriendo, y yo le devolvía la sonrisa.
—No tiene importancia —gritó el chico que atendía las mesas.
Pero él no lo oyó. Se había levantado, me había cogido por los cabellos y me besaba.”

Yo también lo cogí por los cabellos, lo abracé con toda mi fuerza, le mordí los labios, sentí que su lengua se movía dentro de mi boca. Era un beso que había esperado mucho, que había nacido junto a los ríos de nuestra infancia, cuando todavía no comprendíamos el significado del amor. Un beso que quedó suspendido en el aire cuando crecimos, que viajó por el mundo a través del recuerdo de una medalla, que quedó escondido detrás de pilas de libros de estudio para un empleo público. Un beso que se había perdido tantas veces y que ahora había sido encontrado. En aquel minuto de beso estaban años de búsquedas, de desilusiones, de sueños imposibles.
Lo besé con fuerza. Las pocas personas que había en aquel bar debieron de mirarnos y pensar que aquello no era más que un beso. No sabían que en ese minuto de beso estaba el resumen de mi vida, su vida, de la vida de cualquier persona que espera, sueña y busca su camino bajo el sol.
En aquel minuto de beso estaban todos los momentos de alegría que había vivido.
 

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Carlos Vidales me envía otro poema, muy sensibilizado con el destino de la especie humana.

MICROBIOS DEL MUNDO, UNÍOS

MIcrobios

Microbios

Por medio de los microscopios
los microbios
observan a los sabios.
(Luis Vidales, 1926)

Los microbios
de todas las pestes
hicieron su congreso
y concluyeron:
estamos en peligro de extinción.

Alarma.
Alarma.
Alarma.

Si la estupidez humana persiste,
perecerá la especie humana
y con ella, nosotros,
sus más asiduos y fieles habitantes.

Carlos Vidales, 2009

http://hem.bredband.net/rivvid/
http://luisvidales.blogspot.com/
http://losimportunos.wordpress.com/

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Paris Pismis (1911-1999)Otra astrónoma del Calendario con motivo del Año Internacional de la Astronomía que me envió Gabriel Ruiz aparece ahora en VerbiClara: la turca Paris Pismis. Con una trayectoria profesional que duró más de 50 años, Pismis publicó más de 100 artículos científicos.
Originaria de Turquía, en el Observatorio de Harvard conoció a su marido, con el que se trasladó a México.
Paris Pismis fue una precursora de ámbito global. Nacida en Estambul, aunque de origen armenio, fue la primera universitaria de Turquía, obteniendo un doctorado en Matemáticas en 1937. Casada con un matemático mexicano, cuando se trasladó a dicho país se convirtió en la primera persona, hombre o mujer, dedicada a la Astronomía profesional de la historia de México.
Trabajó en el Observatorio Astronómico Nacional de Tacubaya, dependiente de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ahí comenzó a impartir las primeras clases oficiales de Astronomía que hubo en México. Falleció el 1 de agosto de 1999 dejando como legado una comunidad de mas de 100 astrónomos trabajando actualmente en la UNAM. Descubrió 20 cúmulos abiertos y 3 cúmulos globulares, y trabajó en las primeras explicaciones sobre la estructura espiral de las galaxias.

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