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Archive for 29 enero 2010

La historia de Haití está indisolublemente ligada a la lucha por la independencia de Nuestra América, como la llamó José Martí. Mi colega Narciso Fernández Ramírez muestra con hechos esta afirmación:

La deuda con el Haití de Louverture y Pétion

«[…] en mi proclama a los habitantes de Venezuela, y en los decretos que debo expedir para la libertad de los esclavos, ignoro si me será permitido manifestar los sentimientos de mi corazón hacia vuestra excelencia, dejando así a la posteridad un monumento irrecusable de la filantropía de vuestra excelencia. Ignoro, repito, si debo mencionar a vuestra excelencia, como el autor de nuestra libertad […])»
Carta de Simón Bolívar a Alexander Pétion

Alexander Petion

Alexandre Pétion, el presidente haitiano
que ayudó al Libertador Simón Bolívar.

Haití es hoy uno de los países más pobres del mundo. Hundido en la miseria y, desde el 12 de enero último, en la mayor catástrofe natural de su historia, pareciera que esa siempre ha sido su suerte.
Sin embargo, el pueblo que hoy suplica por ayuda tiene un pasado de gloria que no debe ser olvidado. De sus tierras partió auxilio valioso para la independencia de las 13 Colonias de Norteamérica, y fueron sus hijos los que protagonizaron la primera revolución antiesclavista de la historia de la humanidad.
Tampoco en estos dramáticos momentos debe olvidarse que fue el Haití negro del presidente Alexandre Pétion el único país que ayudó a Simón Bolívar tras el fracaso de la Segunda República Venezolana, en 1816.
Ni que Haití fue la Patria de aquel grande, Toussaint Louverture, quien logró la hazaña negada a los mejores generales europeos de la época: vencer al ejército francés de Napoleón Bonaparte.

SAINT-DOMINGUE ENVÍA HOMBRES A GEORGE WASHINGTON
Transcurría el año de 1781. El Ejército Continental que dirigía George Washington necesitaba ayuda urgente para derrotar a  miles de soldados ingleses. La situación era gravísima, pues se carecía de hombres y dinero para continuar la lucha.
«El general en jefe, al frente de un Ejército mal alimentado y medio desnudo, había defendido la causa de la Revolución por seis angustiosos años. En este momento solo contaba con TRES MIL ‘continentales’, fuerza demasiado débil para combatir el bien entrenado y bien equipado Ejército de 10 MIL hombres que el general en jefe británico, Sir Henry Clinton, tenía en Nueva York. Durante la primera mitad del año 1781 Washington no podía pensar en hacer mucho en el Norte, y era muy poco lo que podía hacer para ayudar al Sur.»
En aquellas circunstancias, descritas elocuentemente por el historiador Jean Henry Clois, un contingente de 3 mil soldados acantonado en Saint-Domingue —porción de la antigua La Española, que desde 1697 era colonia francesa— vino a contribuir al triunfo del ejército norteamericano en la batalla de Yorktown.
Así, la próspera ex colonia —dueña por entonces del mejor azúcar del mundo y de grandes plantaciones cafetaleras— dio su aporte al proceso independentista de los Estados Unidos, al país que a lo largo de su historia se ha dedicado a entorpecer la suya y que ahora, en las amargas horas de luto y dolor, en vez de médicos para salvar vidas envía soldados.

LOUVERTURE Y JEAN JACQUES DESSALINES
Toussaint Louverture fue el padre de la independencia haitiana. Un ex esclavo de 50 años, que de simple calesero llegó a convertirse en  el  líder indiscutible de la primera Revolución negra de la historia de la humanidad.
A Louverture llegó a temerle el mismísimo Napoleón Bonaparte, el corso vil, el Bonaparte infame, como lo calificara José Martí, quien para deshacerse del general negro que había vencido a sus invictas tropas, lo confinó mediante engaño a una bien protegida cárcel en Francia, donde falleció el 7 de abril de 1803.
Fue Jean Jacques Dessalines, su sucesor, quien proclamó el 1º. de enero de 1804, en la ciudad de Gonaives, la independencia de Haití, nombre que significa tierra de montañas.
Del discurso del general haitiano son estos fragmentos: «Hemos osado ser libres, osemos serlo por nosotros mismos y para nosotros mismos;[…] imitemos a los pueblos que, llevando su celo hasta el porvenir, y temiendo dejar a la posteridad el ejemplo de la cobardía, han preferido ser exterminados antes que borrados del concierto de las naciones libres. Y tú, pueblo demasiado tiempo infortunado, […] Presta pues el juramento de vivir libre e independiente, y de preferir la muerte a todo lo que tendería a volverte al yugo. Jura en fin perseguir para siempre a los traidores y a los enemigos de la independencia.»

PÉTION Y LA AYUDA A SIMÓN BOLÍVAR

ALEXANDER PETION
Estatua de Alexandre Pétion

La historia de gratitud hacia el pueblo haitiano estaría incompleta si no incluimos la importante contribución del presidente Alexandre Pétion al proceso independentista latinoamericano.
Corría entonces 1815. Había caído la Segunda República Venezolana, y Simón Bolívar vino a radicarse en suelo haitiano para continuar la lucha.
Pétion recibió por primera vez a Simón Bolívar el 2 de enero de 1816 y le prometió su más amplia colaboración en la expedición que iba a preparar en Los Cayos. En este sentido, puso a disposición del Libertador más de 6 mil fusiles con sus bayonetas, municiones, plomo, víveres, una imprenta completa, el flete de algunas goletas y una importante suma de dinero. Además, permitió que ciudadanos haitianos se alistasen en la expedición.
Como precio de sus servicios sólo pidió al Libertador que proclamara la abolición de la esclavitud en todas las tierras que sus armas libertarían. Y así fue. Apenas desembarcó Bolívar en Margarita, Carúpano y Ocumare de la Costa, cumplió con su promesa a Pétion, al proclamar la abolición de la esclavitud en Venezuela.
Esa es la verdadera historia de Haití, el país ahora devastado por el sismo y que ha puesto a prueba a la comunidad internacional. Las imágenes vistas horrorizan y llenan de espanto. Ni el hermoso Palacio de Gobierno, orgullo de la nación, pudo soportar la furia de la naturaleza.
Sin embargo, cual símbolo de ese pasado glorioso, en medio de la nada, sobrevivió el monumento a Toussaint Louverture, que, erguido y firme, nos recuerda a cada minuto una historia admirable, que nada ni nadie podrá destruir.

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 Bandera de Santa Clara

La bandera de nuestra ciudad fue diseñada por Luis Torriente Bécquer, conocedor de las leyes de la heráldica. Compuesta por tres franjas horizontales: la superior de color azul, la central blanca y la inferior roja. El escudo oficial de Santa Clara al centro y encima de las franjas. La primera bandera fue confeccionada y bordada por Eulalia Morales Cárdenas
Fue declarado su uso oficial en sesión celebrada el 11 de noviembre de 1953 en el Ayuntamiento, pues fue aprobada por unanimidad luego de que el concejal Dr. Joaquín Montenegro Vázquez hubiera presentado la moción el 30 de septiembre del mismo año.
Se izó por vez primera el 28 de enero de 1954, al concluir el centenario del nacimiento de José Martí.

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 Born in Santa Clara

 Para Ángel y Amelia

Sobre el mar nocturno en que se inclinan
apacibles pescadores transcurre una barcaza
que conduce al puerto de Santa Clara
un cargamento de diamantes arrancados
a montañas que fecundan nubes
con sus picos de hielo.
A esa hora familias de gaviotas conducen
a sus crías a insondables plantaciones de maíz.
Allí duermen soñando con salmones
que saltan los torrentes con elasticidad
pero nada de exceso de entusiasmo.
No es cierto que vivamos en una isla
ni que la población autóctona haya sido
degradada y convertida en bruma.
Yo mismo he vegetado al amparo de tribus
alfareras. De muy joven aprendí, mientras
colaboraba en la extracción de huesos
conservados en pozos de alquitrán
entre otras cosas, que la única poesía verdadera
es la realista.

Poesía del libro Born in Santa Clara, La Habana, Ediciones Unión, 2006. (Premio UNEAC de Poesía Julián del Casal 2005 y Premio Nacional de la Crítica 2006)

Sigredo Ariel. Santaclareño. Es poeta, narrador, ensayista, dibujante, productor musical, guionista de radio, cine y televisión. 

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Todos los años, el 28 de enero se realiza una Parada Martiana en Santa Clara, con motivo del natalicio de José Martí. Los estudiantes desfilan por el parque Leoncio Vidal con disímiles iniciativas, niños vestidos como los personajes de La Edad de Oro: Nené Traviesa, Pilar, Bebé, el señor Don Pomposo, Magdalena, el aya, la francesa Florinda, Alberto el militar, anamitas, la bailarina española, Meñique, la mora de la perla…, llevan en sus manos la rosa blanca. También han formado bandas musicales. No faltaron las palomas, símbolo de la paz.

Fotos: Cristyan González Alfonso

Parada Martiana en Santa Clara

Parada Martiana en Santa Clara

Parada Martiana en Santa Clara

Parada Martiana en Santa Clara

Parada Martiana en Santa Clara

Parada Martiana en Santa Clara

Parada Martiana en Santa Clara

Parada Martiana en Santa Clara

Parada Martiana en Santa Clara

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Este es el poema XXXIX de sus Versos sencillos, y que mi nieto Andy recitó ya antes de cumplir sus 3 añitos en un festival infantil:

Cultivo una rosa blanca 

Cultivo una rosa blanca
en julio como en enero,
para el amigo sincero,
que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni oruga cultivo,
cultivo la rosa blanca.

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Quería publicar algo novedoso relacionado con nuestro José Martí, en este aniversario 157 de su natalicio —se me adelantó 100 años—, y me decidí por esta genial conversación entre mi colega Mercedes Rodríguez García y mi amigo Yamil Díaz Gómez, tan compenetrado con la vida y obra de El Maestro. Las fotos también son de Mercedes.
 

EL MARTÍ DE YAMIL, EL PADRE DE ISMAEL

Yamil

Se ha dicho que la obra del periodista, narrador, poeta y editor Yamil Díaz Gómez está caracterizada por varias obsesiones, entre ellas, José Martí y los poetas cubanos, al punto de reconocer que ama a Santa Clara por su gente y su dinámica cultural, pero no a la ciudad como ente físico, ya que «sin mar y sin un sitio pisado por Martí» no le halla encanto alguno.
Por si fuera poco, nombró a su hijo Ismael, como el del Maestro. Así que en este aniversario 157 del natalicio de nuestro Héroe Nacional, me decidí a buscar, en Yamil, al Apóstol, a quien no solo ha visto en sueños, sino en ese otro plano al que engañosamente llamamos «realidad». 
Contemporáneo y auténtico, Martí emerge en este diálogo con un hombre que, por ser poeta, ya nada en él resulta común y corriente. Sin acotaciones, sin retórica, sin florituras ni ambages, manteniendo siempre el tono coloquial, como le pedí, me respondió el cuestionario enviado con premura. No hubo entrevista. Pese a mi insistencia, evadió el diálogo.
Creo que en su habitación-biblioteca de la añeja y céntrica casona, sobre la medianoche, prefirió quedarse a solas con Martí, bajo la tutela de Cintio.
—Alguien entendido en cuestiones del espíritu me contó que el primero de febrero de 1971 a la una de la tarde, el alma de Martí vagaba por Santa Clara buscando un vientre a punto de eclosionar. ¿Pudiera haber sido el de tu madre? Es que siempre he tenido la idea de que naciste martiano, incluso físicamente muchos te hallan cierto parecido con él. ¿Qué piensas al respecto?
—Como yo creo en la reencarnación, te diré lo que pienso de ello: aquel mediodía de hace casi 39 años, quien reencarnó en el hijo menor de mi madre ha de haber sido alguno de aquellos mambises iletrados que conocieron a Martí en las montañas de Oriente. Esos que oían sus arengas, y algo mejor: lo vieron dormir en una hamaca, escribir a sus amigos, almorzar, comentar las hazañas de la Guerra Grande. Tal vez no lo entendían —de acuerdo con el concepto vulgar del verbo «entender»—, pero sí lo entendían de una manera más profunda: como lo hacía aquel niño salido del vientre de mi madre en quien el amor a Martí se dio casi «por generación espontánea», de forma tan temprana que ha de ser anterior al más antiguo de todos mis recuerdos. 
—De niño ¿cuál fue tu primer contacto con José Martí? A esa edad ¿cómo veías al Maestro?
—De niño me llamaba la atención cualquier cosa relacionada con Martí. Aprendí precozmente, por supuesto, algunos Versos sencillos, lo dibujé en mis libretas. Leí una fascinante antología titulada Martí por Martí. Ya hacia finales de la primaria, comencé a escribir una «biografía» del Apóstol e hice en mi cuarto todo un Rincón Martiano con flores blancas y retratos. 
—¿Algún hecho o situación específica que te vincule a él definitivamente?
—Lo difícil sería encontrar un hecho o situación específica que me distanciara de Martí. Está en el aire de Cuba —ya lo decía Eliseo Diego—, en la luz, en la tierra. Basta salir a la calle para vivir en comunión con él. Pero sí, existe un hecho que me vincula definitivamente a él de una manera no solo sentimental, sino ya más «profesional». Cuando estudiaba Periodismo en la Universidad de La Habana, Pedro Pablo Rodríguez nos dio una conferencia sobre el periodismo martiano. Recuerdo que nos hizo una lectura comentada de la crónica sobre el terremoto de Charleston. Quedé tan deslumbrado que decidí hacer mi trabajo de diploma sobre Martí. Cinco minutos después de la conferencia, Pedro Pablo aceptó ser mi tutor. Así fue como entré en el tema a partir de intereses investigativos, hasta hoy.
—Si es que has llegado a desentrañarlas, ¿cuáles pudieran ser las principales características de la personalidad de Martí afines con las tuyas?
—Preferiría dejar a un lado las mías y concentrarme en las de él. Desentrañar las «características de la personalidad» de Martí no es tan sencillo, pero tampoco imposible. Mucho nos ayudaron en esa tarea autores como Blanche Zacharie de Baralt, Leonardo Griñán Peralta y el maestro Ezequiel Martínez Estrada. Con aciertos y desaciertos, don Ezequiel se acercó a su caligrafía, a su iconografía. Creo que es hora de que grafólogos, psicólogos y otros expertos actualicen estas búsquedas, en las que a partir de los manuscritos y los dibujos podamos precisar un poco mejor cuáles fueron los rasgos de su personalidad. Pero, para volver a tu pregunta, hay dos rasgos martianos que son los que más le admiro, los que me gustaría poder exhibir también: su extraordinario don seductor y su indoblegable voluntad.
—¿Lo has visto en sueños? Me refiero a algún sueño real, a lo onírico, sin metáforas.
—Perdona, no solo lo he visto en sueños. Me parece que en ocasiones lo he visto también en ese otro plano al que engañosamente llamamos «realidad».
—Muchas veces a nuestros niños y jóvenes se les pide asumir los mismos sacrificios que Martí, sin que verdaderamente —pienso yo— se encuentren identificados con esa vocación. No se trata ya del «culto a la estatua» como refería Portuondo en  su artículo Retratos infieles, pero sí del modo tan convencional y fortuito que se le da a la figura de nuestro Apóstol. Tampoco de aprender y repetir hasta el cansancio sus frases harto conocidas, pero desgajadas del conjunto que les sirve de forma.
—Pienso que el sacrificio de Martí —que incluyó dolorosamente sacrificar a su hijo, para poder cumplir su tarea como padre de toda una nación— buscó precisamente evitarnos sinsabores a sus hijos de su hoy. Pero ya sabes que figuras de esa magnitud nunca se salvan de las lecturas aberradas ni de la manipulación.

Dibujo de Ismael Díaz Domínguez, de nueve años, hijo del entrevistado.

Dibujo de Ismael Díaz Domínguez,
de nueve años, hijo del entrevistado.

—¿Cómo te gustaría que en nuestras escuelas enseñaran la vida y obra del Apóstol?
—A partir de aquellos textos martianos en los que asoma un ademán autobiográfico. Por ejemplo, tomar los Versos sencillos y contar a los niños cuál es la anécdota que está detrás de esta o aquella cuarteta; decirles quién fue la mujer a la que quiso en Aragón, o cuál favor recibió «de la tierra generosa»… Tomar sus cartas y explicar quiénes son las personas que menciona, los elementos contextuales respecto al lugar desde donde la escribe. Y así…
—El antiimperialismo de Martí, tras largos y enconados combates ideológicos ha logrado sentar plaza de manera irrecusable. Háblame de ese Martí cuya esencia revolucionaria le haría despreciar las falsas libertades y democracias burguesas, tanto como las posiciones oportunistas en el terreno político-ideológico.
—Martí se ha mantenido tan vivo como abiertas se han mantenido las venas de lo que él llamó Nuestra América. Creo que siempre habría estado contra el imperialismo «norteamericano o cualquier otro» —como valientemente precisó el Che Guevara en 1965—. Creo que no habría dejado de sufrir ante las corrupciones y los oportunismos que tantas veces siguieron a los movimientos emancipatorios del continente desde el siglo XIX. Creo que no se habría cansado nunca de luchar por la Libertad que no es «burguesa» ni «proletaria», porque los apellidos destruyen la pureza de los conceptos—, sino sencillamente sagrada e irrenunciable.
—¿Crees que la actitud de los jóvenes cubanos hacia los destinos de la nación guarde correspondencia con la vasta finalidad patriótica de la obra martiana? ¿Qué ventajas reportaría a la Patria del futuro uno de sus hijos formado en las doctrinas del Maestro?
—No me siento apto para juzgar a «los jóvenes cubanos», pues de los millones que existen apenas conozco personalmente a algunos cientos. Ahora se ha puesto de moda hablar horrores de los jóvenes y acusarlos de una pérdida de valores que ciertamente ha ganado terreno en toda la sociedad, independientemente de las edades. Creo que a la luz de los momentos históricos actuales y futuros, Martí seguirá siendo un paradigma insuperable para los niños, jóvenes y adultos de Nuestra América.

—Si pudieras retroceder en el tiempo, ¿en qué etapa, día o momento de la vida del Apóstol te gustaría detenerte?
—Viajaría al 19 de mayo de 1895, ante todo para ver si la tragedia de ese día se pudiese evitar. Pero si me tocara ser un espectador pasivo, al menos me permitiría precisar hechos, aclarar dudas que duelen más que inquietar.
—En cuestión de gustos y estilos ¿con quién te quedarías, con el Martí escritor o con el Martí periodista?
—Precisamente para quedarme con el Martí escritor, me quedaría con el Martí periodista.
—Porque sé que desprecias los estereotipos y los clisés, ¿qué no te agrada de Martí? ¿Nunca te has cuestionado algunos de sus actos? Producto de tus investigaciones, ¿qué sabes que poco o nada se conozca de su vida?
—Bueno… difícil tu pregunta. Sí me he cuestionado algunos de sus actos, como la ruptura con Gómez y Maceo en 1884, en la que me parece que actuó con soberbia y no con su habitual sentido de la moderación… Y en el plano más íntimo, por ejemplo, su dramática vida amorosa, creo que por fin este año terminaré mi libro sobre el tema, en el que se hablará de hechos poco conocidos, pero debidamente explicados y contextualizados. Desprecio los clisés y estereotipos, como también la ligereza y la falta de responsabilidad.
—De todos los cubanos ilustres que han escrito sobre el Apóstol, ¿a quiénes recomendarías para empezar a conocerlo, a amarlo, a imitarlo…?
—Siempre es injusto mencionar a unos y olvidar a otros, cuando tantos intelectuales cubanos y no cubanos nos han regalado páginas brillantes sobre él. Pero si hay que comenzar por algún autor —y si no se trata solo de emprender la tarea de conocer, sino también de amar al Apóstol— yo recomendaría a Cintio Vitier. ¿Quién sabe si mientras yo respondo a tus preguntas, el maestro Cintio está conversando con Martí?

Enlaces a posts relacionados con José Martí:

https://verbiclara.wordpress.com/post/2008/06/10/nuestro-jose-marti

https://verbiclara.wordpress.com/post/2009/05/08/a-mi-madre-jose-marti

https://verbiclara.wordpress.com/post/2008/11/27/a-mis-hermanos-muertos-del-27-de-noviembre-jose-marti

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https://verbiclara.wordpress.com/post/2008/06/26/hierro-jose-marti

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Parodiando el título de esa obra cumbre de Alejo Carpentier: El Reino de este mundo, Martha Guadalupe Romero explica de una manera concisa, pero contundente, las verdaderas causas de la situación de Haití y que la respuesta debe ser amplia, comprometida, sustentable, solidaria, sin nuevas ataduras coloniales.

Terremoto en Haití

Terremoto en Haití

HAITÍ, EL REINO DE OTRO MUNDO


“¿Pero qué es la historia de América toda,
sino una crónica de lo real-maravilloso?”
Alejo Carpentier

Haití comparte el mismo territorio que República Dominicana, de hecho, la isla entera fue bautizada como La Española a la llegada de los colonizadores. Las disputas territoriales entre las metrópolis por las colonias, fue la razón por la que Haití quedó en manos francesas, mediante el tratado de Basilea de 1795, poniendo fin a la guerra entre Francia y España que estableció que la primera devolvía los territorios ocupados a España y a su vez, España cedía a Francia la parte española de la isla de Santo Domingo.
En 1804, más de 400 mil esclavos negros —literalmente cazados en África— lograron su independencia de los colonos blancos que los subyugaron durante décadas. Haití fue el primer país independiente de nuestra región. De manos de los revolucionarios haitianos, el Libertador Simón Bolívar recibió armas y dinero, a cambio de abolir la esclavitud en los territorios liberados, bajo la visión de que la independencia de toda América aseguraría la propia. La historia de Haití está repleta de disputas de poder, de intervenciones extranjeras. Así continuó la desventura del país de Mackandal, el mítico líder rebelde, capturado y quemado públicamente pero convertido en mariposa en el imaginario de los esclavos.
El terremoto ocurrido hace unos días es una tragedia de proporciones inimaginables, constituye hoy por hoy el mayor desafío para toda nuestra región, en esta nueva década. No es que en Centroamérica no hayamos sufrido terremotos, inundaciones, sequías, huracanes y otras catástrofes, es que el desastre que ya sufría Haití antes del terremoto supera con creces lo imaginable.
En este país alrededor de un 60% de los hogares rurales sufren inseguridad alimentaria crónica y un 20% son extremadamente vulnerables. Se calcula que un 32% de los hogares en las zonas urbanas sufren inseguridad alimentaria de manera cotidiana. Según el PNUD, el 54% de la población vive con menos de un dólar al día. La tasa de analfabetismo es aproximadamente de un 40% y menos de la mitad de la población tiene acceso a los servicios de salud, agua potable y saneamiento.
En 2006, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) informó los resultados del primer censo realizado en Haití después de dos décadas: la mitad de la población haitiana es menor de 20 años, menos de la mitad de los niños en edad escolar asisten a clases y el desempleo se encuentra en un 33%. El censo, el primero en 24 años, también reveló que Haití tiene la mayor tasa de mortalidad materna y la mayor prevalencia de VIH-SIDA en el Hemisferio Occidental. El Índice de Desarrollo Humano de Haití es el número 150 de 177 países que evalúa anualmente el PNUD (entre más alto el número, menor el desarrollo humano). Aproximadamente el 50% de la población haitiana depende de remesas familiares.
El año pasado, a propósito de que el ex presidente estadounidense Bill Clinton fue nombrado enviado especial de la ONU en Haití, el Comandante Fidel Castro en una de sus magistrales reflexiones afirmaba que nada se puede improvisar en Haití. Durante una reciente visita a España, el presidente dominicano, Leonel Fernández, expresó que la integración de Haití a Iberoamérica es un acto de reparación.
Haití es una responsabilidad compartida, especialmente de los países desarrollados. No se trata de ayuda de emergencia para paliar la tragedia del terremoto, no se trata de cincuenta o cien mil muertos; el país entero está sumido en la tragedia. Haití requiere una responsabilidad moral mundial con soporte económico suficiente y sin manipulaciones políticas de ningún tipo. El terremoto podría tomarse como una oportunidad para de una vez por todas revertir la situación de miseria en la que agoniza Haití y que representa, sin duda alguna, una vergüenza mundial.

Desesperación en Haití

Esta desesperación está por todas partes

Definitivamente no se puede improvisar. No más conferencias mundiales, no más diagnósticos, no más racismo, no más discriminación, no más rapiña sobre Haití. Respuesta amplia, comprometida, sustentable, solidaria, sin nuevas ataduras coloniales.

Cubadebate

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