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Archive for 12/03/10

adelanta1.jpgEl próximo domingo 14 se pondrá en vigor el horario de verano, por lo cual a las 12:00 de la noche del sábado 13, deberán adelantarse una hora las manecillas de los relojes. Concluye el actual horario normal, vigente desde el 25 de octubre de 2009.


 

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Luego de que Ernesto Peña, premio Alejo Carpentier en narrativa 2010 por su novela Una Biblia perdida (aún sin publicar), hiciera pública su respuesta a Juan Antonio Hernández —quien lo acusaba de plagio—, a la que llamó Eliminemos un malentendido (a quienes prefieren el diálogo). El señor embajador Hernández me ha enviado otra respuesta —que parece al final—, y por supuesto, Ernesto también le contesta:

Seguimos siguiendo (a quienes prefieren la bibliografía)

No voy a dejarme dominar por la ira, como tal vez desean algunos. Voy a responder, paso a paso (como me sugieren amigos de buena fe), la carta del señor embajador Juan Antonio Hernández.
Excusando los innecesarios insultos que me lanza, pasaré a analizar los contenidos que este señor asegura que yo le robé.
1.  Ante todo diré que la descripción del desaparecido Libro de Pinturas de José Antonio Aponte aparece como apéndice del clásico La conspiración de Aponte, del maestro José Luciano Franco. Y más. Una trascripción actualizada de dicho libro se encuentra en Anales de Desclasificación / Vol. 1: La derrota del área cultural n° 2 / 2006. Trascripción y edición de Jorge Pavez O. La Habana, marzo 2004 / Valparaíso, agosto 2005.
Pavez anota al pie lo siguiente:
«Expediente sobre declarar. José Antonio Aponte el sentido de las pinturas que se hayan en el L. Que se le aprehendió en su casa. Conspiración de José Antonio Aponte, 24 de marzo de 1812», en Archivo Nacional de Cuba. Fondo Asuntos Políticos. Legajo 12. Número 17. Esta trascripción ha sido realizada basándose en la versión publicada por José Luciano Franco (La conspiración de Aponte, La Habana: Consejo Nacional de Cultura, Col. Publicaciones del Archivo Nacional, n° LVIII, 1963, pp. 60–101), revisada y corregida con arreglo al manuscrito original. Además, esta versión incorpora declaraciones que forman parte del mismo Legajo 12, n°17, y que no fueron publicadas por J. L. Franco en op.cit., ni en su reedición aumentada de 1977: Las conspiraciones de 1810 y 1812, La Habana: Ciencias Sociales. Nuestra trascripción se hizo con criterios paleográficos, salvo en el caso de las múltiples abreviaciones, que han sido desplegadas para una mayor agilidad en la lectura. [Trascripción y edición de Jorge Pavez O. La Habana, marzo 2004 / Valparaíso, agosto 2005]”.
De modo que le pregunto al señor Hernández. ¿Es usted el único que pudo darse cuenta que el Libro descrito y explicado por el propio Aponte durante los interrogatorios empezaba en el Génesis y en lugar de continuar con la historia del pueblo hebreo continuaba con la del pueblo etíope y escenas del Batallón de Morenos Leales de La Habana? ¿Le robé yo lo que aparece en un documento de archivo? Yo no niego que consulté su tesis, pero reitero aun con temor a ser enfático y aburrido: ¿Le robé yo lo que aparece en un documento del archivo nacional de Cuba? ¿No es evidente que Aponte quiso hacer una suerte de Kebra Nagast afrocubano?
2. Nada del movimiento rastafari aparece en mi novela, como es obvio porque se trata de un fenómeno posterior a la época que describo. Tampoco el barón de Vastey fue desarrollado como personaje. Solo introduzco al espía Argos, supuesto agente del barón que contacta con Aponte. Y esto es lo único “original” que reconozco haber desarrollado a partir de las sugerencias de su texto, señor Hernández.
En cuanto a las leyendas de los reyes etíopes que usted menciona, todas aparecen en el Kebra Nagast o Libro de la Gloria de los Reyes de Etiopía, un texto de 1225 d.c. Cómo el Arca de la Alianza llegó a Etiopía está relatado en dicho libro en los capítulos 19-94. ¿Acaso ha saqueado usted, o plagiado descaradamente al Kebra Nagast, o simplemente realizó una de las tantas consultas bibliográficas que los historiadores y escritores de novelas históricas hacemos para mejor desarrollo de nuestra labor?
3. Referente a las Vírgenes negras que aparecen en santuarios de los tres continentes, usted y Pavez me dieron la pista, pero la mayor información la obtuve (tal vez igual que usted) del texto El enigma de las vírgenes negras  de Jacques Huynen. Plaza & Janes SA Editores, Barcelona, 1977.
Lamento una vez más, señor Hernández, su virulento ataque. Lamento haber tenido que leer en más de una ocasión su inconsistente regaño.
Estimado embajador, le reitero mis respetos y le deseo muchos éxitos en su vida personal y profesional. Sin dudas soy deudor (que no plagiario) de su obra y lo reconozco públicamente. En cuanto se publique por la editorial Letras Cubanas, le envío la novela.
Con gratitud,
Ernesto.

Respuesta de Juan Antonio Hernández a la carta de Ernesto Peña

Señor Peña,

Obviamente usted ha leído con descuido mi denuncia. Lo he señalado por cometer plagio en sus declaraciones. Ahora, en su respuesta, usted me dice que hay pasajes
enteros de la novela inspirados en mi trabajo. La cosa, entonces, es más grave de lo que previamente imaginaba.
Me parece, usted dirá, que la forma de solucionar todo esto es que reconozca las
fuentes historiográficas con una nota que acompañe la publicación de su novela. En
dicha nota pudiera colocarse algo como: “Diversos pasajes de esta novela se basan en lo escrito por Juan Antonio Hernández sobre el libro de pinturas de José Antonio
Aponte”. Me parece, además, que una aclaratoria sobre esa fuente debería aparecer, lo más pronto posible, en La Jiribilla y en los otros medios en los que dio sus declaraciones.

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Mi ex condiscípula, amiga y colega Mercedes Rodríguez García obtuvo mención en el concurso Juan Gualberto Gómez. Mi amigo y colega también Luis Machado Ordetx nos la presenta en su entrega al periodismo:

Mercedes Rodríguez García, un pacto indestructible con la profesión. — Del periodismo y la vida, un encuentro con el lector.

        Ella la santa patria, impone singular reflexión; y su servicio, en hora tan gloriosa y difícil, llena de dignidad y majestad.
                             Martí, en Patria, 17 de abril de 1894

Entre libros, en una de sus constantes búsquedas de la información y el detalle de la historia. 

Entre libros, en una de sus constantes búsquedas
de la información y el detalle de la historia.

La mañana no es destejida por un solo gallo, decía el pensador Cabral de Melo Neto, y eso ocurre con marcada frecuencia en el periodismo y en otras profesiones. Sin embargo, en la nuestra, el método de laboreo y la armonía interna de la frase escrita o hablada, obligan a contemplar la verosimilitud de aquella frase de Cicerón, cuando declaró: «Los hombres son como los vinos: la edad agua los malos y mejora los buenos». Es verdad de Perogrullo, y así percibo a la colega María Mercedes Rodríguez García.
De su sed martiana, y del ofuscamiento en defensa de los argumentos, hasta propiciar la razón, la reconozco desde  hace más de cinco lustros en ejercicio permanente dentro de la Redacción de Vanguardia. Ella, con su delgadez extrema, se antoja como un «gallo» en clarinada; también en componer un texto para las páginas del diario, y en rebuscar en las esencias del estilo —en definitiva la forma—, con el propósito perfectible del discurso que recibe un destinatario común o exigente.
Con hablar rápido, como si caminara a zancadas firmes entre un terreno movedizo, esta mujer despojada de cualquier misterio que entrañe la vida, habla sin ningún recato con el más anónimo de los transeúntes. De ese modo proyecta el conocimiento a partir de la curiosidad del que aprende a cada instante.
Vino a la Redacción en calidad de secretaria de la Dirección. El espíritu por crecer la envolvió en una constante superación profesional, hasta que, en poco tiempo, se involucró en el mundo de la escritura, en el universo reporteril, el aprendizaje teórico, las discusiones, y la rectificación de los «tiros» que obligan el tiempo, la familia y el diarismo.
La humildad y la infatigable disposición congénita por la curiosidad, la investigación, la lectura y el orden de las cosas dispuestas a su alrededor, impregnan la locuacidad de su conversación. Tal vez sea por estar «tocada» por un ala mágica durante el nacimiento, aquí en Santa Clara, ocurrido el último lunes de noviembre de 1951.
La jornada por el Día de la Prensa Cubana y la reciente Mención del Concurso Juan Gualberto Gómez —reconocimiento que entrega la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) por la obra periodística en el 2009—, incitan a escarbar en los vericuetos de la profesión, al intercambio de pareceres teóricos, a las puntualizaciones en torno a la docencia, al despojo de antifaces, a la precisión y la urgencia creativa del escriba.
Hoy no anda mi colega inmersa en palabras con devaneos. Jamás lo consideraría de su agrado. Tampoco imparte una clase a los estudiantes universitarios; mucho menos, redacta un texto para Vanguardia o la bitácora personal
http://lateclaconcafe.blogia.com. Ella está urgida en atenderme, y anda desprovista de la acostumbrada bufanda que la protege de la frialdad de estos días. No quiere del coqueteo perturbable de las palabras, y en el pacto tiene una exigencia: el olor y el humo del insustituible cigarro y el aroma del café, considerados dos nocivos «atributos» que la cualifican.  Entonces, hablemos de periodismo, de docencia y, también, de la vida.

HACER DEL ESCRIBA

—¿Hay exquisitez por el diario, aun cuando «nada hay más viejo que el periódico de ayer»?
—En el buen periodismo predomina lo contingente —como decía Carpentier—, se trabaja en «caliente». Pero existe otro porcentaje planificable. Soy perfeccionista y hasta en lo caótico trato de imponer el orden. En un medio de prensa, como en cualquier otro centro, debe primar la tendencia a mejorar indefinidamente el trabajo sin decidirse a considerarlo acabado. Nada humano es perfecto, así que tampoco lo podrá ser un periódico. La perfección es solo el camino obligado hacia una meta.
—¿Y la calidad de un periódico?
—No te voy a hablar de parámetros porque los lectores no van a entender los tecnicismos; así que recurriré al símil. Siempre digo que las casas se parecen a sus dueños. Para mí lo más importante de un periódico es la redacción, considerada por muchos el corazón de un diario, el horno donde se cuece el pan, cuya calidad depende básicamente de la materia prima; mas también de que se cumpla lo normado para el resto de los ingredientes. Hay pan de corteza dura y pan de corteza suave, por ejemplo. Cada cual requiere de un tiempo y de una temperatura de horneado exactos. El otro factor, tal vez el más importante, es el panadero, que puede ser experto o inexperto, joven o viejo, pero sobre todo honrado. Se trata de un encadenamiento inviolable. Un solo eslabón que se rompa echará a perder la camada.  Y como las panaderías trabajan a toda hora y para toda la población, sus administradores y jefes de turno han de permanecer atentos a un proceso que parece simple, por cotidiano y rutinario. ¡Nada tan alejado de la verdad!
El rostro de Mercedes se contrae; sabe de la compenetración, de los años de relaciones profesionales, de la amistad que entraña y obliga el tiempo, de la lealtad y de la interrogante disparatada o razonada  que un periodista suele aportar, impuesto siempre de que «no hay pregunta más tonta que aquella dejada de hacer» en el sitio y el momento menos oportuno en que brote una idea. Los labios de mi colega se aprietan; su mentón tiende a lo prominente cuando escudriño:
—¿A quién(es) de los colegas recuerdas con agrado a la hora de redactar en la inminencia del cierre?
—Soy de las personas que no olvidan ni a uno solo de mis colegas, ni muertos ni vivos, ni activos ni jubilados. Cuando entré a Vanguardia tenía 23 años y ya voy a cumplir 59, así que he enterrado a más de una docena y he despedido a otros tantos. Sin embargo, siempre recordaré a tres hombres y una mujer que fueron mis paradigmas, como seres humanos y como profesionales: Otto Palmero Rodríguez, Roberto González Quesada, Miguel Ángel Pérez Cuéllar y Mirta Azalia Silverio. Yo aprendí de todos, y aun lo hago de mis alumnos, de mis lectores y hasta de mis familiares, que son mis jueces más severos. El aprendizaje nunca termina y es infinito mientras vivamos.                                                       
Otra duda asalta. La embisto para indagar más; bien sabe ella, y reconozco, las dificultades subjetivas que provocan el intercambio público entre dos periodistas. No queda otra opción:
—¿El diarismo reside en tu escritura?
—Vivo el día en el amplio sentido del término. Detesto dormir y hasta comer porque los considero una pérdida de tiempo. Vivo a un ritmo muy intenso, y disfruto cada segundo aunque sea de amargura. Me nutro hasta de la rabia, las incomprensiones y el dolor ajeno. Nada me resulta indiferente. Escribo como vivo y vivo como escribo.
Pero la dejo aún más con la boca abierta en otra de mis disquisiciones:
—Cuando (in)voluntariamente aparece un dato falso, un error, un dislate, ¿cómo lo sufres?
—Aunque los años me han enseñando a tomar con alma este tipo de situación, si no es por mi culpa, monto en cólera; si fui yo quien metió la pata, me dan ganas de tirarme por el balcón, ¡y vivo en el último piso de un edificio de doce plantas!  He cometido pifias y deslices, pero nunca errores graves. Fuera injusta si no reconozco unos cuantos «salvavidas» que me han «lanzado» las correctoras.
Y…
—De los textos publicados, ¿el de mayor alegría? ¿Y el de grandes sinsabores? ¿Por qué?
—Disfruto todo lo que escribo y le pongo el corazón hasta en una gacetilla. Para mí escribir es como una pelea de boxeo; hay veces que termino noqueada, pero feliz. No me arrepiento de una sola palabra de las millones de millones que he escrito, y no escribo nada de lo que no esté convencida. En nuestra profesión abundan los sinsabores; sin embargo, también hay ratos memorables. Me gusta el periodismo que incomode y me incomode. No guardo ni más ni menos cariño a uno u otro trabajo. Todos, como mis hijos, llevan mi apellido, y los disfruto más allá de ciertas malacrianzas.
—De los géneros, ¿cuál te cualifica?
—La entrevista de personalidad, desde que la pienso hasta que la escribo. Soy muy conversadora y elocuente, investigadora y cuestionadora por excelencia. Es el género para descubrirle el corazón a la gente. Y no te lo van a mostrar si antes tú no le muestras el tuyo.
—Los lectores, ¿qué son? ¿Cómo llegan sus rumores?
—Cuando escribo solo pienso en los lectores, que son nuestra razón de ser, y que para mí carecen de rostro; «acomodo» el lenguaje, algo muy importante para que el mensaje llegue rápido y directo; sin diferenciar, incluso, dónde esté el receptor, que también puede ser «internauta», en el caso del llamado periodismo digital.  Abogo por estudios científicos de percepción, recepción e imagen, aunque resultan difíciles y costosos. Pero andamos en la calle, ¿no? Te llaman por teléfono, te escriben. Muchas veces yo misma le pregunto a mis amistades, vecinos, profesores y estudiantes de la Universidad.

Mercedes Rodríguez García durante uno de los diálogos personales o colectivos que sostuvo con Fidel.

Mercedes Rodríguez García durante
uno de los diálogos personales o colectivos
que sostuvo con Fidel.

En el pacto discursivo, observo en la sala de la casa a mi colega en una foto en la que Fidel la escucha durante uno de los recesos de las sesiones del V Congreso de la FELAP; conversaban de medicina, de los tiempos en que ella dejó truncos los estudios de esa carrera, y también de las transformaciones que ocurrirían en el país con un ejército de galenos dispuestos al servicio de la humanidad. Era 1986, y el escenario, el Palacio de la Revolución. Sé de su devoción por Martí, de las lecturas constantes de la más trascendente de las literaturas, de la interpretación de los rostros de las personas, de las investigaciones teóricas sobre el periodismo de Fidel antes del asalto al Moncada. Entonces, la conmino a otra definición:
—¿Qué representa el líder; también el periodista y pensador?
—No te voy a hablar de sus características de líder ni de sus genialidades ni de su humanismo ni de otros tantos caracteres descritos ya por grandes personalidades. Para mí es un caballero valiente, animoso y pujante con un energía que parece exceder y desafiar a las fuerzas naturales.

RESUCITADA INSPIRACIÓN

En las acostumbradas tertulias informales, tanto en su hogar como en la calle, siempre persiste una reprimenda:
—¿Hasta cuándo dormirán los libros de poesía y de testimonio el sueño inconcluso en una gaveta hogareña?
—No están dormidos; reposan para ver si aumentan de peso.
—La poesía, ¿inspira o aparta del periodismo?
—No concibo la vida sin poesía. Tampoco se puede forzar. Se lleva adentro y sale sola. No todos la ven, pero se mueve. Quien en ella se inspira es de algún modo un ser superior.
—¿Cuál libro escribirías de urgencia?
—Sin chovinismo: mi autobiografía novelada. Sería un best seller. Descubriría a mucha gente y revelaría no pocos secretos, ajenos y propios.
—La familia, ¿qué representa?
—La familia constituye un soporte para edificar un rascacielos. Cuando le sobrevives, es el mejor recuerdo, una nostalgia infinita y perenne, aunque en mi caso a veces me ha resultado una «carga pesada». 
—Dices que «mueres con las botas puestas»; ¿cómo la auguras en la distancia?
—No la espero; ¡que me sorprenda! De algún modo ya estoy clonada. ¡Que llegue cuando tenga que llegar! Como le digo a mis alumnos: «Ya crucé el Pacífico y el Atlántico». Dios me dio la vida para vivirla y la muerte para morirla, aun cuando de esta última nadie ha retornado para contarla. Te juro que haré todos los esfuerzos posibles por regresar, así que espérenme con una taza de café, una caja de Populares y una botella de Havana Club.

UN DISCURSO DESVELADO

En el aula, por improvisada que sea, Mercedes erige siempre una tribuna para enseñar con modestia lo poco o lo mucho que sabe de la poesía de la vida; del periodismo y su teoría; de los quebrantos y anhelos espirituales; de las devociones por los cursos de la historia. Por supuesto, en la docencia, también su voz y ejemplo imponen un gozo, un reto inclaudicable dentro de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, institución que la acogió como uno de los más anónimos profesores cuando se inauguró la carrera de Periodismo hace más de un lustro en ese centro de estudios.

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Estas imágenes fueron tomadas anoche en el estadio Augusto César Sandino, de Santa Clara, durante el juego entre Villa Clara y Ciego de Ávila, que terminó 2-1 a favor de los naranjas, por mi colega Carolina Vilches Monzón, excepto la número 7, que pertenece a Libán Montiel Campos, donde parece la causa que provocó la protesta del equipo de Ciego de Ávila.

1 Freddy Asiel   

1. El pitcher ganador: Freddy Asiel

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2. Freddy Asiel trabajó los nueve innings y se anotó
la primera victoria de Villa Clara en el play off
semifinal contra Ciego de Ávila.

3 Yoelvis Fiss le bateó jonrón a Freddy Asiel en el cuarto inning.

 3. Yoelvis Fiss le bateó jonrón a Freddy Asiel
   en el cuarto inning.

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4. Vladimir García, perdedor del juego, mostró control
hasta el séptimo capítulo, cuando dio dos boletos y
recibió un infiel-hit, para dejar las bases llenas.

5. Aledmis Díaz bateó infiel-hit en el séptimo,

5. Aledmis Díaz bateó infiel-hit en el séptimo,
para llenar las bases de villaclareños.

6 Yandry Canto entra con la segunda carrera de Villa Clara, impulsada por infield-hit de Andy Zamora.

6. Yandry Canto entra con la segunda carrera de Villa Clara,
impulsada por infield-hit de Andy Zamora.

7 En la jugada, el corredor Leonys Martín había correido hacia segunda. Foto Liván Montiel

7. En la jugada, el corredor Leonys Martín
había corrido hacia segunda.

8. El árbitro decretó:  

8. El árbitro decretó: “¡Quieto!”

9 La decisión originó una protesta masiva del equipo de Ciego de Ávila, que perdió a su pitcher relevista Maikel Folch, expulsado del partido.

9. La decisión originó una protesta masiva del equipo de Ciego de Ávila,
que perdió a su pitcher relevista Maikel Folch, expulsado del partido.

10 Aledmis Díaz protagonizó excelentes jugadas en la defensa del campo corto.

10. Aledmis Díaz protagonizó excelentes jugadas
en la defensa del campo corto.

11 Villa Clara ganó 2-1 el primer juego del play off semifinal oriental de la 49 Serie Nacional de Béisbol, efectuado en el estadio Augusto César Sandino, de Santa Clara.
11. Villa Clara ganó 2-1 el primer juego del play off semifinal
oriental de la 49 Serie Nacional de Béisbol, efectuado en el estadio
Augusto César Sandino, de Santa Clara.

TABLA DE ANOTACIONESTabla de anotaciones

Vanguardia

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Por estos días estamos de fiesta, celebramos la Jornada por el Día de la Prensa Cubana en nuestra provincia, y ayer fueron condecorados Yamíl Díaz Gómez, Alvaro Lagomasino Hidalgo y Normando Hernández Castro. Mi colega Ricardo González nos cuenta y las imágenes pertenecen a Carolina Vilches Monzón:

Reconocen labor de los periodistas de Villa Clara en el acto por el Día de la Prensa Cubana

Esta vez recibieron la Distinción Felix Elmuza el escritor y poeta Yamíl Díaz Gómez y el cirujano cardiovascular Alvaro Lagomasino Hidalgo.  Carolina Vilches

Esta vez recibieron la Distinción Félix Elmuza
el escritor y poeta Yamil Díaz Gómez y el cirujano
cardiovascular Alvaro Lagomasino Hidalgo.

Valió la pena desafiar el sol mañanero del jueves, valió renunciar a miles de cosas grandiosas si ese gran jurado devenido pueblo agradece a los periodistas su misión de informar, exponer, criticar y construir la vida a la par de sus protagonistas cotidianos.
Ello se sintió durante el acto provincial por el 14 de Marzo, Día de la Prensa Cubana, que encontró su buen sitio en el Mausoleo Frente Norte de Las Villas, como parte del complejo escultórico Ernesto Che Guevara, en Santa Clara.
Merecidas razones para conceder la Distinción Félix Elmuza, instituida por la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) al cirujano cardiovascular Alvaro Lagomasino Hidalgo, y al escritor y poeta Yamil Díaz Gómez por la entrega sin límites a pacientes y lectores, respectivamente, que reconocen sus numerosos aciertos.
Juan Carlos Díaz Gómez, integrante del Buró Provincial del Partido, impuso el distintivo a Yamil, mientras el narrador y comentarista deportivo de Radio Rebelde, Roberto Pacheco Martínez, uno de los tantos pacientes del gremio atendidos por Lagomasino, fue el encargado de entregarlo al prestigioso científico.

Normando Hernández recibió el Premio provincial de Periodismo Roberto González Quesada por la obra de la vida.

Normando Hernández recibió el Premio provincial de Periodismo
Roberto González Quesada por la obra de la vida.

Otro reconocimiento recayó en Normando Hernández Castro, ganador del Premio provincial de Periodismo Roberto González Quesada por la trayectoria en el ejercicio de una profesión multifacética.
Correspondió a José Antonio Fulgueiras Domínguez, presidente de la UPEC en Villa Clara, resumir el acto de esta fiesta que encuentra en lectores, oyentes y televidentes la razón de ser en defensa de las ideas.
La jornada villaclareña por el Día de la Prensa Cubana trajo el homenaje al aniversario 118 de la fundación del periódico Patria por José Martí, el 14 de marzo de 1892, y el programa incluyó el III Coloquio Periodismo-Gobierno con el intercambio entre quienes desarrollan el oficio y representantes del Gobierno en la provincia, la apertura de la muestra fotográfica Villa Clara: Historia sostenida, de los artistas del lente Arelys María Echevarría Rodríguez, de la corresponsalía local de la Agencia de Información Nacional (AIN), y Liván Montiel Campos, de la Asamblea Provincial del Poder Popular, así como el encuentro con los corresponsales de guerra en Remedios, el agasajo a las mujeres periodistas por el 8 de Marzo, y los correspondientes a la CTC y otros organismos que hacen grande lo que modestamente entregamos.

Vanguardia

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