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Archive for 17/03/10

Por Juan Carlos García Guridi
Ilustración: Henry Hidalgo Rodríguez

En la calle habanera de Bernaza, el 18 de marzo de 1809, nació Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido). Desde el mismo nacimiento su vida estuvo signada por el infortunio: Su madre lo abandona cuando todavía no había cumplido un mes, su padre muere 10 años más tarde, y la peor de todas las desgracias, su condición de mulato lo haría víctima de una sociedad marcada por los horrores de la esclavitud. Su desdicha fue tal que acusado de formar parte de la Conspiración de la Escalera, es condenado a muerte con diez acusados más cuando apenas contaba 35 años. Fue ejecutado a las 6 de la mañana del 28 de junio de 1844.
ter2-10-pl.jpgNo obstante, su don para la poesía lo hizo acreedor de la admiración de la inmensa mayoría de sus contemporáneos y le garantizó un sitial junto a los inmortales del parnaso cubano. Se destacó tanto en la escritura como en la oralidad. Sobre el papel dejó poemas que lo colocan entre lo más notable de la lírica cubana de su tiempo: A una ingrata, Muerte de Jesucristo, La Fatalidad, Jicotencal, La flor de la caña, La flor de la piña, La flor del café o Plegaria a Dios, texto este último del que se dice fue improvisado por Plácido en el momento en que era conducido al cadalso.
Acerca de sus habilidades como improvisador mucho se ha redundado alrededor de las décimas que resuelve a partir de los pies forzados la campanilla de qué o besar la cruz es pecado, así como entorno a otras célebres improvisaciones suyas. Sin embargo, hay un hecho poco conocido del que Lezama nos advierte en una conferencia que impartiera a mediados de la década de 1960. Plantea al respecto: Plácido que en Santa Clara se encuentra nada menos que con Poveda, que es otro de nuestros grandes poetas populares, un maravilloso repentista. Y continúa: Debe de haber sido una gran fiesta prodigiosa en la sitiería, en los bailongos, en los guitarreos de nuestros guajiros, el encuentro de Poveda con Plácido…
Y tal especulación nada tiene de invento, o por lo menos, está bastante cerca de la realidad. En marzo de 1843 Plácido va a Villa Clara por segunda vez (ya había estado en 1840). Visita Sagua la Grande (Poveda vive en Sagua), Remedios y Cienfuegos, y sufre incluso, denunciado por actividades conspirativas una prisión de seis meses en la cárcel de Trinidad, hasta que en noviembre de ese mismo año regresa a Matanzas.
Pero vayamos a Calcagno, contemporáneo de los dos, quien aún cuando sabemos que fue bastante riguroso con Martí (dijo del autor de los Versos Sencillos: es lástima que guste del estilo ampuloso que a menudo lo hace incomprensible.), tuvo muchísimos aciertos.
Calcagno dice de Plácido que ya en el año 1826 es conocido como improvisador fecundo y fácil; y a Poveda lo define como improvisador bien conocido en nuestros campos mucho antes que el Cucalambé [ o Fajardo, que fue imitador suyo:] se le llamaba “El Trovador Cubano”.
Y dice más adelante que: La mayor parte de sus décimas son amorosas, y con lo que Poveda quiso seguramente, complacer con su voz y su triple, además de animar sus versos y extender su nombradía, desde el Almendares hasta el remoto Cauto o el Cuyaguateje.
Mientras en sus estudios sobre Cantares de Cuba, Ramón de Palma no vacila en llamarlo “el más famoso trovador de nuestros campos”.
Como todo indica, existen razones suficientes para creer que la controversia ocurrió. De ser así, estamos sin dudas en presencia de la gran “controversia del siglo ¡XIX!”, del primer gran suceso repentístico insular; singular antecedente de la que poco más de un siglo después desarrollarían de forma brillante en el Círculo de Artesanos, de San Antonio de los Baños y en el Estadio Campo Armada, de Lawton, Jesús Orta Ruiz (El Indio Naborí) y Angelito Valiente.
Pero además de Poveda, Plácido tuvo otro “contrincante”, un matancero llamado José Jesús del Ocio, pardo que adquirió gran fama de repentista. Según Calcagno sólo publicó una poesía (titulada El Francés), y lo demás que hizo fue competir con Plácido para divertir en reuniones y banquetes, donde improvisaba cada uno su décima, empezando cada uno por el último verso de la de su competidor.
Todo esto ratifica que es Plácido un exponente imprescindible de la estrofa que él mismo bautizara como “soneto chiquito” en Mi casa, una de sus poesías festivas; denominación nada descabellada si tenemos en cuenta que con su simetría, proporción y musicalidad la décima no solo ha emulado con el soneto, sino que, a la vez que nos ha cautivado, ha resistido el embate del tiempo.

El Habanero

Enlaces a posts relacionados con Plácido:

Plegaria a Dios

Doscientos años de Plácido

Plácido en el aniversario 200 de su nacimiento

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Sigue inspirado Pedro Méndez, director de Melaíto, suplemento humorístico del períodico Vanguardia, de Villa Clara. Con el triunfo de Villa Clara anoche ante Ciego de Ávila:

Play off Villa Clara vs. Ciego de Ávila Pedro Méndez

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Cuando parecía que los tigres avileños se habían recuperado, tras la victoria del  lunes y el ímpetu que demostraron ayer. Mi colega Osvaldo Rojas Garay con los detalles:

VILLA CLARA POR NOVENA OCASIÓN EN LA FINAL DEL BÉISBOL

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Fotos: Carolina Vilches Monzón 

Borrero bateó jonrón en el último juego contra Ciego de Ávila.

Por novena vez —segunda consecutiva— el equipo de Villa Clara estará en la final del campeonato cubano de béisbol, tras derrotar a Ciego de Ávila, 8-4, en el quinto partido de la semifinal oriental.

Los anaranjados fueron los primeros en anotar cuando en el capítulo inicial Leonys Martín recibió transferencia y robó la intermedia. Acto seguido Yuniet Flores disparó hit y Ramón Lunar lo imitó con otro imparable que impulsó a Leonys.



2 Ariel Borrero impulsó tres carreras y bateó jonrón en el quinto juego del play off oriental Villa Clara-Ciego de Ávila.
Ariel Borrero impulsó 3 carreras y bateó jonrón
en el quinto juego del play off oriental
Villa Clara-Ciego de Ávila.

Ariel Borrero se encargó de empujar la segunda con roletazo por el cuadro que permitió la entrada en la goma de de Yuniet Flores.
La selección avileña ripostó con una en el final del propio capítulo ante Freddy Asiel Álvarez, al combinar pelotazo a Abdel Civil, boleto a Mario Vega e indiscutible de Yoelvis Fiss.
Luego, en el segundo, llegó la igualada por doblete de Yorbis Borroto que encontró en circulación a Raúl González.
Así, con constantes amenazas por uno y otro bando, se mantuvo el desafío hasta que en el sexto inning dio resultado la táctica anaranjada de exprimir al abridor Vladimir García, quien tuvo que abandonar el montículo al acumular los 120 lanzamientos reglamentarios.
En ese capítulo el veloz serpentinero de los Tigres boleó a Borrero y a Ariel Pestano. Vino entonces un toque de bola de Andy Zamora que llenó las bases.
Vladimir liquidó por la vía de los strikes a Yandris Canto, pero no pudo evitar que Dian Toscano rompiera el abrazo con fly de sacrificio.

Dian Toscano rompió el abrazo entre Naranjas y Tigres en el sexto capítulo.
Dian Toscano rompió el abrazo entre
Naranjas y Tigres en el sexto capítulo.

Ahí terminó la actuación del estelar tirador y entró a trabajar Alien Mora, quien toleró inatrapable de Aledmis Díaz, que fletó a Pestano con la cuarta anotación villaclareña.
En el séptimo Yandris Canto impulsó un par de carreras más con largo doblete por regla. Posteriormente en el octavo agregaron otras dos remolcadas por cuadrangular del inicialista Ariel Borrero.
Los avileños descontaron una en el cierre del séptimo, última en la que trabajó Freddy Asiel Álvarez, sustituido por el zurdo Yasmani Hernández Romero, que no pudo dominar al zurdo Isac Martínez, al otorgarle boleto.

Freddy Asiel Álvarez se anotó su segundo triunfo frente a Ciego de Ávila y el tercero de la postemporada.

 Freddy Asiel Álvarez se anotó su segundo triunfo
frente a Ciego de Ávila y el tercero de la postemporada.

Vino entonces el cerrador por excelencia Yolexis Ulacia, quien se encargó del resto del choque para ratificar su liderato en juegos relevados en la historia de las postemporadas con 49.
Ahora los villaclareños retornarán al estadio Augusto César Sandino, en Santa Clara, para esperar a su rival en la discusión del título, el cual saldrá del duelo que sostienen Industriales y La Habana, favorable a los primeros por tres victorias dos.
El oponente de los anaranjados pudiera definirse este miércoles, si los Azules salen triunfadores en el sexto partido de la semifinal occidental.
Anteriormente los villaclareños habían disputado las finales de las postemporadas de 1993, 1994, 1995, 1996, 1997, 2003, 2004 y 2009.

Anotación por entradas:

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Vanguardia

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Ese es el título del libro del cual mi querido amigo y poeta puertorriqueño David Cortés Cabán me ha enviado su reseña. En uno de sus párrafos nos dice: “Nos identificamos con Fidela, con sus luchas y carencias, con sus versos que nos conmueven por su profundo amor y fidelidad hacia un hombre que atado a los prejuicios de su época no supo ver ni corresponder a una pasión que pudo haber sido uno de los grandes amores románticos de nuestra historia literaria. Me refiero al querido poeta José Gautier Benítez.”  Los invito a saber más sobre la vida y obra de esa poeta puertorriqueña, echada al olvido inexplicablemente.

Portada del libro Fidela: Vida, tiempo y poesía de Fidela Matheu y Adrián
 

FIDELA, LA POESÍA Y EL AMOR

Por David Cortés Cabán 

        ¡Qué bueno que sea un poeta arecibeño y su noble compañera quienes nos acerquen a contemplar no la cadencia del mar de Arecibo, ni sus angostas calles que evocan el pasado, ni el brillo artificioso de los palacios de la modernidad, sino a la poeta Fidela Matheu y Adrián (1852-1927), en toda su dimensión humana: el paisaje íntimo de su vida en el relampagueante oleaje de sus versos!  
          ¿Lector, qué has salido a contemplar en este libro? He aquí la letra y el espíritu, la poesía y el amor de una poeta que supo sobrevivir a los convencionalismos de su época y persistir exacta y lúcida contra el inexorable paso del tiempo. Ahora, para que no parezca extraña a nuestras letras, es presentada por Haydée de Jesús Colón y el poeta y crítico Ernesto Álvarez que nos convocan a la casa de la justicia reconstruyendo la historia de nuestro romanticismo. Pero no han sido pocas las horas de desvelo, ni escasa la paciencia y determinada voluntad para rescatar del olvido una de las figuras cimeras de nuestro romanticismo. Vista la poeta en este libro que revive lúcidas realidades, se nos hace más grande nuestro paisaje literario. Nos identificamos con Fidela, con sus luchas y carencias, con sus versos que nos conmueven por su profundo amor y fidelidad hacia un hombre que atado a los prejuicios de su época no supo ver ni corresponder a una pasión que pudo haber sido uno de los grandes amores románticos de nuestra historia literaria. Me refiero al querido poeta José Gautier Benítez.
         Después de haber leído Fidela: Vida, tiempo y poesía de Fidela Matheu y Adrián (Arecibo, Ediciones Boán, 2009), no es difícil imaginar por qué la crítica literaria menciona apenas algunos de sus poemas, relegando su persona al mundo de los olvidados. Autores hay hoy día de no muy alta calidad cuyos nombres figuran en todas las antologías contemporáneas, e independientemente de sus méritos, pocos o ninguno de ellos ha escrito y vivido una vida como la de Fidela. Pero el tiempo pasa, y los nombres pasan, y las estrellas que se habían apagado en el firmamento de nuestra tradición literaria de pronto renacen con un nuevo esplendor. Éste es el caso de Fidela Matheu y Adrián. Su obra, su tiempo, los aspectos y relaciones amorosas de su vida son presentados ahora objetivamente por Haydée de Jesús y Ernesto Álvarez. Sin afán de vanaglorias o rebuscamiento de méritos personales, sino por la amorosa luz del amor cuando se hace justicia, estos laboriosos de la cultura nos acercan al mundo de Fidela. Un mundo de apasionantes hallazgos donde la imagen de nuestra poeta adquiere un sentido más justo y humano, libre ya del prejuicio y de las actitudes elitistas que tanto daño hacen a la literatura y a nuestra sociedad en general. Para los lectores que deseen conocerla, y para los estudiosos de nuestra tradición literaria, he aquí el libro que hacia falta, pues ahora, desde la contemporaneidad, se arroja nueva luz para entender no sólo lo que fue la vida, el amor y la obra poética de Fidela—reivindicada aquí por el derecho que le dan sus versos— , sino para conocer también el entorno de lo que fue nuestro romanticismo con poetas y dramaturgos tan injustamente ignorados y tan importantes como fueron Manuel Ruiz Gandía y José Benigno Balseyro, José Limón de Arce, Juan Zacarías Rodríguez, Francisco Pérez Freytes, José Clivillés Valencia y José Machiavelo, que vinculados a la vida de Fidela asoman aquí contra el silencio y la común dejadez de nuestras instituciones culturales. ¿Quién nos prohíbe nombrarlos? ¿Qué impide reevaluar y reconocer sus méritos? 
            En el caso de Fidela, lo que nos presenta Haydée de Jesús y Ernesto Álvarez no es tan sólo la historia, la poesía y las relaciones de esta poeta con los escritores de su tiempo, sino su carácter, su actitud creativa, el discreto modo de asumir sus convicciones, enfrentando siempre con callado valor, los desengaños y dobleces que el amor y las dolorosas experiencias de la vida provocan. Éstas posiblemente hayan sido algunas de las razones que guiaron a Haydée y a Ernesto Álvarez a rescatarla para las nuevas generaciones. Es decir, señalar el perfil literario y humano de una de nuestras importantes escritoras marginada más de un siglo por la crítica, y para darnos una visión a la altura de lo que amerita su vida y su obra. Oigamos lo que nos dice Álvarez respecto a la elaboración de este libro: “Toda nota en torno a la biografía de Fidela no da sino datos escuetos de su vida. Nuestra labor ha consistido en ir llenando esos extensos vacíos con material poético surgido de la propia creación de la escritora y la inclusión de testimonios en prosa y verso de sus contemporáneos.  Sólo así se ha podido reconstruir esta vida ejemplar para que los lectores de hoy tengan idea de su alto valor en la historia de nuestras letras patrias.” (p. 289). Pero entiéndase con esto que en cierto modo, lo que han hecho Haydée y Ernesto Á1varez —posiblemente sin proponérselo— es obligarnos a reevaluar las obras, los escritores, las circunstancias y contrastes que sustentan nuestras tradiciones literarias.
             Nada hay aquí en este libro que parezca fuera de lugar porque el sentido de lo que se dice está representado con situaciones concretas, vistas a la luz de las mismas experiencias de los poetas o indagadas en el contexto de sus propias composiciones como es el  caso de los poemas de  Fidela y Gautier. Ambos cubiertos bajo el sutil empleo de los seudónimos, Gustavo y Luisa. Ambos traspasados por una pasión que encarna inequívocamente algo más que unas discretas palabras o unas furtivas miradas de amor. Los motivos que arrojan luz sobre los poemas de ambos escritores, y las imágenes que iluminan las dolorosas batallas del corazón contribuyen a proyectar esa realidad amorosa. Por otra parte, la prosa y la poesía de escritores vinculados a la poeta, ha sido también un material importante para desentrañar la historia y el perfil humano de Fidela. De ahí que los secretos signos de un amor que un día fue algo más que una pasajera ilusión, resalte ahora a nuestra vista con la certidumbre de que no todo el pasado queda en el olvido. Gracias a la sensibilidad y la inquietud de Haydée de Jesús y Ernesto Álvarez, hoy la distante casa del romanticismo de las postrimerías del siglo XIX adquiere un sentido más justo y humano. En Fidela… encontramos más amplio y luminoso el sentido que resalta lo fundamental de nuestra historia literaria. Sé, y me atrevo a pensar, que aparecerán otros estudiosos guiados por la misteriosa llamada de su vocaciones que, despojándose de los prejuicios que subyuga la intuición, irán redescubriendo otras voces para el bien de la literatura puertorriqueña.  
       Fidela: Vida, tiempo y poesía de Fidela Matheu y Adrián es un estudio amplio y comprensivo, una importante aportación a nuestras letras. Un libro que hay que tener presente pues define ciertas realidades. Sugiere que la poesía no es el patio de unos pocos, y que la realidad es mucho más profunda y compleja de lo que pensamos. Por eso, al asomarnos a sus páginas parece que el mismo fuego intelectual que habitó en José Limón de Arce (escritor arecibeño) animó a Ernesto Álvarez a decir unas cuantas verdades, minucias deslumbrantes, casi nada y casi todo, convertir el pasado en cántico de vida, para vivir la historia (no la que excluye), para mirar allí en la orilla donde se desvanecen las diferencias de clase, el orgullo y la fama, el rostro sereno y silencioso de Fidela. 

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