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Archive for 16/04/10

Continúan las preguntas a VerbiClara, esta vez la interrogante es si las formas verbales hubieron y habemos están bien utilizadas.

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En primer lugar, la forma verbal habemos no existe, si quiero expresar que hay tantas personas, conmigo incluida, debo decir: Somos cinco en el departamento, Estamos dos hospitalizadas.

En cuanto a hubieron, copio esta respuesta de la Real Academia Española que se encuentra en: Respuestas a preguntas más frecuentes

Hubieron
 
La forma verbal hubieron es la que corresponde a la tercera persona del plural del pretérito perfecto simple o pretérito de indicativo del verbo haber: hube, hubiste, hubo, hubimos, hubisteis, hubieron.
 
USOS CORRECTOS:
  Esta forma verbal se emplea, correctamente, en los casos siguientes:
• Para formar, seguida del participio del verbo que se está conjugando, la tercera persona del plural del tiempo compuesto denominado pretérito anterior o antepretérito de indicativo: hubieron terminado, hubieron comido, hubieron salido. Este tiempo indica que la acción denotada por el verbo ha ocurrido en un momento inmediatamente anterior al de otra acción sucedida también en el pasado: Cuando todos hubieron terminado, se marcharon a sus casas; Apenas hubieron traspasado el umbral, la puerta se cerró de golpe. En el uso actual, este tiempo verbal aparece siempre precedido de nexos como cuando, tan pronto como, una vez que, después (de) que, hasta que, luego que, así que, no bien, apenas. Prácticamente no se emplea en la lengua oral y es hoy raro también en la escrita, pues en su lugar suele usarse, bien el pretérito perfecto simple o pretérito de indicativo (Cuando todos terminaron, se marcharon a sus casas), bien el pretérito pluscuamperfecto o antecopretérito de indicativo (Apenas habían traspasado el umbral, la puerta se cerró de golpe).
• Como forma de la tercera persona del plural del pretérito perfecto simple o pretérito de indicativo de la perífrasis verbal haber de + infinitivo, que denota obligación o necesidad y equivale a la más usual hoy tener que + infinitivo: El director y su equipo hubieron de recorrer muchos lugares antes de encontrar los exteriores apropiados para la película.

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USO INCORRECTO:
• No se considera correcto el uso de la forma hubieron cuando el verbo haber se emplea para denotar la presencia o existencia de personas o cosas, pues con este valor haber es impersonal y, como tal, carece de sujeto (el elemento nominal que aparece junto al verbo es el complemento directo) y se usa solo en tercera persona del singular. Son, pues, incorrectas oraciones como Hubieron muchos voluntarios para realizar esa misiónNo hubieron problemas para entrar al concierto; debe decirse Hubo muchos voluntarios para realizar esa misión o No hubo problemas para entrar al concierto.

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Más allá de caricaturas telenovelescas, la historia de los gitanos que llegaron a estas tierras pudiera ser una hermosa fábula de amor y constancia. Descendientes de estos nómadas, asentados para siempre en Cuba, conversan con JR

Por Amaury E. del Valle (Juventud Rebelde)

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Anochecía en el campamento. Parizza miraba inquieta una y otra vez hacia fuera de la tienda. ¿Pero qué le pasa a esta hommí (mujer) que está tan inquieta?, preguntó el viejo Burtia a su mujer Terca, quien a esa hora terminaba de cocer la comida del día, antes de salir de nuevo para la feria.
Parizza, la más pequeña de todos los hermanos, cada uno nacido en un país diferente, casi siempre la acompañaba hasta la carpa donde un gran letrero anunciaba que allí se desentrañaba el misterio de la suerte futura, para todo aquel que por la palma de su mano o las cartas quisiera conocer qué le deparaba el mañana.
Pero aquella noche sería diferente. En plena madrugada, cuando todos en el campamento dormitaban, en especial los hombres después de un fatigoso día frente a la fragua, la pequeña Parizza, de solo 15 años, ató unas pocas ropas y prendas, se quitó los collares y aretes para no hacer ruido, y salió en medio de la noche a lo desconocido.
Pocos metros más allá, en plena oscuridad, un auto la esperaba con el motor encendido. Parizza y Rogelio se fundieron en un largo abrazo, y la muchacha dejó escapar alguna que otra lágrima, sabiendo que la decisión tomada por amor, la alejaría para siempre de su tribu, de los gitanos Cuik.

MONTESCOS Y CAPULETOS TROPICALES

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La historia de Rogelio Sandín y Parizza Cuik merece algo más que un intento fallido a todas luces de dibujar con trazos grotescos el quehacer de los gitanos en Cuba, cuya influencia va mucho más allá de un simple pincelazo de folclor en el siglo pasado.
Sí. Los gitanos sí estuvieron en Cuba. Y todavía están.
Desandando la trama de su presencia en la Isla, tropezamos con algunos descendientes de ellos, quizás los únicos de esos constantes nómadas, vilipendiados por muchos, pero que en realidad son hombres y mujeres trabajadores, amantes de los suyos, con un gran sentido de la unidad, cuyo único defecto, si así puede llamársele, es poner su honor y la fidelidad a los suyos por encima de todo.
La historia de Parizza y Rogelio, como dijera una vez el escritor Leonardo Padura, asemeja más a una saga del medioevo que a un suceso real acontecido en el siglo pasado, cual si en suelo tropical los caprichos hubieran querido repetir la historia de los Montescos y los Capuletos, esta vez con un toque gitano, español y tropical.
Él, nacido en Benavente, España, criado muy cerca de gitanos y con ganas de ser maestro, un día partió hacia Cuba en busca de buena fortuna y con solo 50 pesetas en el bolsillo.
Ella, de sangre gitana y nacionalidad inglesa por su partida de nacimiento, conoció al joven Sandín en España, apenas una niña, pero la constante movilidad de su gente, un día aquí y otro allá, la alejó de él y la trajo a América, donde después de andar por varios países, llegó a Cuba con los suyos a probar fortuna.
Quiso el destino que Parizza y Rogelio volvieran a encontrarse en la Perla del Caribe, que su padre y hermanos miraran con desconfianza a Rogelio, el joven gazyó, como le decían a quien no era gitano, que este la siguiera hasta Matanzas y encontrara amigos que le ayudaran, para que al final el rapto fuera la única solución para consumar su amor.
Parizza, después de esa noche, se vistió de gazyí (mujer no gitana), se cortó las trenzas, escondió los aretes y collares. El viejo Burtia, por su parte, hombre conocedor del mundo, viajante en más de 20 países y que hablaba ocho idiomas a pesar de no saber leer ni escribir, tampoco se cruzó de brazos y pidió ayuda a las autoridades para castigar al osado joven. Y Rogelio, caballero al fin, se presentó ante Burtia y Terca para pedir la mano de Parizza.
Aunque aparentemente los gitanos aceptaron a regañadientes la unión de la muchacha con un gazyó, en realidad no retiraron la denuncia, y cuando el campamento partió en busca de otros trabajos, la guardia rural se personó para aprehender a Rogelio. Sin embargo, este, sabedor de las mañas gitanas, había pedido a un amigo que ocupara su lugar, mientras él escapaba nuevamente con su amada a un sitio desconocido.
Pasarían meses antes de que el testarudo Burtia y su esposa Terca aceptaran lo inevitable, en parte impotentes ante la resolución de la hija, y en parte ablandados por la certeza de que el vientre que veían crecer sería —quisieran o no— su nieto, fruto de la unión de una gitana con un gazyó.

LOS GAZYÓ Y LAS GAZYÍ

Sentados en casa de Rogelio Sandín degustamos la historia de su abuelo y abuela, junto al mayor de los hijos, su hermana Natasha y la madre de ambos, Zenaida Hernández. Esta última, también gazyí, en su momento se casó con el hijo de Rogelio y Parizza, desafiando las costumbres y aprendiendo a hacerse querer por los gitanos.
“Es que hay mucha fábula alrededor de ellos, dice Zenaida. Los gitanos no son ni ladrones ni delincuentes. Siempre han sido una tribu nómada, discriminada en muchos lugares, pero que se gana el pan honradamente: los hombres, con su trabajo como paileros, gracias al dominio de los metales y en especial del bronce; y las mujeres adivinando la suerte con las cartas o leyendo la mano”.

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De la familia Cuik hoy solo quedan dos ramas en Cuba, los descendientes de Rogelio y Parizza, y los de Yanko, el hermano de Parizza, quien también se asentó en la Isla para echar raíces hasta el final de sus días. “El resto ha ido emigrando”, me cuentan Rogelio y Natasha.

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