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Archive for 23/11/10

Me avisa Arístides Vega Chapú, divulgador del Centro Provincial del Libro y la Literatura en Villa Clara, que en el día de ayer, 22 de noviembre, se clausuró la jornada literaria que celebró la Asociación Hermanos Saíz de Cienfuegos con vistas a conmemorar el aniversario 14 de la creación de su proyecto editorial Reina del Mar.

jaque-de-caballo.jpg

El jurado del Premio Nacional de la Joven Poesía 2010 destacó como finalistas con recomendación de ser publicadas: Tiempo de cosecha, de Sergio García Zamora, y La marcha de la nada, de Alain Alba; ambos, villaclareños.
El jurado lo integraron Oscar Cruz (Santiago de Cuba), Farell Bofia (Matanzas) y Ricardo Alberto Pérez (La Habana).
La noticia la divulgó Ián Rodríguez Pérez, director del Centro de Investigación y Promoción Literaria Florentino Morales, de l a perla del Sur.

Vea sobre Sergio García Zamora:

El misterio de la memoria calcinada: Sergio García Zamora

El poeta en la calzada, de Sergio García Zamora

El que se ha dispuesto a afilar tijeras

Sergio García Zamora en La Décima es un Árbol

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Carlos Manuel de Céspedes, nuestro Padre de la Patria, además de luchar por la independencia de Cuba, también se destacó como hombre de letras, y escribió varias poesías, como esta:

AMOR CALLADO

silencio1.jpg

Más bella es la mañana,
un sol más puro el horizonte dora,
cuando ligera, ufana,
gentil y seductora,
al prado vas, lindísima cubana.

Tu rostro peregrino,
tu talle esbelto que la brisa ondea,
ese fuego divino
que vivo centellea
en tus ojos al rayo matutino:

Y ese pie que liviano
la verde yerba y margaritas huella,
y tu artística mano
la gracia que destella
todo tu ser, querube americano;

Esa aureola ardiente
que en torno te rodea esplendorosa
¡oh, estrella refulgente!
¡oh, purpurina rosa!
¡oh, azucena del trópico inocente!

Cual palma en la pradera,
flexible, airosa, tu cintura meces:
de nuestra edad primera
una ilusión pareces:
¿quién no ha de amarte, virgen hechicera?

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Varios lectores me han preguntado: ¿Cómo está correcto, parduzco o pardusco? ¿Cómo se dice verduzco o verdusco? Muchas veces dudamos cuando vamos a escribir la palabra que define cuando algo tira a determinado color o es del color de algo. A veces está aceptada por la Real Academia de dos formas. ¡Nuestra lengua española es tan rica! Solamente puse la acepción correspondiente al color. Veamos algunas:

arcoiris_by_edarel256.jpg

acaramelado, da.
1. adj. Que tiene el color propio del caramelo (‖ azúcar fundido). Ojos  acaramelados. Tonalidad acaramelada.

acarminado, da.
1. adj. De color carmín o que tira a él.

amarilloso, sa.
1. adj. amarillento, ta.
1. adj. Que tira a amarillo.

amarronado, da.
1. adj. De color semejante al marrón2. (2. adj. De color marrón.)

melcochado, da.
(Del part. de amelcochar).
1. adj. Am. De color rubio.

amoratado, da.
(Del part. de amoratarse, cat. morat).
1. adj. Que tira a morado.

naranjado, da.
1. adj. De color semejante al de la naranja. U. t. c. s.

asalmonado, da.
2. adj. De color parecido al salmón.

aturquesado, da.
(De turquesa2).
1. adj. De color azul turquí.

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Es gratificante encontrar un análisis de los cuentos de nuestro Onelio Jorge Cardoso. Nuestro por que es cubano y porque es villaclareño. Y digo es porque siempre será. Mónica Mansour, escritora e investigadora mexicana [nacida en Argentina], hace un estudio pormenorizado de relatos del Cuentero Mayor. Encontrarán aquí sobre: El caballo de coral, Leonela, Un poco más allá, In memoriam, Taita, diga usted cómo, Caballo, La melipona, Los nombres, La noche como una piedra, El cuentero, Los sinsontes, Algunos cantos del gallo, Francisca y la muerte.

EL CUENTISTA DE LOS CUENTEROS

¿Qué sucede, pues, en los cuentos de Onelio Jorge Cardoso, que tienen cuentista, cuentero y oyente dentro del cuento mismo? Se suele decir de ellos que son poéticos, que transmiten una suerte de magia a través de su lenguaje.

Mónica Mansour | Argentina

onelio.jpgUna vez hubo un hombre por Calabazar de Sagua o por La Habana, que le nombraban Onelio Jorge Cardoso y que era de pluma fina para contar cosas (…) Tenía los ojos negros y movidos, la boca fácil y la cabeza llena de ríos, de montañas y de hombres.”
Claro, éste es un plagio con ligeras variantes: no sólo lo confieso sino que me precio de él, de poder utilizar tan atinadas palabras de un cuentista y cuentero para describirlo a él mismo. Uno de los más importantes exponentes del cuento cubano  ―por no decir hispanoamericano, en general―, Onelio Jorge Cardoso también ha escrito crónicas testimoniales, una muestra más de su conocimiento de la tierra y de la gente de su país. Toda su obra gira en torno al hombre de campo o de provincia, su  medio, su filosofía, sus costumbres y problemas, desde los más íntimos hasta los sociales, morales, comunitarios, es decir, sus hambres.
Lo que no resisto es el pan escaso, ni tampoco me resigno a que no se converse de cosas de cualquier mundo, porque yo no sé si pasó galopando bajo el “Eumelia” o si lo vi solo en los ojos de él, creado por la fiebre de su pensamiento que ardía en mi propia frente. El caso es que mientras más vueltas les doy a las ideas más fija se me hace una sola aquella de que el hombre siempre tiene dos hambres.

“El caballo de coral”


El hambre del pan escaso puede resolverse con el trabajo dentro de un sistema socioeconómico justo y honesto. La otra hambre puede resolverse con ayuda del escritor, del cuentista o cuentero, digamos con la ayuda de unas páginas de Cardoso: Con qué agilidad, preciso, certero, Onelio Jorge Cardoso “sacaba la palabra del saco de palabras suyas y la ataba en el aire” o en la página para incorporarnos a un mundo nuevo; bueno, tal vez el mismo mundo pero visto de otra manera, “y aquello cautivaba…”

El mundo es el del hombre común, campesino, carbonero, pescador, o el mundo del niño antes de llegar a ser esos hombres. Los cuentos describen  ―o transcriben― anécdotas realistas, verosímiles, de estos personajes cotidianos y más o menos pobres. Suelen ser descripciones de la circunstancia de alguno de ellos, de su vida, de su muerte, reproducidas a través de diálogos sencillos, de un vocabulario conocido.

Pero siempre por detrás de esos diálogos hay un narrador que “saca las palabras del saco de palabras suyas” y ata cada diálogo con los personajes que los enuncian; y es allí donde nos cautiva. Entre uno y otro parlamento de los personajes hay una descripción del espacio, del tiempo, del gesto preciso que absorbe las palabras dichas dentro de un mundo de otras palabras, un mundo inmediato y trascendente a la vez, magia de lo vivido junto a lo recordado. Por ejemplo, un personaje-teniente, por más señas  ―dice a un viejo campesino, quien se ha negado a cumplir el “favor” de matar a un tercero: ” ―Guadalupe, si un día me necesita, aunque mate a un hombre, vaya a verme.”

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