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Archive for 7/12/10

El 7 de diciembre de 1896, en el combate de San Pedro contra una columna del comandante Cirujeda, cayó combatiendo por la independencia de Cuba el Titán de Bronce: el lugarteniente general del Ejército Libertador Antonio Maceo y Grajales. Muchas batallas libró durante dos guerras, la de los Diez Años (1868-1878) y en la de Independencia (1895-1898), y en ellas, fue herido muchas veces, de ellas, 25 de gran importancia, y la fatal, la número 26.
Este artículo de Juan Morales Agüero, publicado por el periódico 26, de Las Tunas, profundiza en el tema:

LAS HERIDAS DE MACEO

Por Juan Morales Agüero

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Foto tomada de La Jiribilla


La historia de las guerras no es pródiga en nombres de soldados que hayan recibido en sus anatomías 26 heridas de campaña. Los cubanos tenemos uno glorioso: Antonio Maceo Grajales. O, si lo prefiere, el Titán de Bronce, como tan acertadamente lo bautizó en la manigua su compañero de armas y de ideas, Manuel Sanguily.

Fue Maceo uno de esos hombres que solo nacen de vez en vez. Su valor rozaba la temeridad, y ni aun en las más difíciles circunstancias solicitó ni confirió tregua a sus enemigos. Durante la Guerra de los 10 Años fue herido 21 veces en más de 800 combates. En ningún caso se permitió el héroe estar demasiado tiempo en cama. De bronce era, efectivamente.

Solo en uno de sus tantos combates —Mangos de Mejías— recibió Maceo ocho impactos de bala. Cinco le perforaron el pecho bravío. Otros tres le alcanzaron la mano derecha, la del revólver y el machete. Otro cualquiera hubiera desfallecido. Maceo, no.

Convaleciente aún de sus lesiones, supo que su pequeña tropa era acosada por una partida española. Con dificultad consiguió erguirse de su camilla. Momentos después, montaba en su caballo y se ponía a salvo de sus perseguidores.

En Costa Rica, una puñalada traidora casi lo aniquila. Logró sobrevivir. Otros cuatro disparos hicieron diana en su cuerpo en la gesta del 95. La historia de Punta Brava todos la conocen. Dos plomos españoles se salieron con la suya. El bronce quedó para estigmatizar en lienzo y mármol al coloso.

HERIDAS  RECIBIDAS

1- Combate de Michoacán (enero 16-1896)
2- Acción del Ingenio Armonía (mayo 20-1896)
3- Majaguabo Arriba (julio 2-1870)
4- San Rafael (julio 25-1870)
5-  Majaguabo Arriba (octubre 2-1870)
6- Nuevo Mundo (diciembre 28-1870)
7 y 8- La Matilde (enero 16-1872)
9- Tiguajabos (enero 24-1872)
10- Acción del Ingenio Santa Fe (noviembre 2-1872)
11- Combate de Las Guásimas (marzo 15-1874)
12 a 19- Combate de Mejías (agosto 7-1877)
20- Vereda La Juba (febrero 8-1878)
21- Combate de Juan Criollo (febrero 12-1878)
22- San José, Costa Rica (noviembre 10-1894)
23- Combate de Río Hondo (febrero 7-1896)
24- Combate de Las Lomas de Tapia (junio 23-1896)
25 y 26- Combate de Punta Brava (diciembre 7-1896)


Sobre Antonio Maceo:

El ejemplo de los generales Antonio Maceo y Ramón Leocadio Bonachea

 

Cómo murió Antonio Maceo

 

 

Poemas dedicados a Antonio Maceo:

 

San Pedro, de Rubén Martínez Villena


Décimas a Antonio Maceo, de Antonio Guerrero

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EFE

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Herramientas. Foto tomada de El País

El diseño de las herramientas de piedra comenzó hace más de dos millones de años con lascas muy primitivas y culminaría hace medio millón de años en hachas elegantes y perfectamente afiladas.
«Ha sido objeto de amplios debates entre los arqueólogos por qué se tardó tanto en desarrollar herramientas más complejas. ¿Se debió a la insuficiente destreza manual o es que no éramos lo suficientemente inteligentes para pensar en técnicas mejores?», afirma Aldo Faisal, neurólogo del Imperial College londinense.
Un equipo dirigido por ese científico investigó la complejidad de los movimientos de la mano en la producción de réplicas de herramientas de piedra de distinto grado de complejidad y ha publicado los resultados del estudio en la revista científica PLoS ONE.
Con un guante equipado con sectores electrónicos para registrar los movimientos de la mano, Bruce Bradley, arqueólogo de la Universidad de Exter, se encargó de hacer primero una lasca afilada y luego un hacha mucho más compleja.
Así pudo comprobarse que los movimientos de la mano necesarios para fabricar un hacha no eran más difíciles que los requeridos para hacer una lasca primitiva, lo que parece indicar que nuestros antepasados estaban más limitados por la inteligencia que por la destreza manual.
Los humanos primitivos eran capaces de hacer lascas de piedra, pero éstas eran tan delgadas que podían romperse fácilmente con el uso.

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