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Archive for 6/01/11

Por Alexis Shlachter

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Los hispanos llamaron Amazonas al río recordando un
quimérico pueblo de mujeres guerreras de origen griego.


No dejan de ser curiosos los nombres de algunos puntos de Nuestra América. Porque la fantasía ha jugado un papel importante. Veamos un ejemplo…

El Amazonas, segundo río más largo del planeta, no tiene nombre autóctono sino de origen griego. Comenzó a gestarse en 1541 cuando el explorador hispano Francisco de Orellana navegaba por el Río Napo. La nave de Orellana fue arrastrada por una poderosa corriente que la llevó, inesperadamente hacia el cauce de un gigantesco y desconocido río. En sus márgenes encontraron una aldea de mujeres guerreras quienes hicieron frente a los expedicionarios españoles. Asombrados, los hispanos llamaron Amazonas al río recordando un quimérico pueblo de mujeres guerreras de origen griego. La fábula griega refiere que las amazonas se cortaban el seno derecho para facilitar el manejo del arco durante las batallas. En griego, amazonas quiere decir, precisamente, sin seno. Y así, el río más importante de Nuestra América recibió un nombre proveniente de Grecia. Con sus cientos de afluentes, el Amazonas recoge las aguas de una cuenca que supera los 6 100,000 kilómetros cuadrados, la mitad perteneciente a Brasil y el resto repartida entre Perú, Ecuador, Bolivia y Venezuela. Se estima que el Amazonas descarga entre 34 y 121 millones de litros de agua por segundo y deposita, diariamente, unos tres millones de toneladas de sedimentos cerca de su desembocadura. Los aportes anuales del río suman una quinta parte del agua dulce que desemboca en los océanos en todo el mundo.

Fijemos ahora nuestra atención más al sur de Nuestra América donde se encuentra Uruguay. En 1726 los españoles fundaron allí una ciudad con nombre muy largo: La muy fiel y reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo. Existen dos versiones muy interesantes acerca del origen del nombre de la capital uruguaya. Los invito a conocerlas.

En 1528, cierta expedición navegaba por el sur del continente americano. Desde las naves sólo se divisaba una extensa llanura en el territorio de la actual capital uruguaya. De pronto, un grumete portugués vio en la lejanía una pequeña elevación que le pareció mayor por el contraste con la extensa planicie. El muchacho, emocionado, comenzó a gritar en portugués UN MONTE VIDE EU, es decir, UN MONTE VI YO. Los marinos españoles, en tono de broma, imitaron las palabras del portuguesito y repitieron jocosamente: Montevideo… Montevideo.

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José Claudio Sanguinetti Gambaro me ha enviado este poema de su coterránea Clara Silva con el siguiente texto:

Cuenta una leyenda que un marinero portugués que venía con J. D. de Solís gritó al ver el “cerro”: “Monte Vide Eu”. Pero, la realidad nos dice que el nombre se sacó de la bitácora donde se anotó en números romanos “Monte Sexto [VI] de Este a Oeste”, o sea MONTEVIDEO.

MONTE VIDE EU
(Clara Silva, Montevideo 26 de octubre de 1976), Diario “El País” (Montevideo – Uruguay)

Cerro de Montevideo

Cerro de Montevideo.

Es ésta mi ciudad,
Éste su río
Como mar abierto.
Más que habitar la vivo.
Integro sus espumas
Su carne
Su pampero
Su desatado amor en mi cintura.

Estoy viva en su tiempo
Hasta los tuétanos metida.
Tiempo de estar
Y de no estar,
Sin tiempo.
Y de entrar en el polvo
Que  sus calles precipitan.

La pierdo en la esperanza
La encuentro en el olvido.
Me llama
Me rechaza
Entre gritos, papeles, transistores,
Su suplemento de tensión y alambre.
Su gesto de clamor
Huecograbado.

Va delante mí
Yo voy delante.
En una encuesta de sucesos ciegos,
Voy detrás de su sombra
Que es la mía,
En torno al muro
De un jardín de sombras.
Crece en gris,
En antenas,
En vacíos.
La construye el cemento,
La destruye el cemento.
Sobre el aroma antiguo de sus quintas,
Sobre sus solitarios miradores.
El arrabal la llora
En un tango,
Y sale al aire
Con una cara nueva cada día
Su cabellera de sonidos
Nueva.

Es su hora
Mi hora,
La de ahora y la de antes.
Su lucha por el pan
Y por el vino,
Y su destino
Que no alcanzo.

Es ésta mi ciudad,
Ésta mi vida
Beso la boca que parió su nombre.
Su “Monte vide eu”,
Grito lejano
Desde un mástil fantasma
Marinero

Clara Silva
(Montevideo, Uruguay 1905-1976)

Clara Silva. Óleo de Petrona Viera

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El crítico y ensayista cubano Rufo Caballero murió aquí a los 45 años, víctima de un infarto cardíaco.

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Su deceso tuvo lugar la víspera, confirmaron fuentes familiares, y sus restos mortales serán incinerados.
Nacido en 1966, dejó tras sí una densa obra ensayística de hondo calado, a menudo polémica, que abarcó diferentes campos como el cine, las artes plásticas y la música.
Doctor en Ciencias sobre Arte y profesor titular de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, analizó a fondo los medios audiovisuales desde el periodismo impreso y televisivo.
Entre sus libros destacan Un hombre solo y una calle oscura. Los roles de género en el cine negro, editado por el sello de la Unión de Escritores y Artistas y Cine latinoamericano: Un pez que huye, impreso por la Fundación Autor 2005 y la casa editorial cubana Arte y Literatura en 2007.
Merecedor de numerosos premios y distinciones, entre estos figuran el de Ensayo Hispanoamericano Lya Kostakowsky, el de Ensayo sobre Cine en Iberoamérica y el Caribe y el Premio Nacional de la Crítica. En 2003 recibió la Distinción por la Cultura Nacional.

(Con información de Prensa Latina)

Cubadebate

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