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Archive for 15/01/11

Pablito Milanés cantó esta noche en la Plaza Che Guevara. Mucho frío, ¡pero tremendo calor humano!
Rayma Elena Hernández y Carolina Vilches Monzón nos recrean el momento:

PABLO, SANTA CLARA Y UN DIARIO ABIERTO

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14 de enero de 2011. Santa Clara anota la fecha en su diario. ¡Pablo Milanés canta en la Plaza del Che! «Después de tantos años de involuntaria ausencia…», dijo el cantor, y la música cortó el hielo de la noche para hacernos cómplices del reencuentro: …No tengo que temer, / nuevos fracasos / siempre habrá un espacio / para recomenzar.
Recomenzar es, justamente, lo que viene haciendo el trovador bayamés desde que en noviembre, por la provincia de Guantánamo, inició el recorrido por toda la Isla, que retomó en enero en Ciego de Ávila. ¡Veinte años sin que su Yolanda viajara tarareada por toda Cuba!

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Dos décadas que aquí en Santa Clara no fueron, porque, aunque no estuvimos muchos para recordarlo, en enero de 1995, Pablito había cantado en el estadio «Sandino», en el penúltimo concierto de una gira en honor al Maestro José Martí, que no lo llevó a todas las provincias, pero sí lo trajo a la capital del centro.

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Y este 14 de enero, con un frío que se le parecía a aquel, temí que Pablo no encontrara el calor necesario para congratular este esfuerzo mayúsculo a su edad, que el 24 de febrero será de 68 años. Temía, por este invierno, y porque, cronológicamente, Yolanda es una canción que ya pertenece a los abuelos, a los padres… Porque Para mover su mundo, Fuego en la piel y No ha sido fácil fueron temas de seriales que no alcanzaron a ver muchos jóvenes que este viernes serían público mayoritario en la Plaza del Che.

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Temía porque para la mayoría de los abuelos, de los padres y de los nietos, es realmente un Regalo el disco que Pablo grabó hace tres años, con títulos como Diario de Mauricio y Matinal, que se vienen revelando a Cuba como nuevos.
Pero llegó el viernes, un día más sin descanso después del jueves en Sancti Spíritus. Solo un cantante gigante, podía escucharse grande en una noche fría, en que a cualquiera la voz se le pondría pequeña.

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Y Pablo, una vez más lo fue, sorteando con maestría los tonos mayores a los que nos acostumbró su enorme voz de siempre. Así nos llegó el poema Canción, de Nicolás Guillén, que por él conocemos como De qué callada manera, y le siguieron Si ella me faltara, Mi primer amor, Ámame como soy, Años, Para vivir.
Y, de repente, el abuelo, el padre, el nieto… todos estábamos coreando canciones que, ya lo creo, no tienen edad, aunque el tiempo pasa… Así, El breve espacio en que no estás borraba las décadas de ausencia, cuando antecedió al Yo no te pido con que Santa Clara despidió al trovador.

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14 de enero. Escribió la Ciudad del Che en su diario, casi a 16 años de aquel encuentro en el «Sandino». Pablo Milanés cortaba el hielo de la noche, con un lirismo y musicalidad reforzados durante muchos años por el saxo de Germán Velazco, el piano de Miguel Núñez, los teclados y el violín de Dagoberto González, y virtuosa percusión de Eugenio Arango, a los que se unen el bajo de Luis Ángel Sánchez y la batería de Osmani Sánchez.
Ellos en el escenario, y todo un equipo de trabajo propio y del Ministerio de Cultura, al que el trovador agradeció la posibilidad de este reencuentro.

También allí, un público en representación de una ciudad que le agasajó con obras de arte y hasta con un bonsái de 20 años, que le entregó con la esperanza de que, esta vez sea más breve el espacio en que le esperemos.

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Y cuando vuelva, de seguro todos volveremos a cantar Yolanda, y tal vez no sea tan desconocido aquel Diario de Mauricio en el que nos canta
Cómo se me fue
el tiempo…
14 de enero de 2011. Pablo Milanés tu diario en Santa Clara sigue abierto. 

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Santa Clara, pródiga en poetas y poesía, se vanagloria de que el verso fluya en ella, desde ella, para ella, a partir de sus hijos, nacidos aquí o adoptados. Esta vez les presento este artículo de Carmen B. Sotolongo Valiño:

SANTA CLARA Y LA POESÍA

  Santa Clara, quién te viera si por tus calles pasara
y a la Pastora me fuera a misa de madrugada.

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Niño de la Bota Infortunada, Santa Clara.
Foto: Carolina Vilches Monzón

Santa Clara es un cruce de caminos al centro de la Isla; lejos del mar, lejos de la montaña. Una ciudad pobre, de pobre arquitectura, deslucida, rodeada por la sabana y los marabuzales. Mirada desde arriba —digamos desde el Hotel, todavía su más “alto” edificio— semeja un bosque en medio de un páramo, tantos son los árboles sembrados a lo largo de las generaciones, en jardines, patios y traspatios, solares yermos, parquecitos, algunas calles con ínfulas de avenidas, orillas de arroyuelos y alcantarillas. Los árboles atraen la lluvia: en Santa Clara siempre llueve, exactamente sobre el modesto entramado urbano, pudriendo las maderas de sus techos, acelerando la fuga de sus ruinas. Cualquier pueblo de la provincia pudo tener más esplendor, mayor belleza, Caibarién, por ejemplo, Sagua la Grande. No es colonial, como la octava villa de Remedios, su célula madre, sino superpuesta, porque sobre sus partes antiguas se volvió a construir, demoliendo. Apenas hay algo que mostrar a quienes nos visitan, acaso sea esta la culpa pagada por caminar —con sacrílega ignorancia— sobre los cimientos de la primitiva Parroquial, sepultados bajo el parque Vidal republicano. Ni siquiera tiene tradiciones verdaderamente arraigadas: es lugar de tránsito; una gran masa de población flotante abarrota su precaria infraestructura; gentes que se empujan e impacientan en estrechas aceras de casas sin aleros, sin protección bajo el sol implacable. El santaclareño, nativo, de adopción o transitorio, siempre anda caminando por las calles, ante el furor de los conductores de vehículos. Alrededor del parque o en sus cercanías. Para él sólo existe lo situado en un radio de cuatro a siete cuadras a partir de la glorieta, donde toca por las tardes la Banda Municipal. Todo intento urbanístico de sacar su centro hacia las periferias está condenado al fracaso. Es, por definición, una ciudad alrededor de un parque.(1)

(En el Café Literario trato de explicar al joven narrador Idalberto Machado que no tengo una cabal respuesta para su pregunta: ¿por qué es esta una localidad de escritores, mayormente de poetas?, o, para plantear el caso con las palabras de Ricardo Riverón: Un punto en la geografía poética cubana.)

La Dra. Elena Yedra afirmaba que el proceso de conformación de nuestra modesta urbe, fundada el 15 de julio de 1689, era el de la típica “ciudad letrada” de provincias; quizás un arquitecto la llamaría “ciudad escritorio”. El otorgamiento del título— superación del estatus de Villa— muchas veces denegado, y ocurrido tardíamente en 1867, consolidó las relaciones interregionales y territoriales desde su reconocida y ventajosa posición geográfica.(2) Urbe “letrada”, es decir, asiento de una élite intelectual fuerte y donde se tramitan y resuelven cuestiones jurídicas, localidad de abogados y de escuelas, y, con el tiempo, de Academia de Ballet, de Artes Plásticas, Taller de Escultura, Escuela Normal para Maestros —en la que ejercieron figuras de la talla de Emilio Ballagas y Juan Marinello, y donde ocurrió la increíble aventura de los murales vanguardistas—,(3) Instituto de Segunda Enseñanza, Universidad Central de Las Villas. Capital de una provincia visitada por grandes escritores y artistas, centro de tertulias, Liceos, y veladas, y de muchas revistas artístico-literarias.

La Isla en el centro, se denominó un dossier de poetas villaclareños publicado a fines del siglo pasado. En su introducción, Omar Valiño precisaba: Ya se ha dicho que Santa Clara es típico cruce de caminos entre Oriente y Occidente, lugar donde se entiende bien a unos y otros. (…) de donde se explica que, a falta de riquezas materiales y atractivos físicos y naturales, sea aquel diálogo escondido en su gente el tesoro de sus reales coordenadas; verdadero motivo por el cual se recuerda a una ciudad y por el cual se retorna a ella. Tal vez por eso haya sido motivo y espacio para la poesía, aún de aquella no escrita allí mismo, pero que encuentra su cauce, su existencia más conocida, gracias a ella.(4) Sumaba a su atractivo la vocación cosmopolita e intelectual. Sí, tal vez por eso.

(más…)

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