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Archive for 28/07/11

Abel Santamaría, de René Mederos.

 

Miras, Abel,
sin ojos en la tierra.
Tu mirada viene de lo que no abandona la belleza.
Aquí está derramada
como cuidando el sesgo de tu isla,
la lucha del mar por sostenerla;
ayuda al balanceo de las palmas,
arremete nuestro miedo.
¿Quién le dice: párate;
quién la vuelve a esa cuenca desolada?
Miras, Abel
y se revuelve el hambre de los pobres.
Miras, y arde
la libertad de los hermanos secos,
enterrados a pulso
frente a los sinsontes.
Aquí convoco
tu córnea interminable
persiguiendo el mal con una lágrima,
la pupila
oráculo de tu hermana,
rebelde,
pariendo luz dentro del polvo.
Yo no me enluto,
yo no sollozo.
Yo oigo tu mandato
y me apoyo en ti como en un talismán,
como en un aire de yagrumas,
como en un himno.
Tú eres el único que ahora ve en las tinieblas,
porque aquí ya todos somos ciegos.
Danos tu mirada.
Es fuerte como la primavera del milagro.
Ampáranos con tu: ten mis ojos, Cuba.

1953 (más…)

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El 28 de julio de 1881 José Martí tuvo que abandonar a Venezuela. El día anterior le escribió una carta de despedida a su amigo Fausto Teodoro de Aldrey; se había convertido en persona no grata para el Gobierno de Antonio Guzmán Blanco, entre otras cuestiones, por su amistad con Cecilio Acosta,* un intransigente fustigador de la dictadura que regía en Venezuela. Cuando Cecilio Acosta murió, Martí escribió un ensayo en el que elogiaba a ese intelectual liberal, y lo publicó en el segundo y último número de la Revista Venezolana. Esto le valió que Guzmán Blanco le haga llegar su voluntad de abandonar el país, lo que hizo al día siguiente.

Caracas, 27 de julio de 1881

Sr. Fausto Teodoro de Aldrey

Amigo mío:

Mañana dejo a Venezuela y me vuelvo camino de Nueva York. Con tal premura he resuelto este viaje, que ni el tiempo me alcanza a estrechar, antes de irme, las manos nobles que en esta ciudad se me han tendido, ni me es dable responder con la largueza y reconocimiento que quisiera las generosas cartas, honrosas dedicatorias y tiernas muestras de afecto que he recibido estos días últimos. Muy hidalgos corazones he sentido latir en esta tierra; vehementemente pago sus cariños; sus goces, me serán recreo; sus esperanzas, plácemes; sus penas, angustia; cuando se tienen los ojos fijos en lo alto, ni zarzas ni guijarros distraen al viajador en su camino: los ideales enérgicos y las consagraciones fervientes no se merman en un ánimo sincero por las contrariedades de la vida. De la América soy hijo: a ella me debo. Y de la América, a cuya revelación, sacudimiento y fundación urgente me consagro, esta es la cuna; ni hay para labios dulces, copa amarga; ni el áspid muerde en pechos varoniles; ni de su cuna reniegan hijos fieles. Déme Venezuela en qué servirla: ella tiene en mí un hijo.

Por de contado cesa de publicarse la Revista Venezolana; vean en estas frases su respuesta las cartas y atenciones que, a propósito de ella, he recibido, y queden excedidas por mi gratitud las alabanzas que, más que por esas paginillas de mi obra, por su tendencia, he merecido de la prensa del país y de gran suma de sus hombres notables. Queda también, por tanto, suspendido el cobro de la primera mensualidad: nada cobro, ni podrá cobrar nadie en mi nombre, por ella; la suma recaudada ha sido hoy o será mañana, devuelta a las personas que la satisficieron; obra a este objeto en manos respetables. Cedo alegre, como quien cede hijos honrados, esos inquietos pensamientos míos a los que han sido capaces de estimármelos. Como que aflige cobrar por lo que se piensa; y más si, cuando se piensa, se ama. A este noble país, urna de glorias; a sus hijos, que me han agasajado como a hermano; a Vd., lujoso de bondades para conmigo, envía, con agradecimiento y con tristeza, su humilde adiós.

*Vea “Cecilio Acosta”, por José Martí

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