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Archive for 8/09/11

Hay muchas palabras que están en desuso pero que existieron en la lengua castellana. En este artículo de Argelio Santiesteban verán algunos ejemplos:

EL HABLA POPULAR: UN ARCA DE ANTIGÜEDADES

—Tengo que ver al dotor, porque me duele el celebro— le oí decir a un guajiro, o sea, a un campesino cubano.
Andaba por las inmediaciones un purista, quien montó en cólera:
—¡Patán, iletrado! ¡Se dice “doctor” y “cerebro”!

Lo que ignoraba el pedante era que el labriego estaba hablando en el más puro castellano del Siglo de Oro, lo cual es frecuentísimo en el campo cubano, según se verá en los ejemplos que siguen.

ALZADO Insurrecto, sublevado. Ya se encuentra en crónicas del siglo XVI, donde nos hablan de “moriscos alzados”.

CANGRENA Es forma antigua de “gangrena”. Se sigue escuchando en el agro cubano.

CARÁCTERES Caracteres. “Carácteres” lo encontramos en el mismísimo Don Quijote. (más…)

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Teatro La Caridad de Santa Clara

El teatro La Caridad, Monumento Nacional, celebra hoy su aniversario 126.  Inaugurado el 8 de septiembre de 1885, fue costeado y donado a la ciudad de Santa Clara por Marta Abreu, perteneciente a una ilustre y rica familia de la localidad, quien entregó esta propiedad a la ciudad para que parte de sus ingresos sirvieran de socorro a los pobres.

Se encuentra situado en Parque Vidal entre Máximo Gómez y Lorda. Santa Clara, Villa Clara, Cuba.  Fue declarado Monumento Nacional de la República de Cuba en 1981, y es considerado joya arquitectónica, patrimonial y cultural de la ciudad de Santa Clara.

Construcción

La propuesta de la construcción del teatro se hizo saber al Ayuntamiento de Santa Clara en diciembre de 1883, el Dr. Don Luis Estévez y Romero tuvo a su cargo las gestiones para la adquisición del terreno y apoyó incondicionalmente la decisión de su esposa Marta Abreu. El Ayuntamiento, de total acuerdo, aceptó y aprobó la propuesta.

En agosto de 1885 se dio por terminada la construcción del edificio teatro, proyectado por el Ingeniero Herminio Leiva y Aguilera, acordándose su inauguración para el 8 de septiembre del propio año.
Inauguración

El 8 de septiembre de 1885 abrió sus puertas la sobria instalación, la que fue realizada por iniciativa de la ilustre Marta de los Ángeles Abreu de Estévez y Arencibia, para con sus ganancias hacer obras caritativas y perpetuar la memoria de sus padres. La inauguración, fue precisamente el día de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba.

El Teatro La Caridad se erigió en el espacio que ocupó La Ermita de la Candelaria, primer templo que tuvo la villa y que había sido construido en 1696 por iniciativa del benefactor Padre Juan de Conyedo. En 1849, fue convertido en cuartel y posteriormente en Oficinas de Telégrafos hasta su total demolición en 1884.

Para perpetuar su huella y dar un sentido de continuidad, La Ermita de la Candelaria, quedó estampada sobre el telón de entreactos de la naciente obra arquitectónica.

Es invitado el Capitán General de Cuba para que asistiera, lo que no fue posible, según hizo saber al Gobierno de la ciudad, por sus ocupaciones de trabajo, aunque agradeció la invitación que se le hiciera. (más…)

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El mejor retrato solo y de cuerpo entero de Martí, tomado al parecer en Temple May o Bond May, Jamaica, durante su primer viaje a esa isla en octubre de 1892. El patriota y fotógrafo Juan Bautista Valdés fue el autor del retrato.

Por Juan Nicolás Padrón

Los criterios más acertados para entender la construcción de la cultura cubana en relación con la raza y para enfrentar el injusto racismo fueron los que mantuvo José Martí desde que comenzó a tener juicio sobre la sociedad esclavista en que vivía. Convencido de la importancia de enfrentar este tema para lograr la unidad imprescindible para luchar contra España, muy pronto sus ideas en torno a la expresión “raza” se vincularon con la condición de cada persona. Con 26 años de edad, el 17 de septiembre de 1879 fue detenido en La Habana acusado de conspirar junto al mulato Juan Gualberto Gómez —uno de sus más grandes amigos y hombre de su confianza a toda prueba—, y otros patriotas, por la libertad de Cuba; cuando se le exigió una declaración favorable a España, que sería excelente para culpar a los negros y presentar el separatismo como una sublevación de estos, exclamó: “¡Martí no es de la raza vendible!”. Ya en esa expresión se resumía su concepto sobre las “razas”, una categoría que a aquellas alturas se había manipulado considerablemente en Europa y los Estados Unidos. Martí anteponía la dignidad patriótica, civil y personal, por encima de cualquier criterio atenido al color de la piel. Desde los primeros años de la década de los 80, en los Estados Unidos, cuando ya el mundo usaba el vocablo raza casi siempre de manera discriminatoria, el Apóstol se aproximaba a un uso poco frecuente, para identificar, sobre todo, la condición humana y no las características biológicas; la aceptación o rechazo al empleo del término dependía de su referente: la generosidad de quien intentaba lograr el bien común, o el egoísmo o individualismo del que se alejaba de los proyectos sociales. El punto de vista racial, para él, remitía a la alternativa de exaltar la grandeza humana por encima del interés personal en aras de un ideal patriótico y de beneficio social, o para evidenciar la miseria espiritual encarnada en las bajas pasiones: lo único que podía dividir al hombre era su sentido de la justicia. No partía de las aproximaciones más frecuentes al concepto de “raza negra”, confuso y ambiguamente empleado con diversos matices discriminatorios en el siglo XIX cuando se refería a los negros, siempre hacía alusión a la horrible esclavitud cuya injusticia lo había estremecido durante su niñez y adolescencia en Cuba; su pluma no cesó de condenar la oprobiosa condición esclava impuesta a los africanos, traídos en cadenas a América, una deshonrosa versión moderna de esa vergüenza humana arrastrada desde la antigüedad, aunque en Roma los esclavos fueran rubios y de ojos claros. El único y posible concepto de raza que el Apóstol reconocía lo había expresado con precisión en 1893: “Los hombres de pompa e interés se irán de un lado, blancos o negros; y los hombres generosos y desinteresados, se irán de otro. Los hombres verdaderos, negros o blancos, se tratarán con lealtad y ternura, por el gusto del mérito, y el orgullo de todo lo que honre la tierra en que nacimos”. (1) Estaba convencido, porque lo vivía en la galopante segregación de la sociedad norteamericana, que las diferencias estribaban en la condición humana y no en el color de la piel; la práctica discriminatoria hacía infeliz a un pueblo, y también a cada uno de sus miembros: “Insistir en las divisiones de raza, en las diferencias de raza […], es dificultar la ventura pública, y la individual, que están en el mayor acercamiento de los factores que han de vivir en común”. (2) Martí estaba consciente de que en Cuba el negro a aquellas alturas ya no era un extranjero, sino un héroe que había luchado por la construcción de una patria nueva, y se contaba con generales como Antonio Maceo, capaz de salvar la honra de todo el pueblo cubano con la Protesta de Baraguá después de la firma del Pacto del Zanjón; sabía que “la afinidad de los caracteres es más poderosa entre los hombres que la afinidad del color”, (3), y cuando quiso sintetizar “el color cubano” lo expresó con absoluta claridad: “Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro. Cubano es más que blanco, más que mulato, más que negro”. (4) (más…)

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