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Archive for 2/07/13

La-utilidad-de-la-poesia.-1

Por Pedro López Adorno [mediaisla]

El mundo en que vivimos se ha convertido en un evento simultáneamente horroroso y absurdo pero la poesía puede ser el antídoto y la crítica sublime de tanta historia adulterada. Es dentro de esa frágil prerrogativa donde late el corazón de una poesía útil.

No basta con decir que el arte es “inútil”, al menos al ser comparado con la labor de un plomero, un doctor o un ingeniero de ferrocarriles, como afirma Paul Auster en “Talking to Strangers”.[1] La utilidad del arte proviene de un linaje distinto: interpreta su papel en el teatro de la mente; le da sentido a las fragmentaciones y desplazamientos de nuestra alma; nos permite encarar creencias, ideas, certidumbres, temores y contradicciones con sonidos, formas, movimientos, texturas, palabras e imágenes.

Auster, no obstante, da en el clavo cuando afirma que la novela es “una colaboración igualitaria entre escritor y lector y el único lugar en el mundo en que dos extraños pueden reunirse en términos de absoluta intimidad”. ¿Experimentamos una colaboración similar cuando leemos poesía? Como poeta, siento la tentación de contestar en forma negativa o, por lo menos, de considerar el posible espíritu de colaboración como un entrenamiento personal de razonamientos en pugna, una intimidad que se le va de las manos al lector. De hecho, la poesía contemporánea, al ignorar en gran medida los gustos, deseos y preferencias de sus posibles lectores (de su público), orienta sus vectores hacia un lector o público idealizado que ha creado por su cuenta. Notamos que a lo largo del siglo XX la distancia entre poema y lector fue ensanchándose a medida que crecía el desconcierto del lector con relación al texto. Se podría alegar que el gran arte del pasado siglo y el de los primeros años del siglo XXI, por lo general, violentan el horizonte de expectativas del público. Como tal, el lector o se solidariza con el extrañamiento que genera ese arte, o lo rechaza y empieza a creer que lo que éste dice carece de importancia. (más…)

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Gráfica de Marcelo Saratella

Gráfica de Marcelo Saratella

Julio 2

Un aplaudido desfile antropológico abrió los juegos olímpicos de 1904, en la ciudad norteamericana de Saint Louis.

Desfilaron los negros, los indígenas, los chinos, los enanos y las mujeres.

Ninguno de ellos pudo participar en las competencias atléticas, que comenzaron al día siguiente y duraron cinco meses.

Fred Lorz, blanco y macho, ganó la maratón, que era la competencia más popular. Poco después, se supo que había corrido la mitad del circuito en el automóvil de un amigo.

Ésa fue la última trampa olímpica ajena a la industria química.

Desde entonces, el mundo deportivo se modernizó.

Ya los atletas no compiten solos. Con ellos compiten también las farmacias que contienen.

De Los hijos de los días, Siglo XXI, Buenos Aires, 2012.

* Eduardo Galeano nació en Montevideo en 1940. Allí se inició en el oficio periodístico, en sus años tempranos, y allí publicó su primer libro. Desde 1973, vivió exiliado en Argentina y en la costa catalana. A principios de 1985 regresó a Montevideo, donde actualmente vive. En dos ocasiones fue premiado por la Casa de las Américas y por el Ministerio de Cultura del Uruguay. Recibió el American Book Award de la Universidad de Washington por su trilogía “Memoria del fuego”, y los premios italianos Mare Nostrum y Pellegrino Artusi, por el conjunto de su obra. Fue el primer escritor galardonador con el premio Aloa, creado por los editores de Dinamarca, y también inauguró el Cultural Freedom Prize, otorgado por la Fundación Lannam, y el Premio a la Comunicación Solidaria, de la ciudad española de Córdoba. En 2008 los países miembros del MERCOSUR lo designaron primer ciudadano ilustre.

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