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Archive for 30/12/13

Muere el año

Los importunos

indignados_02Termina el año 2013 con las mismas injusticias seculares, la misma vieja opresión, la misma antigua, perversa corrupción en todos los rincones del planeta. Naciones enteras en retroceso hacia las formas más oscuras de la intolerancia, las prohibiciones, los crímenes contra la libertad y contra la dignidad humana. A los infames recortes sociales siguen los recortes de los derechos de las mujeres, de los niños, de los inconformes, de los que se aman, de los que piensan, de los que intentan defender la intransferible propiedad de su intimidad, de los que rechazan los privilegios, de los que defienden a la naturaleza y a los animales, de los que exigen la paz, el libre pensamiento, la educación para todos y el valor de la opinión y de la conciencia.

Un rey que asesina elefantes a precio exorbitante que es pagado por algún reyezuelo extranjero a cambio de favores en la adjudicación…

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Jesús Orta Ruiz, el Indio NaboríEl Indio Naborí falleció el 30 de diciembre de 2005. Poeta y periodista. Considerado el mayor decimista de la literatura cubana contemporánea, también escribió prosa, libretos para programas de radio y prólogos de varios libros, así como realizó recopilaciones. A él se debe la Jornada Cucalambeana, evento que creó para mantener la tradición decimista en Cuba, esa que tanto se nutrió de su producción e ingenio. De él es este conmovedor poema que tomé de su libro Con tus ojos míos, de Ediciones Unión, 1996, en el cual plasma su percepción del mundo en medio de tinieblas, pues ha perdido la vista. Entre las tantas distinciones que mereció se encuentran: la Orden Félix Varela (1991), Premio Nacional de Literatura (1995), Premio de Crítica Literaria (1996) y la Medalla 450 aniversario de Cervantes (Alcalá de Henares, 1999).

El amor en los tiempos de cólera

a Gabriel García Márquez

Junto a mi cabecera
una mujer marchita,
celosa de la muerte,
está velando día y noche,
atenta a mis orines y mis heces fecales,
sustituyendo con los ojos suyos
los míos obsoletos,
dándome el alimento como a un niño,
bañándome, vistiéndome, besándome,
acariciándome las manos.
En un ambiente así
–no luna, no balcón, no prímola–,
si Romeo y Julieta
no hubieran decidido suicidarse
y hubiesen arribado a la vejez
ella, caído el seno y desdentada,
poniéndole un enema a su galán
montesco;
él, enferma la próstata
y consumido el falo,
¿se mantendría la promesa del amor eterno?

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