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Archive for 4/06/15

Expo: “Miradas, lo que no alcanzamos a ver”. A la derecha una lámpara escribanía y esculturas del Despacho de Alejandro García Caturla. En un segundo plano la máquina de escribir del compositor y en el panel, enmarcado, solicitud de cobro del premio y mención obtenido en el Concurso Nacional de Música. Sobre el dado que contiene las esculturas y lámpara, enmarcados los diplomas emitidos por dicho concurso.

 Por Gladys Rodríguez Ferrero

 Fotos: Cortesía del Museo

El inmueble, que aparece reflejado en un grabado correspondiente al año 1844 elaborado por Federico Mialhe, fue construido en 1825 por el Coronel de Milicias Manuel José de Rojas y Rodríguez-Guijarro para su familia. En 1875 el inmueble fue reedificado totalmente, presentando el aspecto actual del museo que lleva el nombre de su bisnieto: Alejandro García Caturla.

Este bisnieto nació en esa villa de San Juan de los Remedios, actual provincia de Villa Clara, el 7 de marzo de 1906.  Y fue compositor, violinista y director de orquesta. Pero, además, estudió Leyes en la Universidad de La Habana. Mientras, continuaba realizando estudios de música, estando al día acerca de lo que en los años 1925 y 1927, se hacía en Europa. La revista Social publicó la partitura de su Danza lucumí, que luego formó parte del tríptico orquestal Tres danzas cubanas.  

Al concluir sus estudios de abogado, en 1927, regresa a su ciudad natal. Funda entonces una Orquesta de Cámara animado con similares empeños musicales a los que movían a sus amigos Alejo Carpentier y Amadeo Roldán. Con ellos había establecido amistad durante su estancia en La Habana. Caturla trataba de llevar adelante un nuevo modo de hacer música. Con la Orquesta de Cámara estrenó, en abril de 1927, su Obertura cubana, obra enraizada en lo más puro de la música cubana.

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POESÍA

Por Juan Nicolás Padrón

Posiblemente algunos conceptos establecidos en Cuba, son objetables para referirse a las diferentes etapas de la poesía cubana, y deben pasar por un riguroso cuestionamiento a la luz de los estudios culturales de los últimos años. Tal vez solo se mantengan firmes, con la ajustada peculiaridad cubana, el romanticismo y el modernismo ―y también las débiles “vanguardias” cubanas. Todavía en las escuelas se repite que Rubén Darío fue el iniciador del modernismo, y que esta poética se basa en el verso; resulta imprescindible relacionarlo con los principios de la modernidad, lo dejado por el desastre español del 98 en Cuba y el nacimiento del imperialismo como maduración del capitalismo, y tener en cuenta los ensayos de José Martí en esta nueva escritura. Cuesta mucho trabajo realizar una integración nutricia entre Historia y Literatura, pues más bien se presenta una suma mecánica copiada de otras realidades, y entre los datos biográficos de un autor y los mensajes de su obra poética, ¿para qué sirven las referencias históricas, si estas no se utilizan para reforzar la explicación del espíritu literario de cada período?, ¿de qué vale la biografía, si esta no es relacionada con la obra literaria? En los primeros siglos de conquista y colonización ―o sea, invasión―, antes de que se forjaran la identidad cultural y la conciencia nacional, se consideraba a Cuba parte de España; por tanto, no solo son valiosas las obras poéticas en que se destacaba de manera directa, y a veces sospechosamente, una incipiente identidad insular, sino las que la literatura ha recogido en el escenario cubano como parte del patrimonio literario hispánico. El retrato de Diego Velázquez en Santiago de Cuba, que se recoge en las Elegías de varones ilustres de Indias, de Juan de Castellanos, forma parte también del  primer quehacer literario sobre Cuba. Lecturas como estas pertenecen al acervo educativo y cultural de la isla, y contribuyen a contextualizar la realidad con sus referencias histórico-poéticas.

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