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Archive for 27 septiembre 2020

Por Eduardo Galeano

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco..

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar…

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales…

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables…!

Si, ya lo sé…

A nuestra generación siempre le costó botar…

¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables…!

Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo…

Yo no digo que eso era mejor…

Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra…

Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto…

Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año…

El celular cada tres meses, el monitor de la computadora todas las navidades o el televisor cada año…

Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida…

Es más!

Se compraban para la vida de los que venían después…

La gente heredaba relojes de pared, bicicletas, cámaras fotográficas, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas…

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad…

Tiramos absolutamente todo…

Ya no hay zapatero que remiende un zapato, ni colchonero que sacuda un colchón y lo deje como nuevo, ni afiladores por la calle para los cuchillos ni sastre que haga composturas…

De ‘por ahí’ vengo yo, de cuando todo eso existía y nada se tiraba…

Y no es que haya sido mejor…

Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el ‘guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo’, pasarse al ‘compre y bote que ya se viene el modelo nuevo…

Hay que cambiar el auto cada 3 años porque si no, eres un arruinado…

Aunque el coche esté en buen estado…

Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!!!!

Pero por Dios….

Mi cabeza no resiste tanto…

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real…

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre…

Me educaron para guardar todo…

Lo que servía y lo que no…

Porque algún día las cosas podían volver a servir…

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema:

Nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no…

Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso a las tradiciones) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes, el primer cabello que le cortaron en la peluquería…

¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo? 

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones.

El primer cajón era para los manteles y los trapos de cocina, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto…

Y guardábamos…

¡¡Guardábamos hasta las tapas de los refrescos, los corchos de las botellas, las llavecitas que traían las latas de sardinas…

¡Y las pilas…!

Las pilas pasaban del congelador al techo de la casa….

Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más….

No nos resignábamos a que se terminara su vida útil en un par de usos…

Las cosas no eran desechables….

Eran guardables….

¡Los diarios!

Servían para todo…

Para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia, para limpiar vidrios, para envolver.

¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne o desenvolviendo los huevos que meticulosamente había envuelto en un periódico el tendero del barrio.

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer adornos de navidad…

Y las páginas de los calendarios para hacer cuadros…

Y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas…

Y los fósforos usados porque podíamos reutilizarlos estando encendida otra vela…

Y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos…

Enderezábamos los clavos para reutilizarlos después…

Y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía ‘éste es un 4 de bastos’….

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal…

Con el tiempo, aparecía algún pedazo derecho que esperaba a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa…

Nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos…

Y hoy, sin embargo, deciden ‘matarlos’ apenas aparentan dejar de servir…

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas…

Las latas de duraznos se volvieron macetas, portalápices y hasta teléfonos.

Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza y los corchos esperaban pacientemente en un cajón hasta encontrarse con una botella…

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos…

Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables…

Que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables…

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas…

Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero…

De la moral que se desecha si de ganar dinero se trata…

No lo voy a hacer…

No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne…

No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte en cuanto confunden el nombre de dos de sus nietos, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos en cuanto a uno de ellos se le cae la barriga, o le sale alguna arruga…

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares…

De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a mi señora como parte de pago de otra con menos kilómetros y alguna función nueva…

Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que ella me gane de mano y sea yo el entregado….

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Cartel oficial por la jornada de celebraciones por los 30 años de la fundación de la Editorial Capiro.

JORNADA PARA FESTEJAR 30 AÑOS DE SU FUNDACIÓN

SEPTIEMBRE 22//SEPTIEMBRE 23//2020

SANTA CLARA//CUBA

Sala Margarita Casallas

Centro Cultural El Mejunje

septiembre 22

9.00 a.m.

«El día que edité a…» (Los editores hablan de algunos libros fabulosos que editaron para Capiro)

Yamil Díaz Gómez//Rebeca Murga//Lorenzo Lunar//Otilio Carvajal//Edelmis Anoceto//Maylén Domínguez//Carmen Sotolongo//Ricardo Riverón

Conduce: Lidia Meriño

10: 00 a.m.

«Mi primer libro… Ni primer fulgor»

Jorge Luis Mederos, Luis Cabrera, Mariana Pérez, Luis Manuel Pérez Boitel, Alexis Castañeda, Ernesto Peña, Caridad González, Iliana Pérez Raimundo…

Conduce: Yandrey Lay

2.00 p.m.

«Hacia un Catálogo posible. Destinos de un proyecto inmediato»

Conduce: Maylén Domínguez

2: 45 p.m.

«Los que no están, también nos abrazaron»

Alegría y fervor de Samuel Feijoo//Carlos Galindo Lena//Agustín de Rojas//René Batista//Frank Abel Dopico//Sigfredo Ariel

Edelmis Anoceto//Arnaldo Toledo//Alejandro Batista // Arístides Vega//Sergio García Zamora// Roberto Ávalos Machado//Yamil Díaz

Conduce: Julio Mitjans

septiembre 23

9:00 a.m.

«¡Taita…, diga Ud. cómo!»

Los que escriben para niños se persignan

Mildre Hernández//Lidia Meriño//Leidy González//Lisy García//Pablo René Estévez//Luis Cabrera//Caridad González//Otilio Carvajal//Alberto rodríguez Copa

Conduce: Idiel García

10:00 a.m.

De «Aldaba» a «Faz»: 30 años de poesía cubana

Conduce: Yamil Díaz

Berta Caluff//Déborah García//Sergio García Zamora//René Coyra//Arístides Vega//Edelmis Anoceto//Bárbara Yera

2:00 p.m.

Presentación especial de 5350 días en la vida de un(a) editor(ial), de Ricardo Riverón Rojas.

Presentadores: Geovannys Manso y Yamil Díaz Gómez

3:00 p.m.

Celebración por los 30 años de la Editorial Capiro

Guateque y Canturía

Quinteto Criollo y poetas repentistas

Entrega de Reconocimientos

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Vista actual de la ciudad de Byblos, conocida hoy por su nombre árabe Jubail.

Egipcios, griegos y romanos escribían en rollos de papiro, un soporte de escritura que se exportaba desde el puerto fenicio Byblos, donde hoy está la ciudad libanesa de Jebail.

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Vergüenza… Vergüenza
la justicia no existe…
refugiados durmiendo entre las tumbas de mármol…
niños acurrucándose entre las tumbas heladas de Mitilini…

Ay qué vergüenza… qué vergüenza… dropi… dropi…
El campamento de refugiados en Moira arde… arde y se consume completamente…
Ay por qué tanta maldad…

Por qué tanta injusticia… ningún refugiado deja su casa… su tierra voluntariamente…
Ay malditas guerras desatadas en todas partes…
Ay qué vergüenza, qué vergüenza…
Y el mundo guarda silencio…
“Ay niño de pies descalzos
duerme… duerme… sin zozobra”
Ay qué vergüenza, ay qué vergüenza.


Jaime Svart. Atenas, Grecia, 2020

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Foto: ©Archivo Efe/EFE/EPA/ESO/M. Kornmesser/L. Calçada & NASA/JPL/Caltech

Foto: ©Archivo Efe/EFE/EPA/ESO/M. Kornmesser/L. Calçada & NASA/JPL/Caltech

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El nombre recomendado actualmente para la sustancia química que se ha detectado en Venus es fosfano, no fosfina.

En las noticias sobre este hallazgo astronómico es frecuente encontrar la forma hoy desaconsejada, como se puede comprobar en los siguientes ejemplos: «La fosfina, la molécula pestilente y tóxica que podría ser una huella de vida en Venus» o «En nuestro planeta, la fosfina se asocia con la vida porque se encuentra en los microbios».

Los nombres de los compuestos químicos tienen validez internacional y están regulados por la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC), así como por las entidades correspondientes en diversos países, que reajustan las normas básicas a la morfología y la ortografía de cada lengua. 

En el caso concreto de este compuesto del fósforo, la Real Sociedad Española de Química precisa, en un documento que resume las normas de la IUPAC del 2005, que el nombre adecuado es fosfano y señala de modo explícito que la denominación fosfina y otras similares «no se deben utilizar». Otro posible nombre, que en textos no especializados resulta menos conveniente, es trihidruro de fósforo.

Estas normas se aplican a otros muchos nombres químicos, como por ejemplo dióxido de carbono, que reemplazó al hoy desechado anhídrido carbónico.

Por ello, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido «El fosfano, la molécula pestilente y tóxica que podría ser una huella de vida en Venus» y «En nuestro planeta, el fosfano se asocia con la vida porque se encuentra en los microbios».

De Recomendaciones de Fundéu (Fundación del Español Urgente)

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Cuando el paciente no es consciente de que lo aqueja una dolencia.

Imagine el lector que un día se despierta por la mañana y le da los buenos días a su pareja, pero ella (o él) le responde en una lengua completamente desconocida. Cuando se sientan a desayunar, su cónyuge no solo no entiende lo que usted habla, sino que, además, se sigue expresando en aquella lengua desconocida que usted escuchó al despertar. Usted se asusta, despierta a su hijo y este también le habla en el mismo idioma de su pareja y, como él (o ella), no entiende lo que usted habla.

Usted está aterrorizado, como si estuviera en medio de una novela kafkiana o de ciencia ficción. Sin embargo, esta tragedia la viven todos los días decenas o tal vez cientos de personas en todo el mundo que acaban de sufrir un derrame cerebral o un infarto en la zona llamada “de Wernicke”, situada, en  el 89% de las personas, en el hemisferio izquierdo del cerebro. Estas personas fueron acometidas súbitamente por una afasia de Wernicke, o sea, la pérdida, generalmente definitiva, de un área cerebral indispensable para el lenguaje, pero en las primeras horas o a veces días no se dan cuenta de lo que les ocurre, lo que les causa una angustia intensa. Además de afasia, o pérdida del lenguaje, estos pacientes padecen de anosognosia, una palabra de la jerga médica que significa ‘falta de conciencia, por parte de un paciente, de que está sufriendo una dolencia’.

El vocablo está formado por el prefijo privativo griego α- seguido por νόσος (nósos) ‘enfermedad’ y luego por γνώσις (gnosis) ‘conocimiento’, o sea, juntando todo, ´falta de conocimiento (o conciencia) de una enfermedad’.

De La palabra del día, por Ricardo Soca

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Foto: ©Pixabay/TheDigitalWay

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La interjección sanseacabó, usada coloquialmente para dar por terminado un asunto, se escribe preferentemente en una sola palabra, mejor que san se acabó.

En los medios de comunicación pueden verse frases como «Que venga la auditoría, que haga su trabajo y san se acabó, porque no hay nada ilícito», «Multaza de trescientas libras y ¡san se acabó!» o «De Castro fue enfático en su mensaje: “Bueno, no hagamos elecciones, quédese usted aquí, monten una dictadura y san se acabó”».

El Diccionario de la lengua española recoge sanseacabó como la grafía preferible. Además, aunque tanto esta obra como el Diccionario panhispánico de dudas dan validez a la variante san se acabó, sin guiones intermedios (san-se-acabó) y hoy minoritaria, la Ortografía de la lengua española, de posterior publicación, da un paso más allá y considera incluso «desaconsejable, por su poco empleo, san se acabó».

Así pues, en los ejemplos iniciales habría sido mejor escribir «Que venga la auditoría, que haga su trabajo y sanseacabó, porque no hay nada ilícito», «Multaza de trescientas libras y ¡sanseacabó!» y «De Castro fue enfático en su mensaje: “Bueno, no hagamos elecciones, quédese usted aquí, monten una dictadura y sanseacabó”».

De Recomendaciones de Fundéu (Fundación del Español Urgente)

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