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Archive for 19 mayo 2021

Hijo del agua y la tierra, sagrado y bendito fango.
Circunstancia del misterio, habitante de los astros
que viven entre los mares o alrededor de los fuegos,
que son mi eterno presente, mi futuro, mis abuelos.

Vengo a contar la sublime victoria de la belleza,
sobre todos los temores, las flaquezas y miserias.

Abismo de los abismos, eternidad de la nada,
infinito donde callan las ansiedades humanas.

Invoco a las maravillas de toda la creación,
para cantar alegrías y las gracias al Señor:
El Verdadero Cantor

Tengo lejana memoria del universo danzando.
Una ronda inteligente que aún me sigue encantando.

He conocido a los grandes a partir de los pequeños.
El que comprende a la hormiga entenderá el universo.

No hay halago que detenga mi caminar por el mundo.
Aunque el hilo sea pequeño no deja de ser un nudo.

Soy parte de aquel que es, que fue y que será por siempre
y se que el mejor abrigo de los hombres es la mente.

De las montañas aprendo a esperar serenamente
y del profundo silencio los poderes permanentes.

No desprecio lo que tengo, vivir es hecho bendito.
El abismo y las ciudades también son el infinito.
Todo es parte de la nada celeste voz del invicto.

Eternamente me nazco de estallido en estallido,
de silencio en silencio, de la raíz hasta el nido.
De planeta en planeta, de la mujer hasta el niño,
con el tiempo donde vive lo que será, lo que ha sido.

Ando por todo lo ancho del horizonte y la espina
impulsado por la fe, la esperanza y la alegría.
Aprendiendo del coyote y el oso la ley divina,
el templo es el universo y el sacerdote la vida.

Donde van el sol, el viento, la intuición y las palomas,
allí dirijo mi vuelo sin pensar en otra cosa.
Donde el águila descansa de grandezas y de cielo,
a esa altura de la piedra a veces me entrego al sueño.

Para cansar al cansancio, anduve todos los mares.
Me conocen las gaviotas casi tanto como el aire.

El señor dejo el secreto al alcance de mi mano,
cuando yo vi la naranja supe que existe el milagro.

Yo vivo serenamente para una muerte serena,
paso a paso por el tiempo la planeo a mi manera.

El desierto me ha contado una historia sin final,
voluntad de voluntades que tal vez hoy son la mar.

Hace tiempo que en el tiempo algún hombre pregunto,
lo que ahora estoy buscando, lo que alguno ya encontró.

Cuando canto canta todo, por el todo estoy aquí.
Una piedra es todo el mundo, una flor es el jardín.
Una vez estuve cerca y otras veces me perdí,
no es casual que me suceda lo que te sucede a ti.

Extranjero en las ciudades, compatriota del camino.
Amante de los desiertos y el silencio del vacío.

Las ilusiones del alma empujan a mi esqueleto,
para que siga buscando porque buscar es el cuento.

El espejo de la luna me refleja varias veces,
para que sepa que he sido cuanto muere y cuanto crece.

Cuando dejé que natura decida mi libertad,
cuando dejé de buscarla halle la felicidad.

Aprendí que el paraíso al igual que el infierno
viven en nuestra conciencia, que es Dios mismo dentro nuestro.

Conozco todas las formas de celebrar al Señor:
bajo las sombras, la luna, en la lluvia o bajo el sol.

Conozco todas las formas pero ninguna mejor,
para cantar su grandeza, que las frutas del amor.

Soy una parte del cosmos y no empleado del miedo.
El asombro me alimenta y no el terror y ni el tedio.

Yo vivo en el movimiento si me quieren encontrar,
bella casa que comparto con la paz y la verdad.

El amor y la poesía reconcilian los contrarios.
Armonía de armonías que busco y busco cantando.

En mis sueños y mi sombra, en mis huesos y mi mente,
en lo pasado y futuro llevo la vida y la muerte

Entre el sueño y la vigilia a veces comprendo todo.
Entonces canta el maestro a través de lo que nombro:
Tengo un destino de luz… el mismo que tienes tú…

Hijo del agua y la tierra, sagrado y bendito fango.
Circunstancia del misterio, habitante de los astros
que viven entre los mares o alrededor de los fuegos,
que son mi eterno presente, mi futuro, mis abuelos.

Vengo a contar la sublime victoria de la belleza,
sobre todos los temores, las flaquezas y miserias.

Abismo de los abismos, eternidad de la nada,
infinito donde callan las ansiedades humanas.

Invoco a las maravillas de toda la creación,
para cantar alegrías y las gracias al Señor:
El Verdadero Cantor

Tengo lejana memoria del universo danzando.
Una ronda inteligente que aún me sigue encantando.

He conocido a los grandes a partir de los pequeños.
El que comprende a la hormiga entenderá el universo.

No hay halago que detenga mi caminar por el mundo.
Aunque el hilo sea pequeño no deja de ser un nudo.

Soy parte de aquel que es, que fue y que será por siempre
y se que el mejor abrigo de los hombres es la mente.

De las montañas aprendo a esperar serenamente
y del profundo silencio los poderes permanentes.

No desprecio lo que tengo, vivir es hecho bendito.
El abismo y las ciudades también son el infinito.
Todo es parte de la nada celeste voz del invicto.

Eternamente me nazco de estallido en estallido,
de silencio en silencio, de la raíz hasta el nido.
De planeta en planeta, de la mujer hasta el niño,
con el tiempo donde vive lo que será, lo que ha sido.

Ando por todo lo ancho del horizonte y la espina
impulsado por la fe, la esperanza y la alegría.
Aprendiendo del coyote y el oso la ley divina,
el templo es el universo y el sacerdote la vida.

Donde van el sol, el viento, la intuición y las palomas,
allí dirijo mi vuelo sin pensar en otra cosa.
Donde el águila descansa de grandezas y de cielo,
a esa altura de la piedra a veces me entrego al sueño.

Para cansar al cansancio, anduve todos los mares.
Me conocen las gaviotas casi tanto como el aire.

El señor dejo el secreto al alcance de mi mano,
cuando yo vi la naranja supe que existe el milagro.

Yo vivo serenamente para una muerte serena,
paso a paso por el tiempo la planeo a mi manera.

El desierto me ha contado una historia sin final,
voluntad de voluntades que tal vez hoy son la mar.

Hace tiempo que en el tiempo algún hombre pregunto,
lo que ahora estoy buscando, lo que alguno ya encontró.

Cuando canto canta todo, por el todo estoy aquí.
Una piedra es todo el mundo, una flor es el jardín.
Una vez estuve cerca y otras veces me perdí,
no es casual que me suceda lo que te sucede a ti.

Extranjero en las ciudades, compatriota del camino.
Amante de los desiertos y el silencio del vacío.

Las ilusiones del alma empujan a mi esqueleto,
para que siga buscando porque buscar es el cuento.

El espejo de la luna me refleja varias veces,
para que sepa que he sido cuanto muere y cuanto crece.

Cuando dejé que natura decida mi libertad,
cuando dejé de buscarla halle la felicidad.

Aprendí que el paraíso al igual que el infierno
viven en nuestra conciencia, que es Dios mismo dentro nuestro.

Conozco todas las formas de celebrar al Señor:
bajo las sombras, la luna, en la lluvia o bajo el sol.

Conozco todas las formas pero ninguna mejor,
para cantar su grandeza, que las frutas del amor.

Soy una parte del cosmos y no empleado del miedo.
El asombro me alimenta y no el terror y ni el tedio.

Yo vivo en el movimiento si me quieren encontrar,
bella casa que comparto con la paz y la verdad.

El amor y la poesía reconcilian los contrarios.
Armonía de armonías que busco y busco cantando.

En mis sueños y mi sombra, en mis huesos y mi mente,
en lo pasado y futuro llevo la vida y la muerte

Entre el sueño y la vigilia a veces comprendo todo.
Entonces canta el maestro a través de lo que nombro:
Tengo un destino de luz… el mismo que tienes tú…

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Foto: ©Archivo EFE/Narong Sangnak

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Las cepas de virus no son lo mismo que las variantes, por lo que se recomienda distinguir estas dos palabras.

En los medios de comunicación es muy común llamar cepa a lo que realmente es una variante, como se comprueba en los siguientes ejemplos: «Se confirma la presencia de la cepa británica de covid-19 en Colombia» o «La cepa india provoca las primeras restricciones de viajes en la UE».

Tal como señala el diccionario académico, una cepa es un ‘grupo de organismos emparentados, como las bacterias, los hongos o los virus, cuya ascendencia común es conocida’. El Diccionario de términos médicos, de la Real Academia Nacional de Medicina de España, puntualiza que estos conjuntos de organismos presentan rasgos comunes, determinados genéticamente, aunque sin constituir una variedad o subespecie.

Tanto una cepa como una variante implican un comportamiento diferente de un virus, pero, para que se considere una cepa, este ha de cambiar de modo significativo, lo cual no ha ocurrido hasta ahora en la actual pandemia.

En el caso concreto del coronavirus del síndrome respiratorio agudo grave, hay dos cepas: la que provoca la enfermedad conocida como SARS o SRAG, que apareció hace dos décadas, y la que provoca la COVID-19. La primera se identifica como SARS-CoV (o SARS-CoV-1) y la segunda, es decir, la que se ha extendido actualmente, como SARS-CoV-2.

Por ello, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido «Se confirma la presencia de la variante británica de covid-19 en Colombia» y «La variante india provoca las primeras restricciones de viajes en la UE».

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➤ Nelly y Erik, nombres de dos mutaciones

➤ Coronavirus, recomendaciones lingüísticas (Especial)

De Recomendaciones de Fundéu (Fundación del Español Urgente)

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Por Danilo Vega Cabrera

Foto: Pim Schalkwijk (Tomada de su perfil de Facebook)

La prensa yucateca se hizo eco por estos días del deceso de José Luis Rodríguez de Armas, el Chino, a causa de complicaciones renales. Nacido en Santa Clara en 1951, se estableció en Mérida hace 30 años, con un sostenido trabajo en el mundo del arte, las exposiciones y la docencia, durante los cuales nunca dejó de mirar el arte cubano.

Quedaría ilustrada sumariamente su labor en Santa Clara —donde fue muy conocido antes de serlo en el contexto mexicano— si tan solo nos remitiéramos a una información de la periodista Mercedes Rodríguez García, publicada en Vanguardia, en 1987, en la que invitaba al público a subir a una «montaña», erróneamente ubicada a 300 km de distancia, en la capital.

Como si se tratase de una nueva procesión a La Meca, esa montaña no estaba más allá del complejo cultural Abel Santamaría, sitio en el que se enclavaba el Museo Provincial con su Círculo Cultural Alejo Carpentier, en que José Luis laboró como especialista a lo largo de los pasados años 80, y donde aparecía una posibilidad de aliviar esa dolencia provinciana del desfasaje.

Cuando Leyda Quesada, entonces directora de dicha institución, le cedió una sala a aquel joven estrenado un poco antes como especialista en Literatura, encontró José Luis un sitio del cual disponer a sus anchas. Lo multiplicó en sus resonancias, lo transformó en otro espacio que destituía el viejo cliché del museo como almacén del pasado, en lo que fuera una estrategia curatorial de vanguardia y muy contemporánea desde el punto de vista de la museología.

Con toda la libertad para promocionar lo que se le antojase, en principio la elección de qué promocionar fue fundamental por parte de José Luis, pero también el aval de la necesidad. Y es cuando nos encontramos con que en las salas transitorias del Museo Provincial —esto es, recuérdese, en una provincia— estaban exponiendo en los años 80 las figuras de primera línea del arte contemporáneo cubano, en número y calidades envidiables por cualquier gran capital cultural.

Figuras entonces muy jóvenes, con el riesgo inherente a la osadía intelectual, protagonizaron los concurridos Salones de la Plástica Joven de Cuba de 1987 y 1988 ideados por José Luis; resúmenes, como ningún otro o pocos otros espacios en La Habana, de todo lo que valía y brillaba.

Junto a esos graduados del sistema de enseñanza artística, el inquieto curador continuaba rescatando con ojo severo lo mejor de la herencia territorial: aquellos dibujantes y pintores populares de Las Villas. Y alternó en estas lides los Salones de la Creación Plástica Infantil «Batalla de Santa Clara» y los sonados Telarte, muy recordados por sus fastuosos montajes en que José Luis probó su excelente tino como museógrafo.

Quizás era ya suficiente que congregara a la intelectualidad en el Museo Provincial para hablar de Carpentier, de literatura o de la documenta de Kassel. O era ya bastante más que consiguiese movilizar al público santaclareño hasta la colina del «Abel Santamaría» por tantas noches de curiosidad y furor.

Quizás era ya demasiado para una provincia, que mucho esperaba sus enjundiosos comentarios de domingo o sus polémicas en Vanguardia, y más tarde en Huella, y la única que, por pura tenacidad de José Luis Rodríguez de Armas, en primerísimo lugar, logró erigirse en un foco de relevancia para el arte cubano fuera de la capital del país. Ya solamente eso, ayer y hoy, alcanza para recordar a nuestro Chino como otro de los imprescindibles.

Tomado de la edición impresa de Vanguardia, Santa clara, 1 de mayo de 2021

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