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Archive for the ‘Nuestra lengua española’ Category

Foto: © Archivo EFE/Enric Fontcuberta

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Las palabras brote y rebrote, por un lado, y ola y oleada, por otro, se emplean a menudo de forma indistinta, pero encierran matices que conviene tener en cuenta para una redacción más exacta.

Brote es un término más amplio, mientras que rebrote es más preciso, pues implica que ya se ha controlado y eliminado algún brote anterior. En la situación actual, es válido afirmar que vuelve a haber brotes en una localidad o que hay rebrotes o nuevos brotes en las últimas semanas.

En suma, allá donde es adecuado emplear rebrote también lo es optar por brote, pero si se alude a un primer brote no es apropiado utilizar rebrote.

Por otra parte, en las noticias sobre los nuevos casos de covid-19, se emplean indistintamente los sustantivos ola oleada. En este sentido, cabe indicar que, aunque el término oleada es adecuado y no es preciso siquiera ponerlo entre comillas, resulta preferible optar por ola

En efecto, la Real Academia Nacional de Medicina considera que en epidemiología es la voz ola (que puede considerarse sinónima de fasela que empezó a utilizarse por su parecido con el movimiento característico de subida y bajada de las olas del mar. Con este sustantivo se hace referencia a un número creciente de personas infectadas por una enfermedad, que alcanza un máximo para, a continuación, descender más lentamente.

Puede decirse, en definitiva, que todos los países afectados han sufrido una primera ola de coronavirus y que algunos de los que se venían recuperando y habían alcanzado la llamada nueva normalidad se están enfrentando ahora a nuevos brotes y se preparan para segundas y terceras olas.

De Recomendaciones de Fundéu (Fundación del Español Urgente)

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El grifo, del griego γρυφος (gryphos), era un animal fabuloso, mezcla de águila y león.

Este adjetivo calificativo se aplica a todo aquello que presenta características de ‘maravilloso, fantástico, extraordinario, excesivo o increíble’, como suele ocurrir con las aventuras y los hechos narrados en las fábulas o los seres imaginarios que allí suelen aparecer.

La palabra fabulosus ya existía en latín para calificar algo que era ‘objeto de muchas fábulas’, pero debemos tener en cuenta que, para los romanos, fabula significaba ‘habladuría, rumor, conversación de la gente’, como en la frase Per urbem fabula quanta fuit! (¡Lo que he dado que hablar en la ciudad!). En latín, fabulari significaba ‘hablar, conversar’, derivado de fari ‘hablar’, con origen en el indoeuropeo pha- ‘hablar’. Fabulari llegó al español como fablar y, más tarde, mediante el cambio de la f por h, se convirtió en nuestro actual hablar.

“Pves que auemos y hablado delos dados lo mas complidamientre que pudiemos; queremos agora aqui fablar delas tablas. que como quier que ayan mester dados con que se iueguen que muestran uentura por que ellas se an de iogar cuerdamientre”. (Alfonso X el Sabio: Libro de ajedrez, dados y tablas).

Sin embargo, el sentido de ‘relato ficticio con intención didáctica’ que damos a fábula en el español actual, también se vincula con el latín, puesto que en esta lengua, además de ‘habladuría’, significaba ‘cuento, o narración’. Corominas, no obstante, afirma que fábula es un duplicado culto de habla, registrado en el castellano del siglo XV, igual que fabuloso.

Este adjetivo calificativo se aplica a todo aquello que presenta características de ‘maravilloso, fantástico, extraordinario, excesivo o increíble’, como suele ocurrir con las aventuras y los hechos narrados en las fábulas o los seres imaginarios que allí suelen aparecer.

La palabra fabulosus ya existía en latín para calificar algo que era ‘objeto de muchas fábulas’, pero debemos tener en cuenta que, para los romanos, fabula significaba ‘habladuría, rumor, conversación de la gente’, como en la frase Per urbem fabula quanta fuit! (¡Lo que he dado que hablar en la ciudad!). En latín, fabulari significaba ‘hablar, conversar’, derivado de fari ‘hablar’, con origen en el indoeuropeo pha- ‘hablar’. Fabulari llegó al español como fablar y, más tarde, mediante el cambio de la f por h, se convirtió en nuestro actual hablar.

Pves que auemos y hablado delos dados lo mas complidamientre que pudiemos; queremos agora aqui fablar delas tablas. que como quier que ayan mester dados con que se iueguen que muestran uentura por que ellas se an de iogar cuerdamientre. (Alfonso X el Sabio: Libro de ajedrez, dados y tablas).

Sin embargo, el sentido de ‘relato ficticio con intención didáctica’ que damos a fábula en el español actual, también se vincula con el latín, puesto que en esta lengua, además de ‘habladuría’, significaba ‘cuento, o narración’. Corominas, no obstante, afirma que fábula es un duplicado culto de habla, registrado en el castellano del siglo XV, igual que fabuloso.

De La palabra del día, por Ricardo Soca

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Foto: Pixabay/rawpixel

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Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, que se celebra el 10 de octubre, se recogen a continuación algunas claves para mejorar la redacción de las noticias relacionadas con este ámbito.

1. Persona con problemas de salud mental, expresión recomendada

Persona con problemas de salud mental o persona con trastorno mental son las denominaciones recomendadas. Los colectivos que representan a estas personas defienden estas denominaciones, especialmente para su empleo en los medios de comunicación, y las consideran preferibles a enfermo o enferma mental, que denominan al individuo por una sola de sus características, y a otras, aún más peyorativas, como loco o perturbado.  

Asimismo, más allá de los significados recogidos en los diccionarios, se desaconseja sustantivar el nombre de la enfermedad para designar a la persona (esquizofrénicodepresivoanoréxicopsicótico, etc.), del mismo modo que no es frecuente hablar de un sidoso o un canceroso para referirnos a quienes tienen estas enfermedades.

2. Centro de salud mental, no manicomio 

Centro de salud mental o, en ciertos casos, centro de díacentro de rehabilitación y otras expresiones similares son las adecuadas para referirse a las instalaciones donde se atiende a las personas con problemas de salud mental, mejor que otras como manicomio.

Como en otros centros sanitarios, quienes necesitan tratamiento de salud mental ingresan no son recluidosinternados o encerrados en ellos.

3. Trastorno mental no es sinónimo de discapacidad intelectual

La denominación trastorno mental se utiliza para referirse a una serie de problemas de salud que no suponen ni tienen por qué estar asociados con una discapacidad intelectual. Así, la Guía de estilo sobre salud mental para medios de comunicación indica que la esquizofrenia, el trastorno bipolar, la depresión o la ansiedad, entre otros, son problemas de salud mental, mientras que el daño cerebral adquirido, el autismo, el síndrome de Down o la epilepsia no lo son. 

4. Términos de salud mental en otros contextos

En ocasiones se emplean en las noticias elementos y terminología del campo de la salud mental para describir situaciones, personas o cosas que nada tienen que ver con los problemas de este tipo. Por ejemplo, es frecuente usar el adjetivo esquizofrénico para referirse a una situación caótica, irracional o contradictoria, como en «El partido vive una etapa esquizofrénica». Se trata de un uso metafórico que los colectivos que representan a las personas con trastorno mental consideran inapropiado, peyorativo y perjudicial para su imagen.

De Recomendaciones de Fundéu (Fundación del Español Urgente)

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Novelista Emilia Pardo Bazán

El diccionario de la Academia española define artilugio como un ‘mecanismo, artefacto, sobre todo si es de cierta complicación’ y agrega “se usa más en sentido despectivo” o también ‘ardid o maña, especialmente cuando forman parte de algún plan para alcanzar un fin’. No obstante no ofrece su etimología.

La palabra fue formada en forma culta en el siglo XIX, por composición, a partir del latín ars, artis ‘arte’ + lūgeo ‘llorar, lamentarse, estar de luto’. Luto, digámoslo de paso, viene de luctus, justamente el participio pasivo de lugeo. Este verbo latino estaría vinculado con el protoindoeuropeo loug-eie- ‘tragar’.

Observemos que en castellano arte, como elemento compositivo, se utiliza en algunas palabras cuyo significado involucra algún tipo de engaño o falsedad, tales como artificioartificial o artimaña, que es a lo que parece referirse la Academia española con la marca de despectivo.

Emilia Pardo Bazán utilizó artilugio en su novela Insolación (1889):

Eran dos mozas: una que tostaba garbanzos en una sartén puesta sobre una hornilla: otra que pasó y con las sayas derribó el artilugio. Jamás he visto en rostro humano expresión de ferocidad como adquirió el de la tostadora.

De La palabra del día, por Ricardo Soca

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Vista actual de la ciudad de Byblos, conocida hoy por su nombre árabe Jubail.

Egipcios, griegos y romanos escribían en rollos de papiro, un soporte de escritura que se exportaba desde el puerto fenicio Byblos, donde hoy está la ciudad libanesa de Jebail.

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Foto: ©Archivo Efe/EFE/EPA/ESO/M. Kornmesser/L. Calçada & NASA/JPL/Caltech

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El nombre recomendado actualmente para la sustancia química que se ha detectado en Venus es fosfano, no fosfina.

En las noticias sobre este hallazgo astronómico es frecuente encontrar la forma hoy desaconsejada, como se puede comprobar en los siguientes ejemplos: «La fosfina, la molécula pestilente y tóxica que podría ser una huella de vida en Venus» o «En nuestro planeta, la fosfina se asocia con la vida porque se encuentra en los microbios».

Los nombres de los compuestos químicos tienen validez internacional y están regulados por la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC), así como por las entidades correspondientes en diversos países, que reajustan las normas básicas a la morfología y la ortografía de cada lengua. 

En el caso concreto de este compuesto del fósforo, la Real Sociedad Española de Química precisa, en un documento que resume las normas de la IUPAC del 2005, que el nombre adecuado es fosfano y señala de modo explícito que la denominación fosfina y otras similares «no se deben utilizar». Otro posible nombre, que en textos no especializados resulta menos conveniente, es trihidruro de fósforo.

Estas normas se aplican a otros muchos nombres químicos, como por ejemplo dióxido de carbono, que reemplazó al hoy desechado anhídrido carbónico.

Por ello, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido «El fosfano, la molécula pestilente y tóxica que podría ser una huella de vida en Venus» y «En nuestro planeta, el fosfano se asocia con la vida porque se encuentra en los microbios».

De Recomendaciones de Fundéu (Fundación del Español Urgente)

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Cuando el paciente no es consciente de que lo aqueja una dolencia.

Imagine el lector que un día se despierta por la mañana y le da los buenos días a su pareja, pero ella (o él) le responde en una lengua completamente desconocida. Cuando se sientan a desayunar, su cónyuge no solo no entiende lo que usted habla, sino que, además, se sigue expresando en aquella lengua desconocida que usted escuchó al despertar. Usted se asusta, despierta a su hijo y este también le habla en el mismo idioma de su pareja y, como él (o ella), no entiende lo que usted habla.

Usted está aterrorizado, como si estuviera en medio de una novela kafkiana o de ciencia ficción. Sin embargo, esta tragedia la viven todos los días decenas o tal vez cientos de personas en todo el mundo que acaban de sufrir un derrame cerebral o un infarto en la zona llamada “de Wernicke”, situada, en  el 89% de las personas, en el hemisferio izquierdo del cerebro. Estas personas fueron acometidas súbitamente por una afasia de Wernicke, o sea, la pérdida, generalmente definitiva, de un área cerebral indispensable para el lenguaje, pero en las primeras horas o a veces días no se dan cuenta de lo que les ocurre, lo que les causa una angustia intensa. Además de afasia, o pérdida del lenguaje, estos pacientes padecen de anosognosia, una palabra de la jerga médica que significa ‘falta de conciencia, por parte de un paciente, de que está sufriendo una dolencia’.

El vocablo está formado por el prefijo privativo griego α- seguido por νόσος (nósos) ‘enfermedad’ y luego por γνώσις (gnosis) ‘conocimiento’, o sea, juntando todo, ´falta de conocimiento (o conciencia) de una enfermedad’.

De La palabra del día, por Ricardo Soca

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