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Archive for the ‘Poesía’ Category

Llueve y llueve en Atenas y en Santiago…

es un verdadero diluvio universal en Atenas…

la lluvia se escurre entre mi labios mojados…

lágrimas intermitentes caen del cielo nublado en Atenas y Santiago

negros nubarrones no dejan de pasar sobre nuestras existencias tan débiles…

es un verdadero diluvio universal en Atenas

y en Chile también llueve…

días de dolor e incertidumbre

días de dolor e inviernos duros

se nos vienen encima

con el doloroso pasar de tantos años

hoy ya sobrepasando todos los límites posibles…

y aun así celebrando este largo caminar…

llueve y llueve en Atenas…

lejos los hijos …

están

todos dispersos

por el cosmos…

algún día regresarán

algún día regresarán…

tal vez ya será muy tarde… porque

acá en Atenas y en Santiago llueve y llueve sin parar…

solo… solo en este rincón del mundo

seguiré y seguiré porfiadamente este caminar…

se ve claro

que la primavera y el verano

ya nos dejaron y abandonados…

aquí en Atenas solo llueve y llueve

torrencialmente.

¿y en Chile que está pasando..?

¿de nuevo soldados disparando contra el pueblo desnudo de la araucanía…?

Y Arauco

no tenía ya una pena… como decía Violeta…

dejemos que el cielo siga llorando solo…

y mis lágrimas se confundan

con las lluvias

en este diluvio universal en Atenas…

sigue lloviendo y lloviendo acá en Atenas ..

no importe que sea el día de mi fiesta olvidada…

escucho músicas del pasado..

y ahora que entre nosotros todo se terminó

y ya no hay nada más que nos une …

seguirá lloviendo como en un diluvio universal acá en Atenas y tal vez en Santiago de Chile…

llueve… llueve en ATENAS

14 OCTUBRE 2021

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Ahora solo tengo mi canción,
mi canto desnudo,
la fiebre.
Partiré de la vida como de un lugar cualquiera.
Transmigraré. Seré polen o gusano,
seré cualquier cosa, menos yo.
Dejaré la morada de las cavilaciones
y ascenderé a la yerma quietud de los silencios.

Isabel de los Ángeles Ruano. Guatemala, 1945

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Ahora tras el canto, después de la sirena,
cuando vuelve el silencio a remediar el mundo,
cuando la mano acerca su flor hacia la tierra
y puntea un poema profundo porque es mudo.

Y después de los siete pecados capitales
y de tantas virtudes a las que renunciamos
y de tantos errores, de los imperdonables,
y tan pocos aciertos a los ojos humanos.

(A los ojos de un Dios hemos de ser muñecos
sin voluntad ni fuerza, de la nada a la nada
no viajamos, el viaje nos lleva a pesar nuestro
y somos del destino los caballos de carga).

Y los que cometieron el pecado mortal
de no haber cometido pecado alguno, o casi,
porque el solo estar vivo es condena fatal
de un pecado anterior que hizo esta vida frágil.

Justos o pecadores, que poco importa al polvo,
grabamos nuestra muerte, la historiamos de olvido
para hacer de los huesos brillo ardiente en el lodo
y morder en la noche raíz de paraíso.

Alfredo Fressia. Montevideo, Uruguay, 1948

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Te vas quedando solo.

Apoyaste todo tu amor en los ancianos

que te sonríen, y luego se marchan.

Escribiste páginas borrables

y poemas de corta duración, como tu vida.

Ni los libros leídos ni los más amados

estarán contigo allá, que es dónde.

Abiertamente solo, vas pensando, en la noche,

cómo engañar a la soledad

con un monólogo,

con un aplauso.

Virgilio López Lemus, Fomento, Sancti Spíritus, Cuba, 1946

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Hijo del agua y la tierra, sagrado y bendito fango.
Circunstancia del misterio, habitante de los astros
que viven entre los mares o alrededor de los fuegos,
que son mi eterno presente, mi futuro, mis abuelos.

Vengo a contar la sublime victoria de la belleza,
sobre todos los temores, las flaquezas y miserias.

Abismo de los abismos, eternidad de la nada,
infinito donde callan las ansiedades humanas.

Invoco a las maravillas de toda la creación,
para cantar alegrías y las gracias al Señor:
El Verdadero Cantor

Tengo lejana memoria del universo danzando.
Una ronda inteligente que aún me sigue encantando.

He conocido a los grandes a partir de los pequeños.
El que comprende a la hormiga entenderá el universo.

No hay halago que detenga mi caminar por el mundo.
Aunque el hilo sea pequeño no deja de ser un nudo.

Soy parte de aquel que es, que fue y que será por siempre
y se que el mejor abrigo de los hombres es la mente.

De las montañas aprendo a esperar serenamente
y del profundo silencio los poderes permanentes.

No desprecio lo que tengo, vivir es hecho bendito.
El abismo y las ciudades también son el infinito.
Todo es parte de la nada celeste voz del invicto.

Eternamente me nazco de estallido en estallido,
de silencio en silencio, de la raíz hasta el nido.
De planeta en planeta, de la mujer hasta el niño,
con el tiempo donde vive lo que será, lo que ha sido.

Ando por todo lo ancho del horizonte y la espina
impulsado por la fe, la esperanza y la alegría.
Aprendiendo del coyote y el oso la ley divina,
el templo es el universo y el sacerdote la vida.

Donde van el sol, el viento, la intuición y las palomas,
allí dirijo mi vuelo sin pensar en otra cosa.
Donde el águila descansa de grandezas y de cielo,
a esa altura de la piedra a veces me entrego al sueño.

Para cansar al cansancio, anduve todos los mares.
Me conocen las gaviotas casi tanto como el aire.

El señor dejo el secreto al alcance de mi mano,
cuando yo vi la naranja supe que existe el milagro.

Yo vivo serenamente para una muerte serena,
paso a paso por el tiempo la planeo a mi manera.

El desierto me ha contado una historia sin final,
voluntad de voluntades que tal vez hoy son la mar.

Hace tiempo que en el tiempo algún hombre pregunto,
lo que ahora estoy buscando, lo que alguno ya encontró.

Cuando canto canta todo, por el todo estoy aquí.
Una piedra es todo el mundo, una flor es el jardín.
Una vez estuve cerca y otras veces me perdí,
no es casual que me suceda lo que te sucede a ti.

Extranjero en las ciudades, compatriota del camino.
Amante de los desiertos y el silencio del vacío.

Las ilusiones del alma empujan a mi esqueleto,
para que siga buscando porque buscar es el cuento.

El espejo de la luna me refleja varias veces,
para que sepa que he sido cuanto muere y cuanto crece.

Cuando dejé que natura decida mi libertad,
cuando dejé de buscarla halle la felicidad.

Aprendí que el paraíso al igual que el infierno
viven en nuestra conciencia, que es Dios mismo dentro nuestro.

Conozco todas las formas de celebrar al Señor:
bajo las sombras, la luna, en la lluvia o bajo el sol.

Conozco todas las formas pero ninguna mejor,
para cantar su grandeza, que las frutas del amor.

Soy una parte del cosmos y no empleado del miedo.
El asombro me alimenta y no el terror y ni el tedio.

Yo vivo en el movimiento si me quieren encontrar,
bella casa que comparto con la paz y la verdad.

El amor y la poesía reconcilian los contrarios.
Armonía de armonías que busco y busco cantando.

En mis sueños y mi sombra, en mis huesos y mi mente,
en lo pasado y futuro llevo la vida y la muerte

Entre el sueño y la vigilia a veces comprendo todo.
Entonces canta el maestro a través de lo que nombro:
Tengo un destino de luz… el mismo que tienes tú…

Hijo del agua y la tierra, sagrado y bendito fango.
Circunstancia del misterio, habitante de los astros
que viven entre los mares o alrededor de los fuegos,
que son mi eterno presente, mi futuro, mis abuelos.

Vengo a contar la sublime victoria de la belleza,
sobre todos los temores, las flaquezas y miserias.

Abismo de los abismos, eternidad de la nada,
infinito donde callan las ansiedades humanas.

Invoco a las maravillas de toda la creación,
para cantar alegrías y las gracias al Señor:
El Verdadero Cantor

Tengo lejana memoria del universo danzando.
Una ronda inteligente que aún me sigue encantando.

He conocido a los grandes a partir de los pequeños.
El que comprende a la hormiga entenderá el universo.

No hay halago que detenga mi caminar por el mundo.
Aunque el hilo sea pequeño no deja de ser un nudo.

Soy parte de aquel que es, que fue y que será por siempre
y se que el mejor abrigo de los hombres es la mente.

De las montañas aprendo a esperar serenamente
y del profundo silencio los poderes permanentes.

No desprecio lo que tengo, vivir es hecho bendito.
El abismo y las ciudades también son el infinito.
Todo es parte de la nada celeste voz del invicto.

Eternamente me nazco de estallido en estallido,
de silencio en silencio, de la raíz hasta el nido.
De planeta en planeta, de la mujer hasta el niño,
con el tiempo donde vive lo que será, lo que ha sido.

Ando por todo lo ancho del horizonte y la espina
impulsado por la fe, la esperanza y la alegría.
Aprendiendo del coyote y el oso la ley divina,
el templo es el universo y el sacerdote la vida.

Donde van el sol, el viento, la intuición y las palomas,
allí dirijo mi vuelo sin pensar en otra cosa.
Donde el águila descansa de grandezas y de cielo,
a esa altura de la piedra a veces me entrego al sueño.

Para cansar al cansancio, anduve todos los mares.
Me conocen las gaviotas casi tanto como el aire.

El señor dejo el secreto al alcance de mi mano,
cuando yo vi la naranja supe que existe el milagro.

Yo vivo serenamente para una muerte serena,
paso a paso por el tiempo la planeo a mi manera.

El desierto me ha contado una historia sin final,
voluntad de voluntades que tal vez hoy son la mar.

Hace tiempo que en el tiempo algún hombre pregunto,
lo que ahora estoy buscando, lo que alguno ya encontró.

Cuando canto canta todo, por el todo estoy aquí.
Una piedra es todo el mundo, una flor es el jardín.
Una vez estuve cerca y otras veces me perdí,
no es casual que me suceda lo que te sucede a ti.

Extranjero en las ciudades, compatriota del camino.
Amante de los desiertos y el silencio del vacío.

Las ilusiones del alma empujan a mi esqueleto,
para que siga buscando porque buscar es el cuento.

El espejo de la luna me refleja varias veces,
para que sepa que he sido cuanto muere y cuanto crece.

Cuando dejé que natura decida mi libertad,
cuando dejé de buscarla halle la felicidad.

Aprendí que el paraíso al igual que el infierno
viven en nuestra conciencia, que es Dios mismo dentro nuestro.

Conozco todas las formas de celebrar al Señor:
bajo las sombras, la luna, en la lluvia o bajo el sol.

Conozco todas las formas pero ninguna mejor,
para cantar su grandeza, que las frutas del amor.

Soy una parte del cosmos y no empleado del miedo.
El asombro me alimenta y no el terror y ni el tedio.

Yo vivo en el movimiento si me quieren encontrar,
bella casa que comparto con la paz y la verdad.

El amor y la poesía reconcilian los contrarios.
Armonía de armonías que busco y busco cantando.

En mis sueños y mi sombra, en mis huesos y mi mente,
en lo pasado y futuro llevo la vida y la muerte

Entre el sueño y la vigilia a veces comprendo todo.
Entonces canta el maestro a través de lo que nombro:
Tengo un destino de luz… el mismo que tienes tú…

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Parque Leoncio Vidal, Santa Clara, Cuba. (Foto de Eduardo J. Valdés)

Un poema sobre un banco de parque

Amada, déjame decir tu nombre
recóndito y misterioso como las aguas
que abre el círculo de la cuaresma.

Pedro Llanes Delgado

ahora que estoy en el vórtice
donde los danzantes esperan
junto al despeñadero la imagen
de la muchacha que cierra el Oráculo
de Delfos
. no mires al lebrel,
no sientas el paso de las aguas del río.
olvida el fulgor que traen
las auroras por estos recónditos parajes.
en los ojos del flechero
hay algo de culpa, como hay algo de culpa
en el corazón del espantapájaros, en su argamasa.
no te atrevas a invocar a las nereidas. el otoño
regresará sobre un banco de parque,
para borrar los recuerdos (tus recuerdos?).
amada, deja en el laurel la epifanía,
el eco que has descubierto por estas
praderas invisibles donde Dios
nos abandona entre los astros.
ahora que estoy en el vórtice,
en el círculo de la cuaresma,
donde los potros salvajes
recuerdan los adagios de la estación,
y siento cómo escurridizas luces
me penetran, y me roban las palabras.

Ποίημα πάνω σ’ ένα παγκάκι του πάρκου


Aγαπημένη, άφησέ με να πω το όνομά σου
απόκρυφο και μυστεριώδες σαν τα νερά
που ανοίγει τον κύκλο της Σαρακοστής

Πέδρο Γιάνες Δελγάδο

Τώρα που βρίσκομαι στη δίνη
όπου οι χορευτές περιμένουν
κοντά στο γκρεμό την εικόνα
της κόρης που σφραγίζει το μαντείο
των Δελφών
, μη κοιτάς το κυνηγόσκυλο
μην ακούς τη ροή του νερού στο ποτάμι.
Ξέχνα το φέγγος που φέρνουν
οι αυγές σ’ αυτά τα σκοτεινά μέρη.
Στα μάτια του τοξότη
υπάρχει κάτι από ενοχή, όπως υπάρχει κάτι από ενοχή
στην καρδιά των σκιάχτρων, στη λάσπη τους.
Μη τολμήσεις να επικαλεστείς τις Νηρηίδες. Το φθινόπωρο
θα επιστρέψει πάνω σε ένα παγκάκι του πάρκου,
για να σβήσει τις αναμνήσεις (τις αναμνήσεις σου;).
Αγαπημένη άφησε στη δάφνη τα Επιφάνεια.
Την ηχώ που έχεις ανακαλύψει σ’ αυτά
τα αόρατα λιβάδια όπου ο Θεός μας εγκαταλείπει ανάμεσα στ’ αστέρια.
Τώρα που βρίσκομαι στη δίνη, στον κύκλο της Σαρακοστής
όπου τα άγρια πουλάρια θυμούνται τα αντάτζιο της εποχής, και αισθάνομαι σα να
με διαπερνούν φευγαλέα φώτα και να μου κλέβουν τις λέξεις.

*Traducido en Atenas, Grecia, por Anna Karapa y Jaime Svart, poeta chileno. Corrección de Vassiliki Ziaka.

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Tú para mi recitado,
Tú en la poderosa tormenta incluso como ahora, la nieve, el día de invierno que decae,
Tú en tu panoplia, tu doble ímpetu medido y tu pulso convulso,
Tu cuerpo negro, cilíndrico, latón dorado y acero plateado,
Tus pesadas barras laterales, paralelas y conectando los ejes, girando, trasmitiendo el movimiento a ambos lados,
Tu soplo y tu rugido métricos que ora se amplifican ora se desvanecen en la distancia,
Tu gran faro que sobresale colocado en la parte delantera,
Tus largas, pálidas banderolas de vapor que flotan teñidas de delicado color violeta,
Las densas y oscuras nubes eructadas por tu chimenea,
Tu intricada estructura, tus muelles y válvulas, el trémulo resplandor de tus ruedas,
El tren de coches detrás, obedientes que te siguen con alegría,
A través de la tempestad o de la calma, ora a prisa, ora despacio, zigzagueando constantemente
Símbolo de modernidad -emblema de movimiento y energía- latido del continente,
Por una vez ven a servir a la Musa y sumérgete en el verso, incluso como aquí te veo
Con tormenta y viento que golpea y nieve que cae
Por el día tu vibrante campana de aviso hará sonar sus notas,
Por la noche tus silenciosas lámparas de señalización se balancearán.
¡Belleza de feroz garganta!
Rueda sobre mi canto con toda tu música desquiciada, tus lámparas balanceándose por la noche
Tu risa que silba como loca, produciendo eco, retumbando, como un terremoto sobresaltándolo todo
Con total control sobre ti misma, aferrándote con firmeza a tu vieja vía,
(No hay dulzura refinada de arpa llorosa o de tu elocuente piano,)
Tus vibraciones y chirridos retornaron por rocas y colinas
Lanzados sobre las anchas praderas, a través de los lagos,
Hasta los cielos libres, desatada, radiante, poderosa.

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