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Posts Tagged ‘Agustín Gómez-Lubián Urioste’

En el único libro de poemas de Agustín Gómez-Lubián Urioste publicado, titulado Versos, el inicial es “Primer amor”, que les brindo hoy:

PRIMER AMOR

Primer amor

Amor de juventud, amor primero,
amor de paz, de gloria duradera,
que perdura por siempre en el recuerdo,
que nos parece un sueño,
y nos recuerda la dulce primavera.

El amor juvenil es la quimera
de dicha, de alegría, de tristeza y de dolor,
es nuestro amor sublime, 
es la ilusión primera,
que perdura por siempre en nuestro corazón.

Después olvidaremos, volveremos a amar
y quizás algún día en nuestro propio hogar
al hacer un recuento de nuestro corazón,
encontramos que queda aquel primer amor,
como quedan los tallos cuando cortan la flor.

Santa Clara, Noviembre de 1952.

De Versos, 3. ed., Santa Clara, García Llansó, 1858.

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Familia de Chiqui Gómez-Lubián

De izquierda a derecha: Josefina Urioste, madre de Chiqui; su hermana Leila; Chiqui; su prima Martha Anido; Esther Gómez, la abuela paterna; su prima Magalys y su tía Clara Estrella. Parados detrás, su tía Nena con su esposo, y en el centro, Agustín, el padre.

La tranquilidad de la tarde del 26 de mayo de 1957 se vio rota en Santa Clara con el sonido de una fuerte explosión que estremeció la esquina de las calles Buenviaje y Maceo, así como el Parque Vidal y sus alrededores.
De inmediato, dos de los tres tripulantes de la máquina quedaron destrozados por la potente bomba: el mayor tenía 24 años y se nombraba Julio Pino Machado; mientras el otro, Agustín Gómez-Lubián Urioste, conocido como Chiqui, apenas 19.
Ambos eran activos integrantes del M-26-7 en la antigua provincia de Las Villas y tenían la misión de poner el artefacto explosivo, por ellos mismos elaborado, a un costado del edificio que ocupaba la entonces sede del Gobierno Provincial, hoy Biblioteca Provincial Martí.
Solo sobrevivió la estudiante de la Escuela Normal para Maestros Gladys Pérez García, Marel, quien se ha encargado de contar lo acontecido en esos trágicos minutos.

Margot y Bertica, madre y hermana de Julio, recuerdan

Mi hijo Julio era de constitución delgada, alto para su edad, pelo castaño, ojos azules, rostro sonrosado y pecoso, alegre, siempre de buen humor, cariñoso, muy noble y dispuesto siempre a conmoverse ante cualquier desgracia, propia o ajena.
Como hombre era valiente y con convicciones muy arraigadas. Leía mucho a Martí, Kant, Tomás Moro, Kafka y era reflexivo. Tenía un pensamiento de izquierda.
Junto a Rodolfo de las Casas, Casitas, y Roberto Hernández Zayas se preparaba para irse a la Sierra Maestra. Ellos pudieron, pero a él no le alcanzó la vida para hacerlo.

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