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Posts Tagged ‘Alejo Carpentier’

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Por Odalianny Chirino Rodríguez

El 31 de marzo de 1959, mediante la Ley 187, el Gobierno Revolucionario creó la Imprenta Nacional de Cuba. Con esta institución se instauraron las bases para realizar publicaciones sistemáticas y masivas, de libros, revistas y folletos, así como de otros formatos impresos demandados por la población cubana. Desde 1981 se escoge esta fecha para conmemorar el Día del Libro Cubano. (más…)

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Por Francisco Antonio Ramos García y José Miguel Dorta Suárez

 

“Voy, pues, a hacerte una pregunta. ¿Cuántos años dijiste que tenías?”
Lewis Carroll, Alicia en el País del Espejo 

 

La novela de Alejo Carpentier La consagración de la primavera, considerada por su autor como “la primera que he escrito. Todo lo demás era literatura,”[1] es según muchos la cima de su labor creativa, y especialmente para el destacado investigador Sergio Chaple, su obra más perfecta en cuanto a la distribución del tiempo, tanto el histórico, como los literarios y estructurales. Chaple en varios estudios[2] ha demostrado su tesis a través de las interrelaciones existentes entre los narradores y protagonistas principales —Vera y Enrique—, los capítulos de la obra y el contexto histórico. No obstante, algo contrariado, subraya: (más…)

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Por Miralys Sánchez Pupo

…No se debe olvidar que antes de ser político
soy un periodista, un escritor y quiero que se
me juzgue por mis obras…” (1)

Alejo Carpentier. Foto de archivoAl abrir la novela La Consagración de la Primavera, escrita por Alejo Carpentier como un homenaje a la Revolución Cubana y al finalizar aparecen los pasos de una bailarina en su ensayo con el acostumbrado conteo de 1…2…3…  en su continuación para unir la rotación y el giro de la artista sobre sus pies. Así se abre el escenario que puede considerarse parte del testamento literario del periodista y escritor cubano. Su encuentro con el episodio con Playa Girón le hizo opinar sobre él que representó una de las más grandes batallas en la Historia de América. Pero además de la más moderna al considerarla  un hito trascendente por su especial el significado de su importancia universal.
El enciclopedismo habitual del escritor demostró en ella sus conocimientos políticos, históricos, musicales, la danza, sobre arquitectura y el lugar de los medios de difusión dentro del contexto temporal de un profundo análisis ya asumido por él desde mucho antes. Ellos transitan como una presencia de fondo cronológico que ofrece información para contribuir con el análisis del receptor, cuando ya era conocida la afirmación del autor quien aseguró que la guerra de 1914 no había cesado aún en el planeta y todo su remolino aún arrastraba las vicisitudes de la humanidad. Desde tales bases asumió la estructura novedosa para una obra que tal parecía estar alejada del centro neurálgico de Cuba.

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Ernesto Peña González (Santa Clara, 1976) será uno de los escritores cubanos que en las próximas semanas asistirá a la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, México, como parte de una delegación que representará a la mayor de las Antillas en este importante evento, uno de las de mayor prestigio en toda el área. Es  graduado de Filología por la Universidad Central de Las Villas y obtuvo este año el codiciado Premio de Novela Alejo Carpentier. A pesar de su corta edad ya este autor cuenta con una amplia bibliografía de libros de narrativa y poesía  en los que se destacan; La hierba frondosa (Editorial Capiro, 2003), Vestigios de Síbaris (Sed de Belleza, 2005) e Interior de una casa inexistente (Reina del Mar Editores, 2006) a los que ahora ha sumado su premiada novela recientemente publicada por la Editorial Letras Cubanas: Una Biblia perdida.
Además de presentar su novela premiada, participará en conferencias y mesas redondas relacionadas con la literatura cubana previstas dentro del amplio Organizada por la Universidad de Guadalajara, esta edición rendirá homenaje al poeta y pintor Fayad Jamís en el centenario de su natalicio.
La información fue tomada de mensaje enviado por Arístides Vega Chapú, divulgador del Centro Provincial del Libro y la Literatura en Villa Clara.

Más sobre Ernesto Peña:

Ernesto Peña González

Ernesto Peña: “Me importa el público que me lee”

Premio de Narrativa alejo Carpentier para Ernesto Peña

Ernesto Peña  y la Biblia perdida

Una Biblia perdida, de Ernesto Peña, ya está publicada

Delinquir, poema de Ernesto Peña

Antagonía, de Ernesto Peña

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Con el propósito de fomentar la creación y promoción de obras literarias en los géneros de novela, cuento y ensayo, la Editorial Letras Cubanas, la Fundación Alejo Carpentier y el Instituto Cubano del Libro,  convocan a la decimosegunda edición del PREMIO DE NOVELA, CUENTO Y ENSAYO ALEJO CARPENTIER, que se regirá por las siguientes bases:

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1.    Podrán participar todos los escritores cubanos, con obras  inéditas, escritas originalmente en español,  que no estén comprometidas con una editorial y que no se encuentren pendientes de resolución en otro concurso. Se considerarán inéditas cuando el 60 % de los textos, como mínimo, no haya sido publicado antes.
2.    Se deberán entregar tres ejemplares, debidamente foliados y presillados,  escritos en hojas de 8 ½ x 11 pulgadas, en una sola cara, a máquina o computadora, a doble espacio y con un tamaño de letra legible, no menor de 10 puntos. Si la obra llevara ilustraciones, estas deberán ser a línea, blanco y negro, y se presentarán en disquete, con una resolución no menor de 300 dpi, y una prueba impresa, o en soporte papel con una nitidez que permita ser escaneadas o reproducidas por otras técnicas.
3.    Los límites de cuartillas de las obras concursantes deberán ser:
Novela: 150 como mínimo y hasta 400 como máximo.
Cuento (colección de cuentos): 80 como mínimo y hasta 200 como máximo.
Ensayo o conjunto de ensayos: 150 como  mínimo y hasta 300 como máximo.
4.    Los temas son libres. En el caso del ensayo, debe referirse a asuntos de carácter artístico y literario.
5.    Los autores concursarán con su propio nombre y, en sobre aparte,  consignarán  nombre completo (o su nombre literario o artístico), dirección, teléfono, fax, correo electrónico o cualquier otra forma de comunicación, y breve currículo.
6.    Sólo se podrá participar en uno de los géneros convocados.
7.    Los autores premiados en convocatorias anteriores sólo podrán participar en los géneros en  los que no fueron premiados.
8.    El Jurado, tres miembros por cada género, estará compuesto por intelectuales de reconocido prestigio,  presidido por un representante de las instituciones convocantes, más un coordinador de los trabajos del Jurado. Las decisiones se tomarán por mayoría simple y los resultados finales son inapelables. El Jurado podrá recomendar a la Editorial Letras Cubanas, con preferencia, y a otras editoriales, la publicación de obras que resulten finalistas.
9.    Los integrantes del  Jurado serán dados a conocer oportunamente.
10.    Se concederá un premio único e indivisible por cada género, consistente en:
Novela — 5 000 pesos cubanos convertibles (CUC)
Cuento — 3 000 pesos cubanos convertibles (CUC)
Ensayo — 3 000 pesos cubanos convertibles (CUC)
Diploma acreditativo, la publicación de las obras por la Editorial Letras Cubanas y el pago de los derechos de autor según la legislación vigente.
La Editorial Letras Cubanas conservará los derechos exclusivos por cinco años para la publicación  de las obras premiadas. Durante este plazo, la publicación de las obras por otra casa editorial deberá ser previamente coordinada con la Editorial Letras Cubanas y, de concretarse, la nueva edición deberá hacer mención del premio recibido.
11.    El plazo de admisión de las obras vence el 1 de septiembre de 2010. Las obras deberán ser enviadas a:
Premio de Novela, Cuento y Ensayo Alejo Carpentier
Editorial Letras Cubanas
Obispo 302, esquina a Aguiar,
Habana Vieja, C.P. 10100
Ciudad de La Habana, Cuba
Telf.: 862-4378
E. Mail: elc@icl.cult.cu; galeria@icl.cult.cu
12.    El fallo del Jurado se dará a conocer por los medios de difusión y los Premios se otorgarán en ceremonia que formará parte del programa general de la 20 Feria Internacional del Libro  La Habana 2011 Los organizadores no se comprometen con la devolución de los originales.
13.    La participación en este Premio lleva implícita la aceptación de estas bases.

Editorial Letras Cubanas
Fundación Alejo Carpentier
Instituto Cubano del Libro

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El 29 de diciembre de 2009 publiqué que el poeta y narrador villaclareño Ernesto Peña se había agenciado el premio de narrativa Alejo Carpentier, que auspician la Fundación Alejo Carpentier y Editorial Letras Cubanas, con su obra “La Biblia perdida”. Ahora Juventud Rebelde, en su suplemento El Tintero, nos ofrece un fragmento de esa novela:

UNA BIBLIA PERDIDA (FRAGMENTOS)

libro-pasando-hojas.gifEl fragmento que presentamos a los lectores de El Tintero pertenece a la novela La Biblia Perdida, ganadora del Premio Alejo Carpentier 2009 y en proceso de edición por Mónica Olivera en la editorial Letras Cubanas, del Instituto Cubano del Libro

Los ladridos de los perros se escuchaban a lo lejos, como en una pesadilla de la que no acababa de despertar. Todos los músculos de las piernas de Francisco se tensaron aún más y sus zancadas se hicieron más largas. Sudores de fiebre y miedo le bañaban el torso, le atolondraban la sesera.
Cuando dejó de oír los perros se detuvo y reconoció la herida otra vez. Un rasguño de bala, pero que se pudriría si no lo curaba a tiempo.
Soltó el puño del machete y se arrodilló. A seguidas se dejó caer de espaldas sobre la hierba. Por unos segundos los pedazos de cielo y huecos de luz diseminados entre las frondas lo embelesaron. Pensó en Soledad y su hijito recién nacido; pero esa voz de brujo que no se le salía de la cabeza le susurró que estaban muertos, que los contramayorales habían violado y torturado a la Soledad y descuartizado a su hijo.
Los ojos de Francisco se anegaron y una argolla invisible le oprimió la garganta. Era nada. Y ahora era nada de nada. Una bestia aterrada que huye de los perros.
Se incorporó y exprimió la sangre vieja de la herida. No obstante el dolor carnal, no podía dejar de llorar su suerte. Al cabo de un rato se sintió aliviado, el cuerpo flojo como una caña chupada. Llevaba dos días y noches sin dormir, corriendo sin detenerse excepto para masticar algo y beber agua. Los matojos y las púas le tenían los tobillos desollados, pero lo que más le atormentaba eran las voces que surgían en su cabeza. «Francisco se dejó engatusar por el negro francés» «Francisco mató amos y quemó ingenio», «La Soledad y el niño van a pagar por la villanía de Francisco».
Se echó de espaldas una vez más. Pese a los latidos en las sienes y la herida, los ojos empezaron a cerrársele. En ocasiones se despabilaba y corroboraba que la tira de cuero mantenía el machete atado a su muñeca, y que el cuchillo de monte estaba en su sitio. Un instante después volvía a amodorrarse.
«Francisco va a quedarse dormido».
Se incorporó de súbito. El frío del monte le punzaba el cuello y las costillas. Había dormido toda la tarde y la noche y ahora los pájaros y ranas mañaneras comenzaban su concierto del alba. Por un momento no supo dónde estaba. Veía puntitos luminosos ante sí y dentro de la cabeza atronaba un tambor insufrible. «Estoy muerto», se dijo, hasta que escuchó el gruñido.
Los dos perros se acercaban con sigilo, los pelos erizados y los colmillos sobresalientes. Cuando Francisco se puso en pie el más adelantado de los animales le saltó al cuello. Un tajo relámpago encontró al animal en el aire y le sacó el alma tras un fugaz alarido. El segundo perro tuvo mejor suerte. Aferró a Francisco por encima de la clavícula, justo en el sitio de la herida de bala. Hombre y fiera rodaron por el suelo. Francisco atinó a aguantar por la oreja la cabeza del animal que se retorcía sin cesar. Si esa boca se le hundía en las venas del cuello, todo habría terminado.
Una cuchillada veloz alcanzó al perro en un costado pero este no cedió en su afán. Después de la cuarta cuchillada las mandíbulas del animal se ablandaron. Francisco cayó de rodillas, temblequeante. Varias hilachas de sangre le bañaban el pecho y la espalda. Mientras intentaba cubrir las mordeduras con una mano trémula, las piernas se le convertían en dos trozos de roca. Tres hombres surgieron de la maleza, resollando. Francisco intentó blandir el machete pero todas sus fuerzas le habían abandonado. Respirar. Solo le quedaba respirar.
—Este es el último —dijo uno de los contramayorales después de recuperar el aliento.
El mayoral Antonio de Orihuela se acercó sin prisa y colocó el cañón del fusil contra la cabeza del negro cimarrón. A través del arma sintió el respirar grueso del fugitivo que se desangraba. Los cadáveres de sus últimos perros le conferían una gracia violenta al lugar. Entonces cierta morbosa satisfacción invadió al mayoral dejando al descubierto sus dientes manchados. Miró a sus hombres y rió sin embozo.
—El último —dijo, y soltó un salivazo negro de tabaco antes de apretar el gatillo.

Capítulo 2

Llegaría la época en que un rey negro igualaría a todos los reyes, se dijo Aponte. No como Henri Christophe, rey de una isla. Sería como Alejandro el Grande, o el preste Galawdewos. O como Napoleón. El rey de un imperio. El imperio más grande de la Tierra… pero sin esclavos de ninguna raza.

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Luego de que Ernesto Peña, premio Alejo Carpentier en narrativa 2010 por su novela Una Biblia perdida (aún sin publicar), hiciera pública su respuesta a Juan Antonio Hernández —quien lo acusaba de plagio—, a la que llamó Eliminemos un malentendido (a quienes prefieren el diálogo). El señor embajador Hernández me ha enviado otra respuesta —que parece al final—, y por supuesto, Ernesto también le contesta:

Seguimos siguiendo (a quienes prefieren la bibliografía)

No voy a dejarme dominar por la ira, como tal vez desean algunos. Voy a responder, paso a paso (como me sugieren amigos de buena fe), la carta del señor embajador Juan Antonio Hernández.
Excusando los innecesarios insultos que me lanza, pasaré a analizar los contenidos que este señor asegura que yo le robé.
1.  Ante todo diré que la descripción del desaparecido Libro de Pinturas de José Antonio Aponte aparece como apéndice del clásico La conspiración de Aponte, del maestro José Luciano Franco. Y más. Una trascripción actualizada de dicho libro se encuentra en Anales de Desclasificación / Vol. 1: La derrota del área cultural n° 2 / 2006. Trascripción y edición de Jorge Pavez O. La Habana, marzo 2004 / Valparaíso, agosto 2005.
Pavez anota al pie lo siguiente:
«Expediente sobre declarar. José Antonio Aponte el sentido de las pinturas que se hayan en el L. Que se le aprehendió en su casa. Conspiración de José Antonio Aponte, 24 de marzo de 1812», en Archivo Nacional de Cuba. Fondo Asuntos Políticos. Legajo 12. Número 17. Esta trascripción ha sido realizada basándose en la versión publicada por José Luciano Franco (La conspiración de Aponte, La Habana: Consejo Nacional de Cultura, Col. Publicaciones del Archivo Nacional, n° LVIII, 1963, pp. 60–101), revisada y corregida con arreglo al manuscrito original. Además, esta versión incorpora declaraciones que forman parte del mismo Legajo 12, n°17, y que no fueron publicadas por J. L. Franco en op.cit., ni en su reedición aumentada de 1977: Las conspiraciones de 1810 y 1812, La Habana: Ciencias Sociales. Nuestra trascripción se hizo con criterios paleográficos, salvo en el caso de las múltiples abreviaciones, que han sido desplegadas para una mayor agilidad en la lectura. [Trascripción y edición de Jorge Pavez O. La Habana, marzo 2004 / Valparaíso, agosto 2005]”.
De modo que le pregunto al señor Hernández. ¿Es usted el único que pudo darse cuenta que el Libro descrito y explicado por el propio Aponte durante los interrogatorios empezaba en el Génesis y en lugar de continuar con la historia del pueblo hebreo continuaba con la del pueblo etíope y escenas del Batallón de Morenos Leales de La Habana? ¿Le robé yo lo que aparece en un documento de archivo? Yo no niego que consulté su tesis, pero reitero aun con temor a ser enfático y aburrido: ¿Le robé yo lo que aparece en un documento del archivo nacional de Cuba? ¿No es evidente que Aponte quiso hacer una suerte de Kebra Nagast afrocubano?
2. Nada del movimiento rastafari aparece en mi novela, como es obvio porque se trata de un fenómeno posterior a la época que describo. Tampoco el barón de Vastey fue desarrollado como personaje. Solo introduzco al espía Argos, supuesto agente del barón que contacta con Aponte. Y esto es lo único “original” que reconozco haber desarrollado a partir de las sugerencias de su texto, señor Hernández.
En cuanto a las leyendas de los reyes etíopes que usted menciona, todas aparecen en el Kebra Nagast o Libro de la Gloria de los Reyes de Etiopía, un texto de 1225 d.c. Cómo el Arca de la Alianza llegó a Etiopía está relatado en dicho libro en los capítulos 19-94. ¿Acaso ha saqueado usted, o plagiado descaradamente al Kebra Nagast, o simplemente realizó una de las tantas consultas bibliográficas que los historiadores y escritores de novelas históricas hacemos para mejor desarrollo de nuestra labor?
3. Referente a las Vírgenes negras que aparecen en santuarios de los tres continentes, usted y Pavez me dieron la pista, pero la mayor información la obtuve (tal vez igual que usted) del texto El enigma de las vírgenes negras  de Jacques Huynen. Plaza & Janes SA Editores, Barcelona, 1977.
Lamento una vez más, señor Hernández, su virulento ataque. Lamento haber tenido que leer en más de una ocasión su inconsistente regaño.
Estimado embajador, le reitero mis respetos y le deseo muchos éxitos en su vida personal y profesional. Sin dudas soy deudor (que no plagiario) de su obra y lo reconozco públicamente. En cuanto se publique por la editorial Letras Cubanas, le envío la novela.
Con gratitud,
Ernesto.

Respuesta de Juan Antonio Hernández a la carta de Ernesto Peña

Señor Peña,

Obviamente usted ha leído con descuido mi denuncia. Lo he señalado por cometer plagio en sus declaraciones. Ahora, en su respuesta, usted me dice que hay pasajes
enteros de la novela inspirados en mi trabajo. La cosa, entonces, es más grave de lo que previamente imaginaba.
Me parece, usted dirá, que la forma de solucionar todo esto es que reconozca las
fuentes historiográficas con una nota que acompañe la publicación de su novela. En
dicha nota pudiera colocarse algo como: “Diversos pasajes de esta novela se basan en lo escrito por Juan Antonio Hernández sobre el libro de pinturas de José Antonio
Aponte”. Me parece, además, que una aclaratoria sobre esa fuente debería aparecer, lo más pronto posible, en La Jiribilla y en los otros medios en los que dio sus declaraciones.

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