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Posts Tagged ‘Benito Mussolini’


Agosto
27

En 1924, Adolf Hitler dictó en prisión su libro Mi Lucha. En un día como hoy, trasmitió al escriba su enseñanza fundamental sobre la historia de la humanidad:

Todas las grandes culturas del pasado han sucumbido sólo porque la raza originalmente creativa murió por causa del envenenamiento de la sangre. (más…)

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Caricatura de Benito Mussolini, de Antonio R. Romera.

Por José Claudio Sanguinetti Gambaro*

El que escribe este “cuento” nació y comenzó a crecer con la Segunda Guerra Mundial. La guerra, los bombardeos, Hitler, Mussolini, los comentarios de la radio, los diarios que leían en voz alta en casa, atormentaron mi primera infancia haciendo que yo tomara conciencia de los horrores de la guerra y los interpretara a mi manera. Mi juventud fue también “atormentada, pero por las bestialidades de los militares locales y su fatídico golpe de estado de 1973, pero esa es otra historia. En tiempos de guerra, lo que sucedía para agregar caldo a la sopa de terror bélico que tomábamos todos los días, era que teníamos unos amigos catalanes que vivían prácticamente el día entero hablando de la guerra ya que habían dejado sus seres queridos en España. Por suerte y gracias al dinero de uno de ellos, fueron llegando poco a poco al Uruguay, sanos y salvos cuando finalizó el conflicto.

José Claudio en tiempos del "velorio"

El título del cuento hace referencia a esas mentiras piadosas de nuestros progenitores. Esto me convirtió en el único  niño del mundo cuyos padres asistieron  (o al menos dijeron asistir) al nunca existido velorio de Benito Mussolini.

El “Duce”, Benito Mussolini, era uno de mis “Cucos” más terribles. Yo era un niño mimoso, madrero, llorón, todo un caso para sicólogo si hubieran estado de moda en ese tiempo. No dejaba a mi madre en paz ni un minuto.
Tanto era así, que mis padres no podían ni visitar un cine porque el nene no lo permitía. Mis tías por parte de madre (en ese momento había tres solteras) se ofrecían para tenerme en casa de mi abuelo materno una noche, pero yo no aflojaba. En eso a alguien se le ocurrió la solución. Era un disparate, pero, en ese tiempo todo se solucionaba con “mentiras piadosas” como ya hice referencia. Para que mi madre pudiera ir al cine o al teatro con mi padre, se decidió que se había muerto el odiado Mussolini y mis padres tenían que ir al velorio. Yo no tenía edad para entender de distancias ni de continentes y lo que sí sabía era que ir al velorio de ese monstruo era como un festejo que no les podía negar a mis progenitores.
Y allí partí con mi hermano mayor que se moría de risa sin saber yo por qué y la más joven de mis tías, que me había preparado una hermosa torta con un rosa de mazapán para festejar también la desaparición del flagelo italiano.
Al otro día volví a mi casa… pero la guerra continuaba y yo como un idiota comentaba que Benito se había muerto y mis padres estuvieron en su velorio. ¡No se había muerto para nada! Y la guerra seguía y yo no entendía cómo ese señor podía seguir haciendo daño desde el más allá.
No puedo recordar cuánto tiempo duró esa traumática situación. Lo que sí recuerdo es que cuando era lo suficientemente grande como para distinguir las cuestiones del espacio y del tiempo nos enteramos por la radio que el pueblo amotinado, había dado muerte al monstruo creador del fascismo.
Para mí fue un alivio el que se hubiera muerto Mussolini, por dos razones. La primera era que había un tirano menos y el fin de la guerra estaba próximo. La segunda era que yo me veía libre del recuerdo del velatorio de Mussolini y podía encajar al fin la pieza del rompecabezas que me había quedado sin terminar. Ahora sí podía decir al menos que mis padres habían acudido por adelantado al velorio de Benito Mussolini. De lo que no me di cuenta entonces, fue que dada la forma en que murió ese monstruo, jamás tuvo Mussolini un honorable velatorio. Eso solamente sucedió, a causa de la citada “mentira piadosa”, en la crédula mente de un inocente niño que vivía la guerra su manera desde la lejana y por entonces muy feliz República Oriental del Uruguay.

*José Claudio Sanguinetti Gambaro es bailarín,  coreógrafo y profesor de danza uruguayo.

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