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Muerte de Martí en Dos Ríos, de Carlos Enríquez.

Luchó como un león, altivo y noble,
siendo su muerte el sol de la pelea:
de orgullo, pues, su aniversario sea;
uno más, funérea, la campana dobla. (más…)

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Por Mercedes Rodríguez García

Relato de mi primer encuentro con Raúl García Martí, sobrino de nuestro Héroe Nacional, quien radicó en Santa Clara entre principios de 1960 y mediados de 1980 del pasado siglo. El ya entonces octogenario ingeniero textil me refirió su versión sobre la caída del Maestro, el 19 de mayo de 1895, así como los argumentos en que basó su negación sobre la posibilidad de un acto suicida o de inmolación.

El ENCUENTRO EN EL HOTEL MODELO

Solo me urgía escuchar su opinión para definir una polémica en la que me había metido, inspirada por las clases de Literatura Martiana que recibía como parte de mis estudios de Filología en la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas (UCLV).

 Óleo de Esteban Valderrama que representa la muerte de José Martí en Dos Ríos.

Óleo de Esteban Valderrama que representa la muerte de José Martí en Dos Ríos.  

Serían los años 1978 ó 1979. Un amigo de mi padre, el doctor Entralgo, me manifestó que él podía localizar al ingeniero García en el hotel Modelo, que «era gente amistosa», y que «si además le decía quien me mandaba, no se negaría a recibirme.»
Efectivamente, un mediodía, en la habitación 85, compartí varias horas con Raúl García Martí, uno de los 18 sobrinos del Apóstol, hijo de Rita Amelia (la mejor de sus siete hermanas), y el único de los 28 familiares directos que quedaba vivo en Cuba.
Le expliqué que por aquellos días me hallaba enfrascada en una ponencia sobre las circunstancias que rodearon la caída de su tío en Dos Ríos, y que él, mejor que nadie, podía saber cual de las versiones se ajustaba más a la realidad de acuerdo con el carácter y la personalidad del héroe.
Sus ojos saltones, salidos de las órbitas, sobredimensionaron la fealdad de un rostro pletórico de arrugas. Sin mediar palabras se levanto cuan alto era y, colocándome su larga y delicada mano sobre la cabeza, me respondió con otra interrogante: « ¿No has leído lo que escribí al respecto, verdad?»

Tuve que confesarle que no, aunque sí lo conocía como autor de una biografía familiar, muy llevada y traída en la época en que vio la luz.
«Aquí no tengo ninguno, pero dígale al doctor Entralgo que le facilite uno, yo le entregué dos ejemplares que me quedaban», añadió. (Nunca me lo prestó, era un «bibliófilo», tacaño y egoísta.)
Pensé que había metido el delicado y no me seguiría contando. Mas se sentó al borde de la cama, prendió un tabaco y, luego de sucesivas chupadas y exhalaciones, comenzó a hablar:
«Mire, yo me adhiero a lo que contó Máximo Gómez en su diario. Él estuvo a su lado hasta poco antes de su caída. Quienes fundan una teoría suicida solo piensan en vituperarlo. Copado por fuerzas muy superiores, prefirió morir, sí, y no por la espalda, sino como en sus Versos sencillos, de cara al sol.»

MUY INJURIOSO TILDARLO DE CAPITÁN ARAÑA

Fue como si la conversación hubiera terminado, porque se levantó y encaminó sus pasos hacia la puerta entreabierta. ¡Qué bueno!, la cerró y volvió a la posición anterior. Respiré profundo y, sin darle tiempo a su elocuente verbo, le transmití algunas consideraciones que quizás partían —le aclaré— de la respuesta que Martí diera a la carta abierta de Enrique Collazo, misiva que le llega como una daga en su exilio neoyorquino, cuando ya había logrado unificar los distintos clubes y estaba a punto de fundar el Partido Revolucionario Cubano.

Después del rayo y el fuego. Ileana Ferrer Govantes

Después del rayo y el fuego. Ileana Ferrer Govantes

«Mire, jovencita, Collazo, quien termina embarcándose con mi tío hacia Quisqueya. Fue muy injurioso al tildarlo de Capitán Araña, y decirle que al volver a encenderse la guerra, continuaría predicando la acción, pero sin ir al combate. Como era de esperar, la reacción de Martí no podía ser tibia, sino ardiente, elevada y aleccionadora.
Y citó de memoria y textualmente la respuesta: «Creo, señor Collazo, que he dado a mi tierra, desde que conocí la dulzura de su amor, cuanto hombre puede dar. Creo que he puesto a sus pies muchas veces fortuna y honores. Creo que ya no me falta, el valor necesario para morir en su defensa.»

—¿Coincide usted conmigo en que dicho mensaje pudo motivar cierta fantasía sobre el arrojo de su tío?
—Tal vez, pero le repito que no hay buenas intenciones en ese tipo de hipótesis que en la década del 50 el ayudó a afianzar una película muy mediocre, mexicano-cubana de El Indio Fernández titulada «La rosa blanca».
—¿Recuerda alguna escena, Raúl?
—Existe una escena donde se aborda la reacción de Martí ante la carta de collazo, casi junto a otra de la partida hacia los campos de Cuba en armas. Se ve la estela del barco y, a continuación, mi tío, enfermo y atribulado, dictando la respuesta. En los espectadores quedaba la impresión de que aquel viaje era impulsado por aquella cita pública de Collazo. Pero analice usted. Entre ambos hechos, en realidad, ¡hay nada menos que tres años, fundamentales y decisivos!
—Raúl, el doctor Entralgo me mostró una foto del cadáver de su tío en el momento en que se procede a una nueva exhumación, el 26 de mayo de 1895. Fue publicada en una revista Bohemia de 1959, acompañando un artículo en el cual su autor afirma que Martí quedó herido y no muerto al instante.
—¡Eso es mentira!, dígale a Entralgo que me mande esa Bohemia.

—Espere, déjeme terminar. También en esa misma publicación, en un número de 1953 aparece un encendido comentario acerca de cómo fue recolectado el dinero para construir el monumento que preside la actual Plaza de la Revolución en Ciudad de La Habana.
—Es posible de suponer que mi tío cayera gravemente herido. Y lo pienso por la nota que dejó al Jefe de la Fuerza que lo conducía, en la tienda de doña Modesta. Por allí pasaron, en su rápida retirada, con la valiosa presa.
—Sí, traigo anotado el texto. Le leo: «Martí, herido, lo cuidaré y se lo devolveré».
—Así mismo es. Pero dado el fanatismo reinante entre la tropa española, al conocerse de quien se trataba, quizá rematasen su vida con el tiro de gracia, que pudiera ser el que presentaba su cadáver en la cara.
—Eso se lo dejo a los investigadores, no quisiera especular. Deme sus puntos de vistas.
—Lo demás es bien conocido: arrastraron su cuerpo por el fango y lo enterraron inhumanamente, sin lienzo ni ataúd, como acto de cruel ensañamiento.

UNAS HONRAS QUE MI TÍO HUBIERA RECHAZADO

Muerte de Martí en Dos Ríos. Carlos Enríquez.

Muerte de Martí en Dos Ríos. Carlos Enríquez.

—¿Y lo del monumento?
—A mi juicio constituyeron unas honras que mi tío hubiera rechazado de seguro. Por decreto número 42 de septiembre de 1952, y no por conciencia y voluntad popular, se recolectó el dinero a base de impuestos y exacciones económicas. Fue una medida general y obligatoria: días de haber del personal de comercio e industria, portes de contribuyentes al seguro de salud y de Maternidad Obrera y de todo aquel que se ganara el pan con el sudor de su frente, profesionales, empleados, asalariados, instituciones. Diez centavos por cada una de las cabezas de ganado vacuno sacrificado, quintal de café limpio o beneficiado, tercio de tabaco en rama; veinte centavos por cada millar de tabaco y uno por cada catorce ruedas de cigarrillos fabricados en ese año.
—Era por el año del centenario del nacimiento Apóstol.
—Y de la politiquería.
—¿Y si alguien se negaba?
—Se preveía la desobediencia y el castigo. Yo me pregunto: ¿Por qué no cogieron ese dinero del Tesoro Público? Claro, ya estaba exhausto debido al vals de la política de la época, el usufructo tomado del poder. Palacios, fincas, yates propios, cuentas en bancos extranjeros. Todo salido de las aras nacionales para beneficio de particulares, de privilegiados de la sinecura y la botella. Una forma más de corromper el sentido honorable del trabajo y de la educación del pueblo. Se malgastaba la plata necesaria para escuelas y hospitales.

Iban a dar las cinco de la tarde, y Raúl, metódico en sus costumbres, me advierte la hora.

—¿Puedo venir otro día?
—Venga cuantas veces guste, me avisa antes. Ya me conoce. Prescinda del doctor Entralgo. Prefiero conversar por las mañanas, son más frescas y me fatigo menos.
Como por ese tiempo me había picado el «bichito» del periodismo, pensé que sería bueno. Regresé dos o tres semanas después, en compañía de un colega. En mi agenda de entonces, hallada años después durante una de esas limpiezas generales a al papelería acumulada.

Nunca escribí un artículo con fines publicables. Hasta el año 1999 durmieron las notas y la trascripción de la breve entrevista. Se cumplían entonces 104 años de la caída del Apóstol. Tuve que hilvanar recuerdos y darle forma a detalles enriquecedores del memorable encuentro.
De Raúl García Martí supe que falleció en los años 1990, en un hogar de ancianos de la capital cubana.
Guardo de él también el testimonio sobre su madre y su abuela doña Leonor, así como el que con relación a su persona me ofrecieron dos mujeres que le brindaron su amistad y cuidado, desde que abandonó su quinta en Tapaste y llegó a Santa Clara para entregarse en cuerpo y alma a la construcción y montaje de la fábricas de sacos (SAKENAF), cuyas primeras máquinas donó y echó a andar.
La misión le fue confiada por el entonces Ministro de Industrias Comandante Ernesto Guevara de la Serna.

Nota: Versión de la entrevista publicada por la autora en la edición de Vanguardia del sábado 15 de mayo de 1999, Página 4.

Vanguardia

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Mi amiga uruguaya Claudia Marsiglia me envió este texto, escrito por la también uruguaya Simone Seija Paseyro, y como me fascinó, se lo regalo a quienes visiten VerbiClara:

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Sin título. Carlos Enríquez

Alguien me dijo que no es casual… que desde siempre las elegimos. Que las encontramos en el camino de la vida, nos reconocemos y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos fuimos del mismo clan. Pasan las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.
Valientes, reidoras y con labia. Capaces de pasar horas enteras escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.
Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de “un fuego”, nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, rezongan, se conduelen.
Ese fuego puede ser la mesa de un bar, las idas para afuera en vacaciones, el patio de un colegio, el galpón donde jugábamos en la infancia, el living de una casa, el corredor de una facultad, un mate en el parque, la señal de alarma de que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las quedadas a dormir en la casa de las otras.
Las de adolescentes después de un baile, o para preparar un examen, o para cerrar una noche de cine. Las de “venite el sábado” porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse. Las de adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana. A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas.
El futuro en un tiempo no existía. Cualquiera mayor de 25 era de una vejez no imaginada…y sin embargo… detrás de cada una de nosotras, nuestros ojos.
Cambiamos. Crecimos. Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos muertos. Amamos. Fuimos y somos amadas. Dejamos y nos dejaron. Nos enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho y no valía la pena. Cuidamos y en el mejor de los casos nos dejamos cuidar.
Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos. O no.
Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar la fuerza de seguir. Bailamos con un hombre, pero la danza más lograda la hicimos para nuestros hijos al enseñarles a caminar.
Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras. Noches de miles de estrellas y noches desangeladas. Hicimos el amor, y cuando correspondió, también la guerra. Nos entregamos. Nos protegimos. Fuimos heridas e inevitablemente, herimos.
Entonces…los cuerpos dieron cuenta de esas lides, pero todas mantuvimos intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos, que seguimos estando y nunca dejamos de estar.
Porque juntas construimos nuestros propios cimientos, en tiempos donde nuestro edificio recién se empezaba a erigir.
Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes.
Y en aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos. Hoy somos todas espejos de las unas, y al vernos reflejadas en esta danza cotidiana, me emociono.
Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego” que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, misterio, tormenta, centellas y armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida.
Para todas las brasas de mi vida, las que arden desde hace tanto, y las que recién se suman al fogón.

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Rubén Martínez VillenaRubén Martínez Villena, el líder obrero y estudiantil, el poeta, el revolucionario, nació en Alquízar el 20 de diciembre de 1899. Su temprano compromiso revolucionario lo encontramos en su poema “Mensaje lírico civil”, porque revela que ya forjaba un guía indiscutible de una generación inconforme con el destino de su país.  Lideró el grupo que suscribió la Protesta de los 13. Por su actividad para vincular al estudiantado con la clase obrera, Julio Antonio Mella lo invita al Primer Congreso Nacional de Estudiantes. La Falange de Acción Revolucionaria, el Grupo Minorista y el Movimiento de Veteranos y Patriotas fueron espacios donde Villena manifestó su inconformidad por la situación política en Cuba. Junto a Carlos Baliño creó en 1925 el primer Partido Comunista de Cuba. Por dirigir la huelga general contra el gobierno, escribir una carta de protesta contra la prórroga de poderes, y fungir como asesor legal de la Federación Obrera de La Habana y la Comisión Nacional Obrera de Cuba, se convierte en un permanente adversario del presidente Gerardo Machado. Aunque su salud está muy deteriorada por la tuberculosis, no flaquea y dirige la huelga general revolucionaria que derroca finalmente a  Machado. Preparar el Cuarto Congreso de la CNOC fue una de sus últimas actividades. Murió el 16 de enero de 1934 con los pulmones destrozados.

MENSAJE LÍRICO CIVIL

(A José Torres Vidaurre, poeta peruano. En Madrid).
José Torres Vidaurre: ¡Salud! Salud y gloria,
hermano apolonida: Salud para la escoria

miserable del cuerpo y gloria para el alma
exquisita y doliente; que el beso de la palma

y del laurel descienda sobre tu sien fecunda.
¡Lucha con las tormentas! ¡Que tu bajel se hunda!

¡Quizás qué bella playa deparará el naufragio!
Lucha y confía siempre: tu apellido es presagio

de brillantes combates y de triunfo sonoro;
que sobre las anónimas tinieblas del Olvido,

Vidaurre, Vita aurea, por su vida de oro
Fulgirán las simbólicas torres de tu apellido.

(Otra etimología, de origen vizcaíno,
me da también Vidaurre como “primer camino”)

Y tras de mi saludo, te contaré mis penas
por las cosas de Cuba que no te son ajenas,

y que no pueden serte ajenas por hermano
mío, y por tu fervor de sudamericano.

Yo bien sé que la tierra de los Inca-Yupanqui
 no padeció del triste proteccionismo yanqui,

—aunque un temor futuro bien que lo justifica
el apelar a Washington sobre Tacna y Arica—

pero la patria mía, que también amas tú
como amo yo los timbres gloriosos del Perú, 

nuestra Cuba, bien sabes cuán propicia a la caza
de naciones, y cómo soporta la amenaza

permanente del Norte que su ambición incuba:
la Florida es un índice que señala hacia Cuba.

Tenemos el destino en nuestras propias manos
Y es lo triste que somos nosotros, los cubanos,

quienes conseguimos la probable desgracia,
adulterando, infames, la noble democracia,

viviendo entre inquietudes de Caribdis y Scila,
e ignorando el peligro del Norte que vigila.

 Porque mires de cerca nuestra demencia rara
te contaré la historia dulce de Santa Clara,

convento que el Estado -un comerciante necio-
quiso comprar al triple del verdadero precio.

Y si en el gran negocio existía un “secreto”
con un cambio de letra se convirtió en “decreto”.

Tal cosa llevó a cabo el señor Presidente,
Comprar  ¡y por decreto!  devotísimamente,

si bien que nuestra Carta, previendo algún exceso,
dejó tan delicada facultad al Congreso.

(Mas el Jefe Honorable respecto a Santa Clara
dijo que se adquiriera, mas no que se pagara).

Así, como abogado, se encomendó a San Ivo,
urdió su fundamento, improvisó un motivo,

y consecuente para sus propios desatinos,
se amuralló en sofísticos razonamientos chinos.

Mas, como entonces era secretario de Hacienda
Un coronel insigne de la noble contienda,

que portaba las  llaves sagradas del Tesoro
con méritos iguales a idéntico decoro

que sus galones épicos y su apellido inmáculo
el Honorable Jefe neutralizó el obstáculo,

y esto fue lo que vimos con unánime pasmo:
¡le refrendó el decreto al seráfico Erasmo!,

señor incapaz hasta el Pecado y el Vicio,
con un delito máximo: su drama “El Sacrificio”.

Así la triste fábula del antiguo convento
fue bochornoso pacto de zorra y de jumento,

pues que la vil astucia y la imbecilidad
se unieron a la sombra de una sola maldad.

Y ¿quién te dice, amigo, que porque hice uso
de un derecho de crítica a lo que se dispuso

por el decreto mágico, y al mismo Secretario
le dije frente a frente cómo era de contrario

el pueblo a tal medida, me juzgan criminal?
¡Vivo en el primer acto de un drama judicial!

Y como me apoyaron doce ilustres amigos
padeceremos juntos enérgicos castigos.

¡Al Ministro seráfico le mordieron las Furias:
sufrimos un ridículo proceso de injurias!

Pero esto es sólo un síntoma: hace falta una valla
para salvar a Cuba del oleaje maldito:

hay la aspiración de perpetuar el delito
y la feroz política se rinde a la canalla.

Hay patriotismo falso, de relumbrón y pompa,
con acompañamiento de timbales y trompa;

se cambian Secretarios en situación muy crítica
por mezquinas “razones de elevada política”.

Mas, ¿adónde marchamos, olvidándolo todo:
Historia, Honor y Pueblo, por caminos de lodo,

si ya no reconoces la obcecación funesta
ni aún el sagrado y triste derecho a la protesta?

¿Adónde vamos todos en brutal extravío
sino a la Enmienda Platt y a la bota del Tío?

¡José: nos hace falta una carga de aquéllas,
cuando en el ala bélica de un ímpetu bizarro,

al repetido choque del hierro en el guijarro,
iba el tropel de cascos desempedrando estrellas!

Hace falta una carga para matar bribones,
para acabar la obra de las revoluciones;

para vengar los muertos, que padecen ultraje,
para limpiar la costra tenaz del coloniaje;

para poder un día, con prestigio y razón,
extirpar el Apéndice de la Constitución;

para no hacer inútil, en humillante suerte,
el esfuerzo y el hambre y la herida y la muerte;

para que la República se mantenga de sí,
para cumplir el sueño de mármol de Martí;

para guardar la tierra, gloriosa de despojos,
para salvar el templo del Amor y la Fe,

para que nuestros hijos no mendiguen de hinojos
la patria que los padres nos ganaron de pie.

Yo juro por la sangre que manó tanta herida,
ansiar la salvación de la tierra querida,

y a despecho de toda persecución injusta,
seguir administrando el cáustico y la fusta.

Aumenta en el peligro la obligación sagrada.
(El oprobio merece la palabra colérica).

Yo tiro de mi alma, cual si fuera una espada,
y juro, de rodillas, ante la Madre América.

(1923)

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Abdel Casanova Ballester

En julio como en enero no cultivé una rosa blanca, como dijo José Martí, pero sí sentí una alegría enorme cuando nació mi segundo hijo, Abdel. En enero había nacido el primogénito: Abel. Los dos nacieron en Santa Clara.

Abel de 5 y Abdel de 3
Abdel cuando vino al mundo era muy lindo y con los ojos grises, que después se tornaron verdes, como los míos y los de papi. Pasamos un susto cuando nació: ictericia, pero se recuperó rápidamente
Muy intranquilo, y tan risueño que siempre se estaba riendo. Cuando ve alguna comedia nos reímos más de su risa que de lo cómico que tenga la película, porque se siente como una cascada.

Abdel a los dos años

Él sí estuvo en el círculo infantil desde los 9 meses, y le encantaba, tanto que se adaptó la primera vez en menos de 15 días, y aunque faltara por enfermedad o vacaciones, jamás hubo que readaptarlo. Bueno, más bien había que “torearlo” para que se fuera por la tarde cuando iba a recogerlo. Tremendo baño tenía que darle entonces, porque retozaba tanto y se tiraba tanto en el piso jugando que era una bolita de churre. Había una educadora que lo adoraba: Milvia. Podía estar en cualquier año de vida, que cuando lo iba a buscar siempre estaba en el salón de lactantes, qué malcriado lo tenía, y como era mono para comer, pues se daba gusto con la “papa” de los más pequeñitos.

Familia

Mami, Angelito, Abel, Abdel y yo.

Muy bueno en la escuela, pero haragán para estudiar. Sin embargo, jamás reprobó un examen. Cuando estaba en el primer año de secundaria participó en un concurso, Quiero ser maestro, y ganó el segundo lugar a nivel nacional. El Premio lo recibió en un programa televisivo, Joven Joven, y entre los regalos estaba una edición facsimilar de los únicos cuatro números de La Edad de Oro, de José Martí, que guarda con celo. Lamentablemente, no se hizo maestro, pero sí se hizo un hombre de bien, estudió y ahora trabaja en el sector de la Salud, en la lucha constante contra el Aedes aegypti y otros vectores.
Le gustaron siempre los deportes.

La Edad de Oro de José Martí
Primer número de la edición facsimilar.

Bien chico boxeaba con guantes de juguete y después estuvo en lucha libre. Al final practicó ciclismo y fue a varias competencias por la escuela. Eso le costó varias quemaduras por rozamiento, pero ni por nada lo dejó, era feliz cuando pedaleaba veloz. Pero las curas eran terribles, no las olvidamos ni él ni yo. Sigue con delirio el béisbol y el fútbol. A veces creo que de tanta emoción va a infartar.
También pintaba y pinta muy bonito, estuvo en el taller de pintura Carlos Enríquez, de la casa de cultura Juan Marinello. Y no solo eso, también hace figuras increíbles en la arena, demuestra una gran habilidad. En Varadero deleita a la familia y a cuántos pasan y se quedan admirando las figuras. Andy se encanta con los animales que le fabrica, y hasta le ayuda.

Andy ayuda a Abdel a hacer el cocodrilo

Abdel y cocodrilo

Cocodrilo en Varadero

Abdel y tortuga

Mi trío masculino

Mi triple A: Abel, Andy y Abdel.

Adora a los animales, es algo muy natural en mi familia, ha criado palomas y peces. En mi casa siempre ha habido gatos, pero nunca perros, sin embargo, una vez hubo uno por la cuadra muy flaquito y a él le dio lástima y nos pidió entrarlo para que se repusiera. Al final, se quedó en la casa, era muy cariñoso y juguetón, le puso por nombre Toqui. Cuando murió sé que lo sintió más que nadie, y debajo de una lluvia impertinente se fue con su hermano a enterrarlo.
Y con su sobrino Andy, mi nieto, tiene adoración, hay tremenda química entre ellos.

Abdel y Andy

Tiene gran parecido con mi papá:

Papi y Abdel

Hace varios años me ha regalado a esta otra hija: Katy

Abdel y Katy

 

alegna-angel-abdel-abel

Abel con Abdel, su papá Angel y Alegna, su hermana por parte de padre.

Mi niño (porque nunca dejamos de verlos de esa manera), TODOS los que te queremos te deseamos un cumpleaños muy feliz, y que todos los días de tu vida sean de pláceme:

¡MUCHÍSIMAS FELICIDADES!

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Muerte de Martí en Dos Ríos. Carlos Enríquez.

Muerte de Martí en Dos Ríos. Carlos Enríquez.

“Esta pérdida sensible del amigo, del compañero y del patriota; la flojera y poco brío de la gente, todo eso abrumó mi espíritu a tal término, que dejando algunos tiradores sobre un enemigo que ya de seguro no podía derrotar, me retiré con el alma entristecida.”

“¡Qué guerra ésta! Pensaba yo por la noche, que al lado de un instante de ligero placer, aparece otro de amarguísimo dolor. Ya nos falta el mejor de los compañeros y el alma podemos decir del levantamiento”. (más…)

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