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Posts Tagged ‘corrector’

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Cuanto más cultura general tenga el corrector, mejor podrá llevar adelante su trabajo.(gananci.com)

Soledad Recagno, profesora en Letras de la UNR, explica cómo la vorágine de internet no deja tiempo para revisar lo que escribimos y  sostiene que el oficio del corrector no es muy reconocido actualmente pero sigue siendo muy necesario.

En tiempos donde los dispositivos corrigen lo que escribimos mientras escribimos (y hasta sugieren qué escribir), el oficio invisible del que observa, revisa y analiza los textos, sigue vigente y se hace cada vez más fuerte. Un rol poco valorado pero necesario, en una era visual donde lo que sobran son palabras.

La inmediatez de la publicación hizo mella en los medios de comunicación digitales, incluidas las redes sociales, donde encontramos todo tipo de incorrecciones ortográficas y léxico-semánticas. “Hay  una falsa creencia de que el Word corrige los errores y esto no es así: si escribo ‘el árbol’ o ‘él árbol’, para el programa es lo mismo y, sin embargo, la incorrección es evidente. Algunos creen que el rol del corrector es innecesario”, expresa Soledad Recagno, profesora en Letras de la Universidad Nacional de Rosario. (más…)

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Hoy felicito (y me felicito también, ¿por qué no?) a todos los que, anónimamente, se dedican a ese oficio que tantas veces recibe tantas ingratitudes. Hace tiempo Reinaldo Cedeño Pineda me pidió que corrigiera “La errata” antes de publicarlo en La Isla y la Espina. Le prometí entonces que aparecería en mi blog el Día del Corrector:

Reinaldo Cedeño Pineda

Durante cinco años fui responsable de la página cultural del periódico Sierra Maestra en Santiago de Cuba. Del 1995 al 2000. Fue un lustro exigente, muy exigente. Y era un alambre vivo.

Tenía que escoger entre un mar de papeles y propuestas para el resumen de toda una semana. No sé cuantas llamadas por teléfonos, peticiones que atender, y conciertos y exposiciones y estrenos…

Es difícil escoger entre artistas que se entregan sin importar las carencias, y entre los amigos que vas ganando. Todos se merecen estar. Cuando ya no sabía que hacer, se me encendió el bombillo y creé una sección llamada TRAZOS para hacer unos apuntes rápidos y solventar tal cúmulo de información. Pronto me di cuenta de que nada había descubierto, pero ni así…

Cada semana me dedicaba a ese trabajo de jerarquización, de selección, casi de purificación, en cuerpo y alma, sin que vaya en esta expresión ninguna jactancia. Mi mesa era un mar blanco y entintado… pero no podía estirar el pequeño espacio ni complacer a todos: el de la casa de cultura, el poeta, el de teatro, el comentario del festival que se acababa, el adelanto del que venía. Por si fuera poco, tenía que revisar algunas colaboraciones que llegaban.

Era un rompecabezas que me excedía, con mucho.

Cuando ponía fin a todo aquello, sentía mi cabeza del mismo tamaño del pasillo del periódico, el mismo de casi todos los periódicos de Cuba, alejados del centro de las ciudades, y enormes…

Todos los jueves, a veces los viernes, tras el cierre, tenía que irme a caminar, a hablar boberías por ahí… Era mi forma de aliviarme.

Cuando, al final de aquel esfuerzo, después de los tamices del jefe de información, el de redacción, la correctora, el director… después de todo eso, se iba alguna errata, quería morirme.

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