Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Diego Rivera’

Pita Amor. Retrato de Diego Rivera.

Pita Amor. Retrato de Diego Rivera.

 

Adentro de mi vaga superficie
se revuelve un constante movimiento;
es el polvo que todo lo renueva,
destruyendo. (más…)

Read Full Post »

Diego Rivera

Industria automotriz. Diego Rivera

1. Crescendo matinal

Una incipiente lumbre se expande en el oriente;
unos tras otros, mueren los públicos fanales…
Ya la ciudad despierta, con un rumor creciente
que estalla en un estruendo de ritmos desiguales.
Los ruidos cotidianos fatigan el ambiente;
pregones vocingleros de diarios matinales,
bocinas de carruajes que pasan velozmente,
crujidos de madera y golpes de metales.
Y elévase en ofrenda magnífica de abajo
el humo de las fábricas incienso del trabajo;
rezongan los motores en toda la ciudad,
en tanto que ella misma, para la brega diaria,
se pone en movimiento como una maquinaria,
¡movida por la fuerza de la necesidad! (más…)

Read Full Post »

Retrato de mujer, de Diego Rivera

Retrato de mujer, de Diego Rivera

En tu boca tiembla un pájaro tirado a lo sediento. En tus dedos, templos altos de luz andan despiertos. Habla con tu voz aquel ángel seducido por una magia, un cuerpo, un vocablo insospechado. Nada por tus párpados un pez bello y fugaz y en la negra chorrera de tu cabello tieso, un celaje de carne con alas suena y brilla. No mis ojos te dibujan, no mi trazo maculado. No mi arte la perfila; es el agua desbordante que me asalta con mirarte, untadas por imanes lascivos ambas manos, y no importa que estés muda porque hablas con tocarme. Hay entre tus pechos matices imposibles, bosques y bahías, cañaverales limpios, mojadas poblaciones, algas finas, robles, yerba. Me asomo al intocable destello de tus manos y temo que mirándome se desnude tu voz, y como San Francisco de Asís hable a las aves, y se descalce y pese mucho menos que el aire. Mujer que me desalmas con tan sólo nombrarme; mas no importa si estás muda porque cantas cuando miras. En tu vientre acuna un mar con veleros erguidos, en tu pelo un surtidor de la noche se desgrana, en tu boca de nubes y pájaros me pierdo, y no importa si estás muda porque cantas cuando amas.

*José Mármol nació el 2 de diciembre de 1817. Poeta argentino, escritor romántico de la Generación del 37 y director de la Biblioteca Nacional Argentina. Autor de la novela Amalia, considerada la primera novela conocida en la Argentina.

Read Full Post »

La maestra rural, de Diego Rivera

La Maestra era pura. «Los suaves hortelanos», decía,
«de este predio, que es predio de Jesús,
han de conservar puros los ojos y las manos,
guardar claros sus óleos, para dar clara luz».

La Maestra era pobre. Su reino no es humano.
(Así en el doloroso sembrador de Israel.)
Vestía sayas pardas, no enjoyaba su mano
¡y era todo su espíritu un inmenso joyel!

La Maestra era alegre. ¡Pobre mujer herida!
Su sonrisa fue un modo de llorar con bondad.
Por sobre la sandalia rota y enrojecida,
tal sonrisa, la insigne flor de su santidad.

¡Dulce ser! En su río de mieles, caudaloso,
largamente abrevaba sus tigres el dolor!
Los hierros que le abrieron el pecho generoso
¡más anchas le dejaron las cuencas del amor! (más…)

Read Full Post »

Sueño de una tarde dominical en la Alameda. Detalle

Sueño de una tarde dominical en la Alameda. Detalle

El investigador e historiador mexicano, Adalberto Enrique Santana, dijo que esto se observa en el mural “Sueño de una tarde dominical en la Alameda”.

México, DF. Diego Rivera (1886-1957) no sólo fue un gran muralista, sino un personaje que se identificó con la ideología de José Martí (1853-1895) y el Sandinismo, además de haber sido un latinoamericanista consumado, militante comunista y personaje que creía en el socialismo, aseguró anoche el investigador e historiador mexicano Adalberto Enrique Santana Hernández. (más…)

Read Full Post »

El 18 de mayo de 1895, hace hoy 116 años, José Martí dejó inconclusa una carta dirigida a su amigo mexicano Manuel Mercado. La escribió en el campamento de Dos Ríos, un día antes de su fatídica muerte. Es la más importante de su pensamiento político, y en ella está contenido el sentido último de su guerra de liberación y su manifiesto carácter antiimperialista: mi deber […] de impedir a tiempo con la independencia de Cuba, que los Estados Unidos se extiendan y caigan con esa fuerza sobre las tierras de América, peligro que desoyeron tanto los amigos, que subestimaron el poderío del imperio del norte, como  los enemigos, que pensaron subirse al Juggernaut.
Opuesto siempre al anexionismo: impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los imperialistas de allá y los españoles, el camino que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia.
Y comprende que el peligro no es solo para Cuba: Y México, ¿no hallará modo sagaz, efectivo e inmediato, de auxiliar, a tiempo, a quien lo defiende? Sí lo hallará, —o yo se lo hallaré. —Esto es muerte o vida, y no cabe errar.
¡Cuánta vigencia tienen sus ideas 116 años después! Sus advertencias son tan actuales y ¡cuánta necesidad de atender a su prédica!

Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central (detalle) Diego Rivera
Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central (detalle)
Diego Rivera, pintor mexicano.
(Martí al lado de Frida Kahlo y detrás de Rivera)

Campamento de Dos Ríos, 18 de mayo de 1895

Señor Manuel Mercado

Mi hermano queridísimo:

Ya puedo escribir, ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía y mi orgullo y obligación; ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber—puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo—de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin.

Las mismas obligaciones menores y públicas de los pueblos-como ese de Ud. y mío,—más vitalmente interesados en impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los imperialistas de allá y los españoles, el camino que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia,—les habrían impedido la adhesión ostensible y ayuda patente a este sacrificio, que se hace en bien inmediato y de ellos.
Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas:—y mi honda es la de David. Ahora mismo, pues días hace, al pie de la victoria conque los cubanos saludaron nuestra salida libre de las sierras en que anduvimos los seis hombres de la expedición catorce días, el corresponsal del Herald, que me sacó de la hamaca en mi rancho, me habla de la actividad anexionista, menos temible por la poca realidad de los aspirantes, de la especie curial, sin cintura ni creación, que por disfraz cómodo de su complacencia o sumisión a España, le pide sin fe la autonomía de Cuba, contenta sólo de que haya un amo, yanqui o español, que les mantenga, o les cree, en premios de oficio de celestinos, la posición de prohombres, desdeñosos de la masa pujante, —la masa mestiza, hábil y conmovedora, del país,—la masa inteligente y creadora de blancos y negros.

Y de más me habla el corresponsal del Herald, Eugenio Bryson:—de un sindicato yanqui—que no será—con garantía de las aduanas, harto empeñadas con los rapaces bancos españoles, para que quede asidero a los del Norte;—incapacitado afortunadamente, por su entrabada y compleja constitución política, para emprender o apoyar la idea como obra de gobierno. Y de más me habló Bryson,—aunque la certeza de la conversación que me refería, sólo la puede comprender quien conozca de cerca el brío con que hemos levantado la revolución, —el desorden, desgano y mala paga del ejército novicio español,—y la incapacidad de España para allegar en Cuba o afuera los recursos contra la guerra que en la vez anterior sólo sacó de Cuba.—Bryson me contó su conversación con Martínez Campos, al fin de la cual le dio a entender éste que sin duda, llegada la hora, España preferiría entenderse con los Estados Unidos a rendir la Isla a los cubanos.—Y aún me habló Bryson más: de un conocido nuestro y de lo que en el Norte se le cuida, como candidato de los Estados Unidos, para cuando el actual Presidente desaparezca, a la Presidencia de México.
Por acá yo hago mi deber. La guerra de Cuba, realidad superior a los vagos y dispersos deseos de los cubanos y españoles anexionistas, a que sólo daría relativo poder su alianza con el gobierno de España, ha venido a su hora en América, para evitar, aún contra el empleo franco de todas esas fuerzas, la anexión de Cuba a los Estados Unidos, que jamás la aceptarán de un país en guerra, ni pueden contraer, puesto que la guerra no aceptará la anexión, el compromiso odioso y absurdo de abatir por su cuenta y con sus armas una guerra de independencia americana.

(más…)

Read Full Post »