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Posts Tagged ‘Ejército Libertador’

marta-abreu-wbg-web“Dejadme. Mi última peseta es para la Revolución. Y si hace falta más y se acaba el dinero, venderé mis propiedades, y si se acaban también, mis prendas irán a la casa de venta, y si todo eso fuera poco, nos iríamos nosotros a pedir limosnas para ellos y viviríamos felices, porque lo haríamos por la libertad de Cuba”. (1)

Así contestaba Marta Abreu de Estévez a sus amigos y familiares en el exilio parisino cuando se le decía que era muy espléndida a la hora de abrir su bolsa para la Revolución. Marta, su esposo Luis y su pequeño hijo Pedro Estévez se habían visto en la necesidad de pasar a residir en París, al hacérseles sospechosos al Gobierno Español, que interpretó los festejos por la inauguración del Alumbrado Eléctrico en Santa Clara, el 28 de febrero de 1895, como una celebración por el reinicio de la guerra independentista, además de que muchos de los conocidos de la pareja habían tomado el camino de las armas. (más…)

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Julian SantanaPor Orestes Martí

El martes 25 de noviembre del año 2008 en Las Palmas de Gran Canaria,  se llevó a cabo una presentación especial del libro “Ariguanabo, historia, música y poesía”, último tomo de la trilogía —editada por la Asociación de Defensa del Patrimonio Histórico de Canarias (DEPACA)— “Nuestros abuelos canarios”;  aquella presentación incluyó, el abordaje del contenido de los tomos editados con anterioridad; en el primero de los cuales, el autor mencionó los nombres de cuatro canarios que conquistaron las estrellas de general: Manuel Suárez Delgado, Jacinto Hernández Vargas, Matías Vega Alemán, y Julián Santana Santana. (más…)

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Por Ciro Bianchi Ros

Máximo Gómez. Caricaturas de LAZ

Invita Máximo Gómez a su esposa Manana a visitar Santiago de Cuba y la propuesta llena de júbilo a la familia, pues los acompañarán sus hijas Clemencia y Margarita. Quiere el viejo guerrero abrazar a su hijo Maxito, a Candita, la esposa de este, y a los pequeños nietos, y, de paso, que sus hijas conozcan la bella capital oriental. Ese es el motivo visible del viaje. Abriga además el General una segunda intención: impugnar los planes reeleccionistas del presidente Tomás Estrada Palma y promover la candidatura presidencial del general Emilio Núñez. Corría el mes de mayo de 1905. Pocas semanas después, el 17 de junio, el General en Jefe del Ejército Libertador era cadáver. El Napoleón de la Guerrilla, como le llamaron los ingleses, el hombre que había desafiado la muerte en unos 235 combates sin sufrir más que dos heridas, moría en su cama fulminado por la septicemia.
En los tiempos precedentes al viaje ha estado alejado de la vida pública. El sueño cubano de libertad e independencia se frustró por la ocupación militar que siguió a la intervención norteamericana en la guerra contra España, y él se erige, ya en la paz, como un factor de unidad y equilibrio, ajeno al desempeño de cualquier posición política, incluso la Presidencia de la República, que rechazó de manera tajante. Pero la intransigencia y los desplantes del Gobierno lo mantuvieron momentáneamente apartado hasta que lo sacan de su retiro los propósitos del Presidente de prorrogarse en el poder. De vuelta a la brega, asiste a juntas y hace declaraciones. Ve el descontento popular e intuye la convulsión que se avecina. Dice a sus íntimos: «Siento barruntos de Revolución».

Enfermo de popularidad

Necesita por otra parte ese viaje. Los años de guerra y el duro y largo peregrinar por tierras americanas resintieron su cuerpo de acero. Las privaciones, la vida a la intemperie, las largas cabalgatas hicieron mella en su organismo. Siente que le faltan fuerzas y bien merece un descanso al lado de su familia. Sigue siendo un ídolo, y la plácida estancia en Santiago le reafirma, como si acaso lo necesitara, que su arraigo y ascendencia están intactos y siguen siendo enormes. La gente le cierra el paso en la calle. Todos quieren verlo y saludarlo. Una noche se queja el General de un dolor en la mano derecha, que tantos han insistido en estrechar en las jornadas precedentes. Un dolor que se manifiesta justo en el sitio donde días antes se hizo una pequeña herida. El malestar tolerable y aparentemente pasajero y sin importancia, se complica. Hay infección y sobreviene la fiebre, y se dispone de inmediato el regreso a La Habana. Así lo determina el doctor José Pareda, su médico de cabecera, que lo acompaña, y que ha diagnosticado una pihoemia (enfermedad purulenta). En verdad, el mayor general Máximo Gómez ha enfermado de popularidad. (más…)

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Máximo Gómez. Caricaturas de LAZ

Por Ciro Bianchi Ros

Invita Máximo Gómez a su esposa Manana a visitar Santiago de Cuba y la propuesta llena de júbilo a la familia, pues los acompañarán sus hijas Clemencia y Margarita. Quiere el viejo guerrero abrazar a su hijo Maxito, a Candita, la esposa de este, y a los pequeños nietos, y, de paso, que sus hijas conozcan la bella capital oriental. Ese es el motivo visible del viaje. Abriga además el General una segunda intención: impugnar los planes reeleccionistas del presidente Tomás Estrada Palma y promover la candidatura presidencial del general Emilio Núñez. Corría el mes de mayo de 1905. Pocas semanas después, el 17 de junio, el General en Jefe del Ejército Libertador era cadáver. El Napoleón de la Guerrilla, como le llamaron los ingleses, el hombre que había desafiado la muerte en unos 235 combates sin sufrir más que dos heridas, moría en su cama fulminado por la septicemia.
En los tiempos precedentes al viaje ha estado alejado de la vida pública. El sueño cubano de libertad e independencia se frustró por la ocupación militar que siguió a la intervención norteamericana en la guerra contra España, y él se erige, ya en la paz, como un factor de unidad y equilibrio, ajeno al desempeño de cualquier posición política, incluso la Presidencia de la República, que rechazó de manera tajante. Pero la intransigencia y los desplantes del Gobierno lo mantuvieron momentáneamente apartado hasta que lo sacan de su retiro los propósitos del Presidente de prorrogarse en el poder. De vuelta a la brega, asiste a juntas y hace declaraciones. Ve el descontento popular e intuye la convulsión que se avecina. Dice a sus íntimos: «Siento barruntos de Revolución».

Enfermo de popularidad

Necesita por otra parte ese viaje. Los años de guerra y el duro y largo peregrinar por tierras americanas resintieron su cuerpo de acero. Las privaciones, la vida a la intemperie, las largas cabalgatas hicieron mella en su organismo. Siente que le faltan fuerzas y bien merece un descanso al lado de su familia. Sigue siendo un ídolo, y la plácida estancia en Santiago le reafirma, como si acaso lo necesitara, que su arraigo y ascendencia están intactos y siguen siendo enormes. La gente le cierra el paso en la calle. Todos quieren verlo y saludarlo. Una noche se queja el General de un dolor en la mano derecha, que tantos han insistido en estrechar en las jornadas precedentes. Un dolor que se manifiesta justo en el sitio donde días antes se hizo una pequeña herida. El malestar tolerable y aparentemente pasajero y sin importancia, se complica. Hay infección y sobreviene la fiebre, y se dispone de inmediato el regreso a La Habana. Así lo determina el doctor José Pareda, su médico de cabecera, que lo acompaña, y que ha diagnosticado una pihoemia (enfermedad purulenta). En verdad, el mayor general Máximo Gómez ha enfermado de popularidad. (más…)

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Me resultó tan interesante este artículo sobre mambises rusos, que decidí publicarlo en mi blog y dedicárselo a mi amiga rusa Mariula. Para ti, amiga de Cuba:

TRES MAMBISES RUSOS

Por Ciro Bianchi Ross

mambises-laz.jpg

Un libro de Alexander Moiséev y Olga Egórova, publicado hace unos meses por la casa editora Abril, retoma el tema de los mambises rusos. Tres jóvenes oriundos de la lejana Rusia simpatizaron con la causa de la independencia cubana y se sumaron al Ejército Libertador. Los tres fueron capturados.

Tras la huella

No es ese el único asunto que aborda el libro de Moiséev y Egórova. Los rusos en Cuba, que es el título del volumen, ensaya una mirada abarcadora sobre la huella rusa en la Isla desde que, en el primer tercio del siglo XVI, se tuvieron noticias acerca de Cuba en lo que entonces era la lejana Moscovia. No sería sin embargo hasta la segunda mitad del siglo XVIII cuando llegaron los primeros viajeros rusos. Fue entonces que el país de los zares, gracias a las reformas de Pedro I, comenzó a abrirse al mundo. El ruso que «descubrió» a Cuba se llamó Fiódor Vasílievich Karzhavin, médico de profesión. Fue, hasta donde se sabe, el primer ruso que llegó a la Isla. Permaneció entre 1782 y 1784 y además de ejercer la Medicina se dedicó en La Habana a la enseñanza de idiomas, lo que quiere decir que en fecha tan remota hubo aquí un profesor de ruso. Curiosamente, corresponde también a 1782 la primera mención a Rusia que aparece en la prensa cubana. Al regresar a su país, el médico Karzhavin compartió con sus compatriotas sus impresiones sobre nuestro archipiélago y la vida de los cubanos. El libro en que lo hizo tuvo gran aceptación entre los lectores.
En 1846 vivían en Cuba, fundamentalmente en la capital, siete rusos, y eran 14 en 1862. Poco se sabe acerca de ellos y nada se conoce, por supuesto, sobre las circunstancias que los obligaron a carenar en una tierra tan remota de la suya. Sí existe información sobre el poeta y periodista Alexander Gavrílovich Rótchev, que llegó a La Habana hacia 1850 como parte de un periplo que realizó por el Caribe.
Rótchev ganó celebridad con sus traducciones de Shakespeare, Hugo, Moliére y Schiller e hizo mucho periodismo. Pero fue, más que todo, un viajero incansable que se movió mucho por las Américas, África y Asia y dejó constancia de lo que le tocó conocer. Sobre Cuba y los cubanos, además de artículos y reportajes, escribió un manojo de crónicas que agrupó bajo el rubro de Epístolas rusas, magistralmente escritas en opinión de los que las han leído.
Deslumbran a Rótchev la naturaleza de la Isla y el progreso técnico que advierte en la extensión del ferrocarril, el empleo de la máquina de vapor y la pujanza de la industria. Advierte la nota típica que pone en La Habana el uso de la volanta como medio de transporte y no vacila en calificar al teatro Tacón como el mejor de América. Habla de los bailes de máscaras y de la costumbre criolla de mantener en penumbras las habitaciones para evitar los mosquitos y mitigar el calor. Las peleas de gallos llaman poderosamente su atención, no por los gallos en sí, sino por los que las presencian. Apunta sobre estas: «Las apuestas, la risa y la blasfemia, el regocijo de los vencedores y la tristeza de los vencidos hacen más vivo el cuadro». Observa que es un espectáculo que gusta sobre todo a los hombres, en tanto que las mujeres prefieren las corridas de toros. Recorre Rótchev toda la escala social. No hace distingos entre blancos y negros, ricos y pobres. A todos trata con igual respeto. Asiste en La Habana y Matanzas a fiestas de negros. Son alegres, dice de los cubanos de piel oscura; tienen sentido de la música y, en el baile, dejan atrás al español.

Bajo las palmas

De otros memorialistas rusos hablan Alexander Moiséev y Olga Egórova en su libro. Son Alexander Lakier, un abogado apasionado por la historia, que recorrió la Isla durante dos años y publicó sus vivencias en 1859. Y el biólogo y poeta Egor Sivers, que en 1861 detallaría el fruto de su paso por Cuba: la situación política de la colonia, curiosidades de su vida social, apreciaciones científicas… Igual que lo habían hecho y harían otros testimoniantes, no escatima Sivers su elogio para la naturaleza cubana. Su estadía lo llevó a confirmar un proverbio ruso: «Nadie vive impunemente bajo las palmas».


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