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Posts Tagged ‘El hombre que amaba a los perros’

Foto: Yariel Valdés González

Por Carlos Alejandro Rodríguez Martínez

El pasado lunes Santa Clara recibió a uno de los escritores cubanos más prolíferos y leídos. Leonardo Padura Fuentes, el flamante Premio Princesa de Asturias 2015, el creador del mítico detective Mario Conde, llegó a la ciudad en medio del festejo por los 25 años de la Editorial Capiro. Mientras él rindió homenaje a la casa editora villaclareña, la casa editora lo agasajó a él con la presentación del volumen (A)cercando a Leonardo Padura, del ensayista José Antonio Michelena.

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Leonardo Padura.

La poeta cubana Nancy Morejón, miembro permanente del jurado internacional que otorga el Premio Carbet del Caribe y del Mundo, entregó hoy aquí ese lauro al escritor Leonardo Padura, por su novela El hombre que amaba a los perros (2009).

El intelectual martiniqués Édouard Glissant —fundador del premio—, creó este reconocimiento en 1990 y en 2009 estableció la categoría Del Caribe y del Mundo, aseveró Morejón durante la ceremonia celebrada en la Alianza Francesa, como parte de la feria cubana del libro.

La también ensayista y traductora, Premio Nacional de Literatura (2001), reconoció, ante la presencia de Sylvie Glissant (viuda del creador) la importancia concedida al fortalecimiento de las relaciones con la región. (más…)

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Por Gina Picart

La entusiasta recepción de una novela centrada en el asesinato de Trotsky en México, y que utiliza como escenario las décadas de tiranía stalinista en la Unión Soviética y su influjo nefasto sobre el pueblo ruso, la Guerra Civil española y el comunismo mundial, prueba que, lejos de haber perdido actualidad, el tema sigue estando al rojo vivo en el candelero de la Historia, hecho incontestable que convierte automáticamente esta obra en un producto apetecible para el mercado del libro, pues la Revolución de Octubre conforma, junto con el nazismo, el dúo de eventos históricos más relevantes del siglo XX, y uno de los de mayor peso y trascendencia en la historia de la humanidad. Con semejante apoyatura y amparado bajo el sello de Tusquets, irrumpe en el panorama editorial El hombre que amaba a los perros, el último título de Leonardo Padura.*

Tenemos, pues, un libro que reúne un gran tema y un gran género literario, la novela histórica, probablemente el más difícil de todos los géneros narrativos. A esta fórmula tan prometedora se suma la aureola que envuelve a Padura, excelente periodista y comunicador, célebre autor de novelas policiales y creador de Mario Conde, un icono detectivesco aceptado por el público, pero cuya acreditación definitiva sigue siendo cuestionada en algunos círculos literarios. Y acude a acrecentar la expectativa un detalle que siempre confiere un sabor muy picante a los asuntos de libros: el autor cree que se han publicado en Cuba más de 4 000 ejemplares, pero solo se vendieron unos pocos centenares en la Feria del Libro de La Habana, y ni la entrega de tickets numerados logró garantizar que los asistentes a la presentación que tuvo lugar en las bóvedas de La Cabaña pudieran comprar en paz su codiciado libro. ¿Y el resto…? El resto es silencio, porque nadie volvió a ver al hombre que amaba a los perros paseando sus galgos rusos por los anaqueles de las librerías nacionales. Dicen que el libro se esfumó. En verdad esta novela no ha podido gozar de mejor parafernalia para colocarla en la mira de todas las pasiones.

La pregunta que muchos se hacen y deviene en este caso la más lógica, es la siguiente: ¿Queda Padura a la altura de las expectativas generadas por un libro como este? ¿Es buena la novela o no lo es? ¿Se trata, en realidad, de una novela…? Qué duda cabe: El hombre que amaba a los perros genera polémica.

Lo primero que me parece insoslayable destacar en un género como la novela histórica es la importancia capital de una investigación seria, profunda y sistemática de la materia elegida que anteceda y soporte a la ficción. Lo cual no significa que el escritor tenga que atarse forzosamente a la versión oficial o generalmente admitida de los hechos sobre los cuales escribe, porque todo escritor de novelas históricas dispone de un margen de interpretación personal del tema que ha investigado, y esta licencia resulta validada por la multiplicidad de versiones siempre existentes en torno a un suceso histórico. La Historia a pulso es cuestión de historiadores. La ficción tiene libertad de acción. No hay que ponerse, pues, a sacar cuentas de hasta dónde lo que narra Padura fue verdad porque, en esencia, todo es cierto. (más…)

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