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Posts Tagged ‘Espina’

burocracia
Reinaldo Cedeño Pineda me ha enviado este poema de nuestro poeta Sigfredo Ariel, de Santa Clara, que aparece en la revista Caserón número 3, de la UNEAC de Santiago de Cuba. Gracias, Reinaldo, por tu amabilidad. Este periodista santiaguero tiene un blog buenísimo, no dejen de visitarlo: La Isla y la Espina

Las casas de la siniestra burguesía
se convierten en lugares
para comenzar interminables trámites.

la gente va a padecer madrugadas y mañanas
tardes noches / mientras los empleados y las oficinistas
meriendan, almuerzan, se abanican con cartones
a la vista de todos / exigen nuevos sellos, nuevas
formas impresas, marcas de agua, cuños, timbres.

y donde estuvo una rosácea habitación
tal vez de quinceañera
se sienta la gente en bancos movedizos
dispuesta a esperar todo
y sus hijos pequeños
sobre las rodillas frías.

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Hoy felicito (y me felicito también, ¿por qué no?) a todos los que, anónimamente, se dedican a ese oficio que tantas veces recibe tantas ingratitudes. Hace tiempo Reinaldo Cedeño Pineda me pidió que corrigiera “La errata” antes de publicarlo en La Isla y la Espina. Le prometí entonces que aparecería en mi blog el Día del Corrector:

Reinaldo Cedeño Pineda

Durante cinco años fui responsable de la página cultural del periódico Sierra Maestra en Santiago de Cuba. Del 1995 al 2000. Fue un lustro exigente, muy exigente. Y era un alambre vivo.

Tenía que escoger entre un mar de papeles y propuestas para el resumen de toda una semana. No sé cuantas llamadas por teléfonos, peticiones que atender, y conciertos y exposiciones y estrenos…

Es difícil escoger entre artistas que se entregan sin importar las carencias, y entre los amigos que vas ganando. Todos se merecen estar. Cuando ya no sabía que hacer, se me encendió el bombillo y creé una sección llamada TRAZOS para hacer unos apuntes rápidos y solventar tal cúmulo de información. Pronto me di cuenta de que nada había descubierto, pero ni así…

Cada semana me dedicaba a ese trabajo de jerarquización, de selección, casi de purificación, en cuerpo y alma, sin que vaya en esta expresión ninguna jactancia. Mi mesa era un mar blanco y entintado… pero no podía estirar el pequeño espacio ni complacer a todos: el de la casa de cultura, el poeta, el de teatro, el comentario del festival que se acababa, el adelanto del que venía. Por si fuera poco, tenía que revisar algunas colaboraciones que llegaban.

Era un rompecabezas que me excedía, con mucho.

Cuando ponía fin a todo aquello, sentía mi cabeza del mismo tamaño del pasillo del periódico, el mismo de casi todos los periódicos de Cuba, alejados del centro de las ciudades, y enormes…

Todos los jueves, a veces los viernes, tras el cierre, tenía que irme a caminar, a hablar boberías por ahí… Era mi forma de aliviarme.

Cuando, al final de aquel esfuerzo, después de los tamices del jefe de información, el de redacción, la correctora, el director… después de todo eso, se iba alguna errata, quería morirme.

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