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Posts Tagged ‘Estrella’

Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte)Cuando publiqué el poema Estrella de la tarde, de Porfirio Barba Jacob (seudónimo de Miguel Ángel Osorio Benítez y que utilizaba entre varios seudónimos también el de Almafuerte), mi amigo ecuatoriano Carlos Suanavas, que tiene un excelente blog: Sentado frente al mundo, me dejó el siguiente comentario: “Hay un excelente poeta argentino, Pedro Bonifacio Palacios (+ 1917), que también llevó el seudónimo de Almafuerte. Es uno de mis preferidos. Saludos desde Quito, Amparo querida.”
Para ti, Carlos:

¡Avanti!

Si te postran diez veces, te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas:
no han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas.
Con el hambre genial con que las plantas
asimilan el humus avarientas,
deglutiendo el rencor de las afrentas
se formaron los santos y las santas.
Obsesión casi asnal, para ser fuerte,
nada más necesita la criatura,
y en cualquier infeliz se me figura
que se mellan los garfios de la suerte…
¡Todos los incurables tienen cura
cinco segundos antes de su muerte!

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Estrella de la tardeUn monte azul, un pájaro viajero,
un roble, una llanura,
un niño, una canción… Y, sin embargo,
nada sabemos hoy, hermano mío.

Bórranse los senderos en la sombra;
el corazón del monte está cerrado;

el perro del pastor trágicamente
aúlla entre las hierbas del vallado.

Apoya tu fatiga en mi fatiga,
que yo mi pena apoyaré en tu pena,
y llora, como yo, por el influjo
de la tarde traslúcida y serena.

Nunca sabremos nada…

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banderita cubana ondeandoCuando nací, sin sol, mi madre dijo:
—Flor de mi seno, Homagno generoso
De mí y del mundo copia suma,
Pez que en ave y corcel y hombre se torna,
Mira estas dos, que con dolor te brindo,
Insignias de la vida: ve y escoge.
Éste, es un yugo: quien lo acepta, goza:
Hace de manso buey, y como presta
Servicio a los señores, duerme en paja
Caliente, y tiene rica y ancha avena.
Ésta, oh misterio que de mí naciste
Cual la cumbre nació de la montaña
Ésta, que alumbra y mata, es una estrella:
Como que riega luz, los pecadores
Huyen de quien la lleva, y en la vida,
Cual un monstruo de crímenes cargado,
Todo el que lleva luz se queda solo.

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EstrellaSu explosión fue tan grande, que todos los sistemas planetarios situados en un radio de 150 años luz desaparecieron consumidos por el fuego. Cientos de miles de civilizaciones fueron aniquiladas. Millones de especies inimaginables quedaron reducidas a partículas, polvo cósmico, gas incandescente. La luz enceguecedora de la explosión viajó –y viaja todavía– en todas direcciones, a través de los espacios siderales.

Varios millones de años más tarde, el lejano resplandor de la catástrofe llegó a un pequeño planeta poblado por seres inteligentes, los seres más inteligentes de toda la Creación, hechos a imagen y semejanza del Creador. Allí, en un país de pastores, tres astrólogos que decían ser reyes y magos, descifraron el sentido de esta inmensa hecatombe: se trataba de la estrella que anunciaba la llegada de un niño destinado a ser torturado y crucificado para pagar las culpas de todos sus congéneres, y a la sombra de cuya imagen lacerada y dolorosa se habría de fundar la empresa más lucrativa de todos los tiempos, por los siglos de los siglos, amén.

6 de enero de 2008, Día de Reyes

Carlos Vidales. Escritor, periodista, profesor e historiador colombiano residente en Suecia

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