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Posts Tagged ‘febrero’

Mosaico del siglo III de El Djem, Túnez

Mosaico del siglo III de El Djem, Túnez

Segundo mes del año, último en el calendario romano.

Los sabinos —uno de los pueblos indoeuropeos que habitaron en la era neolítica la península itálica, entre el Tíber y los Apeninos— celebraban una fiesta anual de purificación que llamaban februa, en una fecha que hoy se identifica como el 15 de febrero. Tras la fundación de Roma y el posterior surgimiento del Imperio romano, la urbe dominante tomó prestado el nombre de las fiestas februas para designar el mes en que estas tenían lugar: el último del año. (más…)

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Cae la Tarde
Entrabas a la tarde muriente, como un juego.
No me podías salvar,
y sigo preguntando,
remuevo cada oración
como si te lograra esa vez,
como si anclaras una estación común.
Tan lejos se involucran tu vida, tu costumbre,
el modo imperceptible de ser.
No sabes de la niebla
que me acorrala y borra de todos los parajes,
no sabes de estos límites.
Tu ternura, qué lejos,
cuando has debido hallarme,
entrarme hasta la carne muriente y doblegada.
Quimera fue tu cuerpo,
secretamente hallado,
viendo a los trenes más hondos de mi vida, volver vacíos,
rotos en sitios donde no he amado nunca.
Cómo lograrte sin mitigar los dones
que me aprisionan al centro de la Ínsula,
cómo negarte.

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Este poema lo escribió mi papá. Le encantaba escribir poesías, y por supuesto, gustaba mucho de las de Gustavo Adolfo Bécquer. Hoy la publico en homenaje al día en que nació, 25 de febrero de 1917, hace hoy 92 años. Hace 16 que lo perdimos físicamente, pero vive en nuestros corazones cada día, por cariñoso, afable, estupendo, como diría mi hermana Cary.

Tus ojos

Si Dios un día
cegara toda luz
el universo se alumbraría
con esos ojos que tienes tú.
Pero si lleno
de agrios enojos
por tal blasfemia,
tus lindos ojos
Dios te arrancase,
para que el mundo
con las brasas
de tus pupilas
no se alumbrase,
Dios no podría
tender la noche
sobre la nada,
porque aún el mundo
se alumbraría
con el recuerdo
de tu mirada.

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Llegó otro 25 de febrero, y aunque ya no estás aquí, no dejo de pensar que fuera tu cumpleaños. No tengo tantas vivencias a tu lado, pero las pocas que existen las guardo con muchísimo cariño. Recuerdo los domingos que venías desde Cienfuegos hasta Santa Clara para verme, llevarme a pasear, traerme aquellos juegos de zapaticos y cartera que tanto me gustaban, porque en eso del arte de la zapatería no había quién te ganara. Eras muy creativo.
Esta foto es la que siempre me gustó y la que he guardado durante tantos años en un sitio especial. De tanto manosearla…

Alberto Ballester García
No olvido el día en que nos volvimos a ver después de aquel tiempo tan largo y triste; pero que nos unió de nuevo hasta el final. Cómo se divertían mis hijos Abel y Abdel cuando les hacías cuentos y les decías Coñito, coñito. Era una fiesta para ellos ir a verte. Menos cuando estuviste tan mal en el hospital, lo sentían mucho. Abdel cada vez se parece más a ti físicamente

Amparo, Cary, Virginia y Alba Ballester

Tus hijas, las cuatro hermanas Ballester, Alba, Cary, Virginia y yo, te agradecemos mucho que lograras unirnos. Fuiste estupendo. Nos queremos mucho, aunque estemos lejos unas de otras. Lástima que no conozcas a tus dos biznietos, Ubaldito y Andy, tan lindos y tan inteligentes.
A Ubaldito le fascina pintar, como a su papá. A Andy le gusta recitar, quizás tenga el bichito de la poesía, como tú. Todavía tengo los poemas que me diste a guardar. También le gusta bailar, eso es cuestión de herencia, tú tienes parte en esto también.
Llegó otro 25 de febrero, cumplirías 92 años, pero te fuiste antes de tiempo, nos faltaron tantas cosas por hacer, por contarnos. Te recuerdo siempre. Quisiera tanto tenerte acá.

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Se acerca el Día de San Valentín, 14 de febrero, y hace algún tiempo encontré una carta que le envió Carlos Marx a su esposa, Jenny von Westphalen, el 21 de junio de 1856. No he dudado ni un minuto en publicar los fragmentos que copié aquella vez para compartir con ustedes ese amor tan tierno que le profesó el Prometeo de Tréveris a su Jenny.

Karl Marx  y Jenny von Westphalen

¡Amada mía!: Te escribo de nuevo porque me encuentro solo y porque me es difícil estar siempre platicando contigo mentalmente, y al mismo tiempo, como tú no sabes nada de esto, no me oyes ni puedes responderme.
Tu retrato no está mal, es maravilloso, me viene bien, y ahora comprendo por qué hasta las lúgubres madonnas, las más monstruosas obras de la virgen, podían encontrar fervorosos admiradores, e incluso, mayor cantidad de admiradores que las mejores pinturas. En todo caso, ninguna de estas lúgubres obras fue tan besada, nadie las miró con este estremecimiento piadoso, nadie las adoró tanto como yo a tu retrato que, aunque no es lúgubre, es sombrío, y no refleja en absoluto tu gracia, tu encanto “dolce”, creado especialmente para besarte el rostro. Yo afirmo que los rayos del sol se imprimieron mal, y encuentro que mis ojos no se han deteriorado con la luz de la lámpara nocturna ni con el humo del tabaco, y son capaces de dibujar no solo en sueños, sino en la realidad. Tú estás ante mí como viva, te tomo en mi s brazos, te cubro de besos de la cabeza a los pies, caigo de rodillas ante ti y suspiro. Yo la amo, madame. Y efectivamente, te amo más fuerte de lo que alguna vez amó el moro de Venecia.

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Foto que le envió mi abuela Amparo a mi abuelo Ramón cuando eran novios

Hoy es 4 de febrero. Cumplirías un año más y te habría colmado de besos. Cómo me hubiera gustado conocerte, tenerte cerca, seguro que me hubieras querido mucho, me hubieras malcriado un poquito, o no tan poquito, como todas las abuelas; sabrías tú lo que es ser abuela y yo, lo que es tener una. Cuánta falta me hiciste de niña, y después. Cuánta falta le hiciste a Mami de niña, y después. No te imaginas lo que significa ser madre en la segunda vuelta, como abuela, te aseguro que es maravilloso. No pude nombrarte “Abuela Amparo”, pero ahora mi nieto, Andy, me dice así. Otro momento para recordarte.
Yo sentí siempre nostalgia de tener junto a mí esa dulce persona con canas o sin ellas, que desborda amor, ternura, experiencia, y también mucha paciencia, a las criaturitas que nacieron de sus hijos.

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Gertrudis Gómez de AvellanedaLa ilustre poetisa cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda (Tula) murió el 1º. de febrero de 1873. Ayer se conmemoró un año más del triste suceso. Había nacido en Puerto Príncipe, hoy Camagüey, Cuba, el 23 de marzo de 1814. Por eso escogí para hoy lo que se conoce como su autobiografía.

Este texto, conocido como la autobiografía de Gertrudis Gómez de Avellaneda, es en realidad la primera de las numerosas cartas dirigidas a Ignacio de Cepeda y Alcalde, epistolario que abarcó desde esta primera confesión, firmada en Sevilla, el 23 de julio de 1839, hasta la última que se conserva, fechada en Madrid, el 26 de marzo de 1854. Solo refiere los primeros veinticinco años de su vida, pero resulta un capítulo esclarecedor de lo que será después su vida.

Confesión

23 de julio, a la una de la noche. En Sevilla, año de 1839.

Amigo mío:

La confesión, que la supersticiosa y tímida conciencia arranca a un alma arrepentida a los pies de un ministro del cielo, no fue nunca más sincera, más franca, que la que yo estoy dispuesta a hacer a usted. Después de leer este cuadernillo me conocerá usted tan bien o acaso mejor que a sí mismo. Pero exijo dos cosas. Primera: que el fuego devore este papel inmediatamente que sea leído. Segunda: que nadie más que usted en el mundo tenga noticias de que ha existido.

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