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Posts Tagged ‘Gabriela Mistral’

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Tengo la dicha fiel
y la dicha perdida:
la una como rosa,
la otra como espina. (más…)

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Si tú me miras, yo me vuelvo hermosa
como la hierba a que bajó el rocío,
y desconocerán mi faz gloriosa
las altas cañas cuando baje al río. (más…)

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Los amores de las estaciones y los vientos, pintura de Albert Moore.

Los amores de las estaciones y los vientos, pintura de Albert Moore.

Él pasó con otra;
yo le vi pasar.
Siempre dulce el viento
y el camino en paz.
¡Y estos ojos míseros
le vieron pasar! (más…)

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Dulce Señor, por un hermano pido,
indefenso y hermoso: ¡Por el nido!

Florece en su plumilla de trino;
ensaya en su almohadilla el vuelo.
Y el canto dice que es divino,
y el ala, ¡cosa de los cielos!

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Rosas

A MI MADRE (Felicidades, Mami *)

Madre del alma, madre querida,
Son tus natales, quiero cantar;
Porque mi alma, de amor henchida,
Aunque muy joven, nunca se olvida
De la que vida me hubo de dar.

Pasan los años, vuelan las horas
Que yo a tu lado no siento ir,
Por tus caricias arrobadoras
Y las miradas tan seductoras
Que hacen mi pecho fuerte latir.

A Dios yo pido constantemente
Para mis padres vida inmortal;
Porque es muy grato, sobre la frente
Sentir el roce de un beso ardiente
Que de otra boca nunca es igual.

*Ofelia López Pérez

Mami a las puertas de los 83 años: merecido homenaje

Para mi madre: Caricias, de Gabriela Mistral

Ofelia

Ofelia, poema de Juan Gelman

Mujer, poema de Gabriel Impaglione

Mi mami cumple 85 años

 

 

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Gráfica de Marcelo Saratella, que gentilmente satisfizo mi pedido.

Gráfica de Marcelo Saratella, que gentilmente satisfizo mi pedido.

* El 7 de abril de 1889 nació Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayata, conocida como Gabriela Mistral, poetisa chilena, premio Nobel en 1945.

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La maestra rural, de Diego Rivera

La Maestra era pura. «Los suaves hortelanos», decía,
«de este predio, que es predio de Jesús,
han de conservar puros los ojos y las manos,
guardar claros sus óleos, para dar clara luz».

La Maestra era pobre. Su reino no es humano.
(Así en el doloroso sembrador de Israel.)
Vestía sayas pardas, no enjoyaba su mano
¡y era todo su espíritu un inmenso joyel!

La Maestra era alegre. ¡Pobre mujer herida!
Su sonrisa fue un modo de llorar con bondad.
Por sobre la sandalia rota y enrojecida,
tal sonrisa, la insigne flor de su santidad.

¡Dulce ser! En su río de mieles, caudaloso,
largamente abrevaba sus tigres el dolor!
Los hierros que le abrieron el pecho generoso
¡más anchas le dejaron las cuencas del amor! (más…)

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