Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Herman Norman’

Un día como hoy, hace 130 años, José Martí les escribió a Máximo Gómez y a Antonio Maceo para invitarlos a unirse a los nuevos esfuerzos libertarios.

Retrato al óleo de José Martí, del pintor sueco Herman Nor

CARTA A MÁXIMO GÓMEZ

N. York, 20 de julio 1882.

Sr. Gral. Máximo Gómez.–

Sr. y amigo:

El aborrecimiento en que tengo las palabras que no van acompañadas de actos, y el miedo de parecer un agitador vulgar, habrán hecho, sin duda, que V. ignore el nombre de quien con placer y afecto le escribe esta carta. Básteme decirle que, aunque joven, llevo muchos años de padecer y meditar en las cosas de mi patria; que ya después de urdida en N. York la segunda guerra, vine a presidir, más para salvar de una mala memoria nuestros actos posteriores que porque tuviese fe en aquellos, el Comité de N. York; y que desde entonces me he ocupado en rechazar toda tentativa de alardes inoficiosos y pueriles, y toda demostración ridícula de un poder y entusiasmo ficticios, aguardando en calma aparente los sucesos que no habían de tardar en presentarse, y que eran necesarios para producir al cabo en Cuba, con elementos nuevos, y en acuerdo con los problemas nuevos, una revolución seria, compacta e imponente, digna de que pongan mano en ella los hombres honrados. La honradez de V., General, me parece igual a su discreción y a su bravura. Esto explica esta carta. (más…)

Anuncios

Read Full Post »

En mis 14 años de correctora del periódico Vanguardia, de Villa Clara y radicado en Santa Clara, he tenido no pocas discusiones con algunos periodistas en cuanto a la forma de expresarse en sus trabajos. Por eso cuando leí este artículo de María Luisa García Moreno en el sitio de Cubaperiodistas, no dudé en publicarlo en VerbiClara. Es una forma más de salvar nuestra lengua española, tan rica y cosmopolita.
EL CASTELLANO SIN PUJOS NI REMILGOS

Retrato al óleo de José Martí, del pintor sueco Herman Norman (1891)

Quien como periodista supo crear una prosa florida y galana, fue también capaz de reflexionar acerca del uso de nuestro idioma en la prensa de su tiempo y esas sabias reflexiones pueden hallarse en “El castellano en América”, artículo periodístico de nuestro José Martí, que hasta hoy no parece recogido en sus Obras completas, aunque fue publicado en La Nación, de Montevideo, el 23 de julio de 1889.
A pesar del tiempo transcurrido desde su publicación, “El castellano en América” constituye un texto pleno de vigencia, un llamado a la utilización de toda la riqueza semántica y expresiva de un idioma que se extiende por medio mundo.
Narra en él Martí, la anécdota “de cierto director de diario”, quien “cada vez que le llegaba un aspirante con deseos de escribir en su periódico, le mostraba una pizarra” llena de vulgarismos y muletillas: probar el aspirante que era capaz de escribir sin utilizarlas era la prueba de admisión. Y, de inmediato, la valoración martiana: “Algo así pasa con muchos periódicos de nuestros países; llenos de noble juventud y excelente intención, pero donde se habla una jerga corriente, y desluce con modismos bárbaros y acepciones inauditas un párrafo bello o una idea feliz”. Triste es decir que la situación no ha cambiado mucho desde entonces y que los diferentes medios de prensa de nuestro país —y del resto de los países hispanohablantes, supongo— están plagados de vulgarismos y errores.
Es cierto que la premura con que se hace un diario o la inmediatez de la radio y la televisión, generan esos errores. Es cierto que por cada error hay decenas de páginas o elocuciones limpias y hermosas… Es cierto también que errar es humano; pero nada de eso justifica la tendencia al disparate. A los comunicadores nos toca, por la enorme fuerza que tienen los medios comunicativos, decir con Martí:
“Y la lengua que se habla debe hablarse como lo manda la razón, y como sea la lengua, por lo mismo que se pone uno la ropa a su medida, y no a la del vecino, con el pretexto de que todo es ropa. Ni cuando se escriba una carta se la llena de borrones, porque como quiera es carta. Ni el que ostenta un jarrón en su juguetero, lo tiene de loza burda y mal cocida, cuando lo puede tener de fino Sevres. Pues, porque se llevan zapatos, ¿hay razón para poner la gala en llevarlos rotos?”.
Y añade nuestro Apóstol:
“Se ha de hablar el castellano sin pujos ni remilgos […] ni novelerías innecesarias, que ponen al español pintarrajeado y tornadizo, como un maniquí de sastrería. El que se atreva con sus elegancias —continúa el Maestro— háblelo con ellas, que no es pecado hacerse los pantalones en lo de Pool —sastre famoso—, en vez de comprarlos hechos a molde, rodilleros y bolsudos, en el Bon Marché —famosa tienda de París, cuyo nombre significa ‘barato’—; ni una mujer es menos bella y virtuosa porque le corte un traje Félix que porque se lo ponga hecho una infelicidad la madama de la esquina.
”Pero no se ha de poner el español, so pretexto de elegancias, entretelado y lleno de capas lo mismo que las cebollas; ni, so pretexto de libertad, se le ha de dejar como payaso de feria, lleno de sobrepuestos y remiendos en colorín que no sea suyo, usando las voces fuera de su sentido, o traduciendo malamente del francés e inglés lo que de sobra hay modo de decir con pureza en español o inventando verbajos que corren a la larga entre la gente inculta […]”.
Y he aquí, que el texto martiano enuncia tres importantes ideas: la primera, relacionada con la elegancia del lenguaje… ¿por qué, para ponerse a tono con quienes le rodean, ha de expresarse con vulgarismos y chabacanerías quien es capaz de la más refinada elegancia? ¿Por qué alguien debe aparentar menos cultura de la que tiene…? Siempre recuerdo las palabras de otro grande de las letras, el poeta español Antonio Machado: “Escribir para el pueblo es llamarse Cervantes, en España; Shakespeare, en Inglaterra; Tolstoi, en Rusia. Es el milagro de los genios de la palabra”. Y ¿por qué —pregunto yo— con el pretexto de escribir para el pueblo, de ser popular, ha de irse hacia abajo?
La segunda, relacionada con las traducciones… ¿se ha fijado usted la fuerza que tiene el criterio de respetar la ortografía o redacción de una cita? Yo no lo comparto. Creo que todo lo que puede arreglarse, ha de arreglarse, y que eso no implica falta de respeto ni mucho menos. ¿Por qué continuar divulgando una mala traducción o un error? O ¿por qué usar de otro idioma lo que el nuestro tiene en abundancia?
La tercera se refiere a “los verbajos” de la gente inculta. ¿Se ha percatado usted de esas frases que repiten los humoristas, que son tan habituales en la música bailable…? Con todo el respeto que merecen las muchas excepciones que existen tanto entre nuestros humoristas como entre nuestros músicos, es este un tema donde hay mucha, pero mucha tela por donde cortar. Soy de las que creen que hay ejemplos que no son precisamente cultura y que nuestros medios de comunicación debían velar con mucho más cuidado por estas cuestiones.
El interesante artículo de Martí, continúa así:
“Cada asunto requiere su estilo, y todos concisión y música, que son las dos hermosuras del lenguaje. En lo ligero, por ejemplo, está bien el donaire, que huelga en la historia, donde cada sentencia ha de ser breve y definitiva como un juicio. El orador, que marcará a los bribones con su palabra candente como se marca a las bestias en la tribuna política, moderará la voz en una reunión de damas y les hablará como si les echase a los pies flores.
”El periodista que en una hora desocupada deja correr la pluma a vagar, suelta por entre margaritas y ojos de poetas, la embrazará con lanza, y montará en el caballo de ojos de fuego cuando le ofende una verdad querida el periodista enemigo, o como maza la dejará caer sobre los tapaculpas del tirano”.
Con certeras y plásticas palabras, Martí explica que es necesario ajustarse al contexto y que debe notarse la diferencia de intención entre un texto histórico —o científico, podría añadirse— y un texto poético. Pero, sobre todo, hace un llamado a la sencillez, a la precisión y a la elegancia del lenguaje:
“[…] El modo de limpiar el lenguaje, y armar guerra mortal contra el hipérbaton que lo tortura, no es poner una barbarie en vez de otra, ni reemplazar las muletillas, volteretas y contorsiones académicas con voces foráneas que sin mucho rebuscar pueden decirse en castellano puro, o con verbalismos de jerigonza, usados y defendidos por los que creen que para ser obreros en piedras finas no hay como no aprender jamás a lapidario.
”La ignorancia crea esa jerga, y la indulgencia la acepta y perpetúa […]”.
Resulta lamentable que este texto no esté precisamente entre lo más conocido de la obra del Maestro, cuando su mensaje resulta tan importante para todos los hispanohablantes. Es muy posible que no podamos averiguar quiénes eran los sastres o modistos famosos que menciona en sus imágenes, pero eso no oscurece el texto, porque sus ideas esenciales están claras, para ayer y para hoy.
“Acicalarse en exceso es malo, pero vestir con elegancia no. El lenguaje ha de ir como el cuerpo, esbelto y libre; pero no se le ha de poner encima palabra que no le pertenezca, como no se pone sombrero de copa una flor, ni un cubano se deja la pierna desnuda como un escocés, ni al traje limpio y bien cortado se le echa de propósito una mancha.
”Háblese sin manchas”.
“El idioma nacional —como reza un antiquísimo proverbio ruso— es una bandera que la Patria sigue”, es identidad y es esencia. Protegerlo, respetarlo, embellecerlo es nuestra tarea. Ese es el mensaje martiano.

Read Full Post »