Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘hermanas’

Ciertamente la película José Martí: el ojo del canario ha dejado huella en mí. Este 28 de enero se cumplen 158 años del nacimiento de ese grande cubano que fue José Martí, el más universal de los cubanos. Me di a la tarea de que en mi blog aparezcan durante este mes poesías de él o textos sobre su vida y obra, y encontré este artículo que expresa lo que sentí al ver la película, sobre todo, el gran amor por sus hermanas. Lo encontré en Radio Sancti Spíritus y su autor es Enrique Ojito Linares:

JOSÉ MARTÍ: EL DÍA EN QUE ME VEAN

Fotograma de la película José Martí, el ojo del canario

—Papá, mi primer salario, dice el muchacho, mientras le extiende la pequeña bolsa a don Mariano, quien, animoso, llama a doña Leonor para compartir la novedad del día en medio de la cálida lumbre.

—Yo quisiera, si se puede, regalarles unas monedas a mis hermanas, añade con voz cuidadosa. Solo mide tres cuartas del suelo, y en la bodega del gallego don Salustiano ha ganado sus primeros jornales. Por la mañana iba a la faena; por la tarde, al colegio de Mendive.

—Está bien. Chata, niñas, vengan que Pepe les tiene una sorpresa.

Cuando las hermanas entran a la habitación, el alborozo inunda la noche en la modesta casa habanera.

A Fernando Pérez, director de José Martí: el ojo del canario, le debemos esta escena de la película que bajó al Apóstol de los pedestales para regalarnos a un ser de nervio y alma, que amó como pocos a los suyos, y en especial, a sus hermanas: Leonor Petrona (1854-1900); María Salustiana -Ana- (1856-1875); María del Carmen -La Valenciana- (1857-1900); María del Pilar Eduarda (1859-1865); Rita Amelia (1862-1944); Antonia Bruna (1864-1900), y Dolores Eustaquia -Lolita- (1865-1873).

De sus vidas apenas se conocen retazos; sus historias fueron las del día tras otro, que por ello, no dejan de ser grandes. Así y todo, tuvieron el privilegio de ser las hermanas del más universal de los cubanos. En 12 años, el valenciano don Mariano Martí y doña Leonor Pérez, natural de Islas Canarias, trajeron al mundo ocho hijos; de ellos, José Julián fue el primogénito.

Del vientre de aquel hogar le llegaron al Maestro la pureza y la estatura de sus ideas; tan elevadas crecieron que sus padres, seres al fin, no las comprendieron del todo. Sin embargo, el hijo no se hizo al camino de los rencores. Durante su larga permanencia en Nueva York, cuando acababa de traducir un libro de Lógica, cuyos honorarios le servirían para costear la estancia de su padre allí, le escribió a Amelia: “Sonrían de sus vejeces. Él nunca ha sido viejo para amar. (…) Fue honrado, cuando ya nadie lo es”.

Rumbo a la Florida en 1894, a bordo del vapor Mascotte, su pluma rasgó sin prisa el papel, casi a estallar de tanta pólvora en la alforja: “¿Llegaré a tiempo para alegrarles un poco la casa? -le decía a su madre-. Mi porvenir es como la luz del carbón blanco, que se quema él, para iluminar alrededor. (…) Yo las estoy viendo siempre, a mi Chata romántica, a mi Carmen digna, a mi dolorosa Amelia, a mi sagaz Antonia: yo no ceso de verlas un instante”. Para esa fecha ya habían muerto Pilar, Dolores y Ana; de las dos primeras apenas existen detalles de sus vidas.

MI CHATA ROMÁNTICA

“Ese libro es mío”, dijo La Chata, en una reacción más propia de una chiquilla consentida que de una mujer de casi 30 años, cuando el Héroe Nacional envió a casa de sus padres un ejemplar de la edición príncipe del Ismaelillo, nacido en una imprenta neoyorquina y que nunca quiso poner en venta.

Nadie pudo despojar de la fortuna a la hermana mayor, ajena, por susupuesto, a las polémicas literarias por venir en torno a si el volumen en disputa era precursor o iniciador del Modernismo. Sí cuentan, por cierto, que el Apóstol se vio urgido en remitir otro libro a La Habana.

Como amante de la lectura, de seguro Leonor disfrutó del texto ante la nostalgia por el hermano ausente, a quien había hecho cómplice de su prematuro amor. A pesar de la oposición de sus padres —asegura el investigador Ramiro Valdés Galárraga— a los 15 años de edad ella contrajo matrimonio con Manuel García Álvarez y de esas relaciones nacieron cuatro hijos.

A favor de uno de ellos, Alfredo, el autor de Nuestra América le hizo en 1894 una carta de presentación dirigida a un doctor, residente en Filadelfia, para encauzar al joven en los estudios de Odontología. El gesto no era fortuito. “De los de La Habana, no me olvido”, escribiría a Manuel Mercado, el amigo mexicano que había cedido un espacio para Ana, a su muerte, en el panteón de la familia.

ANA MÍA

De nariz fina, esbelta y de pelo ensortijado, que recuerda al de su hermano, Ana, para no pocos, era la preferida de Martí. “Perdona si mis versos son malos. (…) Yo no corregiría nunca lo que escribiera para ti”; le aclara en una carta rimada, enviada en 1873 desde España, adonde había sido deportado.

Al hurgar en los confines de la familia Martí-Pérez, Valdés Galárraga se hace eco de la anécdota que nos presenta a un Héroe más cercano. Dicen que cierta vez él se percató del galanteo de un oficial español a Ana.

-¿Te gusta por su apostura y uniforme, o porque realmente te puede hacer feliz?, debió preguntarle.

Martí veía lejos. Escasos días después, el español pereció en duelo contra un militar a causa de otra mujer.

A los 18 años una afección cardíaca segó la ternura y el donaire de Ana. En el extenso poema “Mis padres duermen”, el Apóstol habla de “desconsuelo” y de “perdido amor”. Alude, sin dudas, al compromiso de la joven con el pintor Manuel Ocaranza a quien ella conoció en México y que luego se fue a estudiar a París.

Varios expertos reconocen cuánto repercutió en la vida del Maestro la temprana muerte de la muchacha, que la llevó a vivir a las páginas de la novela Amistad funesta a través del personaje de Ana.

MI CARMEN DIGNA

—Te he dicho una y mil veces que no, espetó doña Leonor a Carmen, a la vez que alisaba su pelo, dividido ya en dos mares de canas.

Pocas opciones dejaba a la hija la negativa de la madre ante la solicitud de la joven para que permitiera que su pretendiente Juan Radillo la visitara en casa. Mas, La Valenciana —la nombraban así por haber nacido en esa ciudad española— insistió; sus padres accedieron. Al reclamarle Martí, ella adujo: “(…) de Radillo nada te puedo decir hasta ahora me ha dado pruebas de quererme (…)”.

“(…) yo nunca pensé que tú creyeras que yo estuviera enojada contigo, yo no puedo estar disgustada con un hermano que tanto quiero aunque no haya tenido motivos de demostrártelo por el corto tiempo que has estado al lado de nosotros”, le expuso también.

MI DISCRETA AMELIA

New York de nieve; enero de 1882. Colgado, cerca, el desgastado saco negro; sobre la mesa de ese jueves, la carta de Amelia que despierta la voz cadenciosa del hermano que sigue la pluma al responderle, mientras se pasa la mano por la cicatriz de la barba: “Ahí está tu alma serena, sin manchas, sin locas impaciencias”.

En la distancia parecía conversar de tú a tú con la veinteañera al ritmo de los trazos, perdurables hasta hoy no solo por la excepcionalidad del remitente; sino por llover alientos, devociones de familia, consejos de hermano mayor… en letra pulcra y afectiva.

A poco más de un año, Amelia se casó con José García, de cuyo matrimonio nacieron siete hijos. “(…) el día que supe de tus bodas -le escribió el Maestro-, como te creí dichosa, me sentí de fiesta. Hice visitas, canté un poco, y hasta hablé algo más de ordinario (…)”.

Reflexiva y comedida en sus actos fue esta mujer, quien cuidó los últimos años de doña Leonor y que vivió hasta 1944.

MI SAGAZ ANTONIA

“(…) Antonia recibió sus flores que le gustaron mucho, el día de Sn. Pedro la llevé al Vedado que era día de Baile de Matinés (…)”. Las palabras salen del puño viril de don Mariano, luego de su retorno de New York en 1884.

Antonia fue la sexta hija del matrimonio, a quien Martí le dedica, al igual que a Amelia, “Carta de madrugada”. En respuesta, la joven le expresa: “El verso está muy bien escrito y comprende el sentido con que está hecho, y seguiré tu consejo”. El Héroe estaba al tanto de los “lobeznos”, quizás los pretendientes, que merodeaban a las jóvenes.

Sensible y organizada, ella asumió  con apenas 14 años la encomienda del hermano de hacer nota de sus libros al caer este preso en La Habana en 1879. Con la decisión, el Apóstol acuñaba la inteligencia de Antonia, de cuyas dolencias siempre permaneció atento. La joven tuvo cuatro hijos con Joaquín Fortún.

LIRIOS PARA MI ALMA

Cuando el 25 de septiembre de 1879 el vapor Alfonso XII se despidió del puerto con sus estelas de hollín y señoriales mástiles, los ojos de Martí se llevaban prendidos las últimas imágenes de su Habana infidente a la corona española y el adiós de sus hermanas, a las cuales jamás abrazaría.

Hasta Ana, a punto de 15 años, lo sabía rebelde. Ellas habían disfrutado sus premios colegiales, no importaba si en Gramática castellana o latina; ellas habían acompañado a doña Leonor en la visita a las autoridades coloniales para solicitar indulgencia a favor del hermano cuando cayó prisionero en 1869..

En recompensa, él, quien nunca se consideró un héroe helénico, las mimó, y padeció sus angustias. Así lo percibió José García, el esposo de Amelia, al abrir aquel sobre venido de New York en un mayo de temporales: “Son como lirios, para mi alma, mis hermanas, que tienen las raíces donde las tiene mi vida; ya lo verán el día en que me vean”.

Anuncios

Read Full Post »

Llegó otro 25 de febrero, y aunque ya no estás aquí, no dejo de pensar que fuera tu cumpleaños. No tengo tantas vivencias a tu lado, pero las pocas que existen las guardo con muchísimo cariño. Recuerdo los domingos que venías desde Cienfuegos hasta Santa Clara para verme, llevarme a pasear, traerme aquellos juegos de zapaticos y cartera que tanto me gustaban, porque en eso del arte de la zapatería no había quién te ganara. Eras muy creativo.
Esta foto es la que siempre me gustó y la que he guardado durante tantos años en un sitio especial. De tanto manosearla…

Alberto Ballester García
No olvido el día en que nos volvimos a ver después de aquel tiempo tan largo y triste; pero que nos unió de nuevo hasta el final. Cómo se divertían mis hijos Abel y Abdel cuando les hacías cuentos y les decías Coñito, coñito. Era una fiesta para ellos ir a verte. Menos cuando estuviste tan mal en el hospital, lo sentían mucho. Abdel cada vez se parece más a ti físicamente

Amparo, Cary, Virginia y Alba Ballester

Tus hijas, las cuatro hermanas Ballester, Alba, Cary, Virginia y yo, te agradecemos mucho que lograras unirnos. Fuiste estupendo. Nos queremos mucho, aunque estemos lejos unas de otras. Lástima que no conozcas a tus dos biznietos, Ubaldito y Andy, tan lindos y tan inteligentes.
A Ubaldito le fascina pintar, como a su papá. A Andy le gusta recitar, quizás tenga el bichito de la poesía, como tú. Todavía tengo los poemas que me diste a guardar. También le gusta bailar, eso es cuestión de herencia, tú tienes parte en esto también.
Llegó otro 25 de febrero, cumplirías 92 años, pero te fuiste antes de tiempo, nos faltaron tantas cosas por hacer, por contarnos. Te recuerdo siempre. Quisiera tanto tenerte acá.

Read Full Post »

Susan McDade, coordinadora residente del sistema de las Naciones Unidas en Cuba, destacó este martes los avances de la Isla en la prevención y atención a la violencia contra las mujeres, así como en la potenciación de la igualdad de género.

Cuba contra violencia de géneroDurante el acto central por el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, realizado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, McDade indicó que es probable que en el mundo al menos una de cada seis sea golpeada, obligada a tener relaciones sexuales o a sufrir un tipo de maltrato a lo largo de su vida; mientras una de cada cinco podría ser víctima de violación o de intento de violación. Con demasiada frecuencia los autores de estos delitos quedan impunes, dijo.

(más…)

Read Full Post »