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Posts Tagged ‘Horacio Quiroga’

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Morir como tú, Horacio, en tus cabales,
y así como siempre en tus cuentos, no está mal;
un rayo a tiempo y se acabó la feria …
Allá dirán.

No se vive en la selva impunemente,
ni cara al Paraná.
Bien por tu mano firme, gran Horacio …
Allá dirán.

“No hiere cada hora –queda escrito-,
nos mata la final.”
Unos minutos menos … ¿quién te acusa?
Allá dirán.

Más pudre el miedo, Horacio que la muerte
que a las espaldas va.
Bebiste bien, que luego sonreías …
Allá dirán.

Sé que la mano obrera te estrecharon,
mas no si Alguno o simplemente Pan,
que no es de fuertes renegar su obra …
(Más que tú mismo es fuerte quien dirá.)

Alfonsina Storni, Poesías Completas, Soc. Editora Latino Americana,
Bs. As., 1968.

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Horacio Quiroga

Hacia el siglo XIV, surgió en Francia la palabra maraud, de origen desconocido, que se podría traducir como “sujeto despreciable” y que dio lugar al verbo marauder(equivalente a nuestro actual merodear) por el siglo XVII. En el Diccionario castellano de Esteban de Terreros, ya se registraba merodear, que se formó a partir de merode‘merodeo’, palabra considerada hoy arcaica. (más…)

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Horacio Quiroga nació un 31 de diciembre. Les ofrezco este bello poema para esperar el nuevo año. ¡Felicidades!

 

Noche de amor. Bajo la sombra cómplice:
La ingenua tentación. En la arboleda
El motivo de vida va pecando
Como un ensueño de precoz histeria,
Hay quemantes sudores en las pieles:
Sorda germinación en las arterias;
Protestas en las curvas no labradas
Y en tu pupila audaz, francas ofertas. (más…)

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Gráfica de Marcelo Saratella.

Gráfica de Marcelo Saratella.

Febrero 19

Quizás Horacio Quiroga hubiera contado así su propia muerte:

Hoy me morí.

En el año 1937, supe que tenía un cáncer incurable. (más…)

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Quiroga en su taller.

El escritor e historiador bonaerense Horacio Silva adelantó a EDICIÓN su nuevo proyecto: una investigación sobre Horacio Quiroga.— “La leyenda lo pinta como un ser huraño y obsesionado con la muerte trágica; pero como en su nutrida correspondencia encuentro a una persona completamente distinta, llena de optimismo y amor por la vida, incluso poco antes de su voluntaria muerte, intentaré determinar qué clase de hombre fue en realidad”, asegura.

Por Sergio Álvez

El mito universal dice que Horacio Quiroga era una persona oscura, pesimista y argel. Ezequiel Martínez Estrada, autor del libro “El hermano Quiroga y cartas de Horacio Quiroga a Martínez Estrada”, quien supo cultivar una amistad con el cuentista uruguayo, llegó a escribir: “No creo que en la vida de Quiroga, como tampoco en la mía, haya habido un ser que llenara (mejor dicho: colmara) la necesidad indiscutiblemente instintiva de estar con otro ser sin dejar de estar con uno mismo y solo.”

La leyenda también habla de un hombre lunático y huraño. “Yo soy bastante fuerte y el amor a la naturaleza me sostiene más todavía; pero soy también muy sentimental y tengo más necesidad de cariño -íntimo- que de comida. A mi lado, mi mujer es cariñosa a la par que cualquiera, pero no vive conmigo, aunque viva a mi lado”, llegó a declarar Quiroga en una de sus cartas recuperadas. (más…)

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Por Horacio Ricardo Silva

El escritor junto a sus hijos Eglé y Darío.

Ocurrió en un carnaval, en Buenos Aires. Un carnaval como éste, pero 75 años atrás. Quiroga había aguantado a pie firme, frente a un docto tribunal, la sentencia inapelable: agonía hasta morir por cáncer de próstata.

Nadie le dio a elegir; pero él, que había fijado el norte de su brújula en la libertad, desoyó la condena y se aplicó a sí mismo la eutanasia reparadora, en el Hospital de Clínicas, en la madrugada del 19 de febrero de 1937.

La vida de Quiroga había sido, desde su infancia y juventud, una constante exploración en busca del más allá de los límites establecidos. Su personalidad maduró en la ruptura de lo convencional. Le pareció pequeño y mezquino el mundillo de las letras rioplatenses. En él, como en pocos artistas, se conjugó la necesidad de vivir el arte, pero en carne propia.

Esa necesidad vital lo llevó a instalarse en la selva misionera, en San Ignacio, a 1.100 kilómetros de la gran urbe. Solos, él, su joven esposa, su ingenio, y la asombrosa capacidad creativa de sus manos, que se manifestó en la agricultura, la jardinería, el paisajismo, la mecánica, la carpintería, la taxidermia y cuanto oficio podía surgir de su taller de herramientas misionero. (más…)

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