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“Los campesinos tienen que protagonizar las ciencias agropecuarias”

Por Marianela Martín González

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La agricultura industrial es insostenible. Los patrones de nuestras instituciones investigativas están en consonancia con viejos esquemas. En la medida en que se vaya transformando será menos traumático, sostiene Humberto Ríos Labrada, el único cubano que ha obtenido el Premio Goldman, considerado como el Nobel Verde

Con apellidos a la medida de quien sueña con preñar la tierra, este Doctor en Ciencias Agrícolas vino al mundo en días muy tensos para los cubanos, en plena Crisis de Octubre. Tal vez los aires belicistas de entonces lo convirtieron en un pertinaz luchador que defiende sus sueños. Comenzó su tesis de doctorado a principios del período especial, cuando se obsesionó con obtener calabazas ricas en vitamina A, y la necesidad lo condujo a la sapiencia de los guajiros, quienes allanaron el camino a la verdad perseguida por este hombre.
También por aquellos días encontró dentro de sí a un cantante y compositor que lo ayudó a aliviar las carencias materiales; alternaba las jornadas en los surcos de Batabanó con descargas en el Patio Colonial de La Habana Vieja, donde por sus canciones a la agricultura y a la diversidad criolla, mereció aplausos y consiguió los cheques de pago que hicieron repensar el asunto de producir más alimentos casi sin nada, porque por aquellos días el campo socialista se había desmoronado y la agricultura se había quedado colgada.
Para mayor osadía, por aquella fecha se las dio de contracorriente y se dijo que «para saber cómo ronca Cheo, hay que dormir con Cheo». Dejó la casa donde vivía, en el municipio de Playa, para irse al Guatao y atender una finquita, sin importarle que, según la narrativa popular, en una ocasión una fiesta no terminara del todo bien en ese lugar ubicado en la periferia de la ciudad.
«Estoy muy feliz y nada tiene que ver con el premio, sino con las inquietudes que siempre tengo. Si muriera y reencarnara quisiera volver a nacer en este país, donde siempre hay cosas que hacer», confesó cuando hablamos del Goldman 2010, otorgado por un comité internacional en Estados Unidos a seis personalidades, entre las cuales se encuentra él.
Humberto es creador del Programa de Innovación Agropecuaria Local del Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas (INCA), en La Habana. Con él suman 139 las personas de 79 países seleccionadas para optar por el premio, a partir de nominaciones remitidas por una red mundial de organizaciones e individuos ecologistas.
—¿Qué méritos avalan el premio?
Humberto Ríos Labrada

—Este Nobel Verde, como también se le conoce, fue creado en 1989 por los líderes cívicos y filántropos Richard N. Goldman y su esposa Rhoda H. Llega porque alguna de las personas premiadas en ediciones anteriores me propuso. Así funciona su otorgamiento. Es un proceso totalmente secreto.
«Se premia a seis personas. Una por cada área geográfica. A mí me contemplaron dentro de la categoría de Islas e Isla-nación, en la cual compiten los candidatos de Japón y Australia. No pensé obtener ese premio jamás.
«Estuve diez días en San Francisco y en Washington D.C. Allí me reuní con la familia Goldman y participé en dos ceremonias muy importantes, al estilo de la entrega de los Grammy. También conversé con el presidente Obama y representantes del Congreso.
«El premio acentúa mi compromiso con todo lo que he defendido hasta ahora en torno a la diversidad genética. Eso hace que si antes trabajaba duramente en este empeño, ahora multiplique la entrega. También refuerza mi compromiso con las nuevas generaciones. El mundo pertenece a ellas».
—¿Qué conversaste con Obama?
—Le dije que quizá era la primera vez que un cubano que vive en la Isla le daba la mano. Me echó una sonrisita ligera. Le dije que tenía tres cosas para él: mi tarjeta de presentación, mi música —le entregué un CD— y el corazón mío y de muchos cubanos que aman al pueblo que lo eligió.
«Nos tomamos una foto y reconoció la labor de los premiados. Cuando nos reunimos con algunos representantes del Congreso, canté una canción de Matamoros. Todo lo ceremonial fue muy respetuoso en relación con mi persona y mi país».

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