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Posts Tagged ‘Issa Nobunaga’

He recibido por suerte Fuego enemigo, que me ha enviado gentilmente su autor, Carlos Almira Picazo, excelente escritor granadino del que ya he leído Issa Nobunaga y Una mariposa aletea en China, excelentes libros.

 

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Y dedicado, como siempre, lo cual le agradezco infinitamente, porque es un honor para mí, ya que es un aliciente por no poder estar presente en su lanzamiento.

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Quizás muy pronto publique alguno de sus minirrelatos, muy originales por cierto y que ayudan a recrearse en poquísimo tiempo, por su brevedad.

 

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En la cubierta puede apreciarse el cuadro The Temptation of St. Anthony (1650), del pintor flamenco Joss van Craesbeeck, pero invertido. Vea el original:

 

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Tomado de Imaginarium

 


Más sobre Carlos Almira Picazo y su obra:

 

Issa Nobunaga, nueva novela de Carlos Almira Picazo saldrá al a luz este mes

 

La novela Issa Nobunaga, de Carlos Almira Picazo

 

Entrevista a Carlos Almira Picazo por su libro Issa Nobunaga

 

Haikus de Issa Nobunaga

 

Una mariposa aletea en China, de Carlos Almira

El fuego enemigo de Carlos Almira Picazo

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Mi amigo Carlos Almira Picazo me acaba de anunciar la publicación de su antología de cuentos Fuego enemigo, más de 100 microrrelatos, bajo el sello de la Editorial Nowevolution. ¡Felicidades, amigo!

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Entrevista a Carlos Almira Picazo por su libro Issa Nobunaga

Haikus de Issa Nobunaga

Una mariposa aletea en China, de Carlos Almira

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He publicado varias veces post relacionados con la novela Issa Nobunaga, de mi amigo Carlos Almira Picazo, doctor en Historia y escritor español. Esta entrevista de Raúl Borondo García al autor esclarece cualquier duda.

Carlos Almira Picazo

ENTREVISTA

La historia está ambientada en el s. XVI en Japón, y es una novela pero parece muy real, ¿cómo surge la novela y qué tiene de real?

Carlos Almira: ”Issa Nobunaga” nace de mi afición por los haikus. Como muchos autores, yo empecé escribiendo poesía, y en un momento determinado, a finales de los años noventa, cayó en mis manos un libro de haikus de Matsuo Basho. Fue un deslumbramiento. Aparte de escribir muchos poemas de este estilo tradicional japonés (recuerdo largas caminatas con Lola, mi mujer, por Granada y por Huelva, componiéndolos juntos), descubrí la historia y la biografía de muchos autores famosos de haiku, desde el siglo XVII hasta hoy. Supongo que entonces, poco a poco, se fue gestando en mí la novela. De hecho, uno de los protagonistas, Issa Nobunaga, es un poeta errante inspirado en dos personajes reales: Issa Kobayashi y Santoka Taneda (el primero vivió inmerso en plena naturaleza, en una pobreza voluntaria, escogida, como un especie de San Francisco de Assís, allá por el siglo XVII; el segundo fue también un monje, pero alcohólico y desgraciado, un vagabundo sin familia en el Japón de la primera mitad del siglo XX).
Esta afición me llevé, al mismo tiempo, a indagar en la Historia de Japón, y entonces di con un personaje capital (de una importancia comparable a la de Julio César en occidente) en la historia moderna, política y militar de este país, aunque desconocido aquí: Oda Nobunaga. Me documenté sobre su vida y el período en que brilló, y de pronto me imaginé a estos dos hombres completamente distintos juntos: el político guerrero y el poeta; el uno real y el otro, ficticio; los vi juntos, con sus dos posturas vitales contrapuestas, hermanos, queriéndose y condenados a no comprenderse nunca del todo, emprendiendo aventuras vitales irreconciliables, en el Japón aún medieval de Oda Nobunaga.
Además de permitirme una narración de aventuras, semejante binomio me obligaba casi a abismarme, a sumergirme en las psicologías tan diferentes de ambos personajes, y por contagio, de los del resto de la novela.
Y por otra parte, estaba la fructífera tentación de contraponer dos posturas tan diferentes ante el mundo y la vida, la que preconiza el valor de la acción y la que postula la inmersión, la contemplación, y en suma la anulación del yo ante el Universo, propias del guerrero y del poeta respectivamente.
Y una de las dificultades de esta novela fue articular todos estos niveles (como describir el canto de un pájaro en plena batalla). Supongo que la sensación de realidad tiene que ver con mi identificación poética con ambos personajes, con su fuerte carga de autorretrato, aparte de la descripción y los detalles históricos. Todo empezó con los haikus.

Las circunstancias de los personajes están muy determinadas por el lugar y el tiempo, por eso me gustaría saber: ¿hubiera sido posible en otro lugar y en otro tiempo?

Carlos Almira: Sí, supongo que “Issa Nobunaga”, en la medida en que yo haya sabido transmitir mis emociones, debe tener algo de intemporal. Pero tal como surge y luego se plasma narrativamente, pienso que no podía sino pertenecer a ese lugar y ese tiempo concretos.
En primer lugar porque (y también esta fue una dificultad, y no pequeña) al ir construyendo la atmósfera de la novela, tenía continuamente en mente la sensibilidad especial de los haikus: esa atención continua hacia el detalle y la naturaleza; el ritmo lento, intenso, sorpresivo, con el que parece acaecer todo. Por ejemplo, un aspecto fundamental de los haikus son las elipsis, el afán casi suicida de condensar el mundo entero en tres versos, en diecisiete sílabas, el enorme peso de lo no dicho, de lo apenas sugerido; pues bien, la elipsis es quizás el recurso estructural más importante de “Issa Nobunaga”.
Además, esta sensibilidad, esta posición vital tan peculiar, esta indefinición vital si se quiere, encajaba casi a la perfección en la época en que transcurre la novela: en la segunda mitad del siglo XVI la estructura feudal medieval de Japón estaba en plena crisis, y frente a ese desmoronamiento del mundo tradicional, vivido de formas tan distintas por el guerrero y el poeta, se presentaban dos respuestas, dos alternativas, dos cosmovisiones “salvadoras” posibles, tan diferentes como el occidente, traído por los marinos portugueses, y la naturaleza con sus ciclos eternos y continuos; el guerrero escogió la primera y el poeta la segunda.
En otro lugar y en otra época hubiera salido una historia muy distinta, aún manejando las mismas emociones.

La novela es muy precisa en los detalles tanto del lugar, forma de vestir, comer, ¿fue difícil recopilar la información?

Carlos Almira: Quizás, visto ahora retrospectivamente, esta fue una dificultad menor: en el sentido de que, aunque rastrear tanta documentación (textos escritos, imágenes, mapas, incluso planos del castillo de Azuchi, tanto en fuentes escritas como en internet), se trataba de una tarea casi historiográfica, es decir, bastante metódica. Es verdad que a menudo aparecía algo, un hallazgo, como supongo que ocurre también en la investigación histórica, que me hacía de pronto buscar por otros derroteros, otras cosas —por ejemplo, El libro de la almohada, de Sei Shonangon, me animó a explorar más el elemento femenino, que hasta entonces estaba casi ausente, al menos en el plan original de la novela—. Siempre me ha resultado difícil construir personajes femeninos. Y llegado a un punto determinado de acumulación de información, lo difícil era pararse y no buscar más, poner un límite para dejar espacio a la ficción, que era en definitiva de lo que se trataba.

Me gustan los nombres, son brillantes (aunque le agradezco el glosario), ¿son nombres ficticios o reales?

Carlos Almira: Aquí hay también una curiosa simetría: prácticamente todos los nombres de los daimios y samuráis corresponden a personajes históricos, y son por tanto, reales; en cambio, los nombres de los personajes más vinculados con el poeta, Issa Nobunga, son todos ficticios, o están a medio camino (por ejemplo, el del propio Issa Nobunaga, tomado en préstamo de los de dos personajes reales, Issa Kobayashi y Oda Nobunaga). Es como si cada uno de ellos arrastrara una especial estela de realidad o irrealidad tras de sí: en suma, el mundo de la acción representado por el propio Oda Nobunaga, se mueve en el nivel de afirmación del yo, del poder de la realidad y de la Historia; mientras que el mundo de la contemplación y la inmersión en el Universo, del abandono del yo, encarnado por Issa Nobunaga, parece bordear siempre el ensueño, y sin embargo este último no resulta al fin menos real (en muchos aspectos yo diría que es incluso más real) que aquél.
Por otra parte los personajes secundarios, como es lógico, son prácticamente ficticios y llevan nombres inventados. Y supongo que también influyó al nivel de la narración, la sonoridad, la eufonía conforme iba escribiendo, pero uno no sabe nunca cómo ocurren exactamente estas cosas.

Para mí la historia de la novela es un análisis de la AMISTAD. En ella vemos al amigo incondicional, al amigo que depende de las circunstancias, al que no se posiciona, y al que traiciona. ¿Era esa la idea?

Carlos Almira: Bueno, esa es una lectura tan válida como otras, y me alegra encontrarla (me tranquiliza personajes y con la naturaleza de la cosmovisión que cada uno de ellos representa y encarna: la acción frente a la contemplación.
Y además hay otra cosa: toda la trama descriptiva no sólo de los paisajes y la naturaleza, sino incluso de los caballos, los talleres, las ciudades, etcétera, parece recorrida no con los ojos del guerrero sino con los del poeta. En este sentido, el personaje de Issa Nobunaga parece la lente misma a través de la cual se ve desplegarse la historia. Está en muy pocas páginas pero recorre el espíritu, el aliento, de toda la obra. Por eso yo creo que el verdadero protagonista es Issa Nobunaga. Es más, incluso yo diría que no sólo invade en cierto modo la visión del narrador (que por cierto, oscila entre la tercera y la primera persona), sino la visión misma, y hasta la sensibilidad, del propio Oda Nobunaga. Algo que, por cierto, también tendría que ver con otra tesis implícita en la novela: el triunfo y la acción de Oda Nobunaga pasan, son contundentes pero al fin, resultan efímeros; por el contrario, el canto del pájaro o el dibujo de una rama, tan frágil y quebradizo, se repiten incesantes hasta la eternidad. Así, el poder es sólo el protagonista en apariencia de la Historia, mientras que el borroso contorno, el fondo aparentemente pacífico y armonioso contra el que ocurren todas las batallas: el ruido del agua, el olor del campo o las calles, los colores de la estación, hasta las nubes, es más sólido y continúa más allá y más acá de estas.
Por todas esas razones yo me quedo con Issa Nobunaga como protagonista, ¡protagonista en ausencia como la propia Naturaleza!
En principio yo no pensaba tanto en hacer una novela sobre el tema de la amistad sino sobre las posibles opciones vitales que se presentan a los individuos, pero en al menos dos sentidos, el tema de la amistad era también fundamental: primero, porque los dos hermanos Oda e Issa Nobunaga, que encarnan estas dos posturas vitales tan dispares, se estiman y se quieren como amigos, es decir, como iguales, aún sin comprenderse muy bien en último extremo, el uno al otro. No son simplemente hermanos en el despliegue de sus afectos, sino que van más allá, más allá incluso de la lealtad o el amor que sí vincula a otros personajes, hasta rozar lo inefable y misterioso de sus personas, del otro, que parece siempre empeñado en escurrirse como una sombra fugitiva.
En segundo lugar, al ser una novela de acción (y en la medida en que lo es), desarrolla inevitablemente el juego de las alianzas, las lealtades, las traiciones. Incluso cuando aparece el lado femenino en las situaciones y los personajes, esa conciencia de lo igual, lo superior y lo inferior, tan arraigada en las sociedades feudales y en la japonesa en particular, recorre inevitablemente la trama.
En fin, en un sentido muy amplio del término amistad (aunque cuando yo la escribía no lo pensara) es cierto que la identificación con lo otro (la naturaleza, la guerra, la ciudad, etcétera) puede también interpretarse, leerse en clave de amistad o alejamiento.
Desde luego en “Issa Nobunaga” la amistad tiene mucho más peso que el amor.

La novela también refleja la seducción del poder que nos lleva a por decirlo de alguna manera situarnos por encima del bien y el mal. ¿Quería reflejar eso un poco como crítica a la Política en España? (A ambos lados).

Carlos Almira: Nunca pensé en España cuando escribía “Issa Nobunaga”. Creo, sin embargo, que la naturaleza del poder no ha cambiado a lo largo de la Historia tanto como sus formas y modos de manifestarse y justificarse.
En las sociedades tradicionales y antiguas, como en cierto modo aún lo era la de Oda Nobunaga, el poder se legitimaba remitiéndose a instancias sagradas e inefables (como Dios, Amaterasu, el Emperador, etcétera); después de la Revolución Francesa, y ya no sólo en occidente, fue cada vez más difícil, muy difícil (salvado el paréntesis del fascismo), justificar el poder de este modo; la Ilustración hizo que la única instancia aceptable fuese la Razón, y en última instancia, el pueblo (o la nación, etcétera). En este sentido, la democracia se convertiría en el siglo XX en el mejor garante ideológico del poder como tal, (poder que por cierto, y en casi todas partes, pese a los regímenes constitucionales, parlamentarios, de partidos, de libertades civiles, etcétera, sigue siendo esencialmente oligárquico, también en España).
Y en última instancia, el poder (como capacidad de hacer que otros actúen o se inhiban en un sentido que voluntariamente no escogerían, en ausencia de tal poder), sigue siendo hoy como debió serlo en la Prehistoria. Y por cierto, no vendría mal reconocerlo, pues quizás una dimensión oculta de esta crisis española y mundial, es la necesidad, la urgencia de democracia real (que no es lo mismo que democracia directa).
Desde luego, cuando escribía “Issa Nobunaga” no pensaba en todas estas cosas, partía más bien de una intuición más simple y directa de lo que es el poder, que pienso que además impregna toda la novela: poder es lo que se puede.

En un momento determinado cuando Oda está ascendiendo con éxitos cree que será traicionado, pero Mitsuhide le dice que aún no es el momento, que lo harán cuando esté arriba. ¿Cree usted que es así siempre?

(más…)

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Hace un tiempo Carlos Almira Picazo me envió su obra Issa Nobunaga, magnífica novela que recrea las costumbres del Japón del siglo XVI. Muy agradecida por tanta gentileza, amigo.

Issa Nobunaga, de Carlos Almira
Dedicatoria de Carlos Almira y solapa del libro 

Es la historia de la búsqueda que realiza Oda Nobunaga para encontrar a su hermano perdido, Issa. Oda Nobunaga es un personaje real, fue uno de los grandes shogunes de Japón; pero Issa es ficticio. Son netamente diferentes, Oda es un guerrero, mientras que Issa es un poeta.

Retrato de Oda Nobunaga, por el pintor jesuita Giovanni Niccolo, 1583-1590.

Retrato de Oda Nobunaga, por el pintor
jesuita Giovanni Niccolo, 1583-1590.

Aun cuando se mencionen personajes, lugares, clanes, etcétera, reales, hay que tener en cuenta las palabras del autor:

“Issa Nobunaga no es un libro de Historia, ni siquiera una historia novelada, ni menos aún una biografía (de Oda Nobunaga), sino una Novela, por lo tanto, un texto de ficción.”

No soy crítica literaria ni escribo literatura, pero siempre que leo un libro, acostumbro decir algo de él, quizás así los lectores de VerbiClara se motiven a leerlo.

Fue una lectura muy interesante y agradable, porque a veces me parecía que estaba dentro, que era parte de ella. Experimenté la sorpresa, la confusión, el miedo, la risa, el llanto, el dolor…

Me embelesé con el canto de un ruiseñor, con los gorriones, chicharras, cuclillos, zorro de cola roja, aves exóticas, libélulas. No faltó el canto del gallo. También sentí miedo de los aullidos de lobos.

Pude disfrutar de la nieve de los campos, los bosques de coníferas nevados, los arrozales. También de los cerezos, manzanos, caquis, peras, arroz, trigo, mijo, té, naranjas, castañas, bambúes. Sentí el olor de la canela, la pimienta, la albahaca, la verbena, el estragón. Degusté el sake.

En cuanto al tiempo, sentí el sol enredado en los puestos del mercado, y las ráfagas heladas, y tomé vino para sobrellevar el frío. Asimismo, el viento y la lluvia, las aguas primaverales, la primavera, con el polvo y el calor por el día, y en el atardecer, la brisa.

Durante ese viaje imaginario atravesé praderas, llanuras, suaves colinas, montañas que protegen a Kyoto, murallas…, junto a mujeres empolvadas de arroz, ataviadas con exquisitos kimonos de verano, aldeanos, samuráis, shogunes, el emperador, monjes, bongos, fules y traidores. Hasta pude escuchar el sonido del frufrú de las telas de nobles, caballeros y damas; también el de las cítaras.

Atravesé mamparas, biombos, supe de tabiques de seda, de cañamazo, de juncos, de papel de arroz.

Y en época de batallas, montada a caballo, me lancé sin pestañear, junto a ejércitos, a cercos y ataques a los castillos de los señores, incendios. Fue emocionante conocer de las armaduras, katanas, los arcos tradicionales, cañones, arcabuces, espingardas, espadas…

A veces me sobrecogían los sucesos, propios de las costumbres de aquella época en Japón. Me extrañaron elementos de la Iglesia Católica, por ejemplo, el rosario, lo que me hizo profundizar en ese tema. Los japoneses se referían a ella como religión de los bárbaros. La Iglesia Católica cometió crímenes increíbles para imponer su religión, pero los guerreros no se quedaban detrás en sus crueldades, pues Oda Nobunaga, hermano de Issa Nobunaga, llegó a mandar incendiar monasterios ¡con todos los monjes dentro! No menos me impactó esta frase en boca de una madre refiriéndose al hijo, tullido: “Que se vaya si quiere, una boca menos.” Asiomismo me alarmó que Oda entregara su hermana ya casada a otro para lograr sus fines.

Copio siempre los fragmentos que más me llaman la atención de una lectura. Admiro, amo y defiendo la naturaleza, por eso me detuve en estos:

“Lo que Issa admiraba maravillado, conmovido, en un renacuajo cruzando una alberca, en un pájaro escondido en una arboleda, en una chicharra invisible, era ese orden perdido de lo inmediato, replegado en la naturaleza, que una vez existiera también para los hombres. Cada instante tenía así su honda belleza, que no era sino una reminiscencia de la Edad de Oro.”

“Me siento como el hombre que, al construir su casa, se da cuenta de pronto  del sufrimiento que ha causado a las plantas y a los insectos que ocupaban el solar y que nunca sabrán por qué han sido asesinados.”

También encontré tan cierto:

“Nada nos pasa más desapercibido que aquello que tenemos ante nosotros.”

Me gusta ver los techos de las casas desde lo alto, lo hago regularmente desde las ventanas del periódico, por eso me llamó la atención cuando los describe:

“Los tejados, de estilo chino, se curvan graciosamente a escasa altura del suelo, estilizándose más y más en las plantas superiores. Las tejas están dispuestas de tal forma, según sus texturas y colores, que crean la apariencia de un animal escamado, una serpiente, un dragón o una tortuga.”

No faltan los proverbios:

“Se aprende poco con la victoria, en cambio mucho con la derrota.”

“Los que se aferran  ala vida mueren, los que desafían a la muerte, sobreviven.”

Cada haiku engalana este libro, y como en mi blog predomina la poesía, los publico aparte. Véalos en:

Haikus de Issa Nobunaga  

Enlaces a tema relacionado con la novela Issa Nobunaga:

Issa Nobunaga, nueva novela de Carlos Almira Picazo, saldrá a la luz este mes


Nowelution.net (Carlos Almira Picazo. Issa Nobunaga)

Enlaces a temas relacionados con japoneses en Cuba:

El parque del samurái

La huella de los japoneses 

¿A la japonesa o a la cubana?  

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En la novela Issa Nobunaga, del español Carlos Almira Picazo, aparecen estos delicados haikus:

bambu.gifCanto de pájaro
¿cómo pueden dormir
Los de casa?

Pasos afuera
de gente que se va
hondo silencio.

Las libélulas
se abisman
en el agua de verano.

Alrededor de las rosas
el aire, las miradas,
apelotonamiento.

Árbol y jardinero:
¿qué los hace concentrarse
cuando yo paso?

Primer calor:
en un rincón fresco
albaricoquero.

La mariposa
con una fe absoluta
revolotea.

¿Por qué sonrío?
No lo sé
sol veraniego.

¿Quién ha comido
el color de mi ropa,
el sol o la luna?

Un gato duerme
en la horquilla del árbol
pasa una nube.

Irrumpe el sol
en el cielo aún fresco
de la mañana.

Suena el mar
sin repetirse.
Noche en vela.

Rompe la lluvia
entre la gente
sombras malvas.

Árbol de barrio,
todas las hojas
en la copa.

El silbido de alguien:
azoteas, tejados,
lluvia…

Perro y mendigo:
todo el uno para el otro.

Todo en calma:
Dos gorriones,
tres.

Pongo los ojos
en las montañas,
las cruzo.

El pájaro
se ha multiplicado
en la niebla.

Seto de boj:
las gotas de lluvia
se vuelven hojas.

El viento
hace montoncitos
con las hojas.

¿Por qué me asombro?
Las hojas dan vueltas en el agua.

Nuevo inquilino,
el sol del vecindario
entra en la casa.

El niño
como un potrillo:
nubes.

El gorrión:
en el cielo azul
desenfunda su canto.

Lluvia:
los charcos empiezan a hablar.
 Faltan tres meses:
en el cielo
el verano ya.

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Enlaces a temas relacionados con el haiku: 

A field of cotton / Un campo de algodón. Matsuo Basho

Poesía Haiku: estudiante de Boulogne ganó concurso nacional 

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Invitación a la presentación de Issa Nobunaga, de Carlos Almira

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Issa Nobunaga

En el Japón de las costumbres, de los señores feudales, de los shogun, y de
los señores de la guerra. Un clan, Nobunaga, marcará la diferencia, y en su propia casa dos hermanos muy distintos entre sí, uno con ideales de un nuevo mundo y el otro aferrándose a la tierra, a la naturaleza y la tradición de los haiku.
Una novela que relata el cambio drástico del desarrollo de la nueva era moderna en Japón. Un fino cuchillo que separa de raíz los viejos tiempos de lo que tiene que llegar.

Sobre la novela:

Japón: termina el siglo XVI; el país se deshace en guerras interminables entre los poderosos señores feudales; el poder del Emperador ha decaído hasta volverse meramente simbólico; los daimios provinciales ya no obedecen a ningún gobierno ni a la Corte Imperial; los primeros viajeros portugueses introducen el país entre sus mercancías, las armas de fuego y el cristianismo.
Uno de estos daimios, el señor Nobunaga, tiene dos hijos: Issa y Oda. Issa Nobunaga, el primogénito, carece de ambiciones y de aptitudes para heredar el señorío, enzarzado en guerras con sus vecinos, y se inclina por la poesía y la vida vagabunda; por el contrario su hermano, Oda Nobunaga, posee un excepcional talento político y militar, pero su nobleza le impide conspirar contra Issa para suplantarlo ante su padre; no tendrá que hacerlo porque, antes de la muerte de éste último, Issa Nobunaga desaparece dejándole toda la herencia.
Desde ese momento toda la actividad de Oda Nobunaga se dirige a encontrar a su hermano perdido, y a someter a los feudos, vecinos y lejanos, y unificar el país bajo la autoridad del Emperador (que vive en una cabaña en los arrabales de Kioto). Para ello no dudará en aprovechar las armas de fuego y las técnicas militares introducidas por los portugueses. Sin saberlo, irá poniendo uno a uno, los peldaños de su trágico final.

Sobre el autor:

Carlos Almira Picazo nació en 1965 en Castellón (España). Se doctoró en
Historia por la Universidad de Granada. Y se dedicó sobre todo a vivir de sus clases y a escribir: ensayos, novelas, cuentos y poesía.
Hasta la fecha ha publicado: en papel, un ensayo sobre la dictadura del general
Franco (editorial Comares, Granada, 1997) y una novela heterodoxa sobre la vida y muerte Jesús de Nazaret (editorial Entrelíneas, Madrid, 2005); y en Internet, una novela, titulada Todo es Noche, sobre el posible futuro de un país de América latina, imaginario (revista Prometheus mdq, nº 22, abril del 2007). En la actualidad, trabaja en una colección de cuentos, que viene publicando en revistas de América y Europa, de temática diversa.
Ganador también de muchos premios, el más reciente, el primer premio en el Certamen de Novela Corta Katharsis por una obra titulada El jardín de los Bethencourt.

Título: Issa Nobunaga
Autor: Carlos Almira
Género: Historia japonesa
Tamaño: 21 x 14 cm
Páginas: 256
Encuadernación: Rústica con solapas
Colección: Book nowe nº 02
Zonas de interés: Japón, Historia universal, batallas épicas, costumbres japonesas.
EAN: 978-84-937199-2-0
PVP: 15,95 €

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