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Posts Tagged ‘Jorge Luis Borges’

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Homenaje al escritor Jorge Luis Borges y al artista plástico Raúl Soldi

ARGENTINA – Buenos Aires: Una vez más, el Movimiento Poetas del Mundo lanza un desafío a los poetas y escritores de todo el planeta, esta vez se trata de un evento en la hermana República de Argentina, donde se espera la participación de numerosas delegaciones de los 5 continentes. En efecto, Poetas del Mundo ha realizado encuentros en Asia, Europa, África y América, y en cada lugar, siempre estos eventos se han visto coronados por el éxito. La idea de hacer este encuentro en Buenos Aires surgió durante la Feria Internacional del Libro de La Habana, donde Poetas del Mundo, por segunda vez consecutiva participaba con un stand, allí, entre presentación de libros, lecturas de poesía y conferencias, se fue fraguando la idea dando por resultado este excelente programa que más abajo les presentamos. Esperamos que sean muchos quienes acudan a esta nueva cita con las letras y la poesía.

ENCUENTRO INTERNACIONAL DE ESCRITORES:

“AIRES DE PLUMA Y PINCEL”

Homenaje al escritor Jorge Luis Borges y al artista plástico Raúl Soldi.

Almirante Brown- Provincia de Buenos Aires

Del 2 al 12 de Septiembre del 2017

 

PROGRAMA

Día 1
2 de septiembre:
Arribo y acreditación de las delegaciones. Recepción de los participantes en Residenciales de la zona de Adrogué.
13:30 Almuerzo en restaurante zona Adrogué. (más…)

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Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será una magia entre nosotros. (más…)

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dibujos-Ciupiak

La Agrupación Gente de Arte y Letras Impulso dio el puntapié inicial con la exposición “Alberto Ciupiak (o la magia del Dibujo)”. En estos días con admiración y orgullo, continúan el camino desplegando la muestra “Alberto Ciupiak. Un maestro del Dibujo”. De esta manera, le rinden homenaje a uno de nuestros más talentosos y extraordinarios dibujantes argentinos.

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Gráfica de Marcelo Saratella.

Gráfica de Marcelo Saratella.

Abril 23

Hoy, Día del libro, no viene mal recordar que la historia de la literatura es una paradoja incesante.

¿Cuál es el episodio más popular de la Biblia? Adán y Eva mordiendo la manzana. En la Biblia, no está.

Platón nunca escribió su famosa frase:

Sólo los muertos han visto cómo termina la guerra. (más…)

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Este es el título del ensayo de Gary Daré que les propongo a mis lectores. Verbiclara fundamentalmente publica poesía, y aquí encontrarán historia, planteamientos de diferentes escritores, versiones, la traslación idiomática, la traducción de los signos polisémicos. Además, las ilustraciones son de la pintora alemana Luisa Richter, devenida venezolana. En la búsqueda del nombre de sus pinturas, solamente encontré el nombre de dos de sus cuadros, si alguien sabe el de los que faltan, por favor, les agradezco me lo digan. Gracias.

LOS SENTIDOS DE LA TRADUCCIÓN DEL POEMA

Por Gary Daher

La traducción es una variación que es lícito ensayar. ¿Por qué no suponer que cada traducción es un borrador nuevo de la obra anterior? No sé por qué siempre se piensa  mal de los traductores y sin embargo todos estamos de acuerdo en que la literatura rusa es admirable. Yo la conozco poco, pero estoy de acuerdo. Y sin embargo, la conocemos a través de traducciones, muy pocos de nosotros conoce ruso. Estoy convencido de que una novela como El sueño del aposento rojo, una vasta novela china, no menos modificada que la de los rusos, es admirable y la conozco a través de dos traducciones. La traducción alemana y la traducción inglesa, y en cuanto a la poesía, nadie duda de que en el Antiguo Testamento y en los Evangelios hay admirable poesía y no todos nosotros conocemos el hebreo o el griego, es decir, creemos en las traducciones. La traducción es un género lícito, desde luego. Es un absurdo negarlo.

Jorge Luis Borges


Gary DaherLos orígenes de la poesía son anteriores a la literatura escrita. Podemos imaginar que en ese pasado remoto el hombre ejercitó el cantó y la danza. Y en ese ejercicio la poesía nació como una hermosa simbiosis de palabras, música y danza para expresar las poderosas emociones que en su interior bullían en torno a la religión y el amor. Quiero decir, la expresión en palabras, danza y canto de lo trascendente.

Consideremos en esto a los varios pueblos antiguos, como los sumerios, los asirio-babilónicos o los judíos, quienes acudían a la poesía como una expresión comunitaria y ritual. A la temática religiosa y del amor, que en sí son la misma en el origen, y que incluye aquellos que transmiten el mal,  se le fueron sumando, con el tiempo, cantos de labor y canciones de juegos, entre otras.
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Con el tiempo la expresión poética del cuerpo y la de la palabra, antes indivisible, se ha ido separando, mientras que la música se ha escondido en la acentuación, el ritmo y la fuerza de las palabras, algo particular de cada poeta, acaso de cada poema. Ahora la poesía se trata de textos escritos.

Los poemas guardan imágenes. Baste recordar los jeroglíficos egipcios que basan su comunicación en imágenes, construcciones metafóricas de similar impacto al de la poesía. O el caso del haiku japonés que propone en su mínima expresión una imagen que trasciende profundidades.

Se ha afirmado que el poema es una caja de resonancia y desde ella “el sentido estalla, viaja, difiere”. También se ha dicho que “el poema parte las palabras, se parte, arma y desarma melodías, tonalidades” (“Traducción de poesía”, Delfina Muschietti, Universidad de Buenos Aires), a lo que debemos agregar visiones e imágenes, guardando un ritmo único hecho de un cuerpo de intensidades. Tal que para traducir un poema hay que estar atentos a esas intensidades que llegan de esa forma singular. Traducir el poema será, entonces, hallar el modo de repetir del original. Pero aquí aguarda una trampa. No existe el original en el sentido clásico de la palabra, pues como en el principio de incertidumbre de Heisenberg el poema vive en un régimen no clásico, acaso cuántico. Queriendo decir con esto que no podemos saber cuál es el poema origen, observando que basta el acto de lectura para que éste sea desplazado de su origen y adviniese en uno nuevo producto de la lectura. Sí, es verdad, se trataría de hacer hablar al poema. Pero éste como un ente independiente de su autor y de sus circunstancias, es decir, vital, sin que esto quiera decir que pierda su identidad íntimamente ligada al momento de su nacimiento.

Ante este complejo, la traducción de poemas no puede restringirse a la traslación idiomática.

La traducción es por sí misma una lectura, y como tal un acto de crítica en el profundo sentido de la palabra.

El ejercicio crítico aunque pretenda agotar una obra examinada, logra sólo cierta aproximación más o menos cercana. El ideal de la más fiel y meticulosa descripción, de la mímesis completa del texto, sería “una repetición palabra por palabra, de la misma obra”, según Todorov. A la luz de esta idea, quiero recordar el trabajo emprendido por el personaje de Borges, Pierre Ménard  quien crea otra obra a partir del Quijote, escribiendo nuevamente la obra palabra por palabra sin recurrir al texto original sino a la madre que lo produjo -es decir, todos los elementos de espacio tiempo y la singular mirada del autor trasplantados- resulta una crítica perfecta, la más escrupulosa que transmite todo lo esencial de la obra comentada, siendo la obra misma en su totalidad. La repetición sería un resumen más fiel.

Pese a ello, el cuento de Borges no permite quedarnos tranquilos con esta idea. Cabe recordar, primero, la concepción expuesta en el prólogo de que un resumen es una compensación perfecta por su referente, y luego, otra, según la cual cada repetición difiere de lo repetido. Cada lectura crítica es una nueva creación.

En el Quijote mismo, es decir, en el de Cervantes, se declara que es simplemente una traducción. En el cuento de Borges al fenómeno de la traducción se alude unas cuantas veces, mientras que el interés de Ménard por la traducción se resalta en su bibliografía, donde gran parte de su obra consta de traducciones.

El poema en su lectura, aun en el mismo idioma en el que fue escrito por su autor, sigue un proceso de traducción.
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Así, un lector de poesía es un traductor.

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Yandrey Lay Fabregat, un joven periodista muy talentoso, entrevistó a Roberto Fernández Retamar —uno de los más significativos poetas cubanos de su generación y ensayista además— durante la reciente Feria Internacional del Libro celebrada en Santa Clara. Fernández Retamar es actualmente director de Casa de las Américas.

MI VECINO RETAMAR





Roberto Fernández Retamar
Foto: Carolina Vilches Monzón

Vivió la literatura, como vivió las ideas,
las palabras. Con una autenticidad que sobrecoge.

 Roberto Fernández Retamar.
“¿Y Fernández?”

«A mí no me gustaba usted, ni su obra», dije al comenzar el diálogo. Después le expliqué que en la escuela nos obligaban a recitar «Los otros» y «Con estas manos». La imposición se convirtió en rechazo a la poesía, luego se extendió al poeta. Mi entrevistado se encogió de hombros y confesó que a él le sucedió algo similar: «Salía un niño gordo a declamar, era algo espantoso.»
Fernández, por dos años fuimos vecinos y usted nunca lo supo. Estaba yo en la beca de estudiantes en F y 3a., justo al lado de Casa de las Américas. Cada mañana, al salir para la Facultad, lo veía caminar hacia el portón del edificio.
Haydeé Santamaría dijo una vez que de la única mujer que su esposa debía sentir celos era de la revista Casa de las Américas. Pero la revista no puede ser su esposa porque usted ya tiene una y el código penal, desgraciadamente, no permite la bigamia. Tampoco la obra de su vida porque usted habría sido, de todas maneras, un gran poeta…
«Es mi amante. Y como ahora voy a compartir su dirección con Jorge Fornet, la amante tendrá otro amante. Algo así como un triángulo amoroso. Todo esto me tomó por sorpresa, nunca soñé con dirigir la Casa de las Américas. Entre otras razones porque yo quería mucho a Haydeé Santamaría, y cuando uno aprecia a alguien, esa persona te parece que va a ser eterna.»
«Un sillón, qué bien», dijo al entrar en el lugar en que se debía celebrar la entrevista. Traía puesta una camisa de cuadros azules. El saco y el pantalón, oscuros, hacían juego con las penumbras de la habitación. En una ocasión Fidel le preguntó si podía llamarle «Quijote», y Raúl dijo: «No, el problema es que Retamar quiere ser Cervantes.»
«La anécdota es muy graciosa, a cada rato Raúl se encuentra conmigo y me dice: ‘‘¿Cómo va Cervantes?’’ Nunca me pasó por la cabeza compararme con Cervantes. Pero hay una frase de Virgilio Piñera que me gusta mucho. Dice que, al escribir, uno debe sentarse a redactar la Divina comedia. Después se verá si lo lograste o no. Nadie puede ser modesto al hacer literatura.»

CONJURAR A JORGE LUIS BORGES

Fernández, mi enojo persistió durante muchos años. Más tarde encontré las Páginas escogidas de Jorge Luis Borges y me enamoré del prólogo que usted escribió para ellas. Siempre lo comparo con el prólogo de la Enciclopedia Grijalbo, ese en el que Borges explica que no puede imaginar un mundo sin libros. Pero seguía sin querer a su poesía.
Al compilar las Páginas escogidas… usted reconoció que había escrito frases duras sobre Borges. Sin embargo, yo creo que él se habría sentido más afectado por esa obra suya que se llama «Otro poema conjetural».
«En 1999 Jorge Fornet y yo fuimos invitados al homenaje por el centenario de Borges. Llevé un texto titulado ‘‘Como yo amé a mi Borges’’. De pronto me percaté de que estaba redactando un poema. En unos versos de título parecido, Borges hace hablar a un antepasado suyo. En el mío yo hago hablar al propio Jorge Luis Borges.
«Al redactar Caliban yo critiqué la política hostil que él mantenía hacia la Revolución Cubana. Incluso, firmó un triste manifiesto para apoyar la invasión de Girón. Cuando publiqué el libro, Sergio Chaple, uno de mis estudiantes de la Universidad de La Habana y que después se revelaría como un gran cuentista y crítico, me dijo: ‘‘He leído Caliban, no sabía que usted admiraba tanto a Borges’’.»

COMO UN RAPTO

Fernández, cada mañana, al contemplar su rostro ceñudo, yo me preguntaba por qué usted siempre estaba tan serio. Comencé a frecuentar la biblioteca de Casa. Muchos de esos libros le habían sido dedicados por Jorge Enrique Adoum, Alfredo Bryce, García Márquez, Cortázar. Después alguien me contó que usted los donó para que todo el mundo pudiera leerlos.
—En una entrevista confesó que casi ni comía ni dormía mientras componía Caliban. ¿Ha escrito así toda su obra?
—Cuando Cintio Vitier terminó Lo cubano en la poesía, un libro magnífico, dijo que lo había redactado como en un rapto, como se compone un poema. Así me pasó a mí hace ya 40 años.
Fernández, una noche de domingo encendí el televisor porque estaba deprimido. Allí estaba usted, al lado de Silvio Rodríguez. Recitaba «¿Y Fernández?» Me sentí conmovido al escucharlo. Pude apreciar un milagro secreto: la poesía eliminó todos los rencores del pasado.
—¿Cómo es uno de sus días de trabajo?
—Me levanto bastante temprano, siempre tengo muchas cosas por hacer. Pronto voy a cumplir 80 años. La mayor parte la he pasado junto a la literatura: en las clases, la escritura, la edición de textos.
—¿Un amor de ocho décadas?

—Comenzó a los 13, cuando caí bajo el hechizo de Julián del Casal. Esos poemas iniciales no eran buenos, pero los recuerdo con gratitud porque me impulsaron a seguir adelante. Publiqué mi primer cuaderno a los 20. Se llamaba Elegía como un himno y estaba dedicado a Rubén Martínez Villena. Me lo imprimió en su casa Tomás Gutiérrez Alea, Titón, que después se convirtió en un cineasta famoso.
«En el año 51 Titón me acompañó a casa de Cintio y Fina. Íbamos a pedirles unos poemas para una exposición. Al final nunca concretamos el proyecto. Esa primera visita fue muy importante para mí, porque anudé una relación muy fraternal con ellos y al poco tiempo publiqué en Orígenes.»

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