Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Juan Carlos Recio’

Arístides Vega Chapú me ha enviado la siguiente invitación que hago extensiva a los lectores de VerbiClara:

Los estamos invitando al Café Literario de Santa Clara, mañana viernes 30 de septiembre, a las 5:00 de la tarde, a La Hora de la Verdad, que tendrá como invitados a los escritores Juan Carlos Recio y Yunier Riquenes.

Juan Carlos Recio, quien vive en Nueva York desde el 2000, nació en Camajuaní en 1968 y recién acaba de publicar por la Editorial Capiro su poemario Sentado en el aire, que fue presentado por el escritor Edelmis Anoceto, el lunes 26, en la librería Pepe Medina, de Santa Clara.

Yunier Riquenes nació en Jiguaní, Granma, en 1982, y tiene publicado los libros de cuentos La llama en la boca, 2004; Quién cuidará los perros, 2007; Lo que me ha dado la noche, 2007; la novela Los cuernos de la luna, 2006; y el libro de poesía Claustrofobias, 2009, que fue reeditado por la editorial venezolana El Perro y la Rana.

Y el próximo sábado 1 de octubre, en la casa de la Uneac, a las 10:00 de la mañana, Yunier Riquenes ofrecerá una lectura de sus textos y la presentación del número 6 de la revista Caserón, de la Uneac de Santiago de Cuba, y la presentación del poemario de Maykel Virgilio: La versión de Stofford.

Juan Carlos Recio.

Yunier Riquenes.

 

Anuncios

Read Full Post »

Hoy lunes 26 de septiembre a las 5:00 p.m. en la librería Pepe Medina, de Santa Clara, se presentará el poemario de Juan Carlos Recio: Sentado en el aire, publicado bajo el sello de la Editorial Capiro.

La presentación de este poemario estará a cargo del escritor Edelmis Anoceto, quien fue además el editor de este libro.

Juan Carlos Recio Martínez (Camajuaní, 1968) publicó el poemario El buscaluz colgado, Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara, en 1990. En 1991 obtuvo la Primera Mención del Concurso Julián del Casal de la Uneac con su libro aún inédito “Hay un hombre en la cruz”.

Este año la editorial española Hoy he Visto el Paraíso publicó su poemario La pasión del ignorante.

Desde el año 2000 reside en la ciudad de Nueva York, donde escribe su blog Sentado en el Aire y promueve desprejuiciadamente la literatura y la cultura cubanas.

Read Full Post »

El lunes 29 de noviembre, el poeta y narrador camajuanense Juan Carlos Recio deleitará a los que asistan a la sala teatro Margarita Casallas, de El Mejunje, con la lectura de su últimos poemas. Invitó para esta ocasión a Jorge Ángel Hernández y Edelmis Anoceto. Esta agradable noticia la supe a través del divulgador del Centro Provincial del Libro y la Literatura de Villa Clara, Arístides Vega Chapú.
juan-carlos-recio_edelmis1.jpgJuan Carlos recibió en 1990 el Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara con su obra poética El buscaluz colgado, que fue publicado por la editorial Capiro. También este poeta aparece en la compilación de poesías dedicadas a la ciudad de Marta: Noche cálida en Santa Clara, realizada por Arístides Vega Chapú, y que fue presentada el 15 de julio con motivo de la entrega del Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara, fecha en que se fundó esta villa.
Edelmis Anoceto publicó en la revista Umbral no. 35, un artículo titulado Juan Carlos Recio: sobre libros inéditos, que luego Recio presentó en el blog desde el cual divulga la creación literaria cubana: Sentado en el Aire. En la revista también aparece su poema de igual nombre. Desde 2000 vive en Nueva York.

Read Full Post »

Juan Carlos Recio publicó en su blog Sentado en el Aire un artículo sobre La pupila insomne que por interesante, amena y autobiográfica también quiero tener en VerbiClara:

LA PUPILA INSOMNE

La pupila insomne

Tengo el impulso torvo y el anhelo sagrado
de atisbar en la vida mis ensueños de muerto.
¡Oh la pupila insomne y el párpado cerrado!..
(¡Ya dormiré mañana con el párpado abierto!)…

Tuve buenos maestros en mi niñez hasta la Secundaria y Pre-universitario, de geografía, historia, y literatura principalmente. Fue antes, mucho antes de que les llamaran emergentes u otra cosa que sonara impersonal. Ellos, no escaparon a cierta forma de consigna, les era imposible, pero en una buena parte, fueron sustancialmente provechosos; y aunque nunca les dije algún agradecimiento por esa ganancia, tampoco los traté con otro apodo que no reverenciara su trabajo.

 poeta-leyendo.jpg

Tengo una hermana de nombre Esther, que nunca le gustó la escuela y siempre iba descalza por un palmar en la zona del campo donde vivíamos, iba hasta una presa cercana a recoger flores de patos chinos y escribía en los troncos el nombre de su enamorado de turno y recitaba siempre un poema nuevo, aprendido de pronto entre su arranque amoroso y su deseo silvestre de hablar con el viento. Esther mezclaba poemas de muy diferentes estilos y autores, por ella, supe antes que nadie, de los sonetos de Nicolás Guillén, sin que se me hiciera un ruido de héroe, poeta nacional, o toque de rumba. Con ella supe de la música de esa zona para mí desconocida del poeta con todas sus flores de abril. Fue mi hermana quien recitó, ante una de las palmas y en solemne homenaje a su primer amor perdido La casada infiel, de Lorca, y luego cuando demoraban sus días tristes por alguna esperanza o promesa de amor que no se declaraba, escuché, que a ella, como a César Vallejo, le dolían los huesos como si se hubiesen quedado mucho tiempo a la intemperie bajo la lluvia; o cuando perdió su virginidad, lo supe por esos versos de Martí, donde una niña se ahoga en su pena. También escuché de Góngora, de La
Avellaneda, Rubén Darío de Heredia cuando la llamaban y ella tenía que alejarse de
su patria de palmas.

Sin olvidarse claro de recitarme cada cierto tiempo, aunque el calor del mediodía nos apedreara, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, porque ella con frecuencia también tiritaba como un astro.

Fue por mi hermana, a la que miro ahora desde una foto de hace 20 años, la primera que me enseñó a pensar en el valor de la poesía, en el sentido de la vida, aunque a veces entre boleros de Portillo de la Luz y algunos poemas de Buesa, mi hermana se quedaba ausente como una patria mal iluminada, y yo, cogedor de yeguas al fin, me escapaba al monte con desgano.

Un día, cerca de un arroyo ella me habló de La Pupila Insomne, y no recuerdo ante cuál palma, pero me dijo que se sentía más enamorada de Rubén Martínez Villena, que de su novio; en ese entonces no sabíamos ni mi hermana ni yo, sobre la carta pública en respuesta al artículo Nuestro Rubén, de Jorge Mañach, por la ironía de este último al desvalorizar su poesía y compararlo con Rubén Darío; carta donde el poeta le dijo al crítico “Yo destrozo mis versos, los desprecio, los regalo, los olvido: me interesan tanto como a la mayor parte de nuestros escritores interesa la justicia social”.

Y ahora, (porque según mi hermana, al hacerle referencia sobre este post, me recuerda lo que me contó aquella tarde con sus ojos del amor que le suena lejano, se enamoró de su gallardía —y no es leyenda sino la historia de mi hermana—, que comprendió al poeta que prefería anteponer su deber a la Patria, que a sus metáforas. Y ella, tan justa y social, también lo reconocía y escribió en una de las palmas su nombre como si lo hiciera con letras de oro.

Mi amigo Arístides Vega Chapú me ha acaba de regalar, entre otros libros, La pupila
insomne (editado en el 2008, por la Casa Editora Abril), me reencuentro al poeta, ya no me llega de la voz de mi hermana y su actitud solemne de recitadora ante el palmar de su locura, y al igual que con los sonetos de Nicolás Guillén, he volcado junto a él, como una furia que no ciega, un ojo avizor de quién descubre con certera claridad y buen apetito; muy similar a aquellas cicatrices casi imborrables que mi hermana grababa de sus amores en las altas palmas. De la furia del poeta y de su autenticidad, de su solemne sentido de mirarse por dentro, de desgarrar desde su amor, el odio, por si creía verse inútil, sin que saltara ante la pólvora. Solemne, como un dedo que apunta al infinito.

Juan Carlos Recio Martínez, NY, 18 de febrero del 2010.

_______________________________

IRONÍA

Ironía

Toma, toma mi lira; quiero darte,
como recuerdo de mi fe pasada,
esta lira infeliz que fue mi espada
y que fue mi broquel y mi estandarte.

Póstuma ofrenda de mi inútil arte,
la dejo ante tus pies abandonada,
aunque a golpes tu planta idolatrada
con ofendida majestad la aparte.

(más…)

Read Full Post »