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Posts Tagged ‘Julián del Casal’

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No me habléis más de dichas terrenales
que no ansío gustar. Está ya muerto
mi corazón, y en su recinto abierto
sólo entrarán los cuervos sepulcrales. (más…)

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Leería una y otra vez, por todo el espacio intuitivo que le concede al lector, a Dulce María Loynaz.

Los presuntos poetas pensaban que cualquier cosa escrita sobre el amor y con amor podría quedar bien y provocar el gusto de su dama…

Por Luis Sexto Sánchez

Un poema de amor asusta si usted se decide a componerlo. Leerlo es un trance distinto. Escribirlo, sin embargo, es como cruzar por los bordes de una tembladera donde puede enfangarse los zapatos el más incauto, o el menos experto. Es un resbalón que obliga al sonrojo en unos, y en otros, tal vez produzca una sonrisa agónica. Porque no consiste la arquitectura del poema en combinar imágenes, que a veces son joyas oxidadas por su mala ley, sino que se trata de hallar la originalidad y la calidad poéticas entre el tumulto de sensaciones e ideas, comunes al patrimonio de los enamorados. (más…)

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Por Guillermo Rodríguez Rivera

Regino Boti.

Falta poco más de un año para que la literatura cubana conmemore el centenario de la publicación de Arabescos mentales, el libro de Regino Eladio Boti, que inauguró lo que se llamó el renacimiento poético cubano.

Diversas circunstancias habían motivado un apagamiento de la poesía cubana en los primeros años del siglo XX.

Cuba había emergido empobrecida de la guerra de independencia, que culminaría con la intervención norteamericana en 1898.

Por varias imposiciones de la vida, los más importantes poetas cubanos de los finales del siglo XIX, habían desaparecido para esos primeros años del  XX.

En 1893, la tuberculosis, el gran mal incurable decimonónico, había causado la muerte de Julián del Casal, apenas a sus treinta años.

Dos años después, cae en combate José Martí, el gran renovador de la prosa de la lengua en el período.

Uno más tarde, cuando solo contaba diecinueve años, muere en su exilio de la Florida, Juana Borrero, la gran promesa de la poesía cubana.

El novio de Juana, el joven poeta Carlos Pío Uhrbach, muere combatiendo entre las tropas mambisas, en las que había alcanzado el grado de teniente coronel. Solo tenía 25 años.

De esos golpes consecutivos parece incapaz de reponerse la poesía cubana.

Estos sucesivos e irreparables golpes, van haciendo casi un páramo de lo que había sido la rica poesía cubana de finales del siglo XIX.

Bonifacio Byrne

La figura mayor con que cuenta Cuba al iniciarse la república, en 1902, es el matancero Bonifacio Byrne. Aunque era un coetáneo de los modernistas, Byrne no había acabado de asumir la renovación que habían iniciado Casal y Martí. Todavía se movía en un elegante posromanticismo. Al ver degradada la naciente república por la intervención norteamericana, su dolido patriotismo le arranca el poema que lo ha hecho inmortal: “Mi bandera”, de factura tradicional, pero que ha perdurado por ser apasionado testimonio de un momento frustrante de la vida nacional cubana:

Al volver de distante ribera
con el alma enlutada y sombría,
afanoso busqué mi bandera,
y otra he visto además de la mía.

José Martí es, por esos años, apenas el hombre que había reavivado la llama independentista de 1868 y a su vez reunido nuevamente a los patriotas cubanos para culminar la obra inconclusa.

José Martí

Como poeta, Martí tiene más fama que el real conocimiento que hay de su obra. Había publicado únicamente dos mínimos cuadernos de poesía, ambos en Nueva York: Ismaelillo (1882) y Versos sencillos (1891). Las magras ediciones, de muy pocos ejemplares, circulan casi exclusivamente entre los amigos del poeta, y algunas excepcionales personalidades que lo conocen y lo admiran.

Al caer Martí en Dos Ríos, el poeta nicaragüense Rubén Darío, escribe una apasionada y a la vez muy lúcida crónica para el diario La Nación, de Buenos Aires, exaltando la importancia de Martí, sobre todo como escritor. Es impresionante el conocimiento que tiene el autor de Cantos de vida y esperanza de la obra del cubano, que había editado tan sólo los dos poemarios que mencione. Sus renovadores Versos libres permanecían inéditos, y el grueso de su obra en prosa, andaba dispersa por grandes periódicos de América, como La Nación, argentina; La Opinión Nacional, de Caracas, y El Partido Liberal, de México. (más…)

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