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Posts Tagged ‘La palabra del día’

Las semillas del algarrobo se caracterizan por la uniformidad de su peso.

Por increíble o extraño que pueda parecer, esta palabra se origina en última instancia en el nombre que los antiguos griegos daban al algarrobo, a sus frutos y a sus semillas.

Cuando usamos aquilatar con el sentido de ‘evaluar y examinar la valía de una persona o de una cosa’, debemos tener en cuenta que se trata de una acepción metafórica, puesto que, en sentido directo, significa ‘examinar y determinar los quilates del oro y de las perlas o piedras preciosas’.

Quilate es una palabra que nos viene del árabe qirat, y este, del griego antiguo κεράτιον (kerátion) ‘algarrobo’, porque las semillas del fruto de este árbol se usaban antiguamente para pesar gemas y alhajas, debido al peso, sorprendentemente uniforme, de tales semillas. El kerátion de los griegos pesaba exactamente cuatro semillas de algarrobo.

Actualmente, el quilate equivale a la quinta parte de un gramo.

De La palabra del día, por Ricardo Soca

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El grifo, del griego γρυφος (gryphos), era un animal fabuloso, mezcla de águila y león.

Este adjetivo calificativo se aplica a todo aquello que presenta características de ‘maravilloso, fantástico, extraordinario, excesivo o increíble’, como suele ocurrir con las aventuras y los hechos narrados en las fábulas o los seres imaginarios que allí suelen aparecer.

La palabra fabulosus ya existía en latín para calificar algo que era ‘objeto de muchas fábulas’, pero debemos tener en cuenta que, para los romanos, fabula significaba ‘habladuría, rumor, conversación de la gente’, como en la frase Per urbem fabula quanta fuit! (¡Lo que he dado que hablar en la ciudad!). En latín, fabulari significaba ‘hablar, conversar’, derivado de fari ‘hablar’, con origen en el indoeuropeo pha- ‘hablar’. Fabulari llegó al español como fablar y, más tarde, mediante el cambio de la f por h, se convirtió en nuestro actual hablar.

“Pves que auemos y hablado delos dados lo mas complidamientre que pudiemos; queremos agora aqui fablar delas tablas. que como quier que ayan mester dados con que se iueguen que muestran uentura por que ellas se an de iogar cuerdamientre”. (Alfonso X el Sabio: Libro de ajedrez, dados y tablas).

Sin embargo, el sentido de ‘relato ficticio con intención didáctica’ que damos a fábula en el español actual, también se vincula con el latín, puesto que en esta lengua, además de ‘habladuría’, significaba ‘cuento, o narración’. Corominas, no obstante, afirma que fábula es un duplicado culto de habla, registrado en el castellano del siglo XV, igual que fabuloso.

Este adjetivo calificativo se aplica a todo aquello que presenta características de ‘maravilloso, fantástico, extraordinario, excesivo o increíble’, como suele ocurrir con las aventuras y los hechos narrados en las fábulas o los seres imaginarios que allí suelen aparecer.

La palabra fabulosus ya existía en latín para calificar algo que era ‘objeto de muchas fábulas’, pero debemos tener en cuenta que, para los romanos, fabula significaba ‘habladuría, rumor, conversación de la gente’, como en la frase Per urbem fabula quanta fuit! (¡Lo que he dado que hablar en la ciudad!). En latín, fabulari significaba ‘hablar, conversar’, derivado de fari ‘hablar’, con origen en el indoeuropeo pha- ‘hablar’. Fabulari llegó al español como fablar y, más tarde, mediante el cambio de la f por h, se convirtió en nuestro actual hablar.

Pves que auemos y hablado delos dados lo mas complidamientre que pudiemos; queremos agora aqui fablar delas tablas. que como quier que ayan mester dados con que se iueguen que muestran uentura por que ellas se an de iogar cuerdamientre. (Alfonso X el Sabio: Libro de ajedrez, dados y tablas).

Sin embargo, el sentido de ‘relato ficticio con intención didáctica’ que damos a fábula en el español actual, también se vincula con el latín, puesto que en esta lengua, además de ‘habladuría’, significaba ‘cuento, o narración’. Corominas, no obstante, afirma que fábula es un duplicado culto de habla, registrado en el castellano del siglo XV, igual que fabuloso.

De La palabra del día, por Ricardo Soca

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Cuando el paciente no es consciente de que lo aqueja una dolencia.

Imagine el lector que un día se despierta por la mañana y le da los buenos días a su pareja, pero ella (o él) le responde en una lengua completamente desconocida. Cuando se sientan a desayunar, su cónyuge no solo no entiende lo que usted habla, sino que, además, se sigue expresando en aquella lengua desconocida que usted escuchó al despertar. Usted se asusta, despierta a su hijo y este también le habla en el mismo idioma de su pareja y, como él (o ella), no entiende lo que usted habla.

Usted está aterrorizado, como si estuviera en medio de una novela kafkiana o de ciencia ficción. Sin embargo, esta tragedia la viven todos los días decenas o tal vez cientos de personas en todo el mundo que acaban de sufrir un derrame cerebral o un infarto en la zona llamada “de Wernicke”, situada, en  el 89% de las personas, en el hemisferio izquierdo del cerebro. Estas personas fueron acometidas súbitamente por una afasia de Wernicke, o sea, la pérdida, generalmente definitiva, de un área cerebral indispensable para el lenguaje, pero en las primeras horas o a veces días no se dan cuenta de lo que les ocurre, lo que les causa una angustia intensa. Además de afasia, o pérdida del lenguaje, estos pacientes padecen de anosognosia, una palabra de la jerga médica que significa ‘falta de conciencia, por parte de un paciente, de que está sufriendo una dolencia’.

El vocablo está formado por el prefijo privativo griego α- seguido por νόσος (nósos) ‘enfermedad’ y luego por γνώσις (gnosis) ‘conocimiento’, o sea, juntando todo, ´falta de conocimiento (o conciencia) de una enfermedad’.

De La palabra del día, por Ricardo Soca

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Nombre de una planta herbácea, de la familia de las compuestas, y también de su flor, que tiene pétalos blancos y es amarilla en el centro. La palabra llegó al español a través del latín margarita, esta procedente del griego clásico μαργαρίτης (margarites), que significaba ‘perla’ en esa lengua.

Entre los romanos, la mujer que negociaba perlas era llamada margaritaria, mientras que los joyeros eran margaritarius. Asimismo, Plinio denominó margaritifer a las colonias de ostras donde se encontraban perlas.

En la Edad Media, la flor amarilla y blanca era llamada perla, mientras que el nombre margarita se usó en cierta época para designar la formación nacarada de las ostras.

No es de extrañar, pues, que la isla de Margarita, situada frente a la costa de Venezuela, fuera bautizada con ese nombre por ser un venero de perlas que, durante mucho tiempo, pareció inagotable, como contó el poeta y escritor venezolano Aníbal Nazca (1928-2001):

Desde los días de la Conquista y hasta no hace mucho, la Isla de Margarita fue uno de los lugares que producía más y mejores perlas en el mundo. Por eso los españoles la bautizaron con ese nombre: Margarita, que significa precisamente perla.

En latín medieval, la flor se llamó también solis oculus ‘ojo del sol’, expresión que fue traducida como daeges eage ‘ojo del día’ en la antigua lengua anglosajona. En inglés, daeges eage sobrevivió como day’s eye, que dio lugar al nombre actual de la margarita en esa lengua: daisy.

De La palabra del día, por Ricardo Soca

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La ruleta modificada por los hermanos Blanc.

La ruleta es un juego de azar, practicado principalmente en los casinos, de uso muy antiguo, que se remonta a la Edad Media. El movimiento de la rueda, la velocidad de su giro y el mágico misterio sobre dónde va a caer la bolilla han fascinado a las personas durante muchas generaciones. Fue el matemático y polimata francés Blaise Pascal quien configuró el juego de una forma muy similar a la actual, 36 números, del 1 al 36. A pesar de ser un entretenimiento que podía divertir a la gente en familia o en reuniones, la ruleta no era rentable, puesto que la probabilidad de acertar es de una en treinta y seis, y como a los acertadores se les pagaba 36 veces la suma apostada, no había ninguna ganancia para la banca. Esa era precisamente la idea de Pascal, que buscaba un juego perfectamente equitativo.

Finalmente, en 1842, los hermanos Blanc le agregaron un nuevo número, el cero. Como la posibilidad de acertar se redujo así 1 probabilidad en 37, quedaba una ventaja para banca del 2,7 por ciento. Con estas reglas, la ruleta se introdujo al casino de Montecarlo. Más tarde, en los casinos de Estados Unidos, se introdujo otro número, el 00, con lo que la ganancia para la banca aumentó a 5,26%.

El nombre que se le dio al juego fue roulette, en francés, ‘pequeña rueda’ o ‘ruedecilla’, generalmente de un mecanismo. En esa lengua, la palabra reuëlette ya se registraba en el año 1109, con el significado de ‘pequeña rueda, ruedecilla’, generalmente colocada en los pies de algún mueble.

Por metonimia, se llama también así a los casinos donde se juega la ruleta. Finalmente, tenemos la ruleta rusa, dispararse con un revólver que tiene una sola bala, para que el azar decida si se sigue o no viviendo. Que hay de todo en este mundo.

De La palabra del día, por Ricardo Soca

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Del latín september, y este de septem ‘siete’, era el séptimo mes en el calendario romano, que empezaba en marzo. El diccionario de la Academia española (DRAE/DLE) lo define como ‘el noveno mes del año, con treinta días’, y considera que la forma preferible en el uso es septiembre, aunque por un debilitamiento articulatorio del fonema /p/, que puede producir su elisión o supresión, surge ya en la Edad Media la variante gráfica setiembre, también “válida” pero minoritaria frente a la forma etimológica que conserva el grupo consonántico –pt– tanto en la pronunciación como en la escritura y que totaliza alrededor del noventa por ciento de los casos.

La forma irregular setiembre, usada hoy principalmente en Argentina, Cuba, Perú y Uruguay más que en España, aparece en los corpus (registros de textos) de la Academia española desde muy antiguo, aunque muchos piensen que esta grafía minoritaria es “más moderna”. En el Corpus Diacrónico del Español (Corde) encontramos casos desde el siglo XIV. En 1495 es adoptada en el Diccionario latino español de Nebrija y, en 1611, Covarrubias registraba setiembre en su Tesoro de la lengua castellana o española. 

Algunos periódicos modernos, como el argentino Clarín, el español El País y el servicio en español de la Agencia France-Presse, la tienen como obligatoria en sus normas de estilo. También la han preferido autores modernos como Mario Vargas Llosa, David Viñas, Guillermo Cabrera Infante y Manuel Scorza, entre otros.

En cuanto las causas de su mayor frecuencia en algunos países sudamericanos, no se puede descartar la influencia del portugués brasilero setembro, aunque este punto requiere estudios que, hasta donde sabemos, no se han llevado a cabo. Agreguemos el grupo –pt– se mantuvo en el francés septembre, y en el inglés y alemán September, aunque no en el catalán setembre

De La palabra del día, por Ricardo Soca

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Cuando los conquistadores españoles llegaron a lo que hoy es México, quedaron fascinados por el color rojo del Solanum lycopersicon, que los aztecas llamaban tomatl en lengua náhuatl, y en poco tiempo lo incorporaron a sus ensaladas como ingrediente insustituible, denominándolo tomate, palabra que está documentada en textos castellanos a partir del siglo xvi.

Los indígenas taxcaltecas y cempoaleses tuvieron aquel día por muy festival, porque no dexaron cuerpo de aquellos señores que no comiesen con chile y tomate. (F. Cervantes de Salazar: Crónica de la Nueva España [1544]). (más…)

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