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Posts Tagged ‘La palabra del día’

Entrada en “triumpho” a Roma de un general victorioso

Los romanos tenían diversas clases de homenajes para los homenajes a sus guerreros e incluso a los gladiadores. La ovatio se otorgaba a quienes obtenían un triunfo menor, como derrotar al rival en el Coliseo sin derramar sangre, o al que obtenía una victoria militar no demasiado importante.

Pero ¿por qué se llamaba ovatio? Al agraciado con este homenaje se le reconocía el derecho de entrar a Roma a caballo y de sacrificar una oveja (en latín ovis). En cambio el que alcanzaba una victoria importante, obtenía el derecho a otro homenaje que era el triumpho: podía entrar triunfalmente a la ciudad en un carro y sacrificar un toro para expresar su gratitud a los dioses.

La voz ovación parece haber entrado al castellano por vía culta en el siglo XVI. Las primeras menciones que figuran en el Corpus Diacrónico del Español corresponden al escritor y humanista español Pedro Mejía (1540):

Usávase también en Roma otra manera de rescebimiento solemne, que era menos que triumpho, a quien llamavan ovación; el qual se dava por las victorias, según dize Aulo Gelio, quando faltava alguna de las calidades que tenemos dicho que se requerían por el triumpho.

De La palabra del día, por Ricardo Soca

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Los libretistas surcoreanos Bong Joon-ho y Han Jin-won, galardonados con el Oscar 2020 al mejor guión original.

Libreto es un texto que contiene los diálogos de una obra de teatro, una película, una ópera, opereta, zarzuela, ballet, etc. y contiene las indicaciones de planos, decorados, iluminación, entrada y salida de los personajes, así como sus actitudes, gestos y los decorados e iluminación.

Es sinónimo de guión y proviene de italiano libretto, diminutivo de libro.

Algunas obras fueron creadas al mismo tiempo que el libreto, pero lo más frecuente es que este sea una idea original o una adaptación libre del guionista de una creación literaria.

Antiguamente, los libretistas trabajaban en estrecha colaboración con los compositores; los italianos Arrigo Boito y Giuseppe Verdi, así como el austríaco Hugo von Hofmannsthal fueron libretistas (guionistas) del alemán Richard Strauss. En la actualidad, varios premios cinematográficos ―el Oscar entre ellos― otorgan premios diferentes para el “Mejor Guión Adaptado” y “Mejor Guión Original”.

 Nota: escribo guión con tilde porque en mi región se pronuncia en dos sílabas; es, por tanto, una palabra aguda terminada en n. El concepto de “diptongo ortográfico”, inventado por las academias para estos casos, me parece, como mínimo, inaceptable.

De La palabra del día, por Ricardo Soca

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El Peleida Aquiles en la guerra de Troya

Hoy llamamos héroe al personaje abnegado que se sacrifica en pro de una causa, o a la persona ilustre que se distingue por sus hazañas y virtudes. Hay héroes también en los relatos de ficción, son los protagonistas de las narraciones, tanto en literatura, como en teatro o cine.

En la mitología grecorromana, eran  los hijos de un dios o de una diosa con un mortal, como Eneas, hijo del príncipe Anquises y de Venus Afrodita; o Aquiles, que era hijo de Peleo y de nereida Tetis. La palabra nos llegó desde el latín heros, -ōis, y este del griego. ἥρως (heros); la forma femenina se originó en el griego ἡρωΐνη (heroïne).

En la épica de Homero, los héroes se destacaban por sus luchas entre ellos y con los mortales; el héroe era un personaje ideal que reunía las dos grandes virtudes o άρετάς (aretás): 1) la άρετή (areté) espiritual (serenidad, coraje y generosidad) y 2) la areté corporal (salud, fuerza y belleza).

Más tarde, la palabra se adoptó para calificar al guerrero intrépido, capaz de grandes hazañas y finalmente para denominar al protagonista de obras de ficción.

Hoy en día las cosas han cambiado. Los héroes del siglo XXI son más bien los jugadores de fútbol —seguidos por miles de personas en los estadios y por millones en la televisión—, los actores y actrices de cine, y algunos líderes políticos. O los superhéroes, personajes de ficción de poderes sobrenaturales, divulgados por las tiras cómicas y la televisión.

De La palabra del día, por Ricardo Soca

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Escultura de un balón de fútbol erigida por la UEFA en 2014, en memoria de un partido que jugaron soldados británicos y alemanes en la tregua navideña de 1914

En el castellano de hoy, llamamos tregua al cese temporario de hostilidades en un conflicto bélico y, metafóricamente, a conflictos de otro orden, laborales, políticos o interpersonales. También lo usamos para referirnos a una interrupción del trabajo para descansar: Trabajé toda la semana, pero hoy me di una tregua.

La palabra llegó al latín hispánico en el siglo V, con los invasores germánicos, bajo la forma treuga. Los godos aportaron no muchas palabras a nuestra lengua, en general, trata de términos vinculados a la guerra.

La forma treuga permaneció en el castellano hasta el siglo XV, como vemos en este documento en el que Fernando el Católico da instrucciones para negociar una tregua con Génova, con la mediación del Papa:

[…] otro studio no tenemos sino debellar a los moros, por los dichos respectos nos plazera se platique y firme la dicha  treuga interueniendo en ello Su Sanctidad (Corde).

Para los godos, trĭggwa significaba ‘tratado’. Esta voz se derivaba del antiguo alto alemán, lengua en la cual significaba ‘fe, confianza’ lo que semánticamente tiene sentido, puesto que toda tregua se basa en una promesa en la que hay que creer.

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San Ambrosio impide la entrada de Teodosio a la Catedral de Milán.
Óleo de Anthony van Dyck.

Se trata de un adjetivo que  se aplica a las tierras que están del otro lado de un límite o frontera. Nos llegó desde el francés limitrophe, y este de latín tardío limitrŏphus, pero su historia es más remota y curiosa.

En efecto, limitrŏphus era un híbrido surgido seguramente por vía culta alrededor del siglo IV, proveniente del latín clásico limes, -itis ‘límite’ y del griego τροφή (trofé) ‘alimentación’.

Las primeras tierras que se llamaron limitrŏphus eran aquellas que, en tiempos del emperador Teodosio el Grande (379-392 d. C.), se cultivaban para alimentar a las tropas que custodiaban las fronteras del imperio romano, ya muy debilitadas por la presión de los pueblos germánicos que pugnaban por expandirse. En siglos posteriores, ese significado se amplió para adjetivar cualquier límite territorial.

Limes, itis está también en el origen del latín vulgar peninsular limde, voz registrada en 934, de la cual se derivaron lindero, lindante, colindante.

También dio lugar al adjetivo liminaris ‘del umbral de la puerta’, de donde procede preliminar, etimológicamente ‘antes del umbral’.

De La palabra del día, por Ricardo Soca

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Las pāginas de los autores de la antigüedad.

Con la llegada de la internet, hemos adoptado la palabra página, para denominar un portal de la web, o también un mero archivo de ese portal, pero la historia es mucho más antigua, como todo el mundo sabe.

Para los romanos, pāgina significó inicialmente ‘cuatro hileras de vides unidas por un rectángulo’. La palabra se derivaba del verbo pangere ‘clavar’, ‘hincar’. Sin embargo, en poco tiempo, escritores clásicos romanos como Cicerón, Juvenal y Plinio la adoptaron con el significado de ‘lámina de papiro’ y ‘obra literaria’, con base en la idea de la forma cuadrangular de un plantío de vides.

Muchos siglos más tarde, con la invención de la imprenta por Gutenberg, se fijó el significado de ‘cada una de las hojas de papel de un libro o cuaderno’.

De La palabra del día, por Ricardo Soca

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8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.

Ser humano de sexo femenino de cualquier edad, que presenta peculiaridades de carácter biológico, cultural y social que corresponden a la categoría género, aunque, para la mayoría de los diccionarios, solo es mujer la que ha llegado a la edad adulta.

En sociedades primitivas de cazadores y recolectores, las mujeres casi siempre eran las que recogían los productos vegetales, mientras que los varones proporcionaban el alimento, fruto de la caza. La mayor parte de los antropólogos creen que, a causa de su mayor conocimiento de la flora, fueron las mujeres quienes condujeron las sociedades antiguas hacia el Neolítico y se convirtieron en las primeras agricultoras.

En las sociedades griega y romana se les atribuía un papel social secundario, a diferencia de las comunidades etruscas, minoicas, astures y de algunos pueblos germánicos, en los que el patriarcado era más débil.

En la Edad Media, como herencia de los valores griegos y romanos, se les otorgó un papel secundario, subordinado a los varones; ya fueran estos padre, marido o hermano, siempre debía haber un varón que se responsabilizara por ellas.

Por otra parte, la influencia de la Iglesia tendía a presentar a la mujer como un ser maligno, imperfecto e inferior, a veces asociado al demonio.1 Pero el ascenso de la burguesía trajo consigo consecuencias renovadoras: en la segunda mitad del siglo XIX  se inició una transformación revolucionaria en el papel de la mujer en la sociedad, transformación que todavía no ha terminado, en la medida en que aún subsisten en las sociedades occidentales contemporáneas hábitos y conceptos patriarcales heredados de la antigüedad. La Academia Española, fundada en 1714, acogió en su seno a una mujer por primera vez en 1978, mientras que María Moliner, que elaboró a lo largo de veinte años un gran diccionario, había sido rechazada en 1972.

Las Naciones Unidas denuncian que aún hoy existen restricciones legales que impiden a 2.700 millones de mujeres acceder a las mismas oportunidades laborales que los hombres. Menos del 25% de los parlamentarios eran mujeres en 2019 y una de cada tres mujeres sigue sufriendo violencia de género.

Hacia principios del siglo XX, se celebraba en EE. UU. el Día Nacional de la Mujer el 28 de febrero de cada año. La celebración del Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo se vincula los movimientos feministas que surgieron en Rusia tras la revolución de 1917. Finalmente, en 1977 este día fue proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas. No obstante, 44 años después, esta lucha continúa.

La palabra mujer proviene del latín mulĭĕrmuliēris ‘mujer casada’, aunque Horacio la usaba para referir a ‘toda persona del sexo femenino’. En los orígenes de nuestra lengua se escribió muller, mugier y muger. Esta última grafía aparece en el diccionario de la Academia hasta la edición de 1822 inclusive.

1 Margarita Paz Torres. Universidad de Alcalá. Demonio y mujer: la marca de Satán y el combate contra él. En línea.

De La palabra del día, por Ricardo Soca

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