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Posts Tagged ‘lengua’

Por Ricardo Soca 

uruguay2.jpgEl controvertido femenino «presidenta» se ha impuesto en la prensa uruguaya desde la elección de la ex mandataria chilena Michelle Bachelet. Cuatro años y medio después de la encendida polémica que se suscitó entre los periodistas sobre ese tema gramatical, el género del vocablo presidente es objeto de una curiosa unanimidad en el caso de la jefa de Estado de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, más conocida por otra suerte de controversias.
El corpus del español del Uruguay de La Página del Idioma Español (www.elcastellano.org), con dos millones de palabras, verifica, en el caso de la primera mandataria argentina, apenas dos casos de «la presidente» (El Espectador y El País), contra veintitrés de «la presidenta» (el corpus todavía no está disponible para el público).
Tras la elección de mujeres como titulares de varias intendencias uruguayas, se verifica una regularidad semejante con «la intendenta», que vale tanto para las electas como para las que ya están en funciones en Florida y en Montevideo, con un único caso de «la intendente» registrado en el matutino El País. Otro vocablo exclusivo de los uruguayos, que también se abrió camino con la irrupción de la mujer en la vida pública es «edila», el femenino de edil. El corpus registra también uruguayismos como «pastera», referido a la fábrica de pasta de celulosa ex Botnia, actual UPM, sin olvidar los «vacunatorios», como se llaman en el Uruguay los lugares de vacunación contra diversas enfermedades, y las «volquetas» instaladas en la ciudad para recoger la basura por el ex intendente Mariano Arana, en lugar de las «volquetes» preferidas por la Academia Española.
La ira de los criadores de aves uruguayos ante la decisión del gobierno de importar pollos brasileños puso sobre el tapete el vocablo «façoneros», importada del francés façonnier y con su significado adecuado a las necesidades de esta profesión.
«Banderazo» no es en el Uruguay un golpe dado con una bandera, ni tampoco una «bajada de bandera», según el uso que el diccionario atribuye a mexicanos y colombianos, sino una manifestación político-electoral con muchas banderas, en el uso que el corpus registra en notas de La República, Últimas Noticias y El Observador.
A los brasileños les resulta muy gracioso que a los delincuentes que roban mediante boquetes que practican en paredes se les llame «boqueteros», un vocablo que ellos reservan para quienes practican la felación, pero no se ríen tanto cuando se les explica el sentido de «maracanazo». Y se sienten en casa cuando oyen «motoquero», el brasilerismo que hemos importado para referirnos a los motociclistas, pero no a todos, sólo a aquellos que distribuyen productos a domicilio bajo del sistema de «delivery», un anglicismo cada día más frecuente en la prensa de los orientales.
A los españoles, por su parte, les llama la atención que llamemos «defasaje» al desfase, o que, cada vez que mandamos cortar fiambre en el supermercado, prefiramos el italianismo «fetas» al castizo «lonja».
Muchos uruguayismos acaban por imponerse en función del uso que de ellos hace algún personaje encumbrado, como está ocurriendo ahora con el presidente José Mujica, quien se ha referido a las «actitudes ombliguistas» de ciertos personajes que solo se ocupan de sí mismos. El mandatario uruguayo está muy preocupado, además, por el «relacionamiento» de su país con la Argentina, y no le hablen de relaciones, porque los uruguayos no mantenemos relaciones sino «relacionamientos», un brasilerismo que se impuso en la antigua Provincia Cisplatina.
Si toda este variopinto abanico de significados (y hay mucho más) es posible en un país tan pequeño como el Uruguay, donde vive apenas el 0,75% de los hispanohablantes de todo el mundo es fácil concebir la enorme riqueza dialectal de esta lengua transatlántica, variedad que se combina armoniosamente con la sorprendente unidad que cultivan sus cuatrocientos millones de hablantes en veintidós países de cuatro continentes.

Tomado de La Página del Idioma Español 

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Por Miguel Barnet

Dicen que nuestra lengua “nació” en el territorio de la antigua Hispania en el siglo XI, al menos de esa fecha datan las glosas [Glosas Emilianenses] que se encontraron en el Monasterio de San Millán de la Cogolla en La Rioja. El castellano o español, como el francés, el italiano, el gallego, el portugués, el catalán, el rumano, son lenguas romances que surgieron de la mezcla del latín hablado por los conquistadores romanos y las lenguas que hablaban las poblaciones autóctonas de los territorios ocupados, como el árabe.

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Glosas Emilianenses

En 1492, unos pocos meses antes del Descubrimiento de América por Cristóbal Colón, Elio Antonio de Lebrija publicó la primera gramática de la lengua castellana, que fue también la primera de las gramáticas de una lengua romance. Todavía nuestros abuelos ordeñaban vacas en Galicia y Asturias, cultivaban espinacas en tierras catalanas o recogían aceitunas en Andalucía.

La lengua española que arribó a América, no fue la lengua que se hablaba en la Corte de Toledo o Madrid, sino la lengua hablada en su inmensa mayoría por andaluces y canarios de orígenes humildes.

Del Caribe, que fue a las primeras tierras a las que llegó el castellano y se mezcló con las lenguas de los indoantillanos, se extendió hacia el resto de América para fusionarse con otras lenguas y culturas indoamericanas. Poco tiempo después, con la llegada de los africanos, inmigrantes involuntarios que fueron cazados en sus países de origen, trasladados por la fuerza y encadenados para explotarlos como esclavos, entraría en contacto con nuevas culturas y lenguas, para convertirse definitivamente en español, como le llamamos en Cuba y en casi todos los países de América. Su estructura gramatical, es decir, su morfología y sintaxis, su ortografía, se mantuvo y ha mantenido sin grandes cambios, pero su léxico se ha enriquecido notablemente.

Hoy, el español es la segunda lengua más hablada en el mundo con casi 500 millones de hablantes, precedida por el chino mandarín. Es lengua oficial y nacional de 21 países en Europa, América, África y Oceanía y también la lengua internacional de varios organismos internacionales. A pesar de todo eso, en los últimos años ha dejado de ser una de las lenguas oficiales de importantes organismos internacionales, los cuales escudándose en “problemas económicos” han ido reduciendo el número de las lenguas oficiales y de trabajo en sus reuniones a dos: el inglés y el francés, y en no pocas ocasiones a una sola, el inglés. No porque unas lenguas sean mejores o peores que otras o más ricas, pues todas las lenguas son potencialmente aptas para expresarlo todo, sino porque la decisión de que una lengua sea nacional o internacional no es una decisión lingüística, sino eminentemente política y muchas veces depende del poder económico de los países que las hablan.

A qué viene todo esto. Pues a que en las últimas semanas, sobre todo, a partir del inicio de la transmisión de la controvertida telenovela Aquí estamos, las cuestiones del lenguaje y de cómo hablamos los cubanos, el uso de la lengua en los medios de difusión están en la picota pública. La forma de hablar de los personajes que aparecen en la pantalla, en su inmensa mayoría jóvenes, pero también adultos, ha sido motivo de fuertes debates en reuniones de la Asociación de Cine, Radio y TV de la UNEAC. Locutores, actores, actrices, directores, funcionarios del ICRT, escritores, periodistas, pedagogos, sociólogos, lingüistas, participan en los debates, y es que, sin duda, se trata de un asunto muy sensible para nuestra sociedad. La misma que dio acceso a la educación y a la cultura a todos sus ciudadanos.

Nos comemos las eses, otras veces las decimos donde no van, cambiamos la r por la l, no pronunciamos la d entre vocales, es “complicao”, ni al final de palabra, “¿verdá?”. Todo ahora es normal, y el vale peninsular, ha sustituido al okey norteamericano que tanto ha durado. Y qué decir de las muletillas que nos taladran el oído como más menos, o sea, ¿me entiendes? ¿me explico?, ¿no?, ¿verdá?, entre otras. Las formas de vestir, o de no vestir, para asistir a lugares públicos, centros culturales, incluso educacionales; el uso y abuso de las llamadas malas palabras y los gestos chabacanos y estridentes se propagan y son expresión de problemas de conducta social que se expresan a través del lenguaje. Recordemos que la lengua no es solo gramática, es también identidad, cultura; es conducta.

Sin embargo, a pesar de todo, lo que más nos preocupa es la pobreza léxica que observamos en muchos de nuestros jóvenes y adultos. Es decir la escasez de vocabulario. La reiteración de las mismas palabras porque no se conocen otras, y la mala dicción.

Nuestra variante cubana de la lengua española es un ajiaco donde se han mezclado, entre otras, lo español, lo indoantillano, y lo africano de origen yoruba, bantú o carabalí, para hablar de solo tres fuentes lingüísticas africanas, ante las cuales también debemos asumir una posición objetiva, no vergonzante, ni discriminatoria. El vocablo “chévere”, cubanísimo, se usa hoy en muchísimos países de América, adonde llegó a través de la música cubana, sin embargo, en Cuba ya casi no se usa. Asere y ecobio, también de raíces africanas, se han extendido como formas de tratamiento, sobre todo la primera, entre nuestros jóvenes a partir de los años sesenta del pasado siglo. Su uso hoy es habitual en el vocabulario del cubano y no necesariamente del cubano marginal. Son aportes de otras lenguas que se han incorporado al español de Cuba y que forman parte de nuestra cultura. Palabras originadas en sistemas religiosos o sociedades de fraternidad y ayuda mutua como la Sociedad Abakuá, pero que han adquirido un nuevo valor semántico, según quienes la emplean y la intención con que lo hacen.

Entre todos hemos ido elaborando este rico ajiaco en un largo proceso de cocción que nos identifica como comunidad lingüística cubana. No estamos defendiendo el uso o abuso de palabras vernáculas, porque “lo cubano” no es solamente lo popular, lo pintoresco, lo vulgar; esa es una concepción no solo muy estrecha, sino errada. Lo cubano es también lo culto, lo más elaborado. Tampoco aspiramos a una oralidad de pretenciosa facundia. Sino a un equilibrio que dignifique nuestra manera de hablar, de expresarnos. El mundo de las palabras crea el mundo de los valores y de las cosas. Y es el espejo donde obligatoriamente nos miramos a diario y también desde donde nos miran.

La cornucopia nacional tiene un emblema: LA LENGUA QUE HABLAMOS. ¿Dónde radica la cuestión? En mi opinión está en la educación elemental cuyo cetro lo lleva sobre todo la figura del Maestro y la enseñanza de la lengua materna por la importante función que esta cumple, tanto para el desarrollo mental del ciudadano como para su formación integral en cualquier campo de la ciencia, de la técnica y de la cultura.

La jerga de los jóvenes es propia de la edad y no de la cultura, porque los hablantes a medida que maduran abandonan el lenguaje juvenil característico en todas las sociedades y lenguas del mundo.

Celebro la voluntad del Ministerio de Educación de brindar una mayor atención en nuestras escuelas a la enseñanza de la ortografía, pero a la vez abogo por que acometamos con rigor el de la enseñanza del léxico y el de la redacción. La gramática y la ortografía se pueden aprender en 7 u 8 años de enseñanza, pero el léxico se aprende durante toda la vida, porque cada día surgen nuevas palabras. Nuestros jóvenes hablan con lo que han aprendido en el hogar, en el barrio y, por supuesto, en la escuela. Y también con lo que no han aprendido. Por eso, no los culpemos. Ellos son el resultado de nuestras flaquezas. El que se sienta culpable que rectifique, el que no, que tire la primera piedra.

(Fuente: Granma)

Tomado de Cubaperiodistas

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Los alumnos de la vasta Universidad Popular de China son típicos de la generación post-Mao Zedong. Cada viernes por la noche cientos de ellos se reúnen bajo los árboles de una pequeña plaza en el distrito Haidian de Beijing. ¿El propósito? Charlar sobre béisbol, películas y celebridades americanas en un torpe pero entusiasta inglés. De hecho, China ofrece el ejemplo más dramático del ‘hambre’ global por aprender este idioma.

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Más presente y universal que nunca, el inglés se usa ahora, de alguna forma, por casi 4 mil millones de personas en todo el planeta.
Como lengua materna (400 millones de hablantes), solamente es superado por el mandarín (1.300 millones de hablantes nativos, 350 millones de los cuales también hablan algún tipo de inglés).
Y dada la importancia del inglés como segunda lengua en todo el mundo, ahora son muchos los que buscan transformarlo en una versión nueva y simplificada que responda a las exigencias de una economía global con un reducido vocabulario de palabras y expresiones comunes. Lo cual lo está convirtiendo en una herramienta popular conocida como globish, una palabra formada de la expresión Global English.

La notoriedad

La presencia del globish se hizo evidente por primera vez en 2005, cuando un oscuro periódico danés llamado The Jutland Post, publicó una serie de viñetas satíricas del profeta Mahoma. A lo que el mundo musulmán reaccionó con disturbios en Afganistán, Nigeria, Libia y Pakistán, que dejaron 139 personas muertas.
Pero quizás la respuesta más extraña fue una protesta llevada a cabo por fundamentalistas musulmanes frente a la embajada danesa en Londres. Vociferando en inglés, los manifestantes portaban pancartas con lemas en ese idioma,
Esta colisión de la jihad islámica con el inglés, dejó en claro el cambio dramático que se vive a través de un mundo cada vez más unido por la internet.
Y esa tendencia a la globalización del inglés no se da de manera aislada. De hecho, en 2007 un artículo publicado en el Herald Tribune por el ciudadano francés Jean-Paul Nerriere, ya describía el despegue internacional del inglés como «el dialecto del tercer milenio».
Nerriere, un empleado de IBM enviado a Japón en la década de 1990, se había dado cuenta de que en el Lejano Oriente los japoneses, coreanos y chinos se comunicaba mucho más exitosamente en un nuevo tipo de inglés que en el inglés estándar de los británicos y los estadounidenses.
Nerriere se dio cuenta de que se trataba de un inglés ‘descafeínado’, lleno de simplificaciones como«el hijo de mi hermano» por«sobrino», o«palabra de honor» por«juramento», que se estaba convirtiendo en una nueva forma de hablar. En un momento de inspiración, Nerriere bautizó esa forma de hablar como ‘globish’.

Rápida acogida

El término globish fue acogido rápidamente en el seno de la comunidad internacional. El periodista Ben Macintyre, del periódico London Times, describe una conversación que había oído mientras esperaba un vuelo en el aeropuerto de Nueva Delhi.
El diálogo discurría entre un español de las Fuerzas de Paz de la ONU y un soldado indio. «El indio no hablaba español y el español no hablaba punjabí», relata Macintyre. «Sin embargo, ellos se estaban entendiendo entre sí con facilidad. La lengua que hablaban era una forma muy simplificada de inglés, sin gramática ni estructura, pero perfectamente comprensible, para ellos y para mí. Sólo ahora me doy cuenta de que estaban hablando globish».
Para Nerriere, el globish es una especie de instrumento lingüístico cuya versión básica puede hablarse con un vocabulario de tan sólo 1.500 palabras.

Primera proyección

Una serie televisiva llamada La historia del inglés, relata que el inglés británico saltó a la supremacía mundial durante la época de la reina Victoria, que fue la primera monarca británica en dirigirse a sus súbditos a través de las nuevas tecnologías que permitían grabar y divulgar los discursos hablados. Desde ese momento hubo vínculo indisoluble entre el imperialismo y el idioma, que convirtió al inglés en un nuevo motor del desarrollo.
Luego, el poder y la influencia del inglés pasaron a Estados Unidos, principalmente a través de las dos guerras mundiales. Y durante toda la Guerra Fría, la cultura angloamericana se convirtió en parte de la conciencia global a través de las películas, los periódicos y las revistas publicadas en inglés.
Y al llegar el prolongado auge económico de la década de 1990, el inglés se estableció como la ‘lengua de la libertad’ en la mente de millones de personas. De hecho, usted podía odiar a un presidente ‘americano’ y quemar la bandera de Estados Unidos, al mismo tiempo que idolatraba a las estrellas pop estadounidenses.

Adopción generalizada

Con el cambio de milenio el inglés comenzó a ganar un impulso tal que se hizo independiente de sus orígenes anglo-estadounidenses. Y cuando se convirtió en un inglés liberado de sus raíces, comenzó a extenderse rápidamente por el mundo en desarrollo.
En 2003 Chile y Mongolia declararon su intención de adoptar el inglés como su segundo idioma. En 2006 se añadió el idioma inglés al plan de estudios de las escuelas primarias en México, como segunda lengua obligatoria. Y el antiguo estado de habla francesa de Rwanda aprobó el inglés como idioma oficial en 2009. En China, 50 millones de personas están inscritas en un programa de lenguaje conocido coloquialmente como ‘Inglés inglés’, conducido por Li Yang, un profesor que a menudo reúne en estadios de fútbol a grupos de 10 mil personas, bajo el lema de ‘Conquistar el inglés para volver fuerte a China’.

Un mundo más pequeño

Desde que el inglés fue introducido por la conquista normanda en 1066, ha sido el idioma de todos y de la gente común. Y eso es más cierto que nunca hoy en día. El hecho es que el inglés ya no depende de Estados Unidos ni de Gran Bretaña. Ahora es aupado por un mundo que lo ha adoptado como su segundo idioma, y por lo tanto su evolución sigue adelante sin necesidad de permanecer atado a sus orígenes británicos o estadounidenses.
El globish ya se está perfilando en los acontecimientos del mundo en muchos frentes. Por ejemplo, durante las elecciones iraníes del año pasado, la oposición utilizó el globish para transmitir sus quejas a través de internet, donde de 70 a 80 por ciento de las páginas están en inglés.
De acuerdo con el Consejo Británico, para 2030 un tercio de la población mundial estará tratando de aprender inglés. Y cada vez se sumarán más voces a ese idioma, encontrando en el globish un común denominador.
El distinguido educador británico sir Eric Anderson cuenta una historia que ilustra la creciente importancia del globish. En la mañana de los atentados terroristas del 7 de julio de 2005 en Londres, un estudiante árabe trató de tomar el metro pero encontró su estación inexplicablemente cerrada. Entonces se subió a un autobús. En ese momento recibió en su celular un mensaje urgente en la jerga globish, que le advirtió que los autobuses de Londres se habían convertido en objetivos terroristas. Como resultado de ese mensaje, el estudiante se bajó del autobús. Un minuto más tarde el transporte fue destruido por una bomba, con la consecuente pérdida de vidas.
No se trata de la torre de Babel. El mundo es cada vez más ‘plano’ y más pequeño que nunca, pero sigue siendo un mosaico de 5 mil idiomas.
La gente todavía se aferra ferozmente a su lengua materna. Pero cuando un hindú y un mexicano quieran comunicarse, la lengua a la que recurrirán será al globish.

Tomado de La Página del Idioma Español

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Por Odalys Troya Flores, Prensa Latina

La construcción de la torre de Babel, según el pintor Peter Brueghel el Viejo (siglo XVI) 

La construcción de la torre de Babel, según el
pintor Peter Brueghel el Viejo (siglo XVI)

Si un forastero llega a México o a Chile y pregunta dónde «coger» (por tomar) un autobús, probablemente reciba como respuesta una mirada escudriñadora primero y la indicación precisa después.
Si ese mismo visitante hace igual pregunta en Cuba, enseguida le explicarán donde abordar el ómnibus.
Resulta que coger es una de las tantas palabras que en la comunidad de hispanohablantes es vista de disímiles maneras por su amplio abanico de significados.
Para los mexicanos o chilenos, así como para otros latinoamericanos, el término en cuestión es una forma vulgar de la relación sexual, mientras que para los cubanos es montarse en un vehículo y se trata de apenas dos de las más de 30 acepciones que registra la vigésima segunda edición del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) del verbo coger.
Lo que ocurre con esa palabra no es un caso aislado. El idioma español, que hablan unos cuatrocientos millones de personas en todo el mundo, es tan rico y variado, está tan lleno de nuevas creaciones que pudiera parecer que en un momento cualquiera podríamos presenciar otra Torre de Babel.
El creador de Cien años de Soledad, Gabriel García Márquez, aseguró en un discurso durante el I Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en Zacatecas (México) que «los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el destino ineluctable de un lenguaje global».
Nuestro idioma «tiene que prepararse para un ciclo grande en ese porvenir sin fronteras», exhortó. Y añadió:
«Es un derecho histórico. No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión».
El diccionario de la RAE recoge unas 100 mil palabras, pero en realidad no representa el número total de términos de nuestra lengua, pues habría que añadir gran cantidad de americanismos y localismos, así como aquellas palabras que se pueden obtener por derivación de las muchas contenidas en él, por lo que el número de vocablos es indeterminado.
De esa forma, lo que una palabra significa para algunos, para otros grupos de hablantes tiene valores diferentes, como es el caso de guagua.
En Cuba, es ‘ómnibus’ o autobús. En Chile o Ecuador, ‘niño pequeño’, por onomatopeya del sonido que hace el bebé al llorar.
El caso del forastero que llega a Chile se complicaría muchísimo si preguntara «dónde coger una guagua».
Por suerte, algo muy peculiar en todas las lenguas es la entonación según el origen del hablante. Seguro que el interlocutor terminaría dándose cuenta, por la forma de preguntar, que no se trata de un chileno y el presunto horror sería entendido.
En ese dilatado espectro, muchas palabras resultan curiosas, algunas incorporadas oficialmente a nuestro idioma y otras que predominan en el habla (oral o escrita) popular. Por supuesto, lo que es insólito para algunos es habitual para otros. Tal es el caso de polola o pololo, jeva o jevo, es lo mismo que decir novia o novio en Chile y Cuba, respectivamente. Ambos términos suelen considerarse bastante vulgares, pero ojo, son utilizados por un grupo tan amplio de hablantes que pudieran ingresar algún día a nuestro mataburros.
Por cierto, mataburros, sinónimo de diccionario en Argentina, Costa Rica, Honduras y Cuba, es otra de esas palabrejas poco consideradas, pero usadas con bastante frecuencia.
Asimismo, vaina en la República Dominicana es cualquier cosa que no se le quiera buscar descripción, «pásame la vaina», «¿que vaina, eh?», «¡deja la vaina!», entre otras.
En Cuba, además de emplearse para definir a una funda ajustada para cuchillos o machetes, se puede usar para denominar a la cáscara tierna y larga en que están encerradas las semillas de algunas plantas, y también para referirse a una persona despreciable.
El tema va más allá de vocablos aislados. Las construcciones gramaticales propias del español y las variantes sintácticas de determinadas comunidades vendrían a ser la telaraña en la que se intrincan las palabras, pues frases hechas caracterizan también a los distintos grupos de hispanohablantes.
Quién entendería la expresión «pegar la gorra». En Cuba, se dice de aquella persona que siempre busca la oportunidad para comer algo en otra casa, sin ser invitada.
«Estar arrecho o arrecha» suele emplearse en Nicaragua para expresar malestar o enojo.
La expresión mexicana de origen prehispánico «al nopal se le visita sólo cuando tiene tunas», que sería la paralela de la cubana «se acuerda de Santa Bárbara cuando llueve o truena», se usa cuando el aludido se acuerda de la existencia de alguien sólo en el momento en que lo necesita.
En Argentina es común la frase «estar perdido como turco en la neblina», que significa estar extraviado o confundido. Su similar cubana es «estar perdido en el llano».
«¡Qué chuchas pues!», esta expresión ecuatoriana significa «por qué se mete si es asunto únicamente de mi incumbencia?».
«No quiere más Lola» se aplica en Argentina a quien no quiere seguir intentando lo imposible. El origen de la expresión está en unas galletas sin aditivos llamadas Lola, que a principios del siglo XX integraban la dieta de hospital. Por eso, cuando alguien moría, se decía: «Este no quiere más Lola».
El español, como todas las lenguas vivas se enriquece constantemente por los aportes del ingenio popular, científicos, otros. Quizás dentro de un par de siglos, un texto de este XXI que corre podría parecer que está escrito en otro idioma, como nos ocurre ahora con los de la centuria XVIII.

Un ejemplo es el poema Loores a Nuestra Señora del poeta español Gonzalo de Berceo:

Acorri a los vivos, ruega por los pasados,
(Socorre a los vivos, ruega por los difuntos)

conforta los enfermos, concerti los errados,
(reconforta a los enfermos, reorienta a los errados)

conceja los mezquinos, visita los cuytados,
(aconseja a los mezquinos, visita a los sufridos),

conserva los pacíficos, reforma los yrados.
(preserva a los pacíficos, apacigua a los airados)

Sin embargo, a pesar de los cientos de años que han pasado, es posible entender bastante el texto del sacerdote Berceo.
Y es que nuestro idioma ha logrado conservarse mucho desde que el latín vulgar, el árabe, el dialecto castellano y los románicos, entre otras, dieron lugar en su mezcla feliz a esta lengua, la tercera más hablada del mundo.
Ha calado tanto, que se ha convertido en el segundo idioma más estudiado del planeta, después del inglés, con al menos 17,8 millones de alumnos y el tercero más usado en Internet (8,2 por ciento del total).
Muchos cantantes, sin renunciar a su idioma nativo, escogen el español para llegar a un mayor público como es el caso de los italianos Eros Ramazzotti, y Laura Pausini, el brasileño Roberto Carlos, entre otros.
Su sonoridad, sus infinitas posibilidades de expresión lo hacen entrañable.
Uno de los más bellos homenajes a esta lengua de tantos, es quizás el poema Elogio de la lengua castellana, de la escritora uruguaya Juana de Ibarbourou:

« En ti he arrullado a mi hijo
«E hice mis cartas de novia
«En ti canta el pueblo mío
«El amor, la fe, el hastío
«El desengaño que agobia
«La más rica, la más bella
«La altanera, la bizarra,
«La que acompaña mejor
«Las quejas de la guitarra
«Lengua de toda mi raza,
«Habla de plata y cristal,
«Ardiente como una llama,
«¡Viva cual un manantial!«»

(*) La autora es periodista de la Redacción Sur de Prensa Latina.

La Página del Idioma Español

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Por Marcela Valente

Para muchas estudiosas de la lengua, el llamado a preservar el idioma materno y la institución de un día dedicado a ello no solo implica defender la diversidad cultural, sino que también favorecen la equidad de género.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) instituyó el 21 de febrero como el Día Internacional del Idioma Materno, como una forma de defender la pluralidad lingüística y evitar la desaparición de las también llamadas lenguas nativas.
“La lengua no se legitima en un espacio privado –que es el de la transmisión de la lengua materna– sino en un ámbito público, y ese espacio de reconocimiento es históricamente de varones”, planteó a IPS la doctora en filosofía María Luisa Femenías, del Instituto de Estudios de Género de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Una madre habla y juega con su pequeño hijo

Una madre habla y juega con su pequeño hijo

Para esta especialista, lo que la madre transmite “no es creado por ella”. “Ella es mediadora, intérprete” de la lengua que transfiere a hijos e hijas. Y si esa transmisión se produce en un entorno donde hay otra lengua dominante, el idioma materno “se empobrece, se reduce al ámbito de lo doméstico y cristaliza”.
“La lengua se recorta, queda subvalorada, y se reconoce como útil sólo para las cuestiones cotidianas, pero pierde capacidad de abstracción”, alertó Femenías. “Esto se ve muy bien en parejas de padres provenientes de culturas —y con lenguas nativas— diferentes”, ejemplificó.
Un niño criado por una madre de habla hispana y padre anglohablante que viven en Estados Unidos o Canadá, utilizará el idioma materno hasta cierto punto. Pero, a medida que avance en su educación, la lengua en la que podrá instruirse y obtener buenas calificaciones para una mayor inserción laboral será el inglés o el francés.
Lo mismo ocurre si una madre transmite a su hija o hijo el guaraní, el catalán, el sueco u otras lenguas no hegemónicas, comentó. A medida que el niño o niña crezcan y necesiten acceder a un conocimiento más complejo, deberán avanzar en el dominio de la segunda lengua, que es la dominante en su contexto.
“Al sur de Estados Unidos hay poblaciones rurales que aún hablan francés, pero es un francés del siglo XVII, que no está aggiornado (actualizado)”, mencionó, y por lo tanto, no les alcanzaría a sus hablantes para interpretar el mundo actual en toda su complejidad, que cada vez más exige el manejo de una lengua franca o vehicular.
Según un estudio realizado por diversos lingüistas para el “Atlas de las lenguas en peligro en el mundo” de la Unesco, casi la mitad de las cerca de 6 700 lenguas que existen corren peligro de desaparecer en mayor o menor plazo con la amenaza que eso conlleva para la diversidad del patrimonio cultural mundial.
Por eso, la Unesco estableció el Día Internacional desde 1999, a fin de llamar la atención sobre esta cuestión y promover políticas públicas que frenen la extinción de más lenguas.
El Atlas señala que hay lenguas extintas en las últimas décadas, otras que solo son habladas por ancianos. Hay cientos de lenguas “en peligro” o “en serio peligro” según los casos, y están las “vulnerables”, relacionadas con las migraciones internacionales, que son las que hablan los niños sólo en el ámbito familiar.
Julia Rapaport es argentina, tiene nueve años y desde hace seis vive en la ciudad de Vancouver, en Canadá. Sus padres, argentinos, emigraron con ella y otros dos hijos mayores en 2003, y comentaron a IPS que, aun en su casa, donde todos hablan español, la pequeña apela al inglés cuando no encuentra la palabra adecuada en lengua materna.
La niña piensa en inglés y traduce, cuenta su padre, Gustavo Rapaport. “Cuando atiende el teléfono dice ‘Es yo, Julita’, en lugar de ‘Soy yo, Julita’, porque en inglés se usa ‘it’s me”. “Pero eso pasa aquí todo el tiempo con los latinos. Los mexicanos ‘parquean la traca’ (por ‘parking the truck’, estacionar el camión)”, ironizó.
Rapaport también mencionó que el sistema operativo de los ordenadores y las aplicaciones y el teclado, están en inglés, donde las vocales acentuadas no existen. “En los chicos se va degradando mucho también la ortografía en español. Lo hablan bien, pero lo escriben con muchos errores”, detectó.

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Redacción 

A diario los correctores tropezamos con disímiles problemas gramaticales, ortográficos, de redacción… Creo que si hubiera anotado todas las barbaridades que he corregido en los años que llevo en este tan anónimo oficio, tuviera publicados ya varios tomos. Aplaudo este artículo de Juan Morales Agüero, publicado en Eco Tunero, más que todo porque, como tantos, aboga por salvar nuestra lengua española:

VICIOS DEL LENGUAJE EN LA REDACCIÓN ACTUAL
 

La redacción periodística escrita suele ser muy a menudo un auténtico ejercicio de tormento profesional. “¡Mi reino por un caballo!”, dicen que exclamó, desesperado, el rey inglés Ricardo III en un célebre drama de Shakespeare, cuando estaba a punto de morir a manos de las tropas de Enrique IV. “¡Mi vida por un primer párrafo!”, exclamamos, angustiados, los cronistas de la cotidianidad cuando el intelecto se resiste a tomar la arrancada frente los apremios de una cuartilla en blanco.

En efecto, tributar para un periódico es para nosotros los profesionales de la prensa como cruzar aceros con la exigencia técnica y con la rigurosidad editorial. Se trata de que la prosa de prisa, como agudamente llamó al periodismo ese gran periodista que fue Nicolás Guillén, no está solo concebida para llegar de una manera directa, sencilla, sucinta y completa a sus lectores potenciales, sino también —y eso no es menos importante— con un nivel decoroso de factura estilística. Redactar es más que poner una palabra detrás de la otra: es escribir con apego a las normas del idioma y enunciar con claridad, elegancia y concisión lo que se pretende decir.

Son numerosos y heterogéneos los “virus” que contaminan hoy al discurso periodístico escrito a todos los niveles. Entre ellos, tal vez uno de los más nocivos sea el llamado lugar común, locución acuñada por Aristóteles en la época de oro de la oratoria griega y suerte de plaga léxica conocida también por las denominaciones de frase hecha, cliché idiomático y estereotipo semántico. Por estos giros debemos entender el uso indiscriminado de argumentos, análisis y juicios que, aunque fueron inicialmente precisos y justos para definir fenómenos y situaciones determinadas, gastaron toda su capacidad de sugerencia de tanto repetirse y repetirse. Ninguna es capaz de ofrecer ya una visión objetiva sobre un tema. Como funcionan en cualquier contexto, tampoco ayudan a comprender bien aquello de lo que se habla, pues su simpleza aburre al lector culto y confunde al lector ocioso.

Comenzaré con un ejemplo bastante frecuente en nuestra prensa escrita: masivo acto. ¿Dice realmente algo tan simplista y ambigua manera de describir una reunión de cierta cantidad de personas? ¿Logra alguien hacerse una idea más o menos exacta de si fueron cien o mil los individuos participantes? Definitivamente, no. ¿Y saben por qué? Pues porque nos hemos acostumbrado a emplear la frase con análogos propósitos tanto cuando cubrimos una graduación estudiantil de secundaria como cuando reseñamos una Tribuna Abierta de la Revolución.

Otro caso notorio es el de merecidas vacaciones. Decimos: Fulano de Tal no pudo estar presente en la actividad porque se encuentra disfrutando de unas merecidas vacaciones. El lector avezado se pregunta al vuelo, suspicaz: “¿le consta al periodista que esas vacaciones son realmente merecidas? ¿Por qué las califica con esa seguridad absoluta? ¿No sería más sensato para él limitarse a decir que la persona en cuestión está, sencillamente, de vacaciones… y punto?”

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Coral Bracho

We must have died alone,
a long long time ago.
D.B.


Has pulsado
has templado mi carne
en tu diafanidad, mis sentidos (hombre de contornos
levísimos, de ojos suaves y limpios);
en la vasta desnudez que derrama,
que desgaja y ofrece;

(Como una esbelta ventana al mar; como el roce delicado,
insistente,
de tu voz.)
Las aguas: sendas que te reflejan (celaje inmerso),
tu afluencia, tus lindes:
grietas que me develan.

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