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El género inclusivo en español es el masculino es el título del artículo firmado por Cristian Fallas Alvarado y que tiene mucha vigencia, puesto que actualmente se ha tomado como norma —tomando como bandera evitar la discriminación del sexo femenino— decir: los niños y las niñas, los hombres y las mujeres, los doctores y las doctoras, o escribir: estimado(a)(s) compañero(a)(s), estimad@s compañer@s e infinitos ejemplos más. Recuero a una amiga que decía pues, entonces, el perro y la perra son el mejor amigo y amiga del hombre y la mujer, porque si nos llevamos por esta corriente, estaría bi9en dicho, ¿no?

EL GÉNERO INCLUSIVO EN ESPAÑOL ES EL MASCULINO

En varios sitios se habla mucho sobre el uso del lenguaje inclusivo, específicamente sobre su utilidad y justificación. Supuestamente, con ese uso se evita la discriminación de la que son objeto las mujeres en algunas ocasiones. Según esto, en una oración como “Se invitó a todos los abogados” se emplea un lenguaje exclusivo y se deja por fuera a las abogadas. Con respecto a este tema, se explican a continuación algunas consideraciones reduciendo a lo esencial la terminología gramatical.
La lengua española dispone de dos géneros principales: femenino y masculino (es común que las niñas usen faldas y que los niños usen pantalones), pero el segundo puede englobar también al primero, como en la oración “Los niños pequeños son muy indefensos”. En este último caso se hace referencia a mujeres y varones.
Quienes defienden el uso inclusivo arguyen que el género masculino es excluyente. Sin embargo, si esto se analiza detenidamente, se comprueba lo contrario. La oración “Los niños pequeños son muy indefensos” se refiere a mujeres y varones; en cambio, “Las niñas pequeñas son muy indefensas” solo puede referirse a mujeres y, por tanto, quedan excluidos los varones. Como se puede ver, el masculino es el género inclusivo, y el femenino, el exclusivo. De acuerdo con lo anterior, en gramática se habla de género marcado (femenino) y género no marcado (masculino).
Precisamente por tener el español un género no marcado (o inclusivo), que coincide con el masculino, es este el que se emplea de manera general para abarcar lo femenino junto con lo masculino, excepto en algunos pocos casos como brujos o monjes, que no abarcan a las brujas y a las monjas, respectivamente. Por esta razón se puede hablar de una reunión de padres de familia y no se excluye a las madres por emplearse el sustantivo padres; también se puede hablar de una asamblea de profesores y se entiende que se reunieron las mujeres docentes y los varones docentes. Igualmente, si se habla del cuidado de los gatos, no se excluye la posibilidad de cuidar gatas; ni se excluye a una filóloga cuando alguien dice que requiere la opinión de un filólogo. No parece útil, ni justificado, ni mucho menos necesario recurrir al desdoblamiento: una reunión de madres y padres de familia, una asamblea de profesoras y profesores, el cuidado de las gatas y los gatos, la opinión de una filóloga o un filólogo.
Hay casos en los que el desdoblamiento es prácticamente imposible, como en “Ella y él están casados” o “Es normal equivocarse: somos humanos”. En el primer caso se emplea casados porque se hace referencia al femenino (ella) junto con el masculino (él), y en el segundo se emplea humanos porque se requiere el género no marcado para abarcar a mujeres y varones. Lo mismo ocurre si alguien dice “Todos nosotros estamos equivocados”. El género no marcado representa la concordancia por defecto (nótese, por ejemplo, la concordancia de los adjetivos con las oraciones que funcionan como sujeto: “Es necesario dormir unas ocho horas”). No se espera que nadie, para evitar una supuesta discriminación, recurra a circunloquios como estos, que hasta pueden cambiar un poco la interpretación: “Ella está casada con él”, y “él está casado con ella”; “Es normal equivocarse: somos humanas y humanos” o “Todas nosotras y todos nosotros estamos equivocadas y equivocados”.
Se han utilizado algunas fórmulas coordinadas, como las costarricenses y los costarricenses, e incluso se han coordinado solamente los artículos definidos, que, por ser elementos átonos, no aceptan originalmente tal tipo de enlace: las y los costarricenses. No obstante, esta «solución» tampoco es regular ni coherente; por ello se encuentran ejemplos en los que el desdoblamiento es parcial, como en “Las y los costarricenses serán convocados”. En este caso se usa convocados en vez de “Las y los costarricenses serán convocadas y convocados2, lo cual demuestra la imposibilidad de su empleo general.
Además de las fórmulas citadas, se han empleado otros recursos aún menos justificados, como los paréntesis: estimado(a)(s) compañero(a)(s), los cuales imposibilitan la lectura; o la arroba, que ni siquiera es una letra, sino un símbolo, por lo cual tampoco podría leerse:
estimad@s compañer@s.
Como se puede comprobar, el uso del género no marcado permite cumplir con el principio básico de economía y, además, se gana mucho desde el punto de vista estilístico sin caer en ningún tipo de discriminación. Consecuentemente, se evita una gran cantidad de repeticiones que cansan al lector o al oyente y que casi nunca aportan nada relevante.
De todos modos, siempre debe tenerse en cuenta que la discriminación es un hecho primordialmente social. Si en un centro educativo, por ejemplo, se convoca a una reunión de profesores y no se admite la presencia de alguna mujer docente, es evidente que el problema no es lingüístico. La lengua no discrimina. Por lo tanto, conviene dejar claro que, en la vida cotidiana, las mujeres no son discriminadas porque el género no marcado coincida con el masculino, ni tampoco este aspecto lingüístico promueve la discriminación.
Algo parecido ocurre con la oposición de número: singular y plural. El primero puede emplearse con el valor del segundo. También tendría, pues, un valor genérico, incluso si se emplea el artículo definido. Si se habla de la importancia de la mujer en la sociedad, no se habla de una mujer específica y se excluye a todas las demás, sino que el singular la mujer abarca a todas las mujeres. Tampoco hay discriminación al decir El gato es un animal doméstico. El singular de género no marcado el gato abarca a las hembras y los machos. Lo mismo ocurre con el conocidísimo uso de hombre en casos como “Se dice que el hombre es superior al animal”, donde equivale a los hombres y, además, engloba a mujeres y varones. Muy distinta es la interpretación de hombre en la oración “El hombre debe apoyar a la mujer”, en la cual es evidente el uso de hombre como sinónimo de varón. En estos casos, el contexto aclara la interpretación. De igual forma, en la recomendación “Alimente a su hijo con leche materna”, se entiende que su hijo puede referirse a una mujer o a un varón, pero también puede referirse a varios hijos.
Hay construcciones gramaticales que también se emplean con este valor genérico o inespecífico, como “Aquí hay que estar callado”; “Es muy peligroso conducir ebrio” o “Cuando se está acompañado, la tristeza se sobrelleva mejor”. En las tres construcciones se emplean formas no marcadas: callado, ebrio y acompañado, y en ningún caso se podría pensar que se excluye a las mujeres. Se entiende perfectamente la referencia general a cualquier persona. Aplicar tal razonamiento estaría tan poco justificado como pensar que se excluye a la primera persona o a la segunda al decir Aquí hay que callarse o Cuando se está demasiado satisfecho consigo mismo, se puede caer en el conformismo.
Lo anterior puede relacionarse con dos palabras que sirven para excluir o incluir grupos: los adverbios solamente y también. El primero sirve para excluir elementos de otros posibles, y el segundo sirve para incluir elementos junto con otros. En Comimos solamente arroz se excluyen otros alimentos posibles, como frijoles, carne, verduras, etc.; en Comimos también arroz se incluye el arroz en el conjunto de alimentos que comimos (se supone que comimos otros más, como frijoles, carne, verduras, etc.).
Nótese la interpretación de esos adverbios en estas dos oraciones: En este colegio solamente se admiten filósofos; En este colegio también se admiten filósofos. En la primera oración se excluye a los médicos, abogados, contadores, etc.; y en la otra se incluye a los filósofos en un grupo más amplio, que puede abarcar médicos, abogados, contad
ores, etc. En ningún caso los adverbios mencionados motivan la oposición femenino/masculino: filósofas/filósofos. Si alguien dice “En este colegio solamente se admiten filósofos”, no se espera la pregunta ¿No se admiten filósofas?; en cambio, sí es posible que alguien pregunte ¿No se admiten ni médicos ni abogados? Los grupos posibles incluidos o excluidos mediante tales adverbios están relacionados con las profesiones, no con las mujeres y los varones. De nuevo, el usuario de la lengua no considera que haya discriminación de las mujeres en estos casos porque, ciertamente, no hay tal discriminación.
Ahora bien, puede decirse que, en caso de que sea verdaderamente relevante la oposición femenino/masculino, es totalmente aceptable el desdoblamiento, como en Tengo hermanos y hermanas, pero también se pueden usar otras soluciones, como elementos explicativos del tipo hombres y mujeres, el uso de colectivos (alumnado, profesorado, etc.) y otras semejantes si con ello se evita alguna ambigüedad o simplemente se logra mayor claridad por falta de elementos extralingüísticos o contextuales: Nuestros funcionarios, tanto hombres como mujeres, usan el mismo tipo de uniforme. Excepto en estos pocos casos, el desdoblamiento resulta innecesario e injustificado.
Finalmente, cabe agregar que en las secciones 2.1-2.2 de la Nueva gramática de la lengua española se apoya el análisis explicado en este artículo, y también coinciden en ello los párrafos relativos al género gramatical incluidos en la versión manual y la próxima versión básica de esa obra.

Tomado de Cubaperiodistas

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En mis 14 años de correctora del periódico Vanguardia, de Villa Clara y radicado en Santa Clara, he tenido no pocas discusiones con algunos periodistas en cuanto a la forma de expresarse en sus trabajos. Por eso cuando leí este artículo de María Luisa García Moreno en el sitio de Cubaperiodistas, no dudé en publicarlo en VerbiClara. Es una forma más de salvar nuestra lengua española, tan rica y cosmopolita.
EL CASTELLANO SIN PUJOS NI REMILGOS

Retrato al óleo de José Martí, del pintor sueco Herman Norman (1891)

Quien como periodista supo crear una prosa florida y galana, fue también capaz de reflexionar acerca del uso de nuestro idioma en la prensa de su tiempo y esas sabias reflexiones pueden hallarse en “El castellano en América”, artículo periodístico de nuestro José Martí, que hasta hoy no parece recogido en sus Obras completas, aunque fue publicado en La Nación, de Montevideo, el 23 de julio de 1889.
A pesar del tiempo transcurrido desde su publicación, “El castellano en América” constituye un texto pleno de vigencia, un llamado a la utilización de toda la riqueza semántica y expresiva de un idioma que se extiende por medio mundo.
Narra en él Martí, la anécdota “de cierto director de diario”, quien “cada vez que le llegaba un aspirante con deseos de escribir en su periódico, le mostraba una pizarra” llena de vulgarismos y muletillas: probar el aspirante que era capaz de escribir sin utilizarlas era la prueba de admisión. Y, de inmediato, la valoración martiana: “Algo así pasa con muchos periódicos de nuestros países; llenos de noble juventud y excelente intención, pero donde se habla una jerga corriente, y desluce con modismos bárbaros y acepciones inauditas un párrafo bello o una idea feliz”. Triste es decir que la situación no ha cambiado mucho desde entonces y que los diferentes medios de prensa de nuestro país —y del resto de los países hispanohablantes, supongo— están plagados de vulgarismos y errores.
Es cierto que la premura con que se hace un diario o la inmediatez de la radio y la televisión, generan esos errores. Es cierto que por cada error hay decenas de páginas o elocuciones limpias y hermosas… Es cierto también que errar es humano; pero nada de eso justifica la tendencia al disparate. A los comunicadores nos toca, por la enorme fuerza que tienen los medios comunicativos, decir con Martí:
“Y la lengua que se habla debe hablarse como lo manda la razón, y como sea la lengua, por lo mismo que se pone uno la ropa a su medida, y no a la del vecino, con el pretexto de que todo es ropa. Ni cuando se escriba una carta se la llena de borrones, porque como quiera es carta. Ni el que ostenta un jarrón en su juguetero, lo tiene de loza burda y mal cocida, cuando lo puede tener de fino Sevres. Pues, porque se llevan zapatos, ¿hay razón para poner la gala en llevarlos rotos?”.
Y añade nuestro Apóstol:
“Se ha de hablar el castellano sin pujos ni remilgos […] ni novelerías innecesarias, que ponen al español pintarrajeado y tornadizo, como un maniquí de sastrería. El que se atreva con sus elegancias —continúa el Maestro— háblelo con ellas, que no es pecado hacerse los pantalones en lo de Pool —sastre famoso—, en vez de comprarlos hechos a molde, rodilleros y bolsudos, en el Bon Marché —famosa tienda de París, cuyo nombre significa ‘barato’—; ni una mujer es menos bella y virtuosa porque le corte un traje Félix que porque se lo ponga hecho una infelicidad la madama de la esquina.
”Pero no se ha de poner el español, so pretexto de elegancias, entretelado y lleno de capas lo mismo que las cebollas; ni, so pretexto de libertad, se le ha de dejar como payaso de feria, lleno de sobrepuestos y remiendos en colorín que no sea suyo, usando las voces fuera de su sentido, o traduciendo malamente del francés e inglés lo que de sobra hay modo de decir con pureza en español o inventando verbajos que corren a la larga entre la gente inculta […]”.
Y he aquí, que el texto martiano enuncia tres importantes ideas: la primera, relacionada con la elegancia del lenguaje… ¿por qué, para ponerse a tono con quienes le rodean, ha de expresarse con vulgarismos y chabacanerías quien es capaz de la más refinada elegancia? ¿Por qué alguien debe aparentar menos cultura de la que tiene…? Siempre recuerdo las palabras de otro grande de las letras, el poeta español Antonio Machado: “Escribir para el pueblo es llamarse Cervantes, en España; Shakespeare, en Inglaterra; Tolstoi, en Rusia. Es el milagro de los genios de la palabra”. Y ¿por qué —pregunto yo— con el pretexto de escribir para el pueblo, de ser popular, ha de irse hacia abajo?
La segunda, relacionada con las traducciones… ¿se ha fijado usted la fuerza que tiene el criterio de respetar la ortografía o redacción de una cita? Yo no lo comparto. Creo que todo lo que puede arreglarse, ha de arreglarse, y que eso no implica falta de respeto ni mucho menos. ¿Por qué continuar divulgando una mala traducción o un error? O ¿por qué usar de otro idioma lo que el nuestro tiene en abundancia?
La tercera se refiere a “los verbajos” de la gente inculta. ¿Se ha percatado usted de esas frases que repiten los humoristas, que son tan habituales en la música bailable…? Con todo el respeto que merecen las muchas excepciones que existen tanto entre nuestros humoristas como entre nuestros músicos, es este un tema donde hay mucha, pero mucha tela por donde cortar. Soy de las que creen que hay ejemplos que no son precisamente cultura y que nuestros medios de comunicación debían velar con mucho más cuidado por estas cuestiones.
El interesante artículo de Martí, continúa así:
“Cada asunto requiere su estilo, y todos concisión y música, que son las dos hermosuras del lenguaje. En lo ligero, por ejemplo, está bien el donaire, que huelga en la historia, donde cada sentencia ha de ser breve y definitiva como un juicio. El orador, que marcará a los bribones con su palabra candente como se marca a las bestias en la tribuna política, moderará la voz en una reunión de damas y les hablará como si les echase a los pies flores.
”El periodista que en una hora desocupada deja correr la pluma a vagar, suelta por entre margaritas y ojos de poetas, la embrazará con lanza, y montará en el caballo de ojos de fuego cuando le ofende una verdad querida el periodista enemigo, o como maza la dejará caer sobre los tapaculpas del tirano”.
Con certeras y plásticas palabras, Martí explica que es necesario ajustarse al contexto y que debe notarse la diferencia de intención entre un texto histórico —o científico, podría añadirse— y un texto poético. Pero, sobre todo, hace un llamado a la sencillez, a la precisión y a la elegancia del lenguaje:
“[…] El modo de limpiar el lenguaje, y armar guerra mortal contra el hipérbaton que lo tortura, no es poner una barbarie en vez de otra, ni reemplazar las muletillas, volteretas y contorsiones académicas con voces foráneas que sin mucho rebuscar pueden decirse en castellano puro, o con verbalismos de jerigonza, usados y defendidos por los que creen que para ser obreros en piedras finas no hay como no aprender jamás a lapidario.
”La ignorancia crea esa jerga, y la indulgencia la acepta y perpetúa […]”.
Resulta lamentable que este texto no esté precisamente entre lo más conocido de la obra del Maestro, cuando su mensaje resulta tan importante para todos los hispanohablantes. Es muy posible que no podamos averiguar quiénes eran los sastres o modistos famosos que menciona en sus imágenes, pero eso no oscurece el texto, porque sus ideas esenciales están claras, para ayer y para hoy.
“Acicalarse en exceso es malo, pero vestir con elegancia no. El lenguaje ha de ir como el cuerpo, esbelto y libre; pero no se le ha de poner encima palabra que no le pertenezca, como no se pone sombrero de copa una flor, ni un cubano se deja la pierna desnuda como un escocés, ni al traje limpio y bien cortado se le echa de propósito una mancha.
”Háblese sin manchas”.
“El idioma nacional —como reza un antiquísimo proverbio ruso— es una bandera que la Patria sigue”, es identidad y es esencia. Protegerlo, respetarlo, embellecerlo es nuestra tarea. Ese es el mensaje martiano.

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Verdaderamente me satisface cada vez que veo que se promueven sitios que tienen la intención de defender nuestra lengua española, y ahora es el caso de «Cosas de la Lengua», la Oficina de Corrección del Español, de ABRA. Cada vez se hace más necesario atender la corrección del español, puesto que sobre todo en esta red de redes se leen muchos disparates. Pero también en las escuelas se observa que la calidad del español hablado y escrito ha decaído, y hay que continuar con esta cruzada a favor de nuestra preciosa lengua de Cervantes. La noticia la tomé de Fundéu BBVA:
 

«COSAS DE LA LENGUA», UN NUEVO SITIO WEB PARA OPTIMIZAR EL USO DEL ESPAÑOL

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El nuevo portal de la Oficina de Corrección del Español se abre con un carácter decididamente panhispánico y con la intención de sembrar inquietud y afición por el buen uso de la lengua de Cervantes.
«Cosas de la Lengua» http://www.cosasdelalengua.es es un nuevo sitio web que ha creado la Oficina de Corrección del Español, de ABRA, con la vocación de mejorar el uso de nuestro idioma y aficionar al ciudadano medio a expresarse adecuadamente. El portal quiere situarse en el nivel más cercano posible al hombre de la calle. Sin abandonar el necesario rigor, cosasdelalengua.es aspira a desdramatizar la gramática, acercarla al hispanohablante de a pie y aportar soluciones concretas y de fácil acceso para los problemas que se le presentan en el día a día a quienes tienen un mínimo de inquietud por usar el español correctamente.
En la sección «Incorrecciones Léxicas» se recogen las ya famosas fichas del ‘Informe sobre el Lenguaje’ que editó ABRA para diputados, senadores y periodistas parlamentarios españoles. En el «Prontuario» hay tablas muy completas sobre ‘Plurales dudosos’, ‘Anglicismos’, ‘Extravagancias léxicas’, ‘Falsos amigos’, ‘Tilde diacrítica’, etcétera. En el «Consultorio», además de la posibilidad de hacer consultas lingüísticas, se puede examinar el amplio repertorio de respuestas a las cuestiones planteadas con anterioridad.
Una sección que tendrá especial relevancia es «El Guirigay», dedicada a encuestas y sondeos. Para esta ocasión se ha planteado una ambiciosa consulta: ¿cómo llamamos a los americanos hispanohablantes o cómo prefieren ellos ser denominados? Latinoamericanos, iberoamericanos, hispanoamericanos…
A diferencia de otras webs (unas excesivamente académicas y oficialistas, otras demasiado personales, a veces) «nos hemos planteado hacer un sitio práctico, de contenidos atractivos y asequibles, que exciten la curiosidad, el aprecio y el disfrute de nuestra lengua», explica Antonio Machín García, director de ABRA.
Otras secciones del portal son «La última monserga», en la que se tratan modas y esperpentos del lenguaje que se extienden entre los hispanohablantes. Leonardo Gómez Torrego, uno de los asesores de Cosas de la Lengua, escribe en esta ocasión sobre las construcciones ‘delante mío’, ‘detrás tuyo’, ‘encima nuestro’.
COSAS DE LA LENGUA no pretende ser dogmática ni sentar cátedra. El nuevo portal quiere demostrar que la lengua no es algo abstruso, que su cuidado y buen uso están al alcance de cualquiera, y que no supone un esfuerzo desmedido. Muy al contrario, la intención de sus impulsores es conseguir que la gente tenga un mejor conocimiento del español, de sus variedades geográficas, de su historia y evolución; algo que puede resultar divertido y hasta apasionante.
Otras secciones de curiosa y entretenida lectura son «Oído al Llegar», en la que los hispanohablantes resaltan las palabras y giros que les sorprenden cuando viajan a otro país también hispanohablante; la «Comisaría de Papel», que atiende las denuncias de ciudadanos contra empresas y organismos oficiales que no respetan el idioma. Tras la denuncia, se traslada a estos el aviso y, si no enmiendan el yerro, pasan a la «Cárcel de Papel».
Frente a quienes abogan por un español neutro y uniforme, COSAS DE LA LENGUA propugna un idioma que conserve su riqueza de americanismos y españolismos, de giros y matices autóctonos, de riqueza y diversidad.

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Más de 900 idiomas se han creado con la pretensión de convertirse en lengua común. En el 150 aniversario del nacimiento de Zamenhof, un libro analiza estos lenguajes artificiales y se publica la primera obra traducida al español del esperanto

“Babel revisited”, de Julee Holcombe.  

Por Álex Vicente

El filósofo George Steiner considera que Babel fue “la catástrofe primaria” que provocó “una sordera mutua” entre los habitantes de este mundo: una auténtica maldición que sigue pesando sobre la humanidad. Desde que la multiplicación de los idiomas consiguió dinamitar la construcción de la torre, el deseo de inventar una lengua única y común, entendida y hablada por todos, ha sido permanente.
A lo largo de los siglos, mentes iluminadas han invertido horas en esa quimera imposible: inventar un nuevo idioma. La mayoría de estos creadores de códigos, decididamente ilusos, quisieron contribuir a que el mundo fuera un lugar un poco mejor gracias a ese extraño invento llamado lengua. Todos esos lunáticos inventores fracasaron. “Cuando muere un idioma, fallece con él un enfoque de la vida, de la realidad y de la conciencia”, dejó dicho el mismo Steiner al ganar el Príncipe de Asturias de 2001.
Una lingüista estadounidense, Arika Okrent, lleva años investigando sobre los más de 900 idiomas inventados a lo largo de los últimos nueve siglos. Okrent acaba de publicar en su país un apasionante ensayo titulado In the Land of Invented Languages donde analiza estos códigos desconocidos y determina por qué ninguno de ellos logró imponerse. “La razón es muy sencilla: nunca hablaremos lenguas perfectas porque nosotros tampoco lo somos”, sintetiza Okrent.
“La evolución humana es imperfecta y la lengua no es un instrumento ajeno a la propia evolución. Igual que no podemos respirar bajo el agua o correr a la velocidad de un guepardo, tampoco podemos hablar una lengua ajena a nuestras imperfecciones”, analiza. En otras palabras, tenemos la lengua que nos merecemos.
En la universidad, Okrent descubrió un oscuro rincón poco frecuentado de la biblioteca: una estantería donde reposaban libros llenos de polvo sobre estos misteriosos idiomas inventados. Allí encontró el célebre esperanto, pero también el misterioso loglan, y otras lenguas creadas para libros y películas. Por ejemplo, las élficas con las que J.R.R. Tolkien ilustró sus libros; o el klingon, idioma hablado por la raza de humanoides del mismo nombre en la interminable saga Star Trek.

El final de la utopía

Okrent ha invertido diez años en concluir su investigación: la mayoría de idiomas inventados se hundieron por sí mismos, al no calar en hablantes dispuestos a aprenderlos. “La lengua no es una simple herramienta, sino que forma parte de la conducta humana. Es un instrumento de socialización. No es una lavadora o un instrumento que se pueda manipular de forma técnica”, cuenta Okrent. “Es como si regaras una planta de plástico. ¿Crees que crecerá por mucha agua que viertas sobre ella?”.
La lengua más exitosa de toda la historia también fue un sonado fracaso. El esperanto, creado a finales del siglo XIX por el oftalmólogo polaco Ludwik Zamenhof, estaba pensado para convertirse en el idioma auxiliar internacional. El contexto histórico resultó favorable a su éxito momentáneo, gracias a la efervescencia del movimiento obrero y al temor provocado por el avance del nacionalismo. Incluso la Sociedad de Naciones se planteó abrazarlo como lengua oficial. Terminó convertido en un proyecto utópico y, como tal, fallido. Pese a todo, hoy sigue contando con unos 100.000 hablantes en todo el mundo, una quinta parte de los cuales lo habrían aprendido como lengua materna.
¿Por qué fracasó el esperanto, que en su momento parecía destinado a cambiar el mundo? “Es imposible convencer a una comunidad para que adopte un idioma que no le apetece hablar. Y todavía menos cuando se utiliza la propaganda política para convencerles”, analiza Okrent, que habla esperanto con fluidez, así como húngaro supuestamente, una de las lenguas más difíciles de aprender de todo el mundo, junto al vasco y el finés y otra media docena de idiomas.
“Hoy lo vemos con el gaélico, el cual, pese a los esfuerzos del Gobierno irlandés, tiene pocos hablantes que lo utilicen en la vida diaria. O con otras lenguas que cuentan con un apoyo institucional similar, como el maorí o el hawaiano”. Okrent prefiere no comentar el estado de salud de las lenguas cooficiales del Estado español, cuya situación conoce “de lejos”, aunque apuesta por situarlo “en algún punto entre la estabilidad y la decadencia”.
Otra de las conclusiones de Okrent es que, cuando una lengua muere, no es imposible resucitarla. El ejemplo más claro es el hebreo moderno, una especie de Frankenstein lingüístico devuelto a la vida en 1882 por Eliezer Ben Yehuda, sionista de la Rusia imperial que decidió educar a su hijo en una lengua muerta que se utilizaba sólo en los textos litúrgicos. “Es el único experimento para resucitar una lengua que ha funcionado a gran escala”, asegura Okrent.

Obsesión ‘trekkie’

En otra división juegan las lenguas creadas para libros y películas, que en algunos casos han logrado trascender los límites de la obra para la que fueron ideadas y alcanzar una notoriedad sin precedentes. El klingon es la más conocida de todas ellas. Inventada de forma inconsciente por un actor secundario de la serie televisiva que dio origen a la franquicia galáctica, logró un éxito inesperado.
“Lo más curioso es que la única lengua inventada que ha conseguido tener cierto éxito no tiene ningún objetivo práctico”, opina Okrent, que decidió sacarse el certificado de hablante mientras investigaba para su libro. Como recompensa por aprobar el examen, fue galardonada con una de las insignias plateadas que lucen los tripulantes de la nave Enterprise.
Considera que el klingon es “prácticamente imposible de aprender”. Contiene los elementos irracionales que caracterizan a las lenguas naturales, pero esta vez elevados a la máxima potencia. Desde su creación a mediados de los sesenta, el klingon se ha convertido en la lengua oficial del poderoso imperio geek, ese submundo marginal y relacionado con la tecnología que tanto dinero mueve en el sector del ocio. Hoy incluso se han traducido obras de Shakespeare a este idioma de ficción. A principios de este año, Google decidió poner en marcha una versión en klingon y el idioma acaba de ser parodiado en un episodio de Los Simpson, reconocimiento oficial de su estatus de culto.
J.R.R. Tolkien también fue un apasionado de estas lenguas inventadas e incluso decidió dejar su grano de arena para la posteridad. Fascinado por la sonoridad del galés, el escritor se inventó una lengua llamada sindarin, que daría origen a todo su imaginario élfico junto al qenya, otra de las lenguas del mundo de Arda, libremente inspirada en el finés, que intrigaba a Tolkien por su carácter indescifrable.
En la misma categoría se encuentran el liliputiense de Jonathan Swift, la neolengua que creó George Orwell para 1984, el argot callejero que Anthony Burgess introdujo en La naranja mecánica o el más reciente navi, cuya creación James Cameron encargó a un lingüista para su película Avatar. Pero pocos tienen la constancia de un experimento tan peculiar como el láadan. Fue creado a mediados de los ochenta por la escritora estadounidense Suzette Haden Elgin, que prentedía inventar una lengua que fuera fiel al universo femenino de sus personajes. Igual que los esquimales tienen varias palabras para designar la nieve, Elgin se inventó diez términos para el embarazo o la menopausia.
Desde que publicó su libro, Okrent no ha dejado de recibir cartas de creadores de lenguas que le piden un hueco en su inventario. Por ejemplo, un anciano lector canadiense, que durante los cincuenta se inventó una lengua llamada nordlinn junto con su mejor amigo para poder hablar de chicas sin que sus progenitores se enteraran del tema. “¿Quién dijo que las lenguas artificiales eran inútiles?”, concluye Okrent.

La madre de todos los diccionarios

‘Lingua ignota’
Fue la primera lengua artificial de la historia de la que ha quedado constancia escrita.

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Nueva gramática de la lengua española

La “Nueva gramática” es una auténtica mina de oro, si uno quiere buscar ejemplos de la diversidad del español. En sus páginas conviven diminutivos como “ahoritica” y “tiernitico”, aumentativos como “ladronzazo”, plurales del tipo de “papases” y “mamases”, femeninos como “ídola” y adjetivos como “reloco”.

Cada capítulo de la “Nueva gramática de la lengua española”, cuyos dos primeros volúmenes (Morfología y Sintaxis) se presentan mañana (ya se presentaron el 10 de diciembre) en Madrid en un acto presidido por los Reyes de España, refleja el español actual del conjunto de países hispanohablantes, pero también sus variantes geográficas y sociales.
Si uno se adentra en las locuciones adverbiales, tropieza con que la expresión “en las chimbambas”, más empleada en España que en América, pasa a ser “en las sínsoras” en el área antillana; y ve que en Cuba leen “de carretilla” y no “de carrerilla”, mientras que en el habla popular del área andina, Colombia y buena parte de Centroamérica lo hacen “a la fija”.
Quien mata sin escrúpulos mata “sin ascos” en muchos países americanos, y quien camina con los pies desnudos va “a pie pelado” o “a pata pelada” en Chile, Centroamérica y zonas caribeñas.
“Salí poco menos que a la disparada”, se dice en el área rioplatense con el sentido de “al momento” o de “precipitadamente”, en tanto que “al cohete” significa “en vano” en El Salvador y en países próximos.
Cuando uno es poco propenso a pagar y va “de gorra”, en El Salvador, Honduras y Guatemala va “de fai”; en este último país iría también “de grolis” y en Puerto Rico, “de cachete”.
“Me lo sé de paporreta”, dice Bryce Echenique en “Magdalena peruana y otros cuentos”, lo que en otros países se sabrían de memoria. Y “poner en berlina” es poner en ridículo en el español culto de Ecuador.
Emplear locuciones latinas da categoría a quien las usa, pero hay que tener cuidado con ellas, porque lo correcto es decir “motu proprio” y no “de motu propio”, y también “grosso modo” y no “a grosso modo”.
Tampoco conviene confundir la locución adverbial “ex abrupto” (repentinamente) con la salida de tono que supone un “exabrupto”.
Al parecer, el sufijo diminutivo “-ico” va perdiendo fuerza, pero en algunos países andinos y en parte de Centroamérica y Caribe se ha desarrollado la variante “-itico/-itica: “ahoritica”, “cerquitica”, “pueblitico” y “tiernitico”.
Y ¿qué decir del sufijo -“ingo/-inga”? Resulta que tiene “gran vitalidad” en regiones andinas, tanto con adjetivos (“quietingo”, “friingo”) como con sustantivos (“casinga”, “mesinga”) y adverbios (“ahoringa”, “cerquinga”), se afirma en la “Nueva gramática”, publicada por Espasa en España e Hispanoamérica.

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No diga: “El actor juega bien el rol de cantante en esa comedia”, por cuanto “jugar” nunca es DESEMPEÑAR. No nos olvidemos: No se dice “jugar un rol”, siempre será: DESEMPEÑAR UN PAPEL o DESEMPEÑAR UN ROL.
La palabra DILEMA pocas veces es empleada de manera correcta en el lenguaje coloquial y de ahí que, de igual forma, se usa impropiamente en los escritos. Porque DILEMA no es “problema, apuro, obstáculo”, y con tal significación es como, lamentablemente, más se usa, por causa del desconocimiento popular que existe sobre esta palabra.
Cuántas veces hemos escuchado: “Tengo tremendo dilema: me quedé sin dinero”. “Se le ha presentado un dilema a Fulanita: está embarazada y no sabe quién es el padre de la futura criatura”. “Estoy en un dilema, pues hoy tengo un examen y no he estudiado”. “Vaya dilema el que tiene Zutanito: necesita llegar mañana a la capital y no hay pasaje alguno”.
La voz DILEMA tiene dos acepciones en el diccionario académico. La segunda se usa en sentido figurado, y significa ‘duda, disyuntiva’, y solamente puede emplearse en casos como estos: “Fulanito está en un dilema: está seguro de que la mujer lo engaña, pero no sabe si es con Juan o con Pedro”. “Menganito tiene un buen dilema: no sabe si quedarse en el pueblo para atender los negocios del padre, o irse a estudiar a la capital”.
El vocablo DILEMA tiene su origen en el griego, y pasa por el latín dilemma, de donde llegó al español. Etimológicamente significa (de di, ‘dos’ y de lemma, ‘argumento, premisa’) ‘dos premisas’. Por eso la primera acepción de la voz española DILEMA significa (y copio del Diccionario de la Real Academia): ‘Argumento formado por dos proposiciones contrarias disyuntivamente, con tal artificio, que negada o concedida cualquiera de las dos, queda demostrado lo que se intenta probar’.
Por su parte, después de recordar que PREMISA es voz de Lógica, diré que su significado principal es ‘cada una de las dos primeras disposiciones del silogismo, de donde se infiere y saca la conclusión’. Por supuesto, igualmente creo valedero recordar que la también voz de Lógica SILOGISMO significa ‘argumento que consta de tres proposiciones, la última de las cuales se deduce necesariamente de las otras dos’.
Todos hemos oído expresiones como: “El terremoto causó una tremenda debacle en esa ciudad”. Y también en sentido figurado: “Esa obra de teatro ha resultado una debacle”. Los puristas del idioma estuvieron décadas tratando de extirpar ese galicismo (del francés debâcle) del español. Lo calificaban de “galicismo innecesario”, pues existen muchas voces españolas que pueden usarse en casos como los anteriores y en otros, tales son: RUINA, DESASTRE, HECATOMBE, CATACLISMO, CATÁSTROFE, QUIEBRA, DERROTA, CONFUSIÓN.
Al referirse al empleo —injustificado para muchos— de la voz DEBACLE, el académico colombiano Justino Cornejo dijo hace ya muchos años: “Parece mentira que este bicho no haya sido erradicado a pesar de todo el DDT que se gastó para combatirlo”. Aquí en Cuba hemos estado tratando de erradicar el mosquito que causa el dengue, pero el “bicho” del que hablaba Cornejo, se coló para siempre en el idioma español.
Ya desde la edición de 1992 el diccionario académico incluyó la voz DEBACLE, con el significado de ‘desastre’, y allí se especifica que puede usarse, tanto en el sentido recto de la palabra, como en el figurado.

Fernando Carr Parúas

Fuente: Cubarte

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Julio César LondoñoPor Julio César Londoño

Cuando hacemos la lista de los grandes inventos, siempre están allí la rueda, la brújula, el papel, la imprenta, los plásticos, el avión, la televisión, el computador y el celular, entre otros cachivaches ilustres; pero con frecuencia olvidamos al papá de todos los ingenios, el lenguaje.

Nadie sabe cómo sucedió. Nadie es capaz siquiera de imaginar cómo pasó la especie del gruñido al suspiro, a la interjección, al gesto, y de aquí a la sonrisa, al silbo, al nombre, la plegaria y la canción.

Algunos sabios despistados creen que el hombre inventó el lenguaje gracias a su portentosa inteligencia. En realidad fue al revés: el lenguaje nos hizo inteligentes. A esta conclusión llegó Jaques Monod al notar que la aparición del sistema nervioso central de la especie es muy posterior a la invención del lenguaje. El don del lenguaje nos modificó de manera muy íntima. La luz de la palabra clarificó nuestro pensamiento, suavizó nuestra rudeza. Tal vez por esto es que las Escrituras rezan: al principio fue el verbo.

Los lenguajes no son puramente lógicos, porque no son aparatos arbitrarios y axiomáticos, como la matemática. Los hacen las generaciones y el largo tiempo, por eso encierran lógica y paradojas: “corta” es una palabra corta, pero “larga” no es una palabra larga; “separado” se escribe todo junto, pero “todo junto” se escribe separado; moon, observó Borges, es casi simétrica, como la luna; rimbombante es convenientemente ampulosa, pero “tomate” no se parece al tomate. “Agua” tiene la simplicidad de ese elemento, pero hubiera sido preferible un fonema más líquido que la G, la L: lío en vez de río. El nombre del río Mississippi está lleno de meandros. “Sinuoso” se parece a lo que nombra. “Prepotente” no necesita explicación.

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