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Posts Tagged ‘libres’

banderita cubana ondeandoGanado tengo el pan: hágase el verso,-
Y en su comercio dulce se ejercite
La mano, que cual prófugo perdido
Entre oscuras malezas, o quien lleva
A rastra enorme peso, andaba ha poco
Sumas hilando y revolviendo cifras.
Bardo ¿consejo quieres? Pues descuelga
De la pálida espalda ensangrentada
El arpa dívea, acalla los sollozos
Que a tu garganta como mar en furia
Se agolparán, y en la madera rica
Taja plumillas de escritorio y echa
Las cuerdas rotas al movible viento.

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banderita cubana ondeandoCuando nací, sin sol, mi madre dijo:
—Flor de mi seno, Homagno generoso
De mí y del mundo copia suma,
Pez que en ave y corcel y hombre se torna,
Mira estas dos, que con dolor te brindo,
Insignias de la vida: ve y escoge.
Éste, es un yugo: quien lo acepta, goza:
Hace de manso buey, y como presta
Servicio a los señores, duerme en paja
Caliente, y tiene rica y ancha avena.
Ésta, oh misterio que de mí naciste
Cual la cumbre nació de la montaña
Ésta, que alumbra y mata, es una estrella:
Como que riega luz, los pecadores
Huyen de quien la lleva, y en la vida,
Cual un monstruo de crímenes cargado,
Todo el que lleva luz se queda solo.

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Santa Clara

Santa Clara

Los mercados son gráciles muchachos,

guardan en sus pechos

delgados pañuelos, polvos y brillos por una ciudad

que agotada no responde a devaneos.

Por las mañanas muestran sus prendas,

en sus cabezas hay frescura

de cabellos peinados con aceite salobre

y algo del río en las miradas.
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Un escozor antiguo hace crecer los hombros

torneados por el “buen dios” que los conduce.

llega el momento en que el día corre,

el sol, hasta la lluvia con su inevitable círculo.

Ya de noche los muchachos estrujan sus párpados,

pestañas hechas para ver en cielo de sombras.

Encima la ciudad,

nido de cristal que han amado

en un sonido de lámpara y de pubis abierto.

Las figuras creadas por otras manos

—antes suyas—

sustituyen las caras

de todo cuanto ríe o parece reír.

Los muchachos, libres al fin,

como ha dicho el himno,

dejan caer de sus pañuelos las doradas esencias

que el “buen dios” ha colocado en ellos,

para esplendor o misterio de la ciudad

que se desvanece en el pincel.

Eduardo González Bonachea, poeta, narrador, investigador y doctor villaclareño (Camajuaní). Del libro Faro más allá de la isla, 2006.

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José Martí
Ganado tengo el pan: hágase el verso,-
Y en su comercio dulce se ejercite
La mano, que cual prófugo perdido
Entre oscuras malezas, o quien lleva
A rastra enorme peso, andaba ha poco
Sumas hilando y revolviendo cifras.
Bardo, ¿consejo quieres? Pues descuelga
De la pálida espalda ensangrentada
El arpa dívea, acalla los sollozos
que a tu garganta como mar en furia
Se agolparán, y en la madera rica
Taja plumillas de escritorio, y echa
Las cuerdas rotas al movible viento.

Oh alma!, oh alma buena!, mal oficio
Tienes!: póstrate, calla, cede, lame
Manos de potentado, ensalza, excusa
Defectos, tenlos -que es mejor manera
De excusarlos, y mansa y temerosa
Vicios celebra, encumbra vanidades:

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