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Foto: Archivo familiar

Foto: Archivo familiar

Bajo el nombre del insigne patriota Ignacio Agramonte, la cubana Marta Abreu de Estévez hizo la mayor donación monetaria que se conoce a los fondos de la Revolución organizada por José Martí en 1895

Luis Hernández Serrano
serrano@juventudrebelde.cu
La cubana Marta Abreu de Estévez —hija de Villa Clara [Santa Clara]— hizo la mayor donación monetaria que se conoce a los fondos de la Revolución organizada por José Martí en 1895, cuando era una de las primeras figuras de nuestra patria en el extranjero, y la hizo bajo el seudónimo del insigne patriota Ignacio Agramonte.

Su donativo de más envergadura fue de 100 000 pesos. Y con los que realizó después, la cifra sobrepasó los 150 000, según informó la Tesorería de la Delegación de Nueva York a la revista El Fígaro (del 6 de marzo de 1904, año XX, No. 10, página 268), en un trabajo publicado bajo el título Los mayores donantes.

Los 100 000 pesos los concedió cuando supo de la muerte de Antonio Maceo. Ese y los posteriores donativos los firmó con el seudónimo de Ignacio Agramonte, los cuales estaban dirigidos a la Delegación del Partido Revolucionario Cubano en Nueva York, encabezada por Tomás Estrada Palma.

La donación inicial de Marta Abreu fue acompañada de un telegrama, despacho breve y conmovedor en el que podía leerse: «Consternados ante terrible noticia. Van $100 000. Adelante. IGNACIO AGRAMONTE».

Su hijo, Pedro Estévez Abreu, donó de su fortuna personal 5 400 pesos oro americanos, con el supuesto nombre de Jimaguayú, con lo cual ambos rindieron homenaje al héroe camagüeyano de la Guerra de los Diez Años, el Mayor Ignacio Agramonte y Loynaz, caído en los potreros de Jimaguayú, el 11 de mayo de 1873.

No se detuvieron ahí los donativos de la excelsa villaclareña. Antes había enviado 2 000 duros por medio del cubano Juan Guiteras, residente en Filadelfia, quien ignoraba de dónde procedían tales recursos. Así favoreció la salida de algunas expediciones organizadas en París, auxilió a los deportados y penados, a los patriotas que necesitaban partir hacia la manigua cubana y a las familias de estos que quedaron sin pan ni amparo.

Además, contribuyó a sostener la Delegación de París y el periódico La República Cubana, en la capital francesa. Marta, igualmente, envió donativo al Comité cubano en Puerto Rico. Su hermana, Rosalía Abreu, dio de sus ahorros personales a la Delegación en Nueva York 20 000 pesos y 4 000 a las fuerzas del coronel Juan Delgado, al frente del Regimiento de Caballería de Santiago de las Vegas, localidad hoy perteneciente al municipio de Boyeros.

Cuando Estrada Palma supo quién era la persona que donaba bajo el nombre del Mayor, le hizo saber que se comunicaría con los mambises para proteger de la tea incendiaria sus fincas en Cuba. Sin embargo, ella respondió dignamente que no la movía ese fin y que estaba dispuesta a correr la misma suerte de los demás propietarios del país.

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Este artículo lo leí en el periódico Juventud Rebelde, y lo publico en primer lugar para solidarizarme en la causa de limpiar el honroso nombre de Máximo Zertucha, acusado injustamente de haber procipiado la muerte del Titán de Bronce, Antonio Maceo. En segundo lugar, porque me parece muy meritorio el esfuerzo y la dedicación del estudiante de Periodismo Emilio L. Herrera Villa, quien fue capaz de entregar en las páginas centrales del diario en su edición dominical esta historia desconocida por tantos. Por suerte, la encontré en el sitio web de la publicación de marras y la pongo a disposición de mis lectores. Espero no haber errado al seleccionarla.

El médico y ayudante personal de Antonio Maceo tuvo que soportar toda su vida la imputación de ser el responsable de la muerte del Titán de Bronce. Ochenta años después del combate de San Pedro, la verdad comenzó a abrirse paso

Por Emilio L. Herrera Villa, estudiante de Periodismo
Correo:
digital@jrebelde.cip.cu
 
Máximo Zertucha y OjedaMáximo Zertucha y Ojeda lo había perdido todo: el machete, los grados de Coronel, la gloria y los anhelos. Atrás quedaban las mañanas de duros combates, las ganas de pelear, la compañía del caudillo, la amistad del General… Sus esperanzas fueron abatidas por un disparo. Allí terminaba una vida.
En la mente de Zertucha vagaban los últimos recuerdos del fatídico 7 de diciembre de 1896: «¡Se acabó la guerra! ¡Vea este cuadro! ¡Muerto!, ¡Muerto!», le gritaba desmoralizado al Coronel mambí Alberto Nodarse. Nada resucitaría al lugarteniente general Antonio Maceo. Era imposible aceptar esa muerte.
Un Titán es invencible. Quizá la traición, pensaron algunos de los más allegados, había sido la causante de tamaña pérdida. Zertucha, un mambí de Melena del Sur, parecía ser el hombre. La profunda depresión y las injustas ofensas recibidas en el campamento lo impulsaron a desertar de las filas libertadoras, presentándose en San Felipe, actual provincia de La Habana, al coronel español Guillermo Tort.
Dos años después, sin más puntal que la dignidad, compareció ante el Ejército Libertador suplicando la conformación de un Consejo de Guerra. Esta vez no huyó. Juró por su honor decir la verdad al tribunal presidido por el General de División Alejandro Rodríguez.
El ex Coronel Máximo Zertucha y Ojeda, doctor en Medicina y Cirugía, ex jefe del Cuarto Cuerpo de Sanidad del Ejército Libertador, desmintió el 20 de abril de 1898, ante un Tribunal de Honor, haber planeado el asesinato del Lugarteniente General Antonio Maceo Grajales, de quien era ayudante y médico personal.
Cuatro días más tarde, el Consejo de Gobierno convocó a un perdón colectivo de acuerdo con la investigación realizada. El galeno quedaba exonerado de toda culpa y salvada su dignidad como cubano. Pero, a 113 años de la caída del Titán de Bronce, aún muchas personas formulan las siguientes interrogantes: ¿Era Zertucha un traidor?

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Bajando la bandera americana en el Morro, La Habana.

El 20 de mayo de 1902 el mayor general Máximo Gómez izó la bandera cubana en el Morro de La Habana. Era la primera vez que sucedía tal hecho trascendental, y además, se bajaba la de los Estados Unidos. Pero esa república que nacía no fue la anhelada por los tantos cubanos que lucharon por que Cuba se independizara de España. Tampoco la que soñó José Martí, quien cayó en combate él 19 de mayo de 1895. Lo que sucedió realmente se explica en:

Cuba-Estados Unidos: ¿Qué pasó el 20 de mayo?

Por Licenciado Ernesto Limia Díaz

El 20 de mayo de 1902 fue un día “célebre” para Cuba, en un acto solemne y simbólico ondeó por primera vez su bandera en el mástil del Morro de la capital. Hubo quienes vieron en ello la posibilidad de dar continuidad a los sueños redentores frustrados por la “filantrópica gestión salvadora” de Estados Unidos. Estremecidos por la presencia de su estandarte, algunos habaneros le pidieron proteger a un pueblo “libre, virtuoso, fuerte”;(1) mas el país fue invadido por una mezcla de confusión, incertidumbre y aflicción, y no pocos sintieron amargura o rabia. Cuán caro habían costado las caídas en combate de José Martí y Antonio Maceo para los fines de una nación que fue capaz de derrotar, a pie y descalza, al obcecado imperio español. Ya nada podía hacerse, al menos por el momento.
Disuelto el Partido Revolucionario Cubano en diciembre de 1898 y quebrantada la unidad revolucionaria; desamparados a su suerte la mayor parte de los combatientes del Ejército Libertador desde el momento mismo en que se rindieron las fuerzas españolas; disuelta la Asamblea del Cerro por contradicciones que no supo, o no pudo, resolver; marginadas las cubanas con edad para el voto, muchas de ellas con un desempeño protagónico en las gestas independentistas; una población mayormente analfabeta sin posibilidad de intervenir con efectividad en el debate político tras su abandono por la élite intelectual y la economía en ruinas, fueron escenarios aprovechados y construidos por Estados Unidos para recoger su fruta madura, o madurada.

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Calixto García

Un día como hoy murió el general Calixto García Íñiguez.  No fue hasta el 11 de diciembre de 1980 cuando se cumplió el deseo de su madre, Lucía Iñiguez, de que los restos de su hijo descansaran en Holguín. En la Plaza de la Revolución que lleva su nombre los holguineros le rinden tributo a este patriota nuestro.

En la Guerra de los 10 años (1868-1878)

El 10 de octubre cuando Carlos Manuel de Céspedes comenzó la guerra, en su ingenio La Demajagua, se encontraba en Holguín. Inmediatamente se trasladó a Jiguaní donde tenía un gran número de adeptos y el 13 de octubre se alza en armas bajo las órdenes de Donato Mármol en la finca Santa Teresa, en esa población.
En agosto de 1869 llegó a Holguín como segundo de las fuerzas que conducía Máximo Gómez, para hacerse cargo de la jurisdicción.

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Joaquín mostró una memoria excelente y aportó datos inéditos del cabo Brito, al tiempo que daba a conocer también interesantes facetas de su propia vida, entre las que sobresale haberles servido café a Fidel Castro y a Benito Besada en el antiguo Café Eur

El 23 de marzo de 1896 se produjo el asalto del coronel Leoncio Vidal Caro a Santa Clara, hecho trascendente en las gestas libertarias de nuestra ciudad.

Acción arriesgada que tuvo un fatal desenlace con la muerte en combate de Vidal Caro y de su ayudante, el cabo Ramón Brito.

Monumento que recuerda el lugar donde cayó el coronel Leoncio Vidal intentando salvar al cabo Ramón Brito.

La historia recoge cómo el Guapetón de Leoncio —así gustaba llamarlo el propio general Gómez, quien ordenara la acción de armas— cayó acribillado esa madrugada al intentar rescatar a su querido subalterno, quien minutos antes había sucumbido en un extremo de la sitiada Plaza de Armas.

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El parque Leoncio Vidal Caro

Su nombre actual responde a un acuerdo que tomó el Ayuntamiento de Santa Clara el 4 de marzo de 1899, a propuesta de uno de sus concejales, Enrique del Cañal, y en honor al patriota cubano, Leoncio Vidal Caro, natural de Ceja de Pablo en Corralillo.

Foto del parque Leoncio Vidal, Santa Clara 1925

 

Parque Leoncio Vidal en 1925.Cortesía de Juan José Noriega

Vidal Caro murió en acción bélica la noche del 23 de marzo de 1896, en el hasta entonces llamado Parque “Plaza de Recreo”.

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