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Posts Tagged ‘Manuel García Garófalo’

Eligio

Por Adela D. González Álamo

Los jóvenes sintieron su pérdida lo mismo que los literatos de La Habana
Manuel García Garófalo

Nació Eligio Eulogio Federico Capirot Yera, el día 1º de diciembre de 1825 y fue bautizado en la iglesia Parroquial Mayor el 26 de diciembre del propio año por el Párroco Pedro Guillermo Gutiérrez según consta en el folio 72 del Libro 19 de la certificación de bautismo solicitada en el archivo de la Diócesis Santa Clara de Asís. Fueron sus padres el Cadete de Milicias Don Eulogio Capirot, y Antonia Josefa Yera, naturales y vecinos de la villa de Santa Clara. (más…)

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Por Mailén Aguilera Rivas

Miguel Gerónimo Gutiérrez, monumento en Santa Clara.

La prensa en Las Villas fue siempre un oficio para valientes. Desde que Manuel de Sed y Colón trajo a lomos de mulo la primera imprenta desde Camagüey, surgiría una relación inseparable entre la devoción por la libertad y el amor por difundir esas ideas independentistas en feroz cruzada contra la ausencia de recursos, censuras medievales y persecuciones incesantes.

Grandes patriotas de nuestras memorias escribieron en muchos diarios y revistas, particularidad desconocida para la mayoría porque en la historia se prioriza el perfil combativo, la actuación en el campo de batalla. Y pocos saben que algunos insurrectos supieron ser también buenos periodistas.

En los últimos años del Eco de Villaclara, el primer periódico de la región, Miguel Gerónimo Gutiérrez ejerció como su redactor. (más…)

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Mis colegas Yoelvis Lázaro Moreno y Nelson García Santos se dieron a la tarea de investigar sobre José Surí y Águila, santaclareño y primer poeta cubano, trabajo que publicaron en Juventud Rebelde. Aprovecho la cortesía de ambos que me lo entregaron para publicarlo en VerbiClara. Las fotos son de Carolina Vilches Monzón.

Santa Clara
Santa Clara.


Hoy Santa Clara cumple 321 años y nada mejor que homenajear a ese poeta infelizmente olvidado:

EL DESCONOCIDO PRECURSOR DE LA POESÍA CUBANA

Un hijo ilustre de Santa Clara, ciudad que celebra hoy el aniversario 321 de su fundación, es considerado como el primer poeta cubano.

Luego de 321 años de existencia, la edad que cumple hoy esta ciudad, parece difícil encontrar algo nuevo entre papeles amarillentos o en testimonios de los conocedores a fondo de su historia. Pero ¡qué suerte! Hoy traemos a estas páginas [Juventud Rebelde] pinceladas del primer poeta cubano; además, médico.
Hablamos de José Surí y Águila, nacido aquí el 26 de octubre de 1696 y que el tiempo ha sumido en un olvido tan desgarrador que no existe en esta ciudad, de modo tangible, nada que lo recuerde.
El gran escritor José Lezama Lima, en su Antología de la poesía cubana, lo sitúa como el primer poeta cubano, y el  ensayista e investigador literario Enrique Saínz, en su libro La literatura cubana en el siglo XVIII, también le confiere igual mérito, mientras el historiador y periodista villaclareño Manuel García Garófalo lo consignó como el poeta más antiguo nacido en la Isla.
Sobre su poesía dijo que escribió versos sonoros, los que hoy pueden ser modelos de metro y dicción. Sin estudio, se hizo médico y farmacéutico, y poseyó en raro consorcio la ciencia y la poesía: el remedio del organismo y el bálsamo del espíritu.
Hurgando en la vida casi desconocida de este bardo santaclareño, conocimos que en plena niñez perdió a sus padres, motivo por lo que tuvo que acudir a los favores de un hacendado que lo empleó en su finca como trabajador agrícola.
Allí, atraído por al ambiente tranquilo y romántico del campo, el joven poeta despertó su genio y entonó sus primeros cantares alusivos a la labor que realizaba.
Ya por la segunda década del siglo XVII, gracias a los conocimientos que había adquirido empíricamente, Surí se desempeñaba como médico y farmacéutico en la villa. Pero un buen día llegó desde La Habana alguien nombrado oficialmente para ejercer esa función. Y ahí mismo surgió el conflicto.
Resultó que las personas acostumbradas a tratarse con el poeta, al que admiraban por su amabilidad, no asistían a la consulta del otro facultativo, quien al verse en tan difícil trance, de inmediato lo acusó de intrusismo profesional ante el Protomedicato.
El juicio se celebró en La Habana. Y para asombro de todos, él se defendió improvisando versos sobre el arte de curar. Dejó, literalmente, boquiabierto al Tribunal, que le otorgó el título de médico y farmacéutico. Seis años después fue nombrado cirujano principal del Hospital de la Caridad de la villa y se le responsabilizó para evitar el intrusismo profesional.
En cuanto a su literatura quedan pocas muestras, pero vale destacar la armonía, la belleza, la imaginación creadora y el pensamiento ingenioso. Esto, añadido a una época en que apenas se cultivaba el género lírico, adquiere mayor relevancia tratándose de un muchacho autodidacto.
Cuenta la historiadora Martha Anido Gómez-Lubián que Surí gozaba también de sobrados dotes para la improvisación y poseía excelente memoria, de modo que no fueron pocas las festividades religiosas a las que asistió para entonar sus cánticos frente a las imágenes adoradas.
Más que el pionero de nuestros poetas, por extensión pudiera considerarse el primer cubano que escribió una obra literaria. Porque bien sabemos que ese mérito corresponde a Espejo de paciencia, del español Silvestre de Balboa.

LOS ORÍGENES

Bueno es recordar, precisamente en el aniversario de la fundación de Santa Clara, a José Surí y Águila, quien nació casi junto con la villa, a la que enalteció con su trayectoria.
El traslado de 18 familias desde San Juan de los Remedios dio origen a esta ciudad. Inicialmente se le llamó Los Dos Cayos, más tarde, Pueblo Nuevo de Antonio Díaz, para ser definitivamente Gloriosa Santa Clara, urbe de leyendas y tradiciones, de calles estrechas y adoquinadas, y bañada por la brisa de la Loma del Capiro.
Evoca también la historiadora Anido Gómez-Lubián que en lo que es hoy el Parque de El Carmen se fundó la localidad. Allí, el 15 de julio de 1689, realizaron la Santa Misa y a la sombra de un tamarindo oraron con fe para que este nuevo asentamiento se desarrollara.

Tamarindo en el Parque del Carmen
Tamarindo. Monumento a la fundación de la villa.
El original fue sustituido por este árbol.


Santa Clara atesora una rica tradición en las luchas independentistas. En tres ocasiones fue tomada por las fuerzas revolucionarias: en la contienda de los Diez Años, por las tropas del general Manuel de Jesús Calvar; en la de 1895, por las huestes mambisas bajo las órdenes del coronel Leoncio Vidal, y en diciembre de 1958 por las tropas del comandante Ernesto Che Guevara.

Parque Leoncio Vidal
Parque Leoncio Vidal, en honor del coronel que dirigió
el ataque a la villa en la Guerra de Independencia.


AHORA

Desde su surgimiento la urbe asumió un modelo urbanístico en el que se destacan los trazados regulares a partir de una plaza central, tal como se plantea en las Leyes de Indias.
Cuenta con cuatro plazas fundamentales: El Parque de los Mártires, de la Pastora, del Carmen y Leoncio Vidal, todas con una fisonomía ecléctica, resultado de la diversidad de las épocas y los estilos que convergen en sus predios.

Parque Vidal de Noche
Parque Leoncio Vidal de noche.


La última de estas fue la antigua Plaza Mayor, de la que se generó paulatinamente todo el crecimiento del asentamiento poblacional en un eje de norte a sur, limitado al este por el río Cubanicay y al oeste por el Bélico, las dos redes fluviales que atraviesan Santa Clara, explica el ingeniero Liván Díaz Yánez, especialista de la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos del Centro Provincial de Patrimonio.
Es conocido que en lo concerniente a la preservación patrimonial falta mucho por hacer aquí, pero desde hace varios años en el centro histórico de esta ciudad, de 43,5 hectáreas, se torna recurrente un ajetreo constructivo que saca a relucir el interés por rescatar algunos inmuebles con un alto valor arquitectónico y urbanístico.
En ese sentido vale destacar la restauración del teatro La Caridad, en el que se sustituyó alrededor del 80 por ciento de toda la madera de la cubierta, y la reparación capital del antiguo edificio El Billarista, convertido ahora en una tienda por departamentos. Además, se realizaron trabajos de mantenimiento y conservación en el Museo de Artes Decorativas, al igual que una parte del edificio El Recreo y en el cine Camilo Cienfuegos.

Teatro La Caridad
Teatro La Caridad.


También en el Centro Histórico hay cierto mejoramiento de las viviendas e instalaciones institucionales, de las calles y parques.
Hoy la ciudad de la benefactora Marta Abreu y el Comandante Guevara, como les gusta reconocer a los villaclareños, muestra, 321 años después, un desarrollo del que se sentirían orgullosos sus fundadores, aquellos que al salir huyéndoles supuestamente a los demonios y a los ataques de piratas, plantaron una villa que el tiempo ha hecho trascendente y vital.

Monumento a Marta Abreu, la Benefactora
Monumento a Marta Abreu, la Benefactora.


ASÍ ESCRIBÍA SURÍ

A Udeliquia (fragmentos)

Udeliquia, siempre hermosa,
a quien por deidad veneran
sobre alcatifas doradas
en esa mansión febea
del regio coro de Clío
las nuevas musas supremas.
Y a que a ese obsequio de tu culto
al teatro alguna letra
me has mandado que repita
quiero, si no te molesta
propalarte una batalla
que en los campos de Amaltea
previno al vendado Dios
al muro de  mis potencias.

También en Juventud Rebelde

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Prácticamente todos los días, durante años, he transitado por la calle José Martí de Santa Clara, la misma en que vivo, y existe en una de sus paredes, entre Luis Estévez y Máximo Gómez, una tarja que informa que el inmueble que hoy tiene el número 11, fue la casa donde nació el patriota villaclareño General José de J. Monteagudo.

Placa General Monteagudo

Foto: Mayli Estévez Pérez

El general José de Jesús Monteagudo Consuegra (José de Jesús Candelaria Pantaleón Juan Monteagudo Consuegra, según certificado de bautismo) nació en Santa Clara, en la provincia de Las Villas, el  27 de diciembre de 1861.

Su trayectoria de lucha contra el colonialismo español es muy rica.  De él manifestó Manuel García Garófalo: “general que fue un carácter, y que nació para militar enérgico, valiente y caballeroso” y, además, que contribuyó incansablemente a “legar à sus hijos la Patria Independiente”.
Por su iniciativa se creó el club revolucionario “Hermanas de Juan B. Zayas”, dentro del cual conspiró su madre. Desde la Logia Iris, de Placetas comenzó a conspirar contra el gobierno español y por esa causa tuvo que huir hacia los Estados Unidos; allí entró en contacto con Serafín Sánchez y Carlos Roloff, y regresó a Cuba el 26 de octubre de 1895, junto a 26 hombres equipados y bien armados, ya con el grado de capitán.  La provincia de Las Villas supo de su valentía: Saguita, La Solapa, Los Róbalos, Remedios, Placetas, Santa Clara…
El 30 de noviembre. Monteagudo y su grupo de subordina a las órdenes del coronel Juan B. Zayas, y ya a mediados de diciembre, a las del General en Jefe, Mayor General Máximo Gómez. Luego se incorpora al cuarto escuadrón del Regimiento Las Villas, y en ese mismo mes, el 18, lo ascienden a comandante, por sus servicios a la Patria y antigüedad en el Ejército.
Juan Bruno Zayas abogó siempre por constituir un club en el que se reunieran para organizar acciones conspirativas contra el régimen, por lo que en diciembre de 1895 las acciones de Monteagudo llevaron a la creación oficial del club que en junio de 1896 tomó el nombre de Juan Bruno Zayas. En ese círculo devino su escuela dentro del movimiento conspirativo.
Entre los combates en los que participó destacan: Iguará, Fomento, Los Indios, Alturas de Manacal, Loma del Quirro, Boca del Toro, La Esperanza, Ojo de Agua, Placetas, Cacahual, Suazo.
Por su servicio a favor de la independencia y el valor demostrado en el combate fue ascendido primero a teniente coronel hasta llegar a general de división, grado con el que culmina la guerra. 

El ejército español abandonó la ciudad de Santa Clara el 31 de diciembre de 1898, e hizo su entrada el Ejército Libertador, al mando del general José de Jesús Monteagudo por el lugar que se conoce en la actualidad como La Ceibita —debe su nombre a una ceiba sembrada allí posteriormente por miembros del Club Juan Bruno Zayas para perpetuar el histórico hecho del general Monteagudo al picar los 52 pelos de alambre de púa que cercaron la ciudad.


Entre las palabras de agradecimiento al pueblo que recibió a los mambises, estuvo presente la del general Monteagudo. También el general de brigada José Braulio Alemán representando al Ejército Libertador, pronunció un discurso en ese histórico lugar. El Ejército Libertador se dirigió hacia la Plaza (en la actualidad, parque Leoncio Vidal), lugar en que se realizó el acto central de bienvenida.
Durante la ocupación norteamericana fue nombrado Jefe de la Guardia Rural de Santa Clara y luego de Cuba, y en este cargo tiene en su haber la acusación de ser el causante de la muerte de más de 3 000 negros y mestizos, principalmente en la antigua provincia de Oriente, después del levantamiento del Partido de Independientes de Color, el 20 de mayo de 1912. Informa al presidente de entonces, José Miguel Gómez: “Es imposible precisar el número de muertos, porque los combates han degenerado en una carnicería dentro del monte”.
También fue senador por Las Villas, jefe de Inspección de la Oficina Nacional del Censo, jefe del Estado Mayor del Ejército Nacional.
Su muerte ocurrió en el balneario de Amaro (Santo Domingo, Las Villas), durante la convalecencia de una afección hepática, el 14 de diciembre de 1914.

 

Fuentes: Archivo Histórico de Villa Clara, El Villaclareño, Bohemia y Somos Jóvenes

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