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Posts Tagged ‘Mensaje lírico civil’

Rubén Martínez VillenaRubén Martínez Villena, el líder obrero y estudiantil, el poeta, el revolucionario, nació en Alquízar el 20 de diciembre de 1899. Su temprano compromiso revolucionario lo encontramos en su poema “Mensaje lírico civil”, porque revela que ya forjaba un guía indiscutible de una generación inconforme con el destino de su país.  Lideró el grupo que suscribió la Protesta de los 13. Por su actividad para vincular al estudiantado con la clase obrera, Julio Antonio Mella lo invita al Primer Congreso Nacional de Estudiantes. La Falange de Acción Revolucionaria, el Grupo Minorista y el Movimiento de Veteranos y Patriotas fueron espacios donde Villena manifestó su inconformidad por la situación política en Cuba. Junto a Carlos Baliño creó en 1925 el primer Partido Comunista de Cuba. Por dirigir la huelga general contra el gobierno, escribir una carta de protesta contra la prórroga de poderes, y fungir como asesor legal de la Federación Obrera de La Habana y la Comisión Nacional Obrera de Cuba, se convierte en un permanente adversario del presidente Gerardo Machado. Aunque su salud está muy deteriorada por la tuberculosis, no flaquea y dirige la huelga general revolucionaria que derroca finalmente a  Machado. Preparar el Cuarto Congreso de la CNOC fue una de sus últimas actividades. Murió el 16 de enero de 1934 con los pulmones destrozados.

MENSAJE LÍRICO CIVIL

(A José Torres Vidaurre, poeta peruano. En Madrid).
José Torres Vidaurre: ¡Salud! Salud y gloria,
hermano apolonida: Salud para la escoria

miserable del cuerpo y gloria para el alma
exquisita y doliente; que el beso de la palma

y del laurel descienda sobre tu sien fecunda.
¡Lucha con las tormentas! ¡Que tu bajel se hunda!

¡Quizás qué bella playa deparará el naufragio!
Lucha y confía siempre: tu apellido es presagio

de brillantes combates y de triunfo sonoro;
que sobre las anónimas tinieblas del Olvido,

Vidaurre, Vita aurea, por su vida de oro
Fulgirán las simbólicas torres de tu apellido.

(Otra etimología, de origen vizcaíno,
me da también Vidaurre como “primer camino”)

Y tras de mi saludo, te contaré mis penas
por las cosas de Cuba que no te son ajenas,

y que no pueden serte ajenas por hermano
mío, y por tu fervor de sudamericano.

Yo bien sé que la tierra de los Inca-Yupanqui
 no padeció del triste proteccionismo yanqui,

—aunque un temor futuro bien que lo justifica
el apelar a Washington sobre Tacna y Arica—

pero la patria mía, que también amas tú
como amo yo los timbres gloriosos del Perú, 

nuestra Cuba, bien sabes cuán propicia a la caza
de naciones, y cómo soporta la amenaza

permanente del Norte que su ambición incuba:
la Florida es un índice que señala hacia Cuba.

Tenemos el destino en nuestras propias manos
Y es lo triste que somos nosotros, los cubanos,

quienes conseguimos la probable desgracia,
adulterando, infames, la noble democracia,

viviendo entre inquietudes de Caribdis y Scila,
e ignorando el peligro del Norte que vigila.

 Porque mires de cerca nuestra demencia rara
te contaré la historia dulce de Santa Clara,

convento que el Estado -un comerciante necio-
quiso comprar al triple del verdadero precio.

Y si en el gran negocio existía un “secreto”
con un cambio de letra se convirtió en “decreto”.

Tal cosa llevó a cabo el señor Presidente,
Comprar  ¡y por decreto!  devotísimamente,

si bien que nuestra Carta, previendo algún exceso,
dejó tan delicada facultad al Congreso.

(Mas el Jefe Honorable respecto a Santa Clara
dijo que se adquiriera, mas no que se pagara).

Así, como abogado, se encomendó a San Ivo,
urdió su fundamento, improvisó un motivo,

y consecuente para sus propios desatinos,
se amuralló en sofísticos razonamientos chinos.

Mas, como entonces era secretario de Hacienda
Un coronel insigne de la noble contienda,

que portaba las  llaves sagradas del Tesoro
con méritos iguales a idéntico decoro

que sus galones épicos y su apellido inmáculo
el Honorable Jefe neutralizó el obstáculo,

y esto fue lo que vimos con unánime pasmo:
¡le refrendó el decreto al seráfico Erasmo!,

señor incapaz hasta el Pecado y el Vicio,
con un delito máximo: su drama “El Sacrificio”.

Así la triste fábula del antiguo convento
fue bochornoso pacto de zorra y de jumento,

pues que la vil astucia y la imbecilidad
se unieron a la sombra de una sola maldad.

Y ¿quién te dice, amigo, que porque hice uso
de un derecho de crítica a lo que se dispuso

por el decreto mágico, y al mismo Secretario
le dije frente a frente cómo era de contrario

el pueblo a tal medida, me juzgan criminal?
¡Vivo en el primer acto de un drama judicial!

Y como me apoyaron doce ilustres amigos
padeceremos juntos enérgicos castigos.

¡Al Ministro seráfico le mordieron las Furias:
sufrimos un ridículo proceso de injurias!

Pero esto es sólo un síntoma: hace falta una valla
para salvar a Cuba del oleaje maldito:

hay la aspiración de perpetuar el delito
y la feroz política se rinde a la canalla.

Hay patriotismo falso, de relumbrón y pompa,
con acompañamiento de timbales y trompa;

se cambian Secretarios en situación muy crítica
por mezquinas “razones de elevada política”.

Mas, ¿adónde marchamos, olvidándolo todo:
Historia, Honor y Pueblo, por caminos de lodo,

si ya no reconoces la obcecación funesta
ni aún el sagrado y triste derecho a la protesta?

¿Adónde vamos todos en brutal extravío
sino a la Enmienda Platt y a la bota del Tío?

¡José: nos hace falta una carga de aquéllas,
cuando en el ala bélica de un ímpetu bizarro,

al repetido choque del hierro en el guijarro,
iba el tropel de cascos desempedrando estrellas!

Hace falta una carga para matar bribones,
para acabar la obra de las revoluciones;

para vengar los muertos, que padecen ultraje,
para limpiar la costra tenaz del coloniaje;

para poder un día, con prestigio y razón,
extirpar el Apéndice de la Constitución;

para no hacer inútil, en humillante suerte,
el esfuerzo y el hambre y la herida y la muerte;

para que la República se mantenga de sí,
para cumplir el sueño de mármol de Martí;

para guardar la tierra, gloriosa de despojos,
para salvar el templo del Amor y la Fe,

para que nuestros hijos no mendiguen de hinojos
la patria que los padres nos ganaron de pie.

Yo juro por la sangre que manó tanta herida,
ansiar la salvación de la tierra querida,

y a despecho de toda persecución injusta,
seguir administrando el cáustico y la fusta.

Aumenta en el peligro la obligación sagrada.
(El oprobio merece la palabra colérica).

Yo tiro de mi alma, cual si fuera una espada,
y juro, de rodillas, ante la Madre América.

(1923)

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