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Posts Tagged ‘Ñico Membiela’

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Por Alexis Castañeda Pérez de Alejo

Un mediodía, creo que a finales de 1998, entré al otrora modesto pero acogedor barcito del Hotel América y me encontré al escritor Lorenzo Lunar y al humorista Baudilio Espinosa en compañía de una jovencita que cantaba una canción de moda, ellos me propusieron que la escuchara porque les parecía que lo hacía bien. Puesta en guardia mi atención reparé que en realidad aquella muchacha cantaba superando casi todas las manías de los aficionados, con una intención profesional que le permitía dominar las exigencias del canto.

Pero sorpresa mayor fue que ante nuestro estímulo comenzó a sacar de un arsenal inconcebible verdaderas joyas de la cancionística cubana que ya creíamos relegadas en la memoria de unos pocos, al cantarlas caía en una especie de éxtasis cercano al trance, como confirmación de que estábamos ante una verdadera artista en bruto. (más…)

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Ñico Membiela (1913–1998).

Ñico Membiela (1913–1998).

Por Pedro de la Hoz

Reinó al final de la era de las victrolas, con su dicción transparente y afinada que hablaba de ardientes encuentros y amargos desengaños. Los hombres solitarios acompañaban sus boleros acodados a la barra donde intentaban sobreponerse a los estropicios del desamor y las mujeres suspiraban ante el encanto de la voz que les llegaba por la radio.

El escritor Emilio Comas Paret, que lo conoció muy bien, lo describe “alto, delgado, siempre de traje y corbata, con entradas y pelo escaso, engominado, al estilo de los tangueros, una especie de galán otoñal”; mientras Senén Suárez lo ubica desde los días en que cantó con Cheo Belén Puig y “no pasó nada”, hasta el éxito tardío pero rotundo en 1960, en los tiempos de animar las noches del mítico Alí Bar. (más…)

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Por Arnaldo Musa

Dicen los que le conocieron que añoraba regresar a Cuba, a su natal Zulueta, donde, deliraba, le harían un homenaje. Pero Antonio «Ñico Membiela» murió solo, completamente abandonado por quienes le pintaron villas y castillos, en la más absoluta miseria, inválido, en un hospicio miamense de Hialeah, a los 84 años de edad.

Lo conocí en 1959, al triunfo de la Revolución, en el entonces municipio camagüeyano de Jatibonico, donde tenía muchas amistades, todas revolucionarias. Aunque afirmaban que no era bebedor, por esos días no pude verlo ni una vez completamente sobrio en el Club Siboney, aunque increíblemente equilibrado, con una voz que no se podía comparar con las grandes voces internacionales, pero con una simpatía natural que llamaba la atención a las mujeres, no obstante su aspecto desvalido y un saco oscuro que no dejaba ni en pleno verano. (más…)

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