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Posts Tagged ‘Norma’

PreposicionesRecordemos que la norma culta del español exige poner la preposición de después de nombres comunes, como república, provincia, reino, municipio, región, departamento (con el equivalente de ‘provincia’), estado (en el caso de cualquier estado de un país federal), comunidad (cuando se refiera a la nueva división política española), barrio y también colonia (cuando significa esto mismo, ‘barrio’, como se usa en México y otros países), y entonces, después, el nombre propio de ese lugar.
Así tendremos, por ejemplo:
• La República de Cuba;
• el Reino de Marruecos;
• la provincia de Ciego de Ávila;

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RRHace poco contactó conmigo una persona que se identifica como fotoreportero, en vez de fotorreportero. Muchos no se dan cuenta y omiten una r sobre todo en palabras compuestas en que la primera termina en vocal y la segunda comienza con la letra r. Y otros, la ponen donde no va, por ejemplo, en Conrrado, honrrado, enrredo.

La Fundación del Español Urgente recuerda la necesidad de que los medios de comunicación escritos cumplan con la norma gramatical de duplicar la letra erre en determinadas palabras compuestas.

La erre representa dos sonidos diferentes: el que pronunciamos en ara, orilla o herir y el que suena en rata, arroyo o erre. Para representar este último sonido, cuando la erre va entre dos vocales se escribe duplicada (rr), como en perro, que suena de forma distinta que pero.

En las palabras compuestas, cuando el primer elemento termina con una vocal y el segundo empieza con erre, es preciso duplicar la erre para mantener su sonido: anti- + reumático no da antireumático (donde la erre sonaría como en pero), sino antirreumático (donde se pronuncia como en perro).

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Celia Sánchez ManduleyDespués de su muerte el 11 de enero de 1980 a causa de una penosa enfermedad que jamás pudo opacarle el brillo, los cubanos siguen explicándose por qué un día el presidente Fidel Castro llamó a Celia Sánchez Manduley, la flor más autóctona de la Revolución.
Cuando aún no era la legendaria Norma de la clandestinidad, ni la infatigable organizadora y guerrillera de la Sierra Maestra, en ella se adivinaban ya las virtudes que desde siempre le valieron el calificativo.
La niña que aprendía en la escuelita rural a cocinar y hacer trabajos manuales fue luego la adolescente a quien las muchachas del pueblo consultaban cada detalle de sus bodas, y la que censó a los niños pobres del barrio para regalarles un juguete el Día de Reyes.
O la joven que enviaba, camuflados dentro de cigarrillos, diminutos mensajes de aliento a los sobrevivientes del asalto al cuartel Moncada, presos en el castillo del Príncipe.
Y la que en la Navidad de 1953 les mandó comidas y dulces para que sintieran menos los rigores del encierro.
La Celia que aprendía de su maestra cómo dirigir un hogar, sería la eficaz colaboradora de Fidel en la Sierra Maestra, la que se ocupaba de los víveres, de los talleres para coser uniformes verde olivo, de repartir ganado entre los campesinos de las zonas liberadas…

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